jueves, 4 de junio de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

Elecciones Nacionales en el Perú en el Contexto de la Ofensiva de Estados Unidos Contra América Latina

Santiago Ibarra

LA SITUACIÓN INTERNACIONAL es parte de la realidad nacional. Especialmente, la nueva estrategia de seguridad y la política expansionista de los Estados Unidos es parte de la realidad nacional de cada uno de los países latinoamericanos, del Medio Oriente, China, Rusia y otros países más. Estados Unidos es una potencia imperialista en franco declive, pero se resiste con uñas y dientes a dejar su posición hegemónica. Esto quiere decir que Estados Unidos intenta conservar tal posición a escala mundial, y no solo a nivel latinoamericano. Por eso hace guerras y perpetra genocidio en Medio Oriente, conjuntamente con Israel. Por eso busca obstaculizar la acumulación y el desarrollo de China. Por eso busca derrotar a Rusia, conjuntamente con la OTAN (aunque ha reducido la importancia de su participación económica en este último en los últimos tiempos).

Específicamente, frente al desafío que significa China para el imperio del norte, busca recolonizar y controlar a cada uno de los países latinoamericanos para acceder gratuitamente o a precio de gallina muerta a sus recursos naturales: petróleo, minerales críticos, litio, etc. A la vez, busca que cada país compre los productos manufacturas estadounidenses y que cada país expulse a China y a Rusia de sus países, como lo ha hecho Panamá, Chile (Kast ha dejado en suspenso el proyecto de los cables que conecta a este país con Asia).... En Perú, Estados Unidos busca que expulsen a China del puerto de Chancay. En Venezuela Estados Unidos se ha apoderado de su petróleo.

Las relaciones internacionales se muestran como lo que son, no como relaciones de países libres, iguales y soberanos, sino como relaciones de dominio entre países imperialistas y países subdesarrollados.

Sometiéndonos a nosotros, Estados Unidos busca conservar la primacía a nivel mundial. Sometiéndonos a nosotros, Estados Unidos busca enfrentar en mejores condiciones a la competencia china.

Así, para Latinoamérica (y, en general, para el Sur Global), Estados Unidos es el enemigo mayor. Internamente, en Latinoamérica, consiguientemente, la izquierda o, si se quiere, las izquierdas, deben unir sus fuerzas para enfrentar a la amenaza mayor. No sería la primera vez que se use una táctica de este tipo: durante la segunda guerra mundial la Unión Soviética se unió con Inglaterra, Francia, Estados Unidos y otros para enfrentar a la amenaza mayor que en ese momento eran los alemanes nazis. Y le ganaron a Alemania, gracias especialmente a la Unión Soviética.

En las próximas elecciones nacionales en el Perú hay que tener claro que Keiko Fujimori es la candidata de Estados Unidos. Ella facilitará que se hagan nuevas bases militares estadounidenses en el Perú. Ella será peón de Estados Unidos y, de acuerdo a la línea de esta potencia en decadencia, impondrá nuevas privatizaciones y mayor desregulación del mercado laboral. Y, desde luego, impondrá nuevas represiones contra el pueblo trabajador si lo considera necesario, prolongando el largo historial de masacres que el Estado ha perpetrado contra nuestro pueblo a lo largo de la historia republicana.

Votar por Sánchez es votar contra Estados Unidos y la oligarquía peruana. Eso no significa extenderle a Sánchez un cheque en blanco. Habrá que exigirle resultados y un plan de desarrollo nacional si gana. Para ello se requiere que la gente vaya a votar sin miedo al imperio del norte. Sin miedo a sus amenazas y a sus bravuconerías.

El voto nulo es un voto funcional al imperio. Para que la opción del imperio sea derrotada, no hay otra opción que votar por Sánchez.



¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

Voto Viciado, ¿Autodefensa Táctica o Purismo Pequeñoburgués?

Marcelo Ñaupari

LOS ACTUALES DEFENSORES de la táctica del voto viciado critican un apoyo cómplice electoral de algunos sectores de izquierda que, sin perspectivas de cambio, olvidan su tarea de propagandizar en la población el real carácter del estado burgués, crítica que también creemos necesaria; sin embargo, esta segunda vuelta amenaza con posicionar con un poder totalitario a las facciones más reaccionarias y violentas de la ultraderecha. El llamado al voto viciado se presenta como un voto de “purismo ideológico”. En este artículo plantearemos que esta postura no es más que moralismo pequeñoburgués disfrazado de intransigencia revolucionaria.

Votar por una alternativa reformista como Juntos por el Perú (JP) no cae en la creencia ingenua de que buscarán una transformación sustancial de las estructuras económicas del capitalismo peruano. JP, por sus limitaciones ideológicas y programáticas, opera dentro de los márgenes del Estado burgués.

En este momento, un respaldo táctico no es una claudicación hacia el reformismo, el voto hacia la coalición JP es más un mecanismo de autodefensa de la clase trabajadora para preservar condiciones mínimas de organización y movilización, que sabemos que en un posible gobierno de Fujimori se verían perseguidas y criminalizadas con altos costos de recuperación. Especialmente porque actualmente ningún partido cuenta con la organización suficiente para hacerle frente a todo este aparato represivo; ni siquiera se tiene la capacidad de llamar al voto viciado y convocar a grandes masas, especialmente a las proletarias que sí entienden el peligro de este voto.

Votar contra la ultraderecha es un acto de legítima defensa para preservar las condiciones mínimas de organización y supervivencia del tejido popular. La opción que ofrece el fujimorismo no es "más de lo mismo", la ultraderecha peruana actual representa la necesidad del gran capital de totalizar el poder mediante el uso sistemático de la violencia estatal y la liquidación de las libertades democráticas básicas.

Los que mencionan "todos son iguales" o que el triunfo de la reacción "agudizará las contradicciones", cometen un error metodológico fatal, pues caen en un idealismo al arriesgar la destrucción física de las herramientas organizativas del proletariado (sindicatos, frentes de defensa, partidos de vanguardia).

Quienes teorizan la necesidad de que la derecha más sanguinaria gobierne para que el pueblo "despierte", no son los que pondrán los cuerpos en los barrios populares ante la primera ráfaga del aparato represivo. Es un cinismo de la pequeña burguesía intelectual que posee la capacidad material para sobrevivir al terror de Estado. Para el proletariado y el campesinado la muerte y la prisión no son consignas poéticas, son tragedias materiales que descabezan y retrasan los procesos organizativos reales por décadas.

Un voto táctico no anula la preparación inmediata para enfrentar las contradicciones que un eventual gobierno reformista de JP desatará, muy por el contrario, crea condiciones objetivas más favorables para el trabajo político con las masas.

