jueves, 1 de octubre de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

El Socialismo Peruano

y la Lucha Electoral 

(Tercera Parte) 

Eduardo Ibarra 

El PCP-PR ha dado como vigente lo que dice el Informe Político de su VII Congreso, pues, en el “Plan de la Patria Venceremos” (plan que responde a la idea de que “El Nuevo Curso estaría incompleto si no es acompañado de un Proyecto Nacional y Democrático…”), de la alianza electoral de la que formó parte en la primera vuelta de las últimas elecciones generales, bajo el subtítulo “Cambiar el Perú, Refundar La República”, acordó la consideración según la cual “Cambiar el Perú implica refundar la República, recuperar la democracia y reconstruir el Estado al servicio de la mayoría. Para ello es indispensable un Nuevo Acuerdo Constitucional, expresado en una Nueva Constitución…” (negritas en el original). 

El Informe Político al VII Congreso del PCP-PR, no dice en ninguna parte desde aproximadamente cuándo la República surgida de la Independencia terminó de agotarse. Entre otras frases, el Informe dice, por ejemplo, que “La vieja democracia liberal está agotada en medio de sus propias trampas”. Y, así, no resuelve el interrogante planteado. ¿Acaso no es importante saber desde cuándo la República burguesa perdió todas sus posibilidades, como hemos visto que, con otras palabras, dice el Informe? 

También dice el Informe: 

Entre el Nuevo Curso y la revolución antiimperialista y democrática y el socialismo no existe… ningún abismo que los separa, sino más bien una lógica trabazón dialéctica. El Nuevo Curso no niega, ni sustituye ni vela aquellas tareas [el desarrollo libre de las fuerzas productivas y el bienestar general del pueblo]. Las asume íntegramente pero, al mismo tiempo responde a las condiciones de la lucha de clases de hoy, a la situación en que se encuentra la correlación de fuerzas y a los reacomodos que se producen a escala nacional y mundial. En segundo lugar, el Nuevo Curso “es ajeno a cualquier postura evolucionista, reformista o de conciliación de clases”. En tercer lugar, “tiene la ventaja de convocar la unidad de las fuerzas democráticas y progresistas” del país. 

Expongamos, pues, algunas incongruencias encontradas en las citas cortas y en la cita larga de los párrafos inmediatamente anteriores. 

Veamos ante todo la cuestión de “las condiciones de la lucha de clases de hoy” (la palabra “hoy” hace referencia aquí no solo al año 2000, sino también al hoy de 2026, lo cual se evidencia cuando el “Plan de la Patria Venceremos”, presentado en las últimas elecciones generales, propone luchar por “una Nueva República”). ¿Cuáles son, pues, las condiciones más relevantes de la situación actual? En escala internacional, pues las agresiones y amenazas del imperialismo estadounidense por recuperar en exclusiva su ya perdida condición de hegemón a escala mundial. Por otro lado, el proceso de realineamiento de países, pueblos y naciones y la alianza de la República Popular de China y la Federación Rusa contra el imperialismo yanqui, enemigo principal de los pueblos del mundo. Finalmente, el expansionismo colonial del Estado genocida de Israel en Oriente Medio y la guerra entre la Federación Rusa y Ucrania, este último país como avanzada y carne de cañón del imperialismo europeo. En el plano nacional, la alienación ideológica y política de amplios sectores de las masas populares y la hegemonía del reformismo en el seno de las masas restantes. Enseguida, la reducción de las fuerzas revolucionarias a su mínima expresión. Por último, la necesidad de estas fuerzas de votar, en las últimas elecciones, por el reformismo a fin de cerrarle el paso a las fuerzas más reaccionarias o, en uno o dos casos, actuando un estéril abstencionismo electoral.

Como hemos visto, cuando el PCCh afrontaba una situación especial (lucha final contra el imperialismo japonés, relaciones políticas internas en un estado de extrema gravedad precisamente en medio de dicha lucha, peligro de una nueva guerra civil después de vencer al imperialismo japonés), propuso, en el Consejo Político Nacional (septiembre de 1944), la demanda de que este Consejo aboliese inmediatamente la dictadura unipartidista del Kuomintang y se formase un gobierno democrático de coalición. Pero obsérvese que a la sazón el PCCh contaba con un Ejército Popular de Liberación con el cual podía afrontar cualquiera de las dos posibilidades encerradas en la situación dada: la formación de un gobierno de coalición y una nueva guerra civil. Desde luego, todo el mundo sabe cuál fue la posibilidad que se convirtió en realidad, y cómo la existencia de dicho Ejército Popular hizo posible finalmente la victoria de la revolución china. 

Pero ¿qué significaba un “gobierno de coalición”, según el PCCh? Pues, como ya hemos citado del artículo de Mao sobre el tema, significaba “un gobierno provisional democrático de coalición que agrupe a los representantes de todos los partidos y grupos políticos así como a personalidades sin partido...” 

