martes, 6 de enero de 2026

Pronunciamiento




 ¡Abajo la Intervención Militar Imperialista Estadounidense en Venezuela! ¡Libertad para Nicolás Maduro y su Esposa Cilia Flores!

PRONUNCIAMIENTO

El Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui y el Comité de Coordinación por la Reconstitución del Partido de Mariátegui repudian y rechazan enérgicamente la criminal agresión militar de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, así como el secuestro de su presidente legal y legítimamente establecido, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores.

Estados Unidos ha bombardeado instalaciones militares en Caracas y otros objetivos en los estados de Aragua, Miranda y La Guaira. La acción ha dejado un saldo de al menos 80 muertos. En el colmo de la infamia y con un vil ánimo de revancha y mostrando su odio, Estados Unidos bombardeó también el Cuartel de la Montaña, donde se encuentran los restos del comandante Hugo Chávez Frías.

Estos hechos violan los principios más elementales del derecho internacional, consagrados en los artículos 1 y 2 de la Carta de las Naciones Unidas, como son el respeto de la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza.

La acción imperialista estadounidense tuvo como objetivo descabezar a la dirección política de Venezuela para de esta forma apoderarse de las mayores reservas petrolíferas del mundo. Así lo han confesado en más de una oportunidad Donald Trump y otros altos funcionarios de Estados Unidos. La potencia imperialista busca pues convertir el petróleo venezolano en una palanca para salir de su crisis y enfrentar la competencia china. A su vez, Estados Unidos busca apoderarse del oro, los minerales raros, agua y otras riquezas naturales de Venezuela.

La acción terrorista no debe ser reducida a un problema que ha sufrido una nación latinoamericana, sino que en realidad expresa lo que le puede pasar a cualquier otra nación latinoamericana. Lo ha dicho el propio Trump cuando ha hablado después de las acciones terroristas: “Lo de Maduro le puede ocurrir a otros también”, sostuvo. También ha amenazado a Cuba, Colombia, México, Nicaragua y Brasil.

D. Trump ha dicho en tono de emperador y con total descaro: “Estamos volviendo a la doctrina Monroe, que habíamos olvidado. El control de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental y nuestra región no será puesto en duda nunca más. El hemisferio occidental es mucho más seguro hoy gracias a nosotros. Esta operación debe servir de advertencia para cualquiera que se atreva a amenazar a Estados Unidos.”

También la Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos retoma la Doctrina Monroe para hacer de América Latina su mercado de ventas y su fuente de materias primas de forma exclusiva y excluyente. Estados Unidos busca recolonizar a nuestra región, lograr el monopolio en sus mercados (como en los tiempos del colonialismo español) y, naturalmente, expulsar a las potencias competidoras (especialmente China) de la región.

El pueblo y el Estado venezolanos tienen el derecho de controlar sus recursos naturales, entre ellos el petróleo, en beneficio de su propio desarrollo. Así lo entendieron Hugo Chávez, Nicolás Maduro y ahora Delcy Rodríguez, quien ha manifestado que va a “defender los recursos naturales, (que) deben servir para el desarrollo nacional”. La compañera D. Rodríguez ha expresado claramente además que “jamás volveremos a ser esclavos de ningún imperio, del tinte que sea.”

El motivo de las reiteradas agresiones de Estados Unidos contra Venezuela radica precisamente en la necesidad de la burguesía imperialista norteamericana de los recursos energéticos que posee el país bolivariano; que, además, le vende el petróleo a los Estados Unidos a precio de mercado, utilizando sus utilidades para ampliar tanto el aparato productivo como los gastos sociales (vivienda, educación, salud), así como para ayudar a pueblos hermanos como el cubano. Estados Unidos quiere en cambio ese petróleo para su actividad industrial y superar su desventaja en la carrera del desarrollo tecnológico, y acrecentar los beneficios de la burguesía imperialista.

Así, debe entenderse que detrás de la acción de Estados Unidos está la defensa de sus intereses imperialistas, en tanto que los gobiernos de Chávez, Maduro y ahora el de Rodríguez han defendido y defienden los intereses de su nación.

Trump ha amenazado con una segunda oleada de bombardeos peor que el de la primera oleada si Delcy Rodríguez no hace lo que los imperialistas quieren que haga. Venezuela continúa amenazada por la potencia imperialista. No debemos olvidar ni por un instante la naturaleza criminal del imperialismo.

En muchas partes del mundo (Venezuela, Cuba, México, Argentina, Colombia, Ecuador, Honduras, Uruguay, Puerto Rico, Bélgica, Reino Unido, Italia, Francia, España, Estados Unidos, etc.) los pueblos se han movilizado contra la salvaje intervención militar y por la libertad de Maduro y su esposa Flores. Solo en los Estados Unidos se han movilizado en 100 ciudades. Necesitamos movilizarnos más, para presionar a Estados Unidos y hacer que retroceda en su ofensiva contra el pueblo venezolano y latinoamericano.

Bajo este marco, llamamos a las organizaciones sociales y políticas del Perú, Latinoamérica y el mundo a rechazar, repudiar y movilizarse contra las acciones terroristas del imperialismo yanqui.

Finalmente, exigimos la libertad de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, víctimas del brutal secuestro ejecutado por el gobierno de Donal Trump, así como las sanciones a que dé lugar los asesinatos cometidos, la destrucción de infraestructura del pueblo venezolano y la violación del derecho internacional.

 

¡Abajo la agresión militar imperialista en la República Bolivariana de Venezuela!

¡Libertad para Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores!

¡Viva la República Bolivariana de Venezuela!

 

Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui

Comité de Coordinación por la Reconstitución del Partido de Mariátegui

06.01.2026.

 


jueves, 1 de enero de 2026

Política

Nota:

El presente artículo prueba que los “argumentos” presentados por Jaime Lastra para defender sus indefendibles posiciones fueron refutadas punto por punto. Publicamos el artículo para que el lector se percate de cuán falsario se revela Carlos Moreno cuando, retorciendo la realidad, pretende que “Lastra rebatió los argumentos de Ibarra y existen esas (sic) documentos”. Uno de esos documentos es el que publicamos ahora, y que Moreno ha silenciado. El otro es el artículo “Egotismo en el Socialismo peruano”, de Lastra, publicado en nuestro blog en julio de 2014, y que, por lo tanto, está al alcance de cualquier lector que quiera consultarlo. Este artículo está repleto de barata retórica, de frases ofensivas, de calumnias, es decir, de la especial “fraternidad” de Lastra con respecto a nuestro compañero. Podemos, pues, imaginarnos la razón por la cual Moreno no se atrevió a publicar el artículo de su defendido.

01.01.2026.

Comité de Redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

Censura en el Socialismo Peruano

E. I.

LAS RELACIONES internas en cualquiera de las tendencias de la izquierda peruana es una cuestión de primera importancia, pues, junto a otros factores, cumplen un papel determinante en la construcción de un partido saludable. 

Sin embargo, durante la primera década del presente siglo y hasta ahora mismo, Jaime Lastra actúa como mandamás en el seno de la tendencia que cree representar (en realidad apenas es cabeza de un reducido grupo que no hay que confundir con la amplia tendencia que adhiere al marxismo-leninismo y al Camino de Mariátegui).

Así, en repetidas ocasiones, ha impuesto su prepotente “aquí se hace lo que yo digo” y su petulante “me importa un comino tu crítica”, echando a perder de esta forma un sano desarrollo de las relaciones internas en lo que, en algún momento, pareció ser un espacio político compartido y, después, en el trabajo editorial en el que hasta ayer hemos coincidido.

De los muchos hechos que prueban fehacientemente el autoritarismo de Lastra y su renuencia a la autocrítica en el marco de una parte de la tendencia aludida, es suficiente señalar aquí uno solo: en 2010 quiso cambiarle el nombre a mi libro El pez fuera del agua, y hube de señalarle muy enfáticamente que él no tenía ningún derecho a consumar una semejante cosa. Pero eso no fue todo: me comunicó después que publicaría dos trabajos míos como “Documentos Anexos” al texto del libro. Entonces le hice saber que esos trabajos pertenecían a otro libro que debía publicarse posteriormente (El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación), y que, por lo tanto, desaprobaba absolutamente su intención. Es decir, le comuniqué, expresa y oportunamente, que no debía hacer lo que pretendía. Sin embargo, como puede comprobarlo cualquier activista de cualquier tendencia del Socialismo Peruano, el mencionado libro incluye los dos trabajos aludidos. De esta forma Lastra consumó su “aquí se hace lo que yo digo” y, no obstante haber sido criticado por esto, simplemente no se autocriticó, mostrando así, por enésima vez, su “me importa un comino tu crítica”.

Digo “por enésima vez”, porque, como lo saben algunos activistas de la tendencia que Lastra cree representar, nunca se ha autocriticado ante las justas y numerosas críticas que se le han hecho a lo largo de más de diez años. Este es su espíritu de “responsabilidad”.

Pues bien, en agosto de 2013 envié a Ediciones Creación Heroica los originales del libro El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui para su publicación y celebrar así el 85 Aniversario del Partido Socialista del Perú.