El verdadero trabajo de esclarecimiento es evidenciar los límites del reformismo ya que, al empujar al gobierno reformista a cumplir con las masas, se chocará inevitablemente contra el muro del Estado burgués y los intereses del imperialismo. Sin superar la conciencia reformista las masas no romperán con sus ilusiones reformistas. Esto se logrará solo a través de su propia experiencia práctica. Al ver que el gobierno por el que votaron se frena ante el poder de la oligarquía, la necesidad de la organización revolucionaria se vuelve evidente para miles. Se esclarece empujando al gobierno reformista a buscar conquistas parciales que fortalezcan la moral, el poder organizativo y la conciencia de clase del pueblo trabajador.

Los comunistas buscamos las contradicciones de un gobierno reformista porque sabemos que supone la posibilidad de elevar la conciencia del pueblo, además de mantener condiciones de agitación política y para prepararnos mejor para los combates del mañana.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

La Actual Contienda Electoral y la Lucha Concreta del Pueblo

Cesar Risso

¿QUIÉN O QUÉ TENDENCIA gestionará los negocios de la burguesía en la lucha actual por alcanzar el gobierno del Estado burgués?

De un lado el fujimorismo, Fuerza Popular, con Keiko Fujimori a la cabeza, de otro lado Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú.

En ambos casos la propuesta es la continuidad del capitalismo. Se trata, entonces, por parte de la derecha, de cómo contener las aspiraciones de las masas populares, de las clases trabajadoras: de si lo hace de forma radical y criminal, explotando a las clases trabajadoras por medio del llamado modelo neoliberal, entregando nuestros recursos naturales a la voracidad de la burguesía imperialista, patrocinando las atrocidades del imperialismo norteamericano; o lo hace por medio de un régimen socialdemócrata, reformista, a favor de un capitalismo moderado que ataje los afanes de la burguesía de la brutal sobre explotación de las clases trabajadores.

En este marco, la lucha electoral actual se nos presenta como una lucha reivindicativa general, con la particularidad de que es una lucha reivindicativa indirecta. Esto es, que no se está luchando directamente por beneficios específicos para las clases trabajadoras, sino por un personaje como Roberto Sánchez, que viene del interior del país, y que por ello representa a las provincias; quien, además, “retorna” como provinciano exitoso. Agregando a esto, la identificación con Pedro Castillo, con la propuesta de indultarlo, y, por lo tanto, reivindicando el derecho del pueblo a tener un representante del pueblo en el gobierno del poder, lo cual lo eleva a la condición de representante de los intereses del pueblo.

Evidentemente, el caudal de votos de Roberto Sánchez no es solo de las provincias. Hay también un fuerte contingente de votos del antifujimorismo. Pero en este análisis pretendemos esclarecer lo que significa en esta lucha electoral la actitud de las clases trabajadoras, así como la posición del proletariado.

Frente a dos expresiones de la burguesía, la neoliberal y criminal, y la socialdemócrata popular, la decisión de por quién votar nos deja una sola opción. Pero el acto electoral es un momento, a diferencia de la lucha electoral que es todo el proceso.

En el proceso de la lucha electoral, la posición proletaria debe ser clara. Esta consiste en la propaganda por el socialismo partiendo de las condiciones de existencia de las amplias masas populares (las clases sociales explotadas); explicando las diversas formas en que el capitalismo las explota, así como las consecuencias del dominio de la burguesía. De modo que la confrontación electoral se manifieste en la lucha entre el capitalismo como sistema de explotación y el socialismo como sistema de liberación.

En este aspecto, hay un gran déficit en la labor del conjunto de las tendencias proletarias.

Esta tarea la hemos venido desarrollando en cada proceso electoral, y en el actual hemos esclarecido el fundamento de las tendencias de “izquierda”, así como la asimilación de los métodos fascistas por parte de la burguesía, particularmente del fujimorismo.

Esta lucha, que consiste en la crítica constante del capitalismo en cada situación concreta, así como en sentido general, no se da solo en los procesos electorales. Es una lucha continua.

Las masas no se basan enteramente en el programa de Juntos por el Perú, sino en algunas de las ideas que contiene, además de que se identifican con el hombre de provincia que educado en la ciudad retorna a “su pueblo”.

Las ideas que se concentran en la candidatura de Juntos por el Perú corresponden a la predica contra el neoliberalismo, que se pretende erradicar a través del cambio de la Constitución.

A pesar de que el texto de la constitución dice que: “La iniciativa privada es libre. Se ejerce en una economía social de mercado”, es una constitución neoliberal. De nada le sirve el maquillaje que se ha utilizado en el texto. Por ejemplo, el artículo 60 dice:

“El Estado reconoce el pluralismo económico. La economía nacional se sustenta en la coexistencia de diversas formas de propiedad y de empresa.

Sólo por ley expresa, el Estado puede realizar subsidiariamente actividad empresarial, directa o indirecta, por razón de alto interés público o de manifiesta conveniencia nacional.

La actividad empresarial, pública o no pública, recibe el mismo tratamiento legal.”

Así, de un lado se dice que la actividad empresarial del Estado es válida, mientras que, de otro lado, y de forma categórica, se dice que excepcionalmente el Estado puede llevar a cabo alguna actividad empresarial.

La Constitución de 1993 también rechaza los monopolios. Sin embargo, en los hechos, nuestra economía está dominada por grandes grupos económicos, que controlan los diversos mercados.

Cuando Roberto Sánchez apunta a cambiar el capítulo económico de la actual Constitución, lo que hace es enfrentar directamente el modelo neoliberal impuesto por el imperialismo y sus secuaces en nuestro país.

La lucha contra el neoliberalismo lleva varias décadas. Es el nudo de la lucha política reivindicativa actual.

Este cambio apunta al capítulo económico, en el cual están los contratos ley.

La organización de las clases trabajadoras para defender el voto popular enfrentando el neoliberalismo, es un gran avance, aunque en esta coyuntura, tenga un carácter electoral. Esta lucha no se reduce al acto de depositar el voto, sino a toda la labor de propaganda y organización, y, sobre todo, a la acción directa de las masas populares.

Una cosa es que postulen los comunistas ofreciendo la superación de la explotación capitalista por vía electoral en el marco de un Estado burgués, y otra cosa es la campaña electoral en la que las masas populares se identifican con un candidato y una propuesta que puede eventualmente representar los intereses y expectativas con relación a la situación inmediata. Así, mientras lo primero no es válido, lo segundo es parte de la lucha concreta del proletariado y el pueblo.