Es decir, significaba “crear una república de nueva democracia.” Sobre esta república de nueva democracia, Mao había escrito, como hemos visto, lo siguiente: “La república democrática china que queremos establecer ahora sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas y antifeudales, dirigidas por el proletariado…” 

Y, después de señalar que “Los múltiples sistemas de Estado en el mundo pueden reducirse a tres tipos fundamentales, si se clasifican según el carácter de clase de su Poder”, sostiene que “la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias” es “una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las revoluciones de los países coloniales y semicoloniales.” 

Estos planteamientos, desde luego, deben ser aplicados a nuestra actual situación concreta de manera vívida. Pero la esencia de la cuestión es ésta: la “nueva república” que se propone en el Informe al VII Congreso del PCP-PR no tiene ningún ejército que la haga posible y que la sostenga si se diera el caso de un triunfo electoral, no se argumenta nada acerca del camino legal elegido en su relación con un seguro enfrentamiento violento entre las clases. Por eso, en el “Plan de la Patria” se dice que hay que “derrotar electoralmente a quienes han destruido el país”, y punto. En el mencionado plan, sin embargo, se resuelve el problema en los términos siguientes: 


La Seguridad y la Defensa Nacional son una tarea de todos los peruanos (as), incluyendo su participación en un servicio civil y/o militar de carácter obligatorio. Las FF. AA (sic) son las encargadas de prevenir, disuadir y responder frente a cualquier amenaza externa e interna…  (cursivas nuestras). 

Interpretada como tiene que interpretarse, la “amenaza interna” subrayada en la cita se refiere a una “amenaza” cualquiera, esto es, a una eventual amenaza que pueda venir de la burguesía tanto como de las clases trabajadoras. Es decir, en el “Plan de la Patria” el ejército, aparato principal del Estado burgués, es el garante de “la nueva república”. ¿Puede un marxista creer en esta barbaridad? 

A propósito de la democracia, mientras el Informe al VII Congreso del PCP-PR dice que “La vieja democracia liberal está agotada…”, el “Plan de la Patria” propone “recuperar la democracia”. ¿Cuál democracia? Pues la única democracia que ha existido en el Perú: la democracia burguesa, minusválida y precaria, que, no se sabe por qué razones, tendría que ser “recuperada”. 

Así, pues, la propuesta de una “nueva república” se hace sobre el soporte del ejército del Estado burgués. Por eso, no puede extrañar que el “Plan de la Patria” vacile entre estos dos conceptos: “recuperar el Estado” y “reconstruir el Estado”. Es decir, entre ocupar el Estado mediante un gobierno “al servicio de la mayoría” y reconstruir el Estado mediante “una transformación profunda del país”, pero sin afectar en ninguno de los dos casos la propiedad privada de los medios de producción de la gran burguesía intermediaria y del propio imperialismo y creyendo ingenuamente poder servirse del aparato principal del Estado burgués para garantizar aquel “al servicio de las mayorías” o aquella “transformación profunda”. ¿Puede un gobierno que conserva intactos los fundamentos del régimen capitalista en un país atrasado como el nuestro, beneficiar a “las mayorías”? ¿Puede este hipotético gobierno realizar “una transformación profunda del país” sin afectar la opresión imperialista y la explotación que ejerce sobre las clases trabajadoras la gran burguesía intermediaria? 

Como hemos visto, el PCCh planteó un gobierno de coalición definiendo claramente el enemigo contra el cual tenía que concentrar su lucha el frente unido del pueblo chino: el imperialismo japonés. “En la China de hoy –señalaba el PCCh– el frente único antijaponés representa esta forma de Estado de nueva democracia”. Y, precisamente, subrayaba que el gobierno de coalición significaba “crear una república de nueva democracia”, y esta república “sólo [podía] ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas y antifeudales, dirigidas por el proletariado…” Entonces, el “viraje táctico” del PCCh con su propuesta de un “gobierno de coalición, no significaba hacer a un lado el tipo de Estado y el tipo de democracia que implicaba la revolución china en su primera etapa, sino únicamente buscar incorporar a “las autoridades del Kuomintang” en el gobierno de coalición a fin de evitar una nueva guerra civil que hiciera caer sobre el pueblo chino más sufrimientos todavía. Sin embargo, como puede comprobarlo el lector, el “Plan de la Patria” no identifica, concretamente, al enemigo del pueblo peruano: el imperialismo yanqui, y esto no contribuye en absoluto a elevar la conciencia política del pueblo peruano. 

Es decir, “entre el Nuevo Curso y la revolución antiimperialista y democrática y el socialismo”, existe un abismo insondable y no existe ninguna “lógica trabazón dialéctica”. 