Recepcionados los originales por Jaime Lastra, Daniel Chumpitaz, César Risso y Mauricio Domínguez, se hizo evidente una confabulación entre los dos primeros para impedir la publicación de la nota de la contratapa, preparada aquí por dos compañeros con los que trabajamos desde hace algunos años, y que, por esto, están familiarizados con la obra de José Carlos Mariátegui y con el debate sobre el PSP y la cuestión del partido proletario hoy, que no es, como se comprenderá, un problema nacional sino internacional.

De entrada, Lastra decidió, por sí y ante sí -¡y sin haber leído el libro!– que la nota de la contratapa no podía publicarse “por razones obvias”, que no explicó entonces ni fue capaz de explicar después en la correspondencia cruzada ni en las varias reuniones realizadas para tratar la cuestión. A la sazón el libro contenía un capítulo inédito: El concepto mariateguiano de partido de masas y de ideas.

Después de ser criticada su actitud, Lastra intentó hacer creer que no había dicho lo que había dicho, maniobra que fue justa y oportunamente desenmascarada.

Por su parte, Daniel Chumpitaz sostuvo que la nota no podía publicarse porque sus términos están sujetos a las leyes antiterroristas, y que, por lo tanto, publicarla sería peligroso. Lo ridículo de este reparo no merece sino una sonrisa.

Que Lastra se oponga a algunos conceptos de la aludida nota sin haber leído el libro y que Chumpitaz se oponga a los mismos con un reparo traído de los cabellos, es, sin duda, una enormidad.

En una reunión realizada aproximadamente después de quince días, Lastra continuaba sin haber leído el libro y, sin embargo, continuaba también oponiéndose a la publicación de la nota. Es así como su actitud se reveló como una absoluta majadería.

Actuando como si Ediciones Creación Heroica fuera su propiedad privada, Lastra sostuvo que la nota podía ser publicada si era firmada por sus autores. Le informé entonces que ellos consideran que puede ser comprometedor hacer ostensibles, con el estampado de sus firmas, sus relaciones políticas con personas que, como yo, tienen aquí un estatus especial.

Esa actitud de prudencia puede ser comprendida por cualquier persona que esté en autos de algunos antecedentes y, en general, por cualquier persona perspicaz. Pero, claro, Lastra finge no conocer ningún antecedente, no obstante haber leído mi artículo El desbarre del creídismo.

Luego, se dedicó a desvalorizar el libro. Primero dijo que podía “servir de material de consulta”. Después, con barata ironía, dijo que era “una recopilación de artículos”.

Lo primero ni siquiera mereció mi atención, pero sobre lo segundo le recordé que los libros que José Carlos Mariátegui publicó en vida (La escena contemporánea, 7 Ensayos) y los que dejó preparados para su publicación (Defensa del marxismo, El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, La novela y la vida) son recopilaciones de textos que previamente habían sido publicados en diferentes medios.

Es decir, Lastra apuntó contra mi persona, pero disparó contra Mariátegui. Por supuesto, después de mi crítica al intento desvalorizador, no hubo de su parte otra cosa que el más absoluto silencio.

Durante el debate sobre la nota, le recordé a Lastra algunos hechos que prueban fehacientemente su autoritarismo. Repito: HECHOS.

Pero su respuesta no pudo ser más cínica: calificó de “cháchara” mi crítica perfectamente fundada, y agregó que “Pleitos no se recepcionan. Solo cabe decir ¡Puf!”.

Con ese pobre recurso polémico, pretendió silenciar los hechos que demuestran su autoritarismo y su renuencia a la autocrítica. Pero ocurre que los hechos en los que se fundaba mi crítica son conocidos por varios compañeros y, todavía más, el caso del libro El pez fuera del agua, anotado arriba, es del conocimiento de una gran cantidad de activistas del Socialismo Peruano. Por eso, además de cínica, la maniobra de Lastra fue sumamente torpe.

Así, pues, su “cháchara”, su “pleito” y su “¡puf!”, demuestran tres cosas: 1) que no tiene la capacidad teórica de calar en el problema que está en el fondo del litigio: la salud de las relaciones internas en la tendencia que él cree representar; 2) que, por ello, consideró mi alegato a favor del saneamiento de esas relaciones como una cuestión personal; 3) que la sola mención de los hechos probatorios de su autoritarismo le causa repugnancia.

Luego, huérfano de argumentos, en una comunicación telefónica con César Risso, dijo que no le gustan “los autoelogios”, con lo que me estaba acusando de haber escrito yo la nota. Ni en la correspondencia cruzada ni en las diversas reuniones Lastra había tenido el valor de lanzar esa vil calumnia.

Naturalmente, con toda oportunidad critiqué su bajeza recordándole el procedimiento que habíamos seguido con mis libros publicados hasta hoy, procedimiento que es de su pleno conocimiento.

Tanto el prólogo al Pez fuera del agua…, como la nota de la contratapa a El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación y el prólogo y el colofón a Mao y Mariátegui, me fueron remitidos, cada uno en su oportunidad, para que yo procediera a hacer la respectiva corrección de estilo. En todos los casos corregí lo que había que corregir –y en algunos de ellos no fue poco–, pero respetando siempre las ideas planteadas por los autores. El mismo procedimiento seguimos aquí con la nota de la contratapa del libro El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui. Esto se lo hice saber puntualmente a Lastra. Sin embargo, en este caso también, su respuesta fue el más sepulcral silencio.

En carta a Trier del 18 de diciembre de 1889, Federico Engels preguntó: “¿Es posible que demandemos de los demás libertad de palabra sólo para eliminarla inmediatamente dentro de nuestras filas?”. Y en carta a Sorge del 9 de agosto de 1890, precisó: “[el Partido Socialdemócrata Alemán] es tan grande que la absoluta libertad interna de debate resulta una necesidad (…) El partido más grande del país no puede existir sin que todos los matices de la opinión que lo integran se hagan sentir plenamente”.

Estos juicios se los alcancé a Lastra durante el debate. Pero igualmente calló en siete idiomas.

El problema, pues, es si en cada tendencia del movimiento marxista peruano –y del movimiento marxista internacional– debe eliminarse la libertad de expresión y, por lo tanto, sofocar el debate de ideas, o, por el contrario, hay que respetar y viabilizar dicha libertad permitiendo así que todos los matices que conforman dichos movimientos se hagan sentir a plenitud.

Obviamente, cualquier marxista sabe que lo correcto es lo segundo, y, por lo tanto, se entiende perfectamente que los autores de la nota tienen todo el derecho a plantear lo que consideran los méritos del libro, del mismo modo como Lastra tiene todo el derecho a plantear sus reparos.

Siendo esa, pues, la cuestión –justamente esa, y no otra–, no una sino repetidas veces lo invité a Lastra a publicar en estas mismas páginas sus argumentos. Pero también en relación a esto su respuesta fue el más completo silencio.

En efecto, en más de ocho meses largos no fue capaz de escribir absolutamente nada sobre el tema, mostrando así su cerrazón autoritaria, que bien puede traducirse con la siguiente frase: “yo no tengo nada que argumentar, yo no estoy de acuerdo con la nota y punto”.

Mariátegui remarcó un principio para el trabajo de propaganda: “Que ‘Amauta’ rechace todo lo contrario a su ideología no significa que lo excluya sistemáticamente de sus páginas, imponiendo a sus colaboradores una ortodoxia rigurosa. Este principio, que reafirmamos, nos obliga sólo a denunciar y controvertir las ideas discrepantes peligrosas” (Ideología y política, p.227; cursivas mías).

Nadie en su sano juicio puede decir que las ideas que aparecen en la nota son contrarias al marxismo o a la revolución, y que, en consecuencia, aparecen como “ideas discrepantes peligrosas”. Tales ideas son apenas un punto de vista que, como cualquier otro punto de vista, está sujeto a debate, a crítica, a confutación. A lo que no están sujetas es a censura.

Sin embargo, pisoteando inescrupulosamente el principio subrayado por José Carlos Mariátegui, Lastra ha procedido como un mandamás prohibiendo la publicación de la nota en la forma en que fue remitida, y, así, ha impedido la publicación del libro.

Esa prohibición significa el sofocamiento del debate de ideas, debate en cuyo marco, como es de conocimiento general, Lastra no se mueve con facilidad, por lo que a cambio ofrece el triste espectáculo de su autoritarismo, marco en el que, como cualquiera puede ver ahora, se mueve con grotesca desenvoltura.

Pero, además, dicha prohibición evidencia otra cuestión: el espíritu competitivo del autoritario, que le hace sentir como una sombra insoportable la valoración del libro que contiene la nota. Este espíritu competitivo es su “espíritu de clase”.

Movido, pues, por su mentalidad autoritaria y su espíritu competitivo, Lastra ha pisoteado impunemente la libertad de expresión en el movimiento.

La libertad de expresión en el movimiento ES UN PRINCIPIO, y, por eso, en ningún caso está sujeta a votación y menos aún a decisiones personales, arbitrarias, prepotentes, aunque ellas sean facilitadas por el servilismo.

Por eso, en el movimiento marxista nadie tiene derecho a censurar. A lo que sí tienen derecho todos y cada uno de sus activistas es a criticar, es decir, a contrastar ideas.