Con respecto a la lucha contra el capitalismo a nivel planetario, Keiko significa la sumisión total a la política del imperialismo yanqui y, por lo tanto, de salir presidenta el Perú se sumaría al “escudo americano” organizado por Trump. Como se desprende, hay que impedir esto, y la única forma de lograrlo es llamando a votar por la otra candidatura que, aunque no sea una garantía absoluta de independencia con respecto a la política del imperialismo, de todas maneras, podría ser que nos mantenga en la situación de no ser partícipes de dicho “escudo”.

Así como la burguesía, para obtener ganancias, necesita vender mercancías dotadas de una utilidad determinada, en este proceso electoral —dado el nivel de conciencia alcanzado por las clases trabajadoras— nos vemos en la necesidad de impulsar la candidatura de Roberto Sánchez como vehículo para difundir y afirmar las ideas proletarias y socialistas, como la verdadera solución frente a toda forma de explotación.

La lucha electoral, como un proceso de agitación, propaganda y organización de las clases trabajadoras, es una fase o etapa del proceso de lucha general del proletariado por superar el sistema capitalista. En este sentido, el eventual triunfo de Roberto Sánchez, no debe limitar el trabajo por la lucha por los ideales de clase del proletariado, esto es, por el socialismo, y en consecuencia tiene que devenir en organización, la misma que debe corresponder a los diversos niveles de conciencia alcanzados como consecuencia de la lucha en la actual contienda electoral.

Reconstitución

Nota:

El presente artículo es una contribución a la construcción orgánica del Partido y, particularmente, a la reconstitución del partido de Mariátegui. El artículo analiza cada una de las cuestiones importantes de la construcción orgánica del Partido, entre las cuales destacamos aquí aquella que trata de la organización partidaria como materialización de la doctrina, materialización que no hay que entender como que ella se expresa solamente en las estructuras del Partido sino también, al mismo tiempo, en los militantes, quienes deben ser la encarnación de la doctrina tanto en su pensamiento como en su acción: adhesión incondicional al marxismo-leninismo, capacidad de fusionar la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana, capacidad de orientarse independientemente ante cada problema y de actuar mancomunadamente en la práctica común de la militancia. 

Lo que hemos sostenido sobre el artículo “La línea política general del Partido”, vale también para el artículo que publicamos ahora: si hace falta, serán perfilados mejor algunos de sus pasos, agregaremos algunos argumentos o desagregaremos algunas afirmaciones o, en su defecto, mantendremos los términos del texto a fin de aprobarlo como documento básico de la Reconstitución. 

El artículo será publicado en partes y se recomienda a los lectores debatirlo colectivamente. 

01.06.2026.

Comité de redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


La Línea Orgánica del Partido 

(Primera Parte) 

Eduardo Ibarra 

LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO es, en esencia, la materialización de su línea ideológica, su línea teórica y su línea política. Por eso, suele decirse que la organización partidaria es la materialización de la doctrina. Por eso también, la línea orgánica del Partido es una cuestión clave en la construcción partidaria en  general y, particularmente, en la reconstitución del partido de Mariátegui. 

       Para que el pensamiento partidario sea un pensamiento materialista y dialéctico, un pensamiento que se apoye íntegramente en la realidad, en los hechos, y que, por lo tanto, opere sobre el ambiente, sobre el medio, sin descuidar ninguna de sus modalidades, se requiere, como es lógico, que el Partido aplique el marxismo-leninismo al conocimiento y definición de los problemas del Perú. Solo sobre esta base puede hacerse realidad la integración de la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana. Pero, naturalmente, la realización de esta tarea exige una correcta línea orgánica, esto es, la más perfecta articulación entre los principios organizativos materializados en la estructura del Partido y la cualidad ideológica, teórica y política de sus militantes.     

La línea orgánica del Partido comprende varios aspectos que pasamos a exponer. 

El partido del proletariado se construye de arriba abajo. Como se sabe, el marxismo no es un producto espontáneo del movimiento obrero. Engels señaló al respecto: 

El socialismo moderno es, en primer término, por su contenido, fruto del reflejo en la inteligencia, por un lado, de los antagonismos de clase que imperan en la moderna sociedad entre poseedores y desposeídos, capitalistas y obreros asalariados, y, por otro lado, de la anarquía que reina en la producción. Pero, por su forma teórica, el socialismo empieza presentándose como una continuación, más desarrollada y más consecuente, de los principios proclamados por los grandes ilustrados franceses  del siglo XVIII. Como toda nueva teoría, el socialismo, aunque tuviese sus raíces en los hechos materiales económicos, hubo de empalmar, al nacer, con las ideas existentes. (Del socialismo utópico y al socialismo científico). 

Así, pues, en determinadas condiciones del desarrollo del capitalismo y de lucha entre la burguesía y el proletariado, el marxismo surgió como un desarrollo consecuente del pensamiento social. El movimiento obrero espontáneo solo pudo producir, para ser breves, el comunismo utópico de Weitling en Alemania y de Cabet en Francia.      

Así las cosas, se comprende que el Partido se construye de arriba abajo, es decir, desde el marxismo-leninismo. 

Ya Lenin sostuvo que el partido socialdemócrata surgió en Rusia independientemente del movimiento obrero, y el Partido Socialista del Perú surgió igualmente de forma independiente del movimiento espontáneo. 

Mariátegui señaló: 

En Lima, donde se ha constituido el primer núcleo de industrialismo, es también donde, en perfecto acuerdo con el proceso histórico de la nación, se ha balbuceado o se ha pronunciado la primera resonante palabra de marxismo. (7 ensayos). 

La Reunión de La Herradura acordó: 

1º- Constituir la célula inicial del Partido, afiliado a la III Internacional, y cuyo nombre será el de Partido Socialista del Perú, bajo dirección de elementos conscientemente marxistas. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú). 

Y, la Reunión de Barranco resolvió: 

1º- Dejar constituido el grupo organizador del Partido Socialista del Perú.

3º- La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas. (Ob. cit.). 

Es decir, en perfecto acuerdo con el proceso histórico de la nación peruana, surgió el marxismo como resultado de la actividad consciente de Mariátegui y, sobre esta base, el Partido Socialista del Perú surgió como producto de la decisión de un grupo de marxistas. 

El partido del proletariado es, pues, el producto de la acción de los marxistas que se organizan para la lucha por el poder y el socialismo. Por eso, a la vez que se construye en medio de la lucha de clases, se construye también en medio de la lucha interna, y señaladamente en medio de la lucha entre las dos líneas. 

El principio de construir el Partido de arriba abajo es la primera cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer. 