Pero hay más. El Informe propone 

una patria nueva, democrática, independiente, unificada, próspera, desarrollada y moderna 

No obstante, cualquier marxista puede entender que no es posible un Perú con las características señaladas en la cita precedente, si no se logra, en primer lugar, una industrialización independiente. A propósito, Mariátegui sostiene lo que sigue: 

La economía del Perú es una economía colonial. Su movimiento, su desarrollo, están subordinados a los intereses y a las necesidades de los mercados de Londres y de New York. Estos mercados miran en el Perú un depósito de materias primas y una plaza para sus manufacturas. La agricultura peruana obtiene, por eso, créditos y transportes sólo para los productos que puede ofrecer con ventaja en los grandes mercados. La finanza extranjera se interesa un día por el caucho, otro día por el algodón, otro día por el azúcar. El día en que Londres pueda recibir un producto, a mejor precio, y en cantidad suficiente, de la India o del Egipto, abandona instantáneamente a su propia suerte a sus proveedores del Perú. Nuestros latifundistas, nuestros terratenientes, cualesquiera que sean las ilusiones que se hagan de su independencia, no actúan en realidad sino como intermediarios o agentes del capitalismo extranjero. (…) Esta dependencia de la economía peruana se deja sentir en toda la vida de la nación. (…) Y así, en cada uno de los trances, en cada uno de los episodios de la experiencia histórica que vamos cumpliendo, nos encontramos siempre de frente al mismo problema: el problema de peruanizar, de nacionalizar, de emancipar nuestra economía. (Peruanicemos al Perú). 

De este modo subrayó que en la época del imperialismo no existe posibilidad ninguna de que un país oprimido pueda tener un desarrollo capitalista independiente, pues cualquier precaria industrialización que pueda darse respondería a los intereses del imperialismo y de la gran burguesía intermediaria. De esto se desprende que la industrialización independiente del Perú tiene una condición política ineludible: el triunfo de la revolución, pues solo con un poder popular es posible una industrialización que responda a los intereses del pueblo peruano. Por lo tanto, aquello de “una patria nueva, etcétera”, es pura retórica. 

El análisis ha demostrado, pues, que “la nueva república” del PCP-PR no es otra cosa que un plan de reestructurar el Estado burgués, ahora desde la izquierda, a diferencia de lo que ha ocurrido en el pasado cuando se ha intentado hacerlo –o se ha hecho en alguna medida– desde la derecha. 

17.08.2026.

Economía

Evolución del Desarrollo del Capitalismo en el Perú

Cesar Risso

EL PERÚ HA EXPERIMENTADO, desde mediados del siglo XX, un proceso de transformación estructural que lo ha integrado progresivamente al sistema capitalista mundial. Este proceso se ha caracterizado por la expansión del trabajo asalariado, la mercantilización de la tierra y la subordinación de las comunidades campesinas y nativas al capital transnacional. Así, el carácter semicolonial de nuestra economía ha generado un desarrollo desigual y contradictorio, donde la modernización productiva capitalista se desenvuelve por medio de la sobre explotación laboral y el sometimiento a los intereses del capitalismo imperialista.

En el Perú, la expansión minera y agroexportadora se desarrolla de acuerdo con la esencia del capitalismo, caracterizado por la extracción de plusvalía mediante la explotación del trabajo asalariado. Esta lógica es: el capital transforma recursos naturales y fuerza de trabajo en mercancías, subordinando la reproducción social a la acumulación privada. La mecanización eleva la composición orgánica del capital, reduciendo la proporción de trabajo vivo y aumentando la explotación de quienes permanecen empleados.

Por otro lado, Lenin, en El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899), advertía que el capitalismo penetra en sectores atrasados, disolviendo las formas comunitarias y creando una masa de proletarios rurales. Señalaba que “el capitalismo se abre paso en la agricultura, disolviendo las formas comunitarias y creando una masa de proletarios rurales”. Esta observación es plenamente aplicable al Perú: la agroexportación ha convertido al campesino en obrero agrícola, mientras la migración campo-ciudad ha alimentado el ejército industrial de reserva en las urbes. El mercado interno peruano se ha formado a partir de esta transformación, consolidando la nación como espacio económico integrado.

Asimismo, José Carlos Mariátegui, sostuvo que el problema de la tierra era nuestro problema primario y, en consecuencia, el centro de las contradicciones sociales en el Perú. En este sentido, la comunidad campesina no era un vestigio arcaico, sino una forma de organización social con potencial revolucionario. Por lo tanto, la mercantilización de la tierra y la subordinación de las comunidades al capital confirman que el problema agrario sigue sin resolverse, pero sin el carácter semifeudal de la economía que denunciara en su tiempo J. C. Mariátegui.