Pero, como se ha visto, Lastra ha optado por la censura y no por la crítica, y esto es sumamente expresivo: demuestra, de la manera más cruda, su mentalidad autoritaria, su actitud prepotente, su método criollo.

Así, pues, en pleno siglo XXI y en plena lucha por desarrollar el Camino de Mariátegui y llevar la Reconstitución hasta el fin, Lastra se ha creído con derecho a reprobación, mostrándose de esta forma como un Vulgar Mandamás, como un Censor Inquisitorial, como un Aprendiz de Torquemada.

Pero, con eso no ha hecho más que probar que SU INSOLVENCIA TEÓRICA ES INVERSAMENTE PROPORCIONAL A SUS ASPIRACIONES AUTORITARIAS.

Si en la polémica con el conservador Luis Alberto Sánchez, José Carlos Mariátegui se reafirmó en el principio según el cual únicamente cabe “denunciar y controvertir las ideas discrepantes peligrosas”, en la polémica con el extraño marxismo de Lastra nos reafirmamos en este mismo principio.

En CREACIÓN HEROICA hemos publicado artículos que contienen algunas ideas que no compartimos, sencillamente porque consideramos que el debate de ideas en el Socialismo Peruano no debe ser sofocado sino más bien incentivado.

La realización de algunas reuniones donde se hicieron ciertas correcciones al diseño del libro, la impresión de un machote, el diseño de la carátula, etcétera, no alcanza para encubrir el autoritarismo de Lastra.

Si algo con significado estratégico puede hacerse para estimular el desarrollo de la teoría del Socialismo Peruano, es precisamente respetar en todo momento la libertad de expresión de sus activistas, pues precisamente esta libertad es una de las premisas del desarrollo de dicha teoría.

Pues bien, cualquier marxista que no tenga una mentalidad de campanario, tiene que comprender que la libertad de expresión es una cuestión que atañe al entero movimiento y, ya solo por eso, está ante el deber de tomar una posición definida y resuelta contra su conculcación.

Por lo tanto, cada quien debe contribuir a desterrar del movimiento el “aquí se hace lo que yo digo” y el “me importa un comino tu crítica”, vengan estos vicios de la tendencia que sea y vengan de quien vengan.

Obviamente, para ello se requiere tener la capacidad de elevarse por encima del estrecho horizonte de la propia banderilla, porque solo así es posible darle una mirada de conjunto al Socialismo Peruano y contribuir al saneamiento de sus relaciones internas.

Y si, como otras veces y desde hace años, Lastra pretendiese, ahora también, aprovecharse de la ventaja que le da mi ausencia en el país para manipular a los activistas retorciendo los hechos y oscureciendo las ideas, tengo la plena seguridad de que solo cosechará algunas víctimas en el caldo de cultivo del amiguismo y la conveniencia subalterna.

SIN LIBERTAD DE EXPRESIÓN EL SOCIALISMO PERUANO Y EL SOCIALISMO MUNDIAL NO PUEDEN EXISTIR. POR ESO LA DEFENSA DE ESTE PRINCIPIO CONTRA TODO ATROPELLO ES UNA NECESIDAD ABSOLUTA.

17.05.2014.


Nota:

El artículo que sigue es prueba de que la retórica de Lastra fue desenmascarada punto por punto por nuestro compañero Eduardo Ibarra, de manera que la cínica afirmación de Moreno en el sentido de que “Lastra rebatió los argumentos de Ibarra” se cae ruidosamente. Pero a esto hay que agregar que afirmaciones mistificadoras de la realidad son usuales en el grupo de Moreno, pero que, tan pronto nos remitimos a los hechos, semejantes afirmaciones revelan nada más que la falta de moral revolucionaria de sus autores.

01.01.2026.

Comité de Redacción.



¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

El Espíritu Criollo de Jaime Lastra

E. I.

EL AUTOR mencionado en el título nos ha pedido que publiquemos el artículo Egotismo en el socialismo peruano, con el cual tiene la ilusión de haber refutado los términos de mi artículo Censura en el socialismo peruano, publicado en la edición del 1º de junio pasado de esta revista digital. Por cuanto aquí no ejercemos censura sino de las ideas discrepantes peligrosas, lo publicamos, pues, con mucho gusto, porque, por otro lado, por ejemplo negativo constituye una lección para los activistas del Socialismo Peruano.

Quiero llamar la atención del lector sobre la actitud mental con la que Lastra asume el debate abierto, que es, por lo demás, la misma actitud mental que mantiene desde hace más de una década en el marco del espacio político que aparentemente compartíamos.

Lastra ha escrito estas frases: “Un medio de la calidad del Blog Creación Heroica”; “un medio que nació para cumplir faenas más encomiables”; “nuestra amistad revolucionaria con el blog, por lo menos de nuestra parte”.

Pero la verdad se busca en los hechos y, precisamente, los hechos desmienten categóricamente las zalameras frases: en 2010 Lastra se opuso a la fundación de CREACIÓN HEROICA, y, todavía más, deferentemente invitado a colaborar en sus páginas –no obstante su oposición–, simplemente no lo hizo ¡y hasta no tuvo la elemental cortesía de responder a la invitación! Esa oposición a CREACIÓN HEROICA, ese menosprecio por sus animadores es, pues, su “amistad revolucionaria con el blog”.

Lastra dice: “He cumplido mi deber de expresar mis opiniones en las sesiones internas, así como he presentado mis discrepancias con Eduardo por escrito”.

Pero eso no es cierto. La precisión sobre la necesidad de la libertad de expresión en el movimiento marxista, con cita de Federico Engels de por medio; el señalamiento del principio según el cual los marxistas estamos obligados sólo a denunciar y controvertir las ideas discrepantes peligrosas, con cita de José Carlos Mariátegui de por medio; la indicación de que, por lo tanto, en el movimiento no es admisible la censura sino únicamente la contrastación de ideas; etcétera; son cuestiones que, en conjunto, constituyen el contenido fundamental del debate, y, sin embargo, sobre este contenido Lastra no fue capaz de plantear absolutamente nada, desviando la discusión hacia cuestiones secundarias y procedimentales.

Por eso, cuando dice que “al espíritu egotista no debe dársele soga ni cuerda; solamente responderle lo necesario y pertinente”, lo que está haciendo en realidad es disimular su escamoteo de aquellas cuestiones fundamentales, su sofocamiento del debate de ideas, su impotencia.

Lastra dice: “Solo resaltaré un caso de entre muchos que contiene el argumento litigioso del c. Ibarra: ‘Lastra apuntó contra mi persona, pero disparó contra Mariátegui’. Así de jactancioso es el espíritu egotista”.

Pero ocurre que, al desvalorizar mi libro con la irónica afirmación de que “es una compilación de artículos que han circulado ampliamente en la web” (en mi artículo Censura en el socialismo peruano, cité de una información sintética de César Risso; ahora he citado de una nota del propio Lastra, demagógicamente titulada Publiquemos el libro), de hecho disparó contra Mariátegui, cuyos libros son, como es de conocimiento general, compilaciones de artículos publicados previamente. Sin embargo, por incapacidad de entender el sentido de mi afirmación o directamente por mala intención, Lastra pretende vender la idea de que en ella hay jactancia de espíritu egotista.

Así, pues, esa pretensión demuestra que mi contradictor utiliza el término egotista no como concepto, sino como insulto.

Lastra dice: “El espíritu egotista, convertido en mandonismo, pretendió, infructuosamente, que el Grupo Editorial asumiera esa nota como suya. Y este HECHO no le va bien ni le conviene exhibir al espíritu egotista”.

Pero la verdad es otra muy distinta. En el curso de la correspondencia cruzada en torno a la cuestión del libro, en más de una oportunidad invité a Lastra a publicar en estas páginas sus reparos. Además, le expliqué que, por ejemplo, la Editorial Amauta publica libros en algunos de los cuales aparecen opiniones discrepantes con respecto a ciertos aspectos del pensamiento de Mariátegui, pero que esto no significa que los editores –los  hijos de Mariátegui– asuman tales opiniones, sino que cumplen con la necesaria función de centralizar el debate sobre el pensamiento mariateguiano, y que, por eso, debería entender que, de publicarse mi libro tal como había sido remitido, ello significaría únicamente que los editores cumplían con centralizar algunas ideas, respecto a las cuales tienen toda la libertad de sostener sus desacuerdos. Por último, en el artículo Censura en el socialismo peruano, sostuve quelos autores de la nota tienen todo el derecho a plantear lo que consideran los méritos del libro, del mismo modo como Lastra tiene todo el derecho a plantear sus argumentos contrarios”. Entonces, puesto que, en todo momento, he defendido la libertad de expresión de los autores de la nota censurada y, al mismo tiempo, la libertad de expresión del propio Lastra, está claro que su acusación en el sentido de que he querido que los editores asuman los términos de dicha nota, es una grosera tergiversación de los hechos.

Lastra dice: “El espíritu egotista responde al justo reparo de preservar la seguridad legal de la empresa editorial, planteada por el c. Chumpitaz, con una desubicada frase ‘Lo ridículo de este reparo no merece sino una sonrisa’”.