El carácter clandestino del Partido. En el artículo “El partido ilegal y el trabajo legal”, Lenin señala: 

El problema del partido ilegal y del trabajo legal de los socialdemócratas en Rusia es uno de los principales que encara el Partido; viene ocupando al POSDR durante todo el período posrevolucionario y ha dado lugar a la más enconada confrontación en el seno del mismo. (Obras completas, Editorial Progreso, t. 22; cursivas en el original). 

El citado artículo de Lenin data de noviembre de 1912 y la circunstancia que analiza es el período posterior a la revolución de 1905, o sea, los años en que el Partido hubo de luchar contra el liquidacionismo que intentaba suprimir el partido clandestino y reemplazarlo por una “asociación informe” (Lenin). En la Rusia de entonces, el liquidacionismo se presentaba como el intento de liquidar el “viejo” partido marxista, clandestino, suplantándolo por un partido sin una unidad marxista, por un partido legal. Así, pues, la quintaesencia del liquidacionismo, en la Rusia zarista como ahora en el Perú, es el intento de liquidar el partido de clase. 

En el mismo lugar, Lenin agrega: 

El Partido se compone de células socialdemócratas ilegales que deben crear sus “propios puntos de apoyo para el trabajo entre las masas” en forma de una red, lo más amplia y ramificada posible de sociedades legales. (…) La conclusión básica derivada de nuestra valoración del momento, de la valoración hecha por el Partido, consiste en que la revolución es necesaria y se aproxima. Han cambiado las formas de un desarrollo que conduce a la revolución, siguen en pie las viejas tareas de la revolución. De ahí la conclusión: las formas de organización deben cambiar, las formas de las “células” deben ser flexibles, su ampliación pasará a menudo no por la ampliación de las propias células sino de su “periferia” legal, etc. Todo esto se ha dicho muchas veces en las resoluciones del Partido. (…) Ahora bien, el cambio de las formas de la organización ilegal no se encubre en modo alguno con la fórmula de “adecuarla” al movimiento legal. ¡Eso es completamente otra cosa! Las organizaciones legales son puntos de apoyo que permiten llevar a las masas las ideas de las células ilegales. O sea, que cambiamos la forma de ejercer influencia a fin de que nuestra influencia anterior trascurra en la orientación ilegal. (…) Por la forma de las organizaciones, lo ilegal se “adecúa” a lo legal. Por el contenido del trabajo de nuestro Partido, la actividad legal “se adecúa” a las ideas ilegales. (…) Júzguese, pues, cuán insondable es el pensamiento de nuestros liquidadores cuando son capaces de aceptar la primera premisa (la forma de trabajo), mientras echan en olvido la segunda (el contenido del mismo). (…) El Partido Socialdemócrata es ilegal tanto “en conjunto” como en cada una de sus células y –lo que es mayormente esencial– en todo el contenido de su trabajo, que difunde y prepara la revolución. Por ello, el trabajo más abierto de la célula más abierta del Partido Socialdemócrata no puede ser considerado como “conducción abierta del trabajo partidista” (cursivas y negritas en el original). 

Aquí hay varios puntos a analizar. Las células del Partido solo pueden vivir en relación con las masas; por eso cada una de ellas debe ser parte nuclear de organismos legales que le sirvan no solo de cobertura sino también, a la vez, de una forma de mantenerse ligadas a las distintas capas de las masas trabajadoras, de manera tal que les sea posible ampliar y desarrollar el trabajo del Partido entre ellas; así, como ocurre en la biología, la células pueden reproducirse. 

       La revolución peruana es necesaria, aunque todavía no pueda decirse que se aproxima, salvo que se produzca una brusca agudización de la actual situación mundial que repercuta fuertemente en la situación nacional. En las presentes condiciones nacionales de democracia burguesa, la lucha legal no significa ni puede significar la caducidad de las tareas de la revolución; solo significa que su desarrollo ha cobrado nuevas formas, las mismas que deben coadyuvar al desarrollo del cauce de la revolución como es la lucha directa de las masas. El lector puede entender muy bien las consecuencias que esto tiene en los planos del programa, la táctica, la propaganda, la agitación y la organización que el Partido debe sostener en su trabajo legal. Así, pues, no es el trabajo ilegal el que debe adecuarse al trabajo legal, sino el trabajo legal el que debe adecuarse al trabajo ilegal, o sea, a la realización de las tareas revolucionarias. 

       La clandestinidad del Partido no es ni puede ser ocultismo. Como hemos visto, Lenin sostiene que “Las organizaciones legales son puntos de apoyo que permiten llevar a las masas las ideas de las células ilegales”. ¿Cuáles son estas ideas? Pues las ideas del socialismo científico, de la teoría partidaria, y particularmente aquellas del programa y de la táctica del Partido. Esto significa que, en la lucha electoral, por ejemplo, el Partido, si de verdad está empeñado en desarrollar la conciencia de clase del pueblo, no puede renunciar a la propaganda marxista. Por eso, Mariátegui señala con toda claridad: 

Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera. (Ideología y política) 

Esta cita tiene un alcance general. En efecto, en todo momento es necesaria la propaganda antiimperialista y la propaganda de las ideas del socialismo científico y de la teoría partidaria y, específicamente en tiempos de elecciones, esta necesidad es especialmente importante. Por eso, reemplazar el programa revolucionario por uno de carácter meramente electoral, es rebajar la propaganda al nivel de reivindicaciones que no cuestionan las bases del régimen capitalista (como puede verse en los distintos programas electorales de las izquierdas con comillas y sin comillas), y, por lo tanto, es no cumplir realmente con la tarea de propagandizar el socialismo científico y la teoría partidaria. Así, pues, en los programas electorales las tareas revolucionarias son puestas a un lado, convirtiendo de esta forma el trabajo legal en algo opuesto al contenido del trabajo ilegal. Cuando el liquidacionismo dice que al gobierno se accede con el programa mínimo, lo que está diciendo es, precisamente, que hay que aspirar a ser gobierno; en otras palabras, está diciendo que el camino de la toma del poder pasa por ganar primero el gobierno. Lenin señala a propósito de esta creencia: 

Sólo los canallas o los bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder. (Obras escogidas en doce tomos, t. X).          