En La concepción de la izquierda reformista en el proceso electoral (Risso, 2025), hemos planteado que las propuestas reformistas expresan los intereses de la pequeña burguesía y se limitan a cuestionar los efectos del capitalismo sin atacar sus raíces. En él hemos destacado que el Perú se ha transformado en una nación a través de la formación del mercado interno, por la integración de campesinos y nativos al trabajo asalariado y al consumo urbano. Este mercado interno, aunque semicolonial y desigual, constituye la base material de la nación peruana contemporánea, a la que se han sumado algunos elementos como la esclavitud en la extracción ilegal de oro.

Las luchas campesinas de los años setenta y ochenta defendieron la propiedad comunal y reclamaron apoyo estatal. El accionar del izquierdismo de los ochenta y noventa debilitó esa resistencia y facilitó la militarización del campo. El Estado, en nombre de la “pacificación”, abrió paso a la expansión minera y agroexportadora. Miles de desplazados internos migraron a las ciudades, engrosando la informalidad urbana y ampliando el ejército industrial de reserva.

La migración masiva del campo a la ciudad transformó la estructura demográfica y laboral del país. Alimentó el ejército industrial de reserva, expandió la informalidad y elevó la tasa de plusvalía. La urbanización pasó de 40% en 1960 a más de 80% en 2025. Este proceso debilitó la propiedad comunal y facilitó la acumulación por expropiación, consolidando el mercado interno peruano como base de la nación capitalista.

 

Cuadro 1: Distribución de la fuerza laboral en el Perú (1990–2025)

Año

Asalariados formales

Asalariados informales

Independientes informales

1990

20%

15%

65%

2000

25%

17%

58%

2010

30%

20%

50%

2020

35%

23%

42%

2025

38%

24%

38%

 

Cuadro 2: Consecuencias del desarrollo capitalista

Categoría

Manifestación en Perú

Implicación

Ejército industrial de reserva

Migrantes urbanos, desempleo estructural

Disciplina laboral y presión sobre salarios

Composición orgánica del capital

Elevada en minería y agroexportación

Reducción relativa del trabajo vivo

Tasa de plusvalía

Jornadas extensas, temporalidad, tercerización

Incremento de extracción de valor

Acumulación por expropiación

Venta de tierras comunales

Transferencia de riqueza al capital transnacional

 

Cuadro 3: Evolución de la propiedad comunal (1969–2026)

Periodo

Marco legal

Comunidades campesinas

Comunidades nativas

1969–1979

Reforma agraria

Titularidad colectiva consolidada

Reconocimiento incipiente

1979–1993

Constitución 1979

Protección fuerte

Inclusión en desarrollo nacional

1993–2020

Constitución 1993

Posibilidad de transferencia

Ratificación OIT 169, titulación lenta

2021–2026

Ley 31335

Fragmentación y urbanización

Presión extractiva y débil protección

 

 

 

 

El desarrollo capitalista en el Perú ha significado la expansión del trabajo asalariado y la industrialización de sectores productivos, pero también la reproducción del carácter semicolonial, la desigualdad y la explotación. Las luchas campesinas representaron la resistencia legítima por liquidar la semifeudalidad; el izquierdismo debilitó esa resistencia y facilitó la expansión del capital; la migración campo-ciudad alimentó el ejército industrial de reserva y expandió la informalidad; y la venta de tierras comunales consolidó la acumulación por expropiación. Este proceso y su resultado, confirma que la formación del mercado interno ha transformado al Perú en una nación capitalista semicolonial, donde la cuestión de la tierra y la explotación del trabajo asalariado siguen siendo el núcleo de las contradicciones sociales.

 

Referencias bibliográficas (APA 7ª edición)

·       Bebbington, A. (2019). Extractivismo y desarrollo en América Latina. Quito: FLACSO.

·       Defensoría del Pueblo. (2023). Informe sobre comunidades campesinas y nativas: propiedad y conflictos. Lima: Defensoría del Pueblo.

·       Foster, J. B. (2020). Capitalismo en la era de la catástrofe. Nueva York: Monthly Review Press.

·       Harvey, D. (2004). El nuevo imperialismo. Madrid: Akal.

·       Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). (2025). Encuesta Nacional de Hogares: Condiciones de empleo e informalidad. Lima: INEI.

·       Lenin, V. I. (1899). El desarrollo del capitalismo en Rusia. Moscú: Editorial Progreso.

·       Lenin, V. I. (1917). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Moscú: Editorial Cartago.

·       Mariátegui, J. C. (1928). Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Biblioteca Amauta.

·       Marx, K. (1867). El capital. Crítica de la economía política. Siglo XXI editores.

·       Risso, C. A. M. (2025). La concepción de la izquierda reformista en el proceso electoral. Blog Creación Heroica.

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