Esta afirmación demuestra que mi contradictor comparte el reparo de Chumpitaz, según el cual la nota no puede publicarse porque los términos de su tercer párrafo están sujetos a las leyes antiterroristas. De esta forma, a su original argumento (desacuerdo con la valoración del libro que aparece en la nota), le suma ahora dicha conjetura. En la edición del 1º de junio de esta revista publicamos el mencionado tercer párrafo, y su lectura puede persuadir a cualquier lector objetivo del absurdo que significa creer que los términos allí utilizados hubieran podido determinar la clausura de la editorial y el apresamiento de sus funcionarios.(1)

Lastra dice: “Y no se da cuenta [el suscrito] que eso mismo también se podría decir del fragmento de su artículo el “Desbarre del creídismo”, que el c. Eduardo lo presenta como prueba de su alegato en contra de la inexistente ‘censura inquisitorial’. Así de obtuso es el egocentrismo”.

Es decir que, para Lastra, el aludido fragmento es una invitación a la sonrisa. Pero ocurre que tal fragmento, publicado también en la edición del 1º de junio, da cuenta de hechos reales, concretos, reveladores, y comparar esto con su mera conjetura es una maniobra extremadamente torpe, y, por eso, mi contradictor aparece como un verdadero obtuso al creer que su analogía podía ser convincente. 

Lastra dice: “… esa nota [la nota censurada] no fue trabajada por el Grupo Editorial, sino que el autor, o sea el compañero Ibarra, la propuso como una nota escrita por dos personas que él conoce, para que sea asumida por el Grupo Editorial sin que se le haga ningún cambio. El hecho de no aceptar su mandonismo lo conllevó a modificar algunos términos de la referida nota, que según él lo había coordinado con los autores de la nota valorativa de su libro. Pero el tema de fondo persistía: esa valoración no tenía consenso en el Grupo Editorial. Y por ello, luego de varias rondas de debate interno, en forma orgánica, -pues nadie se irrogó de autoritarismo alguno- acordamos que esa nota la firmen sus autores y en caso que no lo puedan hacer con nombres propios podrían usar un seudónimo literario. ¡Hasta, incluso, un compañero estaba dispuesto a firmarla con su nombre propio, a condición que se modifique un término que él no compartía! Con ello quedaba resuelta la forma de la controversia y el libro salía. Por eso, todo el material quedó listo para entrar a imprenta”.

Es notoria la ambigüedad con que Lastra habla de la autoría de la nota. Ya en el debate sobre este texto se mostró pávido y malévolo al mismo tiempo: por un lado, en la correspondencia cruzada y en las reuniones, no se atrevió a lanzar su calumnia de que el suscrito es el autor de dicho texto; por otro lado, en una comunicación telefónica, con la frase “no me gusta el autoelogio”, le insinuó a César Risso de que soy yo el autor (testimonio de César Risso).

Ahora se muestra igual: por un lado, dice que “acordamos que esa nota la firmen sus autores” (o sea que hay autores); por otro lado, sostiene que “esa nota no fue trabajada por el Grupo Editorial, sino que el autor, o sea el compañero Ibarra, la propuso como una nota escrita por dos personas que él conoce” (o sea que soy yo el autor de la nota). Esta es la moral de Lastra.

Pero hay más. Como se ha visto, Lastra dice que “acordamos que esa nota la firmen sus autores”. Aunque, como es obvio, el problema no es si hubo o no un acuerdo semejante, es menester señalar que, según oportuno testimonio de César Risso, no hubo ningún acuerdo al respecto: “La exigencia de que la nota de la contracarátula sea firmada, es una posición exclusivamente suya [de Lastra], es un capricho”, carta del 20.08.2013 remitida a mí; “en el párrafo tres de la nota, se emite opinión, por lo cual se sugiere (no se decide) se reconsidere la propuesta del autor con respecto a que la nota vaya sin firma”, carta del 30.08.2013, dirigida a mí también. Debo indicar, por lo demás, que no he podido recuperar una carta de César Risso donde, desmintiendo a Chumpitaz, señala categóricamente que no hubo un acuerdo en el sentido indicado. Pero lo citado basta para mostrar cómo miente Lastra.

Por otra parte, mi falaz adversario dice que “El hecho de no aceptar su mandonismo lo conllevó (sic) [al suscrito] a modificar algunos términos de la referida nota, que según él lo había coordinado con los autores de la nota valorativa de su libro”.

¿Pero es que, acaso, de siempre no estuvo informado Lastra que el suscrito, en su función de corrector de estilo (ver Censura en el socialismo peruano), tenía toda la potestad de corregir, de consuno con los autores de la nota, la redacción de la misma, a condición, claro está, de no alterar su contenido? No sólo la nota fue objeto de algunas correcciones en su redacción, sino también el propio texto del libro, no obstante que ya había sido remitido a Ediciones Creación Heroica. La afirmación de Lastra expresa, pues, una intención maliciosa.

Finalmente: la cuestión de la publicación del libro únicamente podía quedar resuelta con el respeto a la libertad de expresión de los autores de la nota. Es decir, el problema de fondo, el verdadero problema, el único problema es que tenía que respetarse la libertad de expresión en el movimiento marxista (todo lo demás sobraba), pero, como se sabe, ahogando el debate, los editores optaron por la censura; en otras palabras, a un problema teórico le dieron una “solución” administrativa. Lenin criticó a Stalin por tener la tendencia a dar solución administrativa a problemas políticos: esta tendencia se presenta agravada en Lastra como expresión de su mentalidad autoritaria. Los editores optaron, pues, por el recurso burgués de la censura y desecharon el método proletario de la contrastación de ideas. Esta es su “acción editorial democrática y socialista”.(2)

Lastra dice: “No reconoce [el suscrito] que la firma exigida no fue para exponer a sus autores, frente a cualquier peligro, sino para que éstos asuman el valor de sus afirmaciones”.

Pero ocurre que nunca dije que los editores exigían las firmas de los autores de la nota censurada para exponerlos, es decir, para colocarlos deliberadamente ante “cualquier peligro”, y, sin embargo, como se ha visto, Lastra me cuelga esta barbaridad. Lo que señalé –y más de una vez– es que de estampar sus firmas, dichos autores consideran que pueden tener problemas, lo cual es cosa distinta. El fragmento de mi artículo El desbarre del creídismo, da cuenta de que, en efecto, esa posibilidad es muy real, y, por lo tanto, que sólo por ello los autores de la nota no pueden asumir “el valor de sus afirmaciones”. Así pues, lo que dice Lastra es una muestra de su impresionante incapacidad de comprensión, o, en su defecto, una vez más, de su intención maliciosa.(3)

Lastra dice: “No me ha sorprendido el alegato público del compañero Eduardo Ibarra, pues por comunicación del compañero Cesar Risso, en su función de coordinador editorial, sabíamos de esta posible acción de Eduardo. Y, claro, el grupo editorial no aceptó esa forma de chantaje”.

Pero la verdad es que, tempranamente, en carta dirigida a Daniel Chumpitaz, Mauricio Dominguez, César Risso, Santiago Ibarra y al propio Lastra, anoté lo siguiente: “De manera que si [Lastra] quiere dejar atrás su grosera actitud, tiene la oportunidad [de publicar sus reparos]. Caso contrario, nos reservamos el derecho de exponer en las páginas de CREACIÓN HEROICA, con todo detalle, el proceso de su ‘aquí se hace lo que yo digo’, pues su caso es una lección por ejemplo negativo para todo el Socialismo Peruano”.

Y, algunos meses después, ante el punto muerto a que se llegó en la discusión, es decir, ante la cerrazón autoritaria de Lastra, o sea, ante la liquidación del último espacio donde era posible un cierto nivel de debate, publiqué en esta revista el artículo Censura en el socialismo peruano.

Pero, como se ha visto, Lastra pretende hacer creer que se enteró por César Risso de mi determinación, es decir, presenta esta determinación como un hecho no transparente, y, además, pretende hacer pasar la misma como un “chantaje”. Es así como, sin ningún escrúpulo, Lastra falsea los hechos y, sobre esta base, les pone una etiqueta que no les corresponde.

Lastra dice: “…al no prosperar su mandonismo, pretenda [el suscrito] despreciar y descalificar a unos compañeros y llame al ataque a otros”.

En el artículo Censura en el Socialismo peruano, dejé escrito lo que sigue: “… cualquier marxista que no tenga una mentalidad de campanario, tiene que comprender que la libertad de expresión es una cuestión que atañe al entero movimiento y, ya solo por esto, está ante el deber de tomar una posición definida y resuelta contra su conculcación”. “Por lo tanto cada quien debe contribuir a desterrar del movimiento el “aquí se hace lo que yo digo” y el “me importa un comino tu crítica”, vengan estos vicios de la tendencia que sea y vengan de quien vengan”.

Pues bien, ¿puede alguien creer que los marxistas no tienen necesidad de comprender que la libertad de expresión es una cuestión que atañe al entero movimiento? ¿Puede alguien creer que, por lo tanto, los marxistas, de cualquier matiz, no tienen el deber de tomar posición resuelta y definida contra el atropello a la libertad de expresión en el movimiento? ¿Puede alguien creer que cada marxista no está ante la obligación de contribuir a desterrar del movimiento el autoritarismo y los métodos criollos?