En el Manifiesto Comunista Marx y Engels sostienen que “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos”. Por eso no se entendería que el propio Partido limite su intervención en la lucha electoral reemplazando el programa revolucionario con un programa electoral y, de esta forma, prescinda de las ideas ilegales en las formas de la actividad legal, cuando, como es natural, es completamente necesario luchar por el derecho a la existencia activa del marxismo-leninismo y de la teoría partidaria. ¿No es esto lo que hizo Mariátegui al propagandizar, a plena luz del día, su interpretación marxista de la realidad peruana y el propio marxismo? ¿No es esto lo que hizo, cuando, a raíz del presunto “complot comunista”, en la carta del 10 de junio de 1927 dirigida al diario La Prensa, señaló con especial énfasis: “Acepto íntegramente la responsabilidad de mis ideas, expresadas claramente en mis escritos de las revistas nacionales o extranjeras en que colaboro o de la revista ‘Amauta’, fundada por mí en setiembre último, con fines categóricamente declarados en su presentación”?; “Remito a mis acusadores a mis propios escritos, públicos o privados, de ninguno de los cuales resulta que yo, marxista convicto y confeso…”; “No rehúyo ni atenúo mi responsabilidad. Las de mis opiniones las acepto con orgullo. Pero creo que las opiniones no están, conforme a la ley, sujetas al contralor y menos a la función de la policía ni de los tribunales?” ¿No es esto, finalmente, lo que hizo cuando, en “Lineamientos programáticos del Partido Socialista”, estableció el marxismo-leninismo como la base de unidad del Partido y concluyó que la militancia asumía “la misión de defender y propagar sus principios” y que “las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado indígena… sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverantemente y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo”? (Ideología y política). 

El trabajo legal del Partido no debe ni puede ser legalismo. Presentar un programa electoral en lugar del programa revolucionario, es hacer que las ideas ilegales del Partido se diluyan en el trabajo legal, es, por lo tanto, rebajar los fines de la lucha de clase del proletariado y creer, como ya está dicho, que se puede acceder al gobierno como paso previo para la toma del poder. 

Naturalmente, en determinadas circunstancias electorales la intervención del proletariado consciente puede exigir la agitación de un programa electoral que, por razones obvias, no puede caer, por ejemplo, en la ingenuidad política de que es probable una industrialización independiente del Perú sin la toma del poder y en la actitud nada nacionalista de no exigir la expulsión de las bases militares del imperialismo yanqui, como puede constatarse en algunos aludidos programas. Pero, además, al presentarse la necesidad de intervenir en la lucha electoral, no hay razón ninguna para que, paralelamente a la agitación del programa electoral, se agite también el programa revolucionario. Solo haría falta deducir de la situación concreta la forma de realizar esta tarea. 

En la lucha que desarrolla el Partido en el terreno de la democracia burguesa, lo expuesto sobre los conceptos de Lenin a propósito del trabajo ilegal y el trabajo legal, tiene, naturalmente, fuerte consecuencia en la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. Para referirnos a lo medular del problema de la Reconstitución, dicha consecuencia puede expresarse mediante esta pregunta: ¿partido de clase, como el Partido Socialista del Perú fundado el 7 de octubre de 1928, o partido doctrinariamente heterogéneo, como lo ha intentado y sigue intentándolo el liquidacionismo de derecha en sus dos matices? 

       Así, pues, bajo la dictadura de la burguesía, incluso si ella existiera bajo su forma democrática, el partido proletario no puede ser sino un partido clandestino o, para decirlo de otro modo, un  partido con un estatus legal, pero con un aparato clandestino. Mao indica al respecto: 

En algunos países capitalistas se permite, es cierto, la existencia legal del Partido Comunista, pero sólo hasta el punto en que éste no ponga en peligro los intereses fundamentales de la burguesía; no se le permite ir más allá de ese límite. (Obras escogidas, t. II). 

Es decir, el punto hasta el cual la burguesía permite la acción legal del Partido, es aquel que no signifique la aplicación de las ideas ilegales del Partido y, sobre esta base, el desarrollo de la lucha por el poder. La dictadura de la burguesía puede, en determinadas circunstancias, aceptar la intervención del partido proletario con un programa electoral, es decir, puede aceptar la lucha por el gobierno pero no por el poder; es decir, solo puede aceptar la administración del régimen capitalista, que es lo que traducen los programas electorales de la izquierda con comillas y sin comillas.      

El Partido Socialista del Perú dio ejemplo concreto de la forma en que relacionaba su trabajo ilegal y su trabajo legal. En circunstancias en que se aprestaba a surgir públicamente o, mejor dicho, en que se disponía a posicionar su red pública en la vida política nacional, tomó el siguiente acuerdo: 

Por unanimidad se aprobó enseguida la segunda parte de la moción de orden del día, conforme a la cual, todos los miembros del C.C. y de los grupos de provincias, suscriben el Manifiesto y documentos, reservándose el C.E. la designación de los que en delegación del P. deben suscribirlo al ser dados a la publicidad, designación para la cual el C.E. tendrá en cuenta el interés del P. y las razones de oportunidad y eficacia de tal elección. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t. I). 

En el libro Algunas cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de Mariátegui, se comenta así el citado acuerdo:      

el intentado «surgimiento público» del Partido no hubiera negado su carácter clandestino, pues si bien el Acta de la Reunión dice que «todos los miembros del C.C. y de los grupos de provincias, deberán suscribir el Manifiesto y documentos», dice también que el Comité Ejecutivo se reserva «la designación de los que en delegación del P.» debían suscribir tales materiales, designación que debía cautelar «el interés del P. y las razones de oportunidad y eficacia de tal designación». Es decir, la firma de todos los miembros del CC y de los grupos de provincias, era exclusivamente para fines internos, mientras que, para fines externos, solo algunos militantes debían suscribir el «Manifiesto» y demás documentos. Este hecho prueba que el «surgimiento público» del PSP no hubiera significado su legalización, sino el surgimiento de su red legal; no la negación de su carácter clandestino, sino el posicionamiento del PSP en la vida política pública del país. 

Entonces, es claro que desde los tiempos de Mariátegui el Partido fue construido como un partido clandestino, y esta realidad histórica es absolutamente innegable. Por eso, hoy como ayer, es completamente pertinente la idea según la cual el partido es clandestino o no es nada. 

       El principio de la clandestinidad del Partido bajo la dictadura de la burguesía, es la segunda cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer. 

10.02.2026.



Nota:

 

Este artículo fue escrito cuando su autor no tenía conocimiento de la renuncia de Lastra al “marxismo-leninismo-maoísmo” y su paso al “marxismo-leninismo”. No obstante, hay que destacar que el artículo subraya que aquel “m-l-m” era falso. Y como se ha subrayado en otro artículo, su actual “m-l” también es falso. La verdad es esta: Lastra es liquidador, y esta posición suya es cosa largamente demostrada.

 

01.09.2015.

Comité de Redacción.