Pero estas justas y oportunas consideraciones son entendidas por Lastra como un llamado a atacar a su persona. Así, por incapacidad o por torcida intención, confunde crítica con ataque.

Lastra dice: “lamentamos ocupar el valioso tiempo de los activistas y militantes del Socialismo Peruano en un tema de querella pública por un hecho estrictamente interno respecto de la acción editorial democrática y socialista, que no hubiera generado este alboroto de no haberse presentado, en este caso, esa mentalidad egotista”; “todo ello es exclusivamente orgánico e interno, que no puede interesarle a un público ajeno a los detalles de nuestra faena editorial, salvo que tenga un afán de morbosa curiosidad”; “El Público que sigue el blog Creación Heroica, no es un público morboso por descubrir intimidades orgánicas de la cual no forma parte”.

Como se ve, primero le pasa la mano a los activistas del Socialismo Peruano: “[su] valioso tiempo”; después, intenta sugestionarlos contra el supuesto peligro de caer en “un afán morboso de curiosidad”. Y con estos trucos pretende hacer creer que la lucha contra su autoritarismo conculcador de la libertad de expresión en el movimiento marxista, es “un hecho estrictamente interno” “que no puede interesarle a un público ajeno a los detalles de nuestra faena editorial”, y que, por lo tanto, nuestra crítica abierta a dicho autoritarismo es un “alboroto”.

Pues bien, la cuestión de la libertad de expresión en el movimiento marxista no es una cuestión estrictamente interna de alguna tendencia, no es una intimidad orgánica, no es un detalle, y, por último, no es tampoco una cuestión puramente orgánica: más que en ningún otro nivel, en la actividad orgánica se expresa la ideología realmente existente en la cabeza de los activistas. La cuestión de la libertad de expresión en una tendencia cualquiera, es la cuestión de la libertad de expresión en el entero movimiento. Si las diversas tendencias del movimiento fueran compartimientos estancos, no podría hablarse de Socialismo Peruano.

Pero, claro, esa realidad solo puede ser comprendida por quienes son capaces de darle una mirada de conjunto a nuestro movimiento. Quienes no tienen esta capacidad y apenas pueden ver lo que pasa en los límites de su banderilla, corren el riesgo de creer en las falacias de Lastra.

Una mirada de conjunto a la situación del Socialismo Peruano lleva a la convicción de que hay muchos males que perjudican su desarrollo, y la lucha contra estos males es responsabilidad de todos y cada uno de sus activistas. Por lo tanto, la crítica abierta a la conculcación de la libertad de expresión, al autoritarismo y a los métodos criollos, no es ni puede ser calificada de “alboroto”.

¡Luz, más luz en el Socialismo Peruano, que al saneamiento de sus relaciones internas solo pueden temerle los oportunistas! ¡Luz, más luz en el Socialismo Peruano, que al debate de ideas solo pueden temerle los oportunistas! ¡Luz, más luz en el Socialismo Peruano, que al desenmascaramiento del autoritarismo, los métodos criollos y otros males burgueses solo pueden temerle los oportunistas!

Lastra dice: “Pero en la experiencia se aprende a caminar, y que ésta le sirva al Comité de Redacción, para afinar mejor su puntería contra el enemigo común y no desperdiciar tiempo en querellas dogmáticas”.

Mariátegui señaló: “Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad concreta del día. Que no se esterilicen bizantinamente en exconfesiones y excomuniones recíprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social, sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes” (Ideología y política, p.109).

No obstante, como es de conocimiento general, esos juicios no le impidieron al maestro señalar que, en el plano del frente unido sindical de la clase obrera, “tenemos el deber de alejar al proletariado de las asambleas amarillas”, (ibídem, p.108), es decir que tenemos el deber de luchar contra la acción corrosiva de los conciliadores, de los oportunistas, de los traidores. Tampoco le impidieron, en el plano del frente unido político, desenmascarar el oportunismo pequeño burgués del entonces socialista Haya de la Torre. Finalmente, tampoco le impidieron, en el plano del movimiento marxista, desenmascarar la fisonomía mental de su secretario Martínez de la Torre (“Prefiero hallarlo intransigente, exigente, impetuoso, a hallarlo criollamente oportunista y equívoco”, (ibídem, p.182); así como de calificar de revisionista cierta posición de su dilecto compañero César Falcón (“Falcón olvida que el Estado demo-liberal es el órgano de la clase capitalista. Su revisionismo lo mueve a prescindir de la existencia o la realidad de las clases y más aún de su conflicto”, (ibídem, pp.230-231).

Pues bien, preguntémonos: ¿el llamado de Mariátegui a luchar contra los conciliadores, los oportunistas, los traidores, significó promover “querellas dogmáticas”? ¿Su lucha contra el oportunismo pequeño burgués de Haya de la Torre, su crítica a Martínez de la Torre y a Cesar Falcón fueron, acaso, “querellas dogmáticas”?

No, la lucha de Mariátegui contra el amarillaje, el oportunismo pequeño burgués, el espíritu criollamente oportunista y el revisionismo, no fueron “querellas dogmáticas”. Del mismo modo como ahora no es “querella dogmática” la lucha contra el autoritarismo, los métodos criollos, la conculcación de la libertad de expresión y otros males en el movimiento marxista.

Así como Mariátegui comprendió que la lucha contra el enemigo de clase no es posible sin la lucha contra el oportunismo en el seno del propio movimiento, así también tenemos que entender ahora la necesidad de ambas luchas, complementarias entre sí, a fin de avanzar en la consecución de los objetivos de clase.

Lastra no ha entendido, pues, el sentido de la cita de Mariátegui, porque la arranca de la doctrina del maestro, o, en su defecto, porque no entiende su sentido; es así como la manipula a fin de meter confusión.

Lastra dice: “De las frases, entre comillas, que utiliza el c. Ibarra, como si fueran frases dichas por mi persona solo reconozco haber utilizado “Pleitos no se recepcionan. Solo cabe decir ¡Puf! Así como  la palabra ‘cháchara’”.

Este reconocimiento es una burda maniobra, pues significa que no reconoce como cierta otros adjetivos lanzados contra mi persona y, especialmente, su bajeza de haberle dicho por teléfono a César Risso que no le gusta “el autoelogio”. Pero el testimonio de César Risso –de cuya honestidad nadie puede dudar– es incontestable.

Lastra dice: “Con fecha 01 de junio del 2014, el Blog Creación Heroica publicó un alegato del compañero Eduardo Ibarra (…). Y precedió tal escrito con una breve nota del Comité de Redacción, del cual, por supuesto, también forma parte Eduardo, en su calidad de integrante y por la función de Director que ejerce. De ese modo, el compañero Ibarra actuó como juez y parte, en este caso, para promover su alegato. Además, esa nota del Comité de Redacción la titulan “Debate”, cuando en verdad ya habían tomado no solo una posición en favor de una de las partes, la del c. Ibarra, sino que declaran sentencia y condena contra mi persona y la del compañero Daniel Chumpitaz, apenas recién iniciado su pretendido “debate”. De este modo actúa el egotismo, haciendo cuerpo institucional en un medio que nació para cumplir faenas más encomiables”. “Un medio de la calidad del Blog Creación Heroica no debió de actuar de ese  modo; o mejor dicho, no debió someterse al egotismo. Lo justo y correcto que debió hacer es promover el esclarecimiento de los hechos en beneficio de sus lectores, más no dar por zanjado un debate que recién pretendían empezar. Este hecho prueba que el egotismo genera su par que es el seguidismo”.

Le aclararé a mi adversario punto por punto, a ver si deja de hacer una ensalada de todo.

1.  La palabra Debate no titula la nota del Comité de Redacción, sino la sección donde fue publicado mi artículo.

2.  El Comité de Redacción, o más precisamente, su parte activa, está formada por tres personas, las cuales discutieron y aprobaron la nota.

3. Desde el principio, o sea desde hace diez meses, los miembros activos del Comité de Redacción asumieron una posición definida ante el atropello a la libertad de expresión en el movimiento marxista, y esto no tiene por qué extrañar a nadie.

4. El Comité de Redacción no es una instancia independiente, autónoma, neutral. Por lo tanto, no hay ninguna dualidad en nuestra revista, es decir, nadie es aquí “juez” como miembro del Comité de Redacción y “parte” como articulista.

5. Como está claro, el debate sobre el atropello a la libertad de expresión en el movimiento marxista, no es un debate que “recién [pretendíamos] iniciar”. Este debate tiene diez meses de antigüedad: nueve como debate interno y, redondeando, uno como debate abierto.

6. CREACIÓN HEROICA es una revista de clase, y entre sus funciones está la de centralizar el debate en el Socialismo Peruano (como que lo invitamos a Lastra a plantear sus reparos a la nota censurada, no obstante lo cual en diez largos meses no ha sido capaz de demostrar que los términos del tercer párrafo de la nota son falsos y peligrosos para la editorial). Por lo tanto, el Comité de Redacción no es un tribunal judicial para dictar “sentencia” y “condena” contra nadie.

7. Con la nota de nuestro Comité de Redacción, no dimos por zanjado el debate, como maliciosamente sostiene Lastra. Si así fuese, resultaría incomprensible por qué publicamos su artículo y por qué le respondemos.

8. En CREACIÓN HEROICA no hay egotismo ni seguidismo. Lo que hay es trabajo solidario, colectivo, de clase.

9. Sólo para precisar: el seguidismo no es “par” del egotismo, sino su reverso, y, en esta medida, su complemento.

Pero la mentalidad autoritaria de Lastra lo lleva a ver tribunales judiciales por todas partes, y de ahí su lenguaje jurídico: “alegato”, “argumento litigioso”, “sentencia”, “condena”, “juez y parte”. De ahí también que se victimice a sí mismo con la esperanza de malquistarnos con los lectores: “la sentencia condenatoria, que nos han dictado”.

Sin embargo, lo que ha ocurrido es algo evidente, y, por esto, muy fácil de comprender: Lastra y Chumpitaz se han autodescalificado con su atropello a la libertad de expresión en el movimiento marxista. Ahora depende de ellos, y de nadie más, que, autocrítica de por medio, borren de sus hojas de vida esa negra página que han escrito, aunque tengo fundadas dudas de que esto pueda ocurrir.

Pues bien. Como se ha podido ver, Lastra afronta el debate con la actitud mental del oportunista orgánico: todo vale: trucos, maniobras, falacias, tergiversaciones, insultos, calumnias, ascos, etcétera.

A ese cúmulo de recursos criollos los llama “ideas tónicas”, “dignidad revolucionaria del militante para no ceder ente egotismo alguno”, “praxis revolucionaria”; mientras a nuestra crítica, perfectamente fundada en los hechos, la califica de “retórica”, “argumentos ofensivos y tóxicos”, “cháchara jactanciosa”, “montaña de infundios y ofensas” que no “puede ser provechosa para el Socialismo Peruano ni para el desarrollo de la conciencia revolucionaria”.

Pero, claro está, esa fraseología confusionista difícilmente puede sorprender a quienes son capaces de encontrar la verdad en los hechos, de pensar teóricamente y de asumir responsablemente los problemas del Socialismo Peruano.

Por otro lado, sus lagoteras afirmaciones en el sentido de apreciarme y respetarme, no le han impedido lanzarme estos insultos: “egotista”, “jactancioso”, “obtuso”; y tampoco intentar agraviarme con un sonoro “¡Puf!”, que, sin embargo, esclarecidos hasta aquí no pocos hechos y no pocas ideas, está claro que solo le alcanza a él mismo.

Así, pues, cualquiera puede darse cuenta de que su lagotería apenas es un recurso diversivo y una pantalla con la que pretende ocultar su verdadera fisonomía mental.

Si, como está demostrado, desde un principio Lastra se opuso a la nota de la contratapa sin haber leído el libro –¡SIN HABER LEÍDO EL LIBRO!–, quiere decir entonces que procedió movido por el puro prejuicio, por el puro anticuerpo, por la pura animadversión. ¿Esta actitud no es, acaso, imprudente? ¿Acaso no es necia? Claro que sí. Por eso es majadería.

Si, como señaló Engels, no es “posible que demandemos de los demás libertad de palabra sólo para eliminarla inmediatamente dentro de nuestras filas”; que “la absoluta libertad interna de debate resulta una necesidad (…) El partido más grande del país no puede existir sin que todos los matices de la opinión que lo integran se hagan sentir plenamente”, entonces está claro que la censura de Lastra y Chumpitaz revela una actitud antimarxista.

La cuestión no es, pues, si la nota debía ser firmada o no, si sus términos debían acordarse o no, etcétera, sino si en el movimiento marxista –grupos, partidos, editoriales, periódicos, revistas, etc.– debe respetarse la libertad de expresión o no.

En su artículo, Lastra utiliza tres veces la palabra egocentrismo, seis veces la palabra egotismo y doce veces la palabra egotista. Esta demasía da cuenta de su creencia de que a fuerza de repetirlas va a persuadir a los lectores. Pero analicemos la cuestión.

La palabra egotismo tiene dos acepciones: 1) prurito de hablar de sí mismo; 2) sentimiento exagerado de la propia personalidad.

       Pues bien, en 1929 José Carlos Mariátegui escribió la nota informativa Del Autor, en la cual, como se sabe, habla de sí mismo. Pero cualquiera puede percatarse de que lo hizo por la necesidad de informar acerca de su trayectoria política, y particularmente de las circunstancias de su asimilación al marxismo y de su producción teórica. En consecuencia, en la mencionada nota no hay egotismo.

No hace mucho ha sido publicado el libro Memorias desde Némesis, de Abimael Guzmán, en el que este autor reseña su papel en la lucha interna en el Partido en los años sesenta y setenta. Pero esto era una necesidad política. Por lo tanto, no hay allí egotismo.

Por mi parte –pido disculpas por aludir a mi producción literaria–, obligado por la necesidad política de esclarecer las cosas ante los afanes autoritarios de Lastra, señalé una vez lo siguiente: “La polémica con el oportunismo de derecha y el oportunismo de izquierda en punto a la verdad universal, al pensamiento de Mariátegui, al partido proletario y a otras cuestiones de fundamental importancia, han terminado por crear tales condiciones [favorables a la organización de la facción], pues nos ha permitido dotarnos de un perfil propio ante los ojos de los activistas del Socialismo Peruano. No voy a decir aquí quién ha jugado un papel decisivo en esta polémica, en esta lucha por alcanzar dicho estatus. Está en la conciencia de los activistas de nuestra tendencia la verdad relativa a esta cuestión” (carta a Jaime Lastra del 29.01.11). Como es claro, en estos juicios no hay egotismo.

Egotismo es la autoproclamación de Abimael Guzmán como “el más grande marxista-leninista-maoísta viviente”, y la autoproclamación de Ramón García como “Yo El Supremo”, pues ambos hechos revelan un sentimiento exagerado de la propia personalidad.

Pero, entonces, ¿por qué Lastra me cuelga la etiqueta de egotista? Pues –repare el lector–, ¡porque en plena polémica contra el revisionismo liquidacionista, yo mismo no publicaba mis artículos!

Pues bien, para que se entienda el disparate, expliquemos el caso. La necesidad de anteponer a mis artículos una nota que los ubicara en el marco de la mencionada polémica, no era, obviamente, una cuestión que yo mismo podía hacer. Por eso Santiago Ibarra realizaba la tarea, pero los lazos consanguíneos que nos unen motivaron algunas venenosas habladurías.

Entonces, explicándole el problema, le consulté a Lastra si podía asumir la tarea. Su respuesta dio la medida de su ego: “no soy secretario”. Cualquiera puede darse cuenta de que esta respuesta prueba que estuvo lejos de comprender políticamente la cuestión.

En los últimos quince años más o menos, en el seno de lo que parecía un espacio político compartido, Lastra ha sido criticado decenas y decenas de veces por diversas razones y por distintos compañeros, pero, en ningún caso, en ninguna circunstancia, nunca jamás, de ningún modo, se ha autocriticado. Ni siquiera cuando su falta ha sido monumental, como cuando, no obstante su condición de “marxista-leninista-maoísta” y partidario del partido de clase, servilmente le puso el hombro al seminario liquidacionista que tenía el objetivo exclusivo y excluyente de fundar un partido “marxista” no leninista, no de clase, revisionista y contrario por principio al Partido de Mariátegui, o como ahora, cuando, en lugar de autocriticarse del atropello que ha cometido contra la libertad de expresión en el movimiento marxista, ha preferido encubrirse desplegando un virulento ataque contra mi persona y aun contra los miembros activos del Comité de Redacción de CREACIÓN HEROICA.

En cambio, no hace mucho –y solo para hablar de los últimos tiempos– el “egotista” Eduardo Ibarra se autocriticó públicamente ante una observación de Miguel Aragón acerca de la publicación, en estas páginas, del Programa del Partido. Esta autocrítica puede encontrarla el lector en el artículo A propósito de algunas “observaciones”, publicado, si mal no recuerdo, en nuestra edición del mes de diciembre del año pasado. Copio la parte culminante de dicha autocrítica: “Asumo, pues, como se ve, públicamente y en primera persona, la responsabilidad del error por un elemental sentido de consecuencia con la ética marxista”.

¿Qué significa, pues, que ante una verdadera multitud de críticas Lastra nunca haya sido capaz de autocriticarse? No voy a calificarlo, por esa incapacidad orgánica para la autocrítica, de egotista, sencillamente porque, en el mundo de la política, el egotismo se presenta en personas de cierta talla. Por eso en Lastra el problema es más bien de soberbia pequeño burguesa.

De hecho, Lastra me ha colgado la etiqueta de egotista solo porque es un fácil expediente para: 1) intentar descalificar mis críticas a su autoritarismo y sus métodos criollos; 2) tender una cortina de humo alrededor de estos vicios suyos; 3) manipular la conciencia de los activistas del Socialismo Peruano, y en particular la de los miembros de su grupo.