 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

La Tramposa Reconstitución

de Jaime Lastra 

E. I. 

LA LUCHA POR la defensa de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui tuvo su punto de arranque con anterioridad al uso del término Reconstitución: allá por los años treinta, después de que la camarilla de Ravines asumiera el poder en el CC del partido y diera inicio a la “desamautización” del Partido, la militancia marxista-leninista dio comienzo a la lucha por la defensa de aquellos Fundamentos. Aunque esta lucha germinal fue más intuitiva que consciente y más parcial que integral, puede considerarse que ella es el antecedente histórico de la Reconstitución. La limitación que presentaba esta lucha en defensa de Mariátegui, se explica por la dispersión de la obra escrita mariateguiana, no obstante la publicación de La escena contemporánea (1926) y de 7 ensayos (1928). En los años treinta y en las dos décadas siguientes, en las filas partidarias nadie tuvo la iniciativa de reunir en un volumen los escritos políticos de Mariátegui dispersos en Amauta, Labor y otras publicaciones, lo que le hubiera permitido a la militancia contar con un conjunto orgánico de textos sobre problemas tan fundamentales como el marxismo-leninismo, el partido de clase, el deslinde con las desviaciones del marxismo, la organización de las masas, entre otras cuestiones. Como se sabe, la recopilación La organización del proletariado fue publicada por el Partido en 1967 y la primera edición de Ideología y política data de 1969; por lo demás, las Obras completas de Mariátegui empezaron a publicarse recién a partir de la década de 1950 (la mayoría de sus volúmenes vieron la luz en 1959 y 1970). Como era natural que sucediera, la publicación de estas Obras fue un acontecimiento que impulsó poderosamente la lucha por retomar el pensamiento mariateguiano. La militancia del Partido, premunida ya de un conocimiento vasto de este pensamiento, pudo entonces asumir y acometer la lucha por su retoma en condiciones teóricas mucho mejores que aquellas con que contaron las generaciones anteriores. 

Así, pues, en los años sesenta la lucha por la Reconstitución cobró ya este nombre apropiado, y fue perfilando su contenido, aunque equivocando su objetivo por la concepción limitada y limitante de “reconstituir el Partido para la guerra popular”. Lógicamente, en la mayor parte del indicado período, la Reconstitución se presentaba como una lucha parcial y no general, legítima y no legal en la vida partidaria. Solo con la realización de la VI Conferencia Nacional en enero de 1969, la Reconstitución cobró rango de acuerdo partidario. La propuesta fue de Abimael Guzmán, quien publicó en Bandera Roja n° 44 (enero-febrero de 1969) el artículo “Reconstituir el partido para la guerra popular basándonos en Mao, Mariátegui y la V Conferencia”. Esta fue la concepción de la Reconstitución que se impuso en el Partido. 

Pues bien, en el artículo “El trabajo por la reconstitución de la vanguardia”, publicado en el número 35 del espurio blog Creación Heroica, firmado por un llamado “Comité Creación Heroica”, pero escrito por Jaime Lastra, puede leerse lo siguiente: “En un documento emitido por el Partido en el año 1973 decía” (sic), y acto seguido se cita un párrafo del escrito “El desarrollo de las ideas marxistas en el Perú”. Pero nuestro personaje se cuida de referir que lo que hace es citar a la cabeza del liquidacionismo de “izquierda” de los años setenta, el mismo que a la sazón condujo a la organización partidaria al ocultismo y a la desactivación allí donde pudo; sobre esta realidad histórica, Lastra no dice absolutamente nada; es decir, sin el menor escrúpulo, silencia el hecho de que desde el II Pleno del CC (1972) hasta el Quinto Pleno (1975), se desenvolvió la lucha contra el liquidacionismo de “izquierda” de Ramón García.(1) 

Más adelante, como es característica de sus artículos, en el que nos ocupa –muy mal escrito, lo que no extraña– Lastra se limita a describir algunos hechos y no a analizarlos en relación a la línea y el camino que corresponde seguir en la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. 

       Así, luego de escribir que en el “campo” de quienes “persisten en reivindicar la necesidad de culminar la tarea de la reconstitución de la vanguardia”, “se manifiestan dos tendencias fundamentales”, nuestro liquidador dice: 


Una, que reformulando la Base de Unidad Partidaria y sacando lecciones de la experiencia de estos (sic) más de medio siglo, reivindica los fundamentos ideológico-políticos legados por José Carlos Mariátegui. Con esta posición ha desarrollado una lucha de ideas contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución. (Caso de un oportunismo de derecha que renegaba de la reconstitución y caso de un oportunismo de izquierda que tergiversaba y liquidaba la reconstitución). Otra que, habiendo distorsionado base, contenido y objetivo de la reconstitución, terminó llevando a buen sector de la militancia de vanguardia y también del pueblo, a una derrota político-militar en una guerra interna que tuvo un elevado costo. 

(Entre paréntesis: hace ya doce años, en sus tiempos de “maoísta”, Lastra escribió el artículo “¿Reafirmación o reformulación de la Base de Unidad Ideológica?”, en el cual sostiene que hay que “reformular la Base de Unidad Partidaria” y, naturalmente, conforme a su “maoísmo”, reformularla a favor de la denominación de la doctrina como “marxismo-leninismo-maoísmo”, como se desprende de su artículo «El marxismo y su desarrollo», circulado en fecha próxima al anteriormente mencionado (ver nuestro artículo “La verdad universal del proletariado y la reconstitución”). Ahora, sin explicar absolutamente su renuncia al “m-l-m”, Lastra propone como base de unidad ideológica “la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao”, haciendo así a un lado la denominación políticamente exacta de la doctrina: marxismo-leninismo). 

Ahora bien, la “lucha de ideas” de la que habla Lastra, ¿contra quiénes fue? Todo indica que nuestro personaje toma un período de tiempo bastante prolongado (1970-2015 aproximadamente), para decir lo que dice “contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución”. En este período, el liquidacionismo de derecha de Saturnino Paredes se opuso desde un principio a la Reconstitución y, luego, el liquidacionismo de “izquierda” de Ramón García también se opuso a la Reconstitución, aunque no en el discurso sino en los hechos al conducir a una de las bases del Partido al ocultismo y a la desactivación. En este mismo período Abimael Guzmán llevaba adelante su “reconstitución del Partido para la guerra popular” y solo en la segunda década del presente siglo García terminó renegando abiertamente de la Reconstitución. Estos hechos no han sido tomados en cuenta por Lastra, quien, además, silencia el carácter liquidacionista de la posición asumida por Paredes desde la Sexta Conferencia y el carácter igualmente liquidacionista, aunque de signo “izquierdista”, de la posición de García asumida desde principios de la década del setenta y su transformación en liquidacionismo de derecha en el presente siglo. Preguntémonos, pues: en este largo período, ¿cuál es la “lucha de ideas” que llevó adelante Lastra contra las desviaciones anotadas? Concretamente: ¿dónde están las conclusiones teóricos de la presunta “lucha de ideas” desarrollada por el aludido? Sencillamente, tales “conclusiones” no existen. La crítica que ha hecho Lastra de la desviación representada por Abimael Guzmán gira alrededor de otras cuestiones (repitiendo en algunos casos ideas nuestras y de otros autores presentadas como si fuesen suyas), y muy escasamente sobre la Reconstitución, aunque, aquí también, por lo menos en un caso, repitiendo ideas nuestras. Peor todavía: ya en el presente siglo, Lastra ha evitado reconocer el carácter liquidacionista de la posición de García con respecto a la Reconstitución y adula publicitando a algunos de sus seguidores. 