Es posible que, fuera del espacio donde Lastra actúa con prepotente autoritarismo, tanto lo señalado en el artículo Censura en el socialismo peruano como en estas líneas, sea algo un poco difícil de asimilar, pues, como es fácil comprobarlo, allí es todo lo contrario: adulante, conciliador, blandengue, lagotero, seguidista ¡y hasta permeable a ciertas críticas! Aquí, desde luego, no es posible analizar esta doble moral.

En 1927, ante la clausura de la revista Amauta, José Carlos Mariátegui escribió: “… creo que las opiniones no están, conforme a ley, sujetas al contralor y menos a la función de la policía ni de los tribunales” (ibídem, p. 243, nota).

Ahora sabemos que, en una parte del movimiento marxista, las opiniones están sujetas al recalcitrante contralor Jaime Lastra y al tribunal inquisitorial de una editorial.

Resultado de esa realidad ha sido que el libro El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, ha quedado inédito. No importa. A mi modo de ver, la lucha contra el autoritarismo y los métodos criollos en el Socialismo Peruano encierra un valor más alto que la edición censurada de mi libro.

Como se comprenderá, el autoritarismo y los métodos criollos de Lastra no son hechos casuales, aleatorios, indeterminados, como surgidos por generación espontánea. Todo lo contrario: son expresiones de una línea oportunista de derecha que, en algunas semanas más, empezaremos a criticar, en todos sus aspectos, en sucesivos artículos a publicarse en los grupos de correo.     

Pues bien, para concluir, pido disculpas por haberme extendido, pero seguramente el lector comprenderá que era necesario quitarle la careta a Lastra. Ahora, cualquiera que tenga ojos para ver, puede advertir su verdadero rostro.

28.06.2014.

Notas

[1] Tan cierta es esta afirmación, que, publicado el libro posteriormente, con la nota censurada por Lastra, la editorial que auspició la publicación ni nadie fue apresado y ni siquiera molestado por la policía. Esto demuestra que la nota censurada por Lastra ni el libro mismo se encuentran bajo el ámbito de las leyes antiterroristas.

[2] Vista a la distancia, toda la trapacería de Lastra se revela, para los lectores de hoy, en el hecho de que los medios de propaganda, impresos y virtuales, que Lastra ha auspiciado, contienen ideas contrarias a las suyas, es decir que en estos casos no ha aplicado la censura. Esta realidad demuestra que la censura a la nota aludida, fuera un pretexto para no publicar el libro. Su propuesta para publicar el libro colocaba a los autores de la nota en una situación que nadie podía imponerles y retroceder ante la majadería de Lastra era legitimar en el colectivo una actitud antimarxista.

[3] No mucho antes, uno de mis hijos había sido retenido, durante dos horas aproximadamente, en la embajada peruana cuando fue a hacer algunos trámites y amenazado con ser devuelto al Perú. En esas circunstancias, los funcionarios de la embajada le enseñaron a mi hijo unos archivos donde estaban consignados los nombres de las amistades de cada uno de mis familiares. Esto significa que estas amistades también eran vigiladas. Este era el nivel de la vigilancia que se ejercía entonces sobre los refugiados políticos y sus relaciones sociales. Además, una de mis nueras, de nacionalidad boliviana, fue detenida entonces por la entonces llamada Dincote durante casi diez días e interrogada detalladamente sobre mi actividad en este país. Este era entonces el nivel de persecución contra mi persona y este el nivel de vigilancia que se ejercía sobre nuestras amistades. Naturalmente, los autores de la nota tenían pleno conocimiento de estos hechos, los mismos que, como ya vimos, Lastra pretendió ignorar.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


Carlos Moreno Pretende Tapar el Sol con un Dedo 

(Segunda Parte) 

Eduardo Ibarra 

MORENO DICE: 


… el estilo que utiliza Ibarra para atacar a quienes pretende desconocer como un grupo de marxistas; pues no es fraterno y más bien es un estilo liquidador. 

Con esta interesada afirmación, Moreno intenta cuestionar nuestro estilo de debate con los oportunistas y hacer creer que su grupo es marxista. Para una persona como Moreno que cree, por ejemplo, que los liquidadores del grupo de García son marxistas y que incluso los revisionistas a lo Jruschov-Brezhnev son marxistas (basta ver las publicaciones de su grupo, impresos y virtuales, para comprobar que lo que acabamos de decir es completamente cierto), es lógico que mantener una posición de principios y ajustarse al estilo marxista de luchar contra los oportunistas, le parezcan algo “infraterno”. Pero lo que, por otra parte, encierra la afirmación de Moreno es que él y sus iguales son “fraternos” con los oportunistas, y ya solo esto pone de manifiesto la actitud –general en su grupo– de publicitar y aun de asumir las posiciones de los oportunistas, de limpiarles la cara, de conchabarse con ellos. Con respecto al liquidacionismo, actualmente esta actitud antimarxista no es ya conciliación, sino el resultado de que Moreno, Lastra y demás han devenido liquidadores. 

Lenin señala: 


La correspondencia publicada contiene muchísimas de estas opiniones, también sumamente interesantes, y el leitmotiv de todas ellas es algo muy diferente: es una advertencia contra el “ala derecha” del partido obrero, es una guerra implacable (a veces, como la de Marx en los años 1877-1879, una guerra furiosa) contra el oportunismo en las filas de la socialdemocracia. (Prefacio a la traducción rusa de la correspondencia de J. F. Becker J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros con F. A. Sorge y otros). 

Así, pues, ya puede Moreno acusar a Marx (y a Lenin) de negar la condición “comunista” (o “marxista”) del “ala derecha” del partido y del movimiento obrero en general, y de haber tenido un “estilo infraterno” con los oportunistas. 

Y precisa el jefe de la Revolución Rusa: 


… lo que nos interesa por ahora… no es la apreciación desde el punto de vista histórico de la justeza o exageración de los ataques de Marx contra determinados socialistas, sino la opinión que tenía Marx desde el punto de vista de los principios acerca de determinadas corrientes del socialismo en general. (Lugar citado). 

Sí, continuando la posición de principios y el espíritu de lucha de los maestros del proletariado, no somos “fraternos” con quienes quieren liquidar el partido de clase y llevar así al despeñadero la Reconstitución. De este modo no hacemos otra cosa que mostrar nuestra posición de principios con respecto al oportunismo, nuestra ardiente defensa del marxismo y nuestra crítica implacable al oportunismo. Y, naturalmente, esta posición de principios y este espíritu de lucha no son liquidacionismo en modo alguno, como con evidente ponzoña sostiene Moreno. Compare el lector nuestra actitud con aquella otra de Lastra y demás liquidadores, que, como a nadie escapa, muestran su actitud adulatoria con respecto a los oportunistas limpiándoles la cara al llamarlos “socialistas”, y hasta publicitando sus posiciones en sus medios de prensa, incluso asumiendo abiertamente las mismas o mediante un silencio pusilánime. Y, naturalmente, cualquier lector tiene que percatarse de que esta conducta de los Lastra y los Moreno no es precisamente una posición de principios, sino una posición oportunista.  

Como hemos visto, Lenin utiliza el término ataque, pero en el sentido de impugnar, refutar, contradecir las posiciones de los desviados del marxismo. A propósito de este término, es pertinente meditar sobre los siguientes conceptos de Mao: 


¿Es preciso acabar con los derechistas de un garrotazo? Es del todo indispensable darles unos cuantos palos; de otro modo, ellos se harían los muertos. ¿No hay que atacarlos? Sí, es indispensable atacarlos, pero con el propósito de hacer que se arrepientan. Atacarlos en forma efectiva y por todos los medios, para que queden completamente aislados, y entonces tendremos la posibilidad de ganarlos para nuestro lado, si no a todos, por lo menos a una parte. (Obras escogidas, t. V, p. 514). 

Pero, contrariamente al sentido con el que los mencionados dirigentes marxistas utilizaban el término ataque, en “Comentario a un artículo de Eduardo Ibarra”, Moreno utiliza dicha palabra en el sentido de hacer daño, lo que queda claro cuando lo que hace es amontonar falacias y sofismas contra nuestra crítica marxista al liquidacionismo de Lastra y de él mismo. ¿No hay, pues, que impugnar, refutar, contradecir el liquidacionismo? ¿Hay que dejar que Lastra y Moreno, y otros como ellos, sostengan sus posiciones oportunistas con total impunidad? ¿No hay que desenmascararlos? ¿Hay que llamarlos marxistas? ¿Hay que oscurecer así la conciencia de los activistas y los lectores en general? Es notorio que los liquidadores se muestran muy “fraternos” con los oportunistas, a quienes adulan con frases y ditirambos; esto les parece normal a Lastra y Moreno, por la sencilla razón de que no mantienen una posición de clase, proletaria, marxista, sino una posición oportunista, adulatoria, es decir, porque no proceden desde el punto de vista de los principios marxistas sino desde el punto de vista del liberalismo burgués. Moreno y Lastra se encuentran pues prisioneros del estilo filisteo de la burguesía. Pero hay más. Con ese estilo burgués, crean opinión pública a favor de un partido doctrinariamente heterogéneo. Como señala Lenin, vista la experiencia histórica del antagonismo entre el marxismo y el oportunismo, “Es absurdo seguir considerando el oportunismo como un fenómeno interior de Partido” (“El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional”); “Ahora toda la cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la ‘unificación’ (con el pus), o si para contribuir a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podre del modo más rápido y cuidadoso, aunque este proceso produzca temporalmente agudo dolor” (lugar citado; elipsis nuestra). Después de los necesarios deslindes con sucesivas posiciones oportunistas a lo largo de la historia del partido del proletariado peruano, lo que pretenden Moreno, Lastra y otros (entre estos los liquidadores del grupo de Ramón García), es intentar introducir nuevamente el pus del oportunismo en las filas del proletariado, incluida su propia purulencia. 

Concomitante con la actitud “fraterna” de los Moreno y los Lastra con respecto a los oportunistas, el primero ha escrito: 


De manera que el c. Ibarra seguramente es consciente que se está iniciando una etapa de profundo debate en torno a la reconstitución del partido de Mariategui (sic), pero mal hace cuando en lugar de dedicarse a exponer su posición en torno a la reconstitución sobre el cual tiene importantes aportes, se desvía hacia su encono que tiene con el c. Lastra, como si quisiera sacarlo del camino para que solo quede el grupo de Ibarra. 

El proceso de reconstitución del partido de Mariátegui ha sido y continúa siendo un proceso de selección natural, por así decirlo. En los años 70-80 la “reconstitución del partido para la guerra popular” mostró su limitación y su falencia con el fracaso de su lucha armada y la desaparición orgánica del partido que la sustentó; no hace muchos años atrás el liquidacionismo del grupo de Ramón García terminó renunciando públicamente a la Reconstitución (a la que se opuso desde el principio desactivando la organización partidaria allí donde pudo, aunque sin renunciar en su discurso a la palabra); en la última década y media el ahora grupo liquidacionista encabezado por Lastra, igual que el grupo de García durante más de treinta años, utiliza la palabra reconstitución en su discurso, pero toda su práctica está orientada a la fundación de un partido doctrinariamente heterogéneo, o sea, un partido que no representaría la reconstitución del partido de Mariátegui, como quedó demostrado en agosto de 2024. 

       Así que eso de que queremos “sacarlo del camino” a Lastra (del camino de la Reconstitución, se sobreentiende) solo es una frase interesada, pues encierra la idea de que Lastra está en el indicado camino. Pero ya vimos que esto no es cierto en absoluto. Hace ya quince años el grupo de Lastra se salió solo del camino de la Reconstitución, cuando cayó en el oportunismo de derecha y, más todavía, cuando hace un año cayó al lodazal del liquidacionismo en el sentido propio de la palabra, todo lo cual ha sido ampliamente demostrado en “El trasfondo de un artículo…”. 

En cuanto a lo de “encono”, baste señalar que con esta palabreja Moreno busca presentar nuestra crítica al liquidacionismo de Lastra como motivada no por causas ideológicas y políticas y, de esta forma, busca desacreditarla. Pero quienquiera que conozca los fundamentos de nuestra crítica no puede entender la afirmación de Moreno sino como una repugnante treta, que no merece aquí mayor análisis. 

“En lugar de dedicarse a exponer su posición en torno a la reconstitución”, dice Moreno; es decir, sostiene que no deberíamos “desviarnos” de la exposición de nuestra concepción de la reconstitución. Pero ocurre que, como señala Engels, 


El desarrollo del proletariado transcurre por doquier en medio de luchas internas… y si alguien ha luchado, tal como Marx y yo lo hemos hecho toda nuestra vida, contra los falsos socialistas más que contra nadie (ya que a la burguesía sólo las tomamos como clase, y casi nunca nos hemos lanzado a combates individuales con burgueses), entonces no va a sentir mucha pena porque haya estallado la ineludible lucha. (Carta del 28 de octubre de 1882 a Augusto Bebel). 

¿Ya ve Moreno? Para impulsar el “desarrollo del proletariado”, los marxistas no pueden dejar de criticar a aquellos grupos que representan una desviación del marxismo, como por ejemplo su propio grupo. Como está largamente demostrado, este grupo hace uso de un falso marxismo-leninismo, tergiversa la Creación Heroica de Mariátegui y reniega de hecho del partido de clase y de la Reconstitución. Es de conocimiento común que durante años llevamos una consecuente lucha contra el liquidacionismo de Ramón García, cosa que, expresivamente, jamás hizo Lastra en el sentido teórico (ni siquiera fue capaz de reconocer el liquidacionismo de dicho grupo, condición esta que ha encubierto sistemáticamente). Así también, desde el principio llevamos adelante una justa crítica a la desviación de derecha del grupo de Moreno y, en el último año, al liquidacionismo en el que se ha hundido. Y nunca hemos sentido ninguna pena por haber estallado la ineludible lucha. En cuanto a que quisiéramos “sacar” a Lastra del “camino” de la Reconstitución, solo cabe agregar aquí que no se puede sacar del camino de la reconstitución a alguien que desde hace quince años no transita por el mismo y que, de acuerdo a lo que prueban los hechos (¡los hechos!), no es más que un demagogo que trafica con Mariátegui y la Reconstitución.      

Pero, infectado del liberalismo burgués de Lastra, Moreno pretende negar metafísicamente la necesidad del proletariado de criticar y deslindar con cuanta desviación del marxismo que encuentra en el camino de la realización de sus ideales de clase. 

Por otro lado, el grupo de Lastra y Moreno niega la política y la táctica leninistas, reniega la teoría mariateguiana sobre el frente revolucionario del pueblo peruano, reniega cuestiones dirimentes fundamentales de la Creación Heroica de Mariátegui, intenta liquidar el partido de clase y, rematando todo esto, socava la Reconstitución. Entonces, ¿cómo considerarlo marxista? Considerarlo marxista sería, pues, faltar a la verdad y, puesto que decir la verdad es revolucionario, entonces ratificamos esta verdad accesible para cualquier marxista: el grupo de Lastra ES LIQUIDACIONISTA, Y, POR LO TANTO, NO ES MARXISTA. Esto es indiscutible. Y no es culpa nuestra que así sea. 

Como puede ver el lector, en toda la retórica de Moreno (y de otros como él), reside parte del “profundo debate en torno a la reconstitución”, para decirlo con sus propias demagógicas palabras. 

Y todo el espíritu retorcido de Lastra y Moreno se revela tan pronto el lector constata que la fraternidad de la que los aludidos hacen gala con respecto a otras tendencias oportunistas, contrasta con la agresividad y la actitud calumniosa con que ambos liquidadores tratan a los marxistas. He aquí algunos ejemplos de esa “fraternidad” con respecto a nosotros: 


“argumentos ofensivos y tóxicos”, “cháchara jactanciosa”, “montaña de infundios y ofensas”, “egotista”, “obtuso”; “Pleitos no se recepcionan. Solo cabe decir ¡Puf!”, (Lastra, “Egotismo en el socialismo peruano”). “la intención del autor sería el ‘advertir y prohibir’ con relación al tema de la reconstitución”; “sus desacertadas ideas políticas respecto del c. Jaime Lastra”; “sus pesadas argumentaciones”: “Este tipo de alucinaciones”; “al colocarnos el sambenito de “liquidadores de derecha”; “un largo escrito con una desfazada y desacertada crítica”; “el incidente que pretendió generar el c. Eduardo” (Lastra, “Alucinaciones y desilusiones”, artículo publicado en el número 34 del blog que dirige el mencionado).

“[Eduardo Ibarra escribe] falsedades o afirmaciones sin mostrar pruebas fehacientes”; “infundios [y] falsedades” (Moreno, “Breve respuesta al artículo político de Eduardo Ibarra”). “[A Eduardo Ibarra hay que pedirle] que no sea subjetivo y que no invente situaciones que no se ajustan a la verdad”; “[el estilo polémico de Eduardo Ibarra] no es fraterno y más bien es un estilo liquidador”; “[Eduardo Ibarra] se desvía hacia su encono que tiene con el c. Lastra” (Moreno, nota colgada en un envío del índice de la edición de julio del presente del blog CREACIÓN HEROICA). 

Las falaces y agresivas afirmaciones citadas son expresiones vivas de la actitud “fraterna” que tienen con respecto a nosotros. Ellas ponen al descubierto la perversa añagaza de acusarnos de “infraternos” y de hacerse pasar los acusadores como “fraternos” en toda polémica, cuando la verdad es que son bien “fraternos” solo con respecto a revisionistas y liquidadores, enemigos jurados de la Reconstitución. Esta doble moral no puede escapar a ningún lector de recta conciencia.(1) 

Nota

[1] En carta del 31 de octubre de 2010 al COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, Lastra escribió: “jamás trataré de forma infraterna a nadie con el que polemice”. Esta afirmación, terminantemente negada por los hechos, es demagogia característica de los oportunistas de todos los tiempos, pero que tiene el sentido de ser un mensaje a los oportunistas de toda laya: “yo les limpiaré la cara, los llamaré camaradas, los haré partícipes de mis medios de propaganda”, y es así como espera contar con los mismos en su tramposa reconstitución. Como ya vimos, Moreno muestra la misma doble moral.

CREACIÓN HEROICA