Es evidente que Lastra presenta a su grupo como representante de una de las dos “tendencias fundamentales” que “persisten” en “la reconstitución de la vanguardia”, precisamente de aquella que pretende “reformular” la BUP y que, “sacando lecciones de la experiencia… reivindica los fundamentos ideológico-políticos legados por José Carlos Mariátegui”. Con respecto a esta afirmación, es necesario, en principio, precisar que la Reconstitución no es “la reconstitución de la vanguardia”, así en general (es decir en términos imprecisos), sino concretamente la reconstitución del partido de Mariátegui. En política, como en relación a cualquier otro asunto, no se puede ser ambiguo. En el caso que nos ocupa, la ambigüedad de Lastra (ambigüedad a pesar de su frase “reivindica los fundamentos ideológico-políticos…”, pues, como es de conocimiento común, en ninguna parte ha expuesto nunca tales fundamentos, limitándose, por ejemplo, a hablar de la “línea política general del Partido”, pero sin precisar sus elementos que la componen) pone en evidencia que no tiene claras las cosas ni siquiera cuando simula ser partidario de la Reconstitución. Por eso, subrayamos: la Reconstitución es la reconstitución del partido de Mariátegui o no es nada, es decir, es la defensa, la actualización y el desarrollo de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui, tarea que hace la base teórica insustituible de la Reconstitución y sobre la cual el Partido puede llevar a cabo su construcción y realizar un correcto trabajo de masas (ver, a propósito del tema, nuestros libros El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, El partido de Mariátegui hoy: Constitución, nombre, reconstitución y Algunas cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de Mariátegui, así como nuestros artículos “La línea ideológica del partido”, “La línea teórica del partido”, “La línea política general del partido” y “La línea orgánica del partido”). Ocurre, sin embargo, que lo que ha hecho Lastra en catorce años es todo lo contrario: suplantación del marxismo-leninismo por el liberalismo en su trabajo partidista y frentista; tergiversación y oposición a la Creación Heroica de Mariátegui (y particularmente oposición a importantes aspectos de la línea política general de la revolución peruana: táctica, frente unido, etc.); oposición a la organización de un partido de clase (ver “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”). Así que, aquella insinuación de que su grupo “ha desarrollado una lucha de ideas contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución”, es una afirmación rotundamente desmentida por su larga práctica de maridaje con todo tipo de oportunismo y antimariateguismo y, ahora mismo, por su caída en el liquidacionismo de derecha, que tiene su punto de arranque en su intentona, de agosto de 2024, de fundar un organismo amalgama con liquidadores y marxistas. En cuanto a la base y el contenido de la Reconstitución, el grupo de Lastra no ha aportado absolutamente con nada de valor a la defensa, la actualización y el desarrollo de la Creación Heroica de Mariátegui; en cuanto al objetivo de la Reconstitución, es claro que dicho grupo está lejos, muy lejos, y, en realidad, en las antípodas de un trabajo partidista y frentista basado en el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mariátegui: el discurso retórico de que hace uso y abuso, no le alcanza a nuestro liquidador para encubrir esta realidad.

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Nota

[1] No sólo en su mirada a la lucha entre las dos líneas en el Partido Lastra se muestra sesgado. De hecho, nunca ha sido capaz de reconocer la realidad del liquidacionismo de derecha de Ramón García y, por el contrario, a cada paso les limpia la cara a este personaje y a sus seguidores calificándolos de “socialistas”, etcétera, publicitando, para peor, en el blog que dirige y en el blog del cual es productor, “Resistencia Ciudadana”, la literatura de los liquidadores y las actividades políticas de los mismos. Es de conocimiento común que Lastra sostiene su adhesión a la misma doctrina y al mismo proyecto de los oportunistas, y que sus “discrepancias” con ellos no atañen a esta cuestión doctrinal y a esta cuestión política, sino a cuestiones “secundarias”, según él mismo ha confesado. Desde 2024, la componenda de Lastra con los liquidadores se ha transformado en identidad, pues él mismo ha devenido liquidador. ¡Este es el significado de su “reconstitución”!

Economía y lucha electoral

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


La Economía Peruana y la Socialdemocracia en la Segunda Vuelta Electoral

Cesar Risso

LOS PROCESOS ELECTORALES en el marco del dominio burgués convocan a decidir de tiempo en tiempo quién o qué partido se encarga de representar los intereses de la burguesía, en cuyas manos está el poder. Este poder está dado en el marco jurídico y en la estructura organizativa del Estado. De modo que cuando un partido de “izquierda” llega al gobierno del poder, lo que hace es administrar los negocios de la burguesía, pero considerando las consecuencias negativas del sistema capitalista. Promueve, en consecuencia, una serie de medidas que tienden a favorecer a las clases trabajadoras. Sin embargo, el capitalismo es un sistema económico que tiene sus leyes, y que como tales se nos imponen con férrea necesidad.

Por ejemplo, la pobreza es consustancial al sistema capitalista. Ni los países industrializados pueden eliminarla. Tal como sucede en los Estados Unidos, cuya población es de más de 348 millones de habitantes, en el que hay cerca de 36 millones de pobres. En el caso de Japón, el número de pobres es de más de 19 millones de habitantes; mientras que en Alemania existen cerca de 9 millones de pobres; en Italia, hay más de 8 millones de pobres; en Corea del Sur, existen cerca de 8 millones de pobres; en el Reino Unido, los pobres suman cerca de 8 millones de habitantes; mientras que, en Francia, los pobres ascienden a más de 5 millones; y en Canadá, los pobres son cerca de 4 millones.

A pesar de la enorme cantidad de riqueza que se genera en el capitalismo en los países industrializados, hay pobreza. Incluso, la cantidad de recursos que en cada uno de estos países se destina a mitigar la pobreza, no logra eliminarla.

Así mismo, las crisis económicas son consustanciales al sistema capitalista. Estas se deben a la tendencia decreciente de la cuota media de ganancia. Esto es inevitable en el capitalismo. La competencia que existe entre las grandes empresas las obliga a implementar los avances científicos y tecnológicos a la actividad económica, lo que deriva en el reemplazo de mano de obra por máquinas. Esto reduce el valor de las mercancías, pues contienen cada vez menor cantidad de trabajo vivo. Esto, que debería beneficiar a la sociedad, reduce la rentabilidad del capital, lo que conduce inevitablemente a la crisis económica.

La necesidad del desarrollo científico y tecnológico va de la mano con el interés de la burguesía de ganar cada vez más. Por eso es que, a pesar del avance de la ciencia, esta se incorpora a la actividad económica de acuerdo con la conveniencia de las empresas. Si el descubrimiento científico no favorece los negocios de la burguesía, pues, simplemente, se dejan de lado, con lo cual obstaculizan la posibilidad del bienestar de la población.

De otro lado, la ley de la acumulación capitalista, que consiste en la permanente reanudación del proceso productivo en un nivel superior, logrando con ello no solo el incremento de la producción, sino la concentración y centralización de la producción. Esto es, los capitales se centralizan en menos empresas, y además se concentran, es decir, aumentan.

Esta ley es la que produce la desigualdad y la pobreza, lo que sumado al imperialismo (época de la dominación de los monopolios), agudiza más aun la situación de explotación a la que se ven sometidas las clases trabajadoras.

De un lado tenemos las consecuencias del dominio del capital, y de otro lado, lo que caracteriza al capitalismo, es decir, la extracción de trabajo no remunerado bajo la forma de trabajo asalariado, es decir la obtención de plusvalía.

A las consecuencias directas del dominio de la burguesía debe añadirse el análisis de las diversas formas mediante las cuales distintos sectores burgueses obtienen ganancias y se apropian de la plusvalía generada por otros. Un ejemplo ilustrativo es el narcotráfico, que constituye un negocio altamente lucrativo controlado por fracciones de la burguesía.

Nos podríamos preguntar si es que el capitalismo genera la suficiente riqueza como para eliminar la pobreza.

Pues bien, resulta que las utilidades corporativas fueron más de veinte veces mayores que el déficit de ingresos de los pobres extremos. Esto significa que con menos del 5% de las ganancias globales se podría cubrir toda la brecha de pobreza mundial.

Es decir, mientras las empresas acumularon US$ 4,9 billones, bastaban US$ 0,22 billones para erradicar la pobreza extrema.

En 2025, la pobreza total en el mundo —sumando la extrema y la no extrema— ascendió a aproximadamente 3,7 mil millones de personas, lo que equivale a casi la mitad de la población mundial. De ese total, unos 831 millones vivían en extrema pobreza (menos de US$ 3 diarios), mientras que alrededor de 2,9 mil millones se encontraban en situación de pobreza moderada o no extrema (menos de US$ 8,30 diarios).

Esta es una de las “obras sociales” del capitalismo. Mientras esto sucede dentro del capitalismo, hay quienes se sienten satisfechos de encontrarse en esta burbuja, y pugnan por acomodarse dentro de ella.

En estas condiciones, el reformismo no puede sino mitigar temporalmente las funestas consecuencias del dominio del capital.

En nuestro país, la pobreza es del 25,7% de la población, que equivale a 8,5 millones de pobres, de los cuales 1,6 millones de habitantes se encuentran en situación de pobreza extrema. Además, el 32,8% de la población no pobre, equivalente a 7 millones de personas, se encuentran en riesgo de caer en la pobreza.

Con respecto a la deuda externa, que es otra de las formas en las que la burguesía imperialista se apropia de plusvalía y además somete a los pueblos del mundo, se tiene que en el Perú es de más de 156 mil millones de dólares; habiendo pagado el año 2025 por concepto de servicio y amortización el importe de 12 mil millones de dólares.

La deuda social asciende a 290 mil millones de soles. Esto corresponde a la estimación de la brecha en infraestructura básica en educación, agua y saneamiento, salud e infraestructura vial y conectividad.

Mientras tanto, se estima que por corrupción se perdió el año 2025 el importe de 24 mil millones de soles. Evidentemente, decir que se perdió, quiere decir que pasó de unas manos a otras. Pasó así de fondos públicos hacia manos privadas, teniendo como base la gestión del Estado en sus diversos niveles.

Esta ambición por el dinero es propia del sistema capitalista, donde se promueve el individualismo, que se traduce en la apropiación de recursos cuyo origen está en el esfuerzo de las clases trabajadoras.

En cuanto a la inversión minera en nuestro país, la deuda tributaria asciende a 7.900 millones de soles.

Los departamentos con mayor inversión minera son también los que registran niveles más altos de pobreza, a pesar de las utilidades que obtienen estas empresas, cuya rentabilidad va de entre 20% y 35%, siendo mayor que la rentabilidad de los demás sectores económicos.

En el caso de Cajamarca y Pasco, la pobreza es de 40%, en tanto que en Ancash y Arequipa es de entre el 25% y el 30%.

En cuanto al empleo, del total de trabajadores, el 20% se encuentra en las comunidades campesinas, aportando entre el 6 y el 7% del PBI. En el caso de la minería, el aporte a puestos de trabajo es de solo 6%, aportando entre el 10 y el 12% del PBI.

Entre los trabajadores, se encuentran los llamados trabajadores familiares no remunerados (TFNR). Estos son 2,7 millones. El trabajo de los TFNR es apropiado por las empresas, que, a través de los emprendedores, los microempresarios, se canaliza hacia las empresas que se benefician de estos trabajadores, con los cuales no tienen vínculos legales.

Con respecto a la política monetaria, el manejo ha sido para beneficiar a las grandes empresas y atajar el crecimiento económico de nuestro país.

Cuando la producción aumenta, el desempleo disminuye, lo cual genera el aumento de los precios. A esta situación se le conoce como “exceso de demanda”, a pesar de los niveles de pobreza que hemos mencionado. Vale decir, un mayor consumo es un problema macroeconómico, que el BCR enfrenta subiendo la tasa de interés, con lo cual se reduce el crédito y la inversión, para así contener la demanda. Lo que subyace a esta medida es la necesidad de mantener cierto nivel de pobreza, o lo que es lo mismo, que con los pobres que existen actualmente se regula el equilibrio macroeconómico.

¿Será capaz el reformismo de hacer frente a la situación que hemos descrito? En el caso de la política monetaria ha manifestado que mantendrá a Julio Velarde en la conducción del BCR. Esto es, que, para llegar al gobierno del poder, a pesar de su reformismo, Roberto Sánchez estaría aceptando la política monetaria actual.

 


CREACIÓN HEROICA