Nota:
El presente artículo prueba que los “argumentos”
presentados por Jaime Lastra para defender sus indefendibles posiciones fueron
refutadas punto por punto. Publicamos el artículo para que el lector se percate
de cuán falsario se revela Carlos Moreno cuando, retorciendo la realidad,
pretende que “Lastra rebatió los argumentos de Ibarra y existen esas (sic)
documentos”. Uno de esos documentos es el que publicamos ahora, y que Moreno ha
silenciado. El otro es el artículo “Egotismo en el Socialismo peruano”, de
Lastra, publicado en nuestro blog en julio de 2014, y que, por lo tanto, está
al alcance de cualquier lector que quiera consultarlo. Este artículo está repleto
de barata retórica, de frases ofensivas, de calumnias, es decir, de la especial
“fraternidad” de Lastra con respecto a nuestro compañero. Podemos, pues,
imaginarnos la razón por la cual Moreno no se atrevió a publicar el artículo de
su defendido.
01.01.2026.
Comité de Redacción.
¡Defender el Pensamiento de
Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad
Actual!
Censura en el Socialismo Peruano
E. I.
LAS RELACIONES internas en cualquiera de las
tendencias de la izquierda peruana es una cuestión de primera importancia,
pues, junto a otros factores, cumplen un papel determinante en la construcción
de un partido saludable.
Sin embargo, durante la primera década del presente
siglo y hasta ahora mismo, Jaime Lastra actúa como mandamás en el seno de la
tendencia que cree representar (en realidad apenas es cabeza de un reducido
grupo que no hay que confundir con la amplia tendencia que adhiere al
marxismo-leninismo y al Camino de Mariátegui).
Así, en repetidas ocasiones, ha impuesto su prepotente
“aquí se hace lo que yo digo” y su petulante “me importa un comino tu crítica”,
echando a perder de esta forma un sano desarrollo de las relaciones internas en
lo que, en algún momento, pareció ser un espacio político compartido y,
después, en el trabajo editorial en el que hasta ayer hemos coincidido.
De los muchos hechos que prueban fehacientemente el
autoritarismo de Lastra y su renuencia a la autocrítica en el marco de una
parte de la tendencia aludida, es suficiente señalar aquí uno solo: en 2010
quiso cambiarle el nombre a mi libro El
pez fuera del agua, y hube de señalarle muy enfáticamente que él no tenía
ningún derecho a consumar una semejante cosa. Pero eso no fue todo: me comunicó
después que publicaría dos trabajos míos como “Documentos Anexos” al texto del
libro. Entonces le hice saber que esos trabajos pertenecían a otro libro que
debía publicarse posteriormente (El
desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación),
y que, por lo tanto, desaprobaba absolutamente su intención. Es decir, le
comuniqué, expresa y oportunamente, que no debía hacer lo que pretendía. Sin
embargo, como puede comprobarlo cualquier activista de cualquier tendencia del
Socialismo Peruano, el mencionado libro incluye los dos trabajos aludidos. De
esta forma Lastra consumó su “aquí se hace lo que yo digo” y, no obstante haber
sido criticado por esto, simplemente no se autocriticó, mostrando así, por
enésima vez, su “me importa un comino tu crítica”.
Digo “por enésima vez”, porque, como lo saben algunos
activistas de la tendencia que Lastra cree representar, nunca se ha
autocriticado ante las justas y numerosas críticas que se le han hecho a lo
largo de más de diez años. Este es su espíritu de “responsabilidad”.
Pues bien, en agosto de 2013 envié a Ediciones
Creación Heroica los originales del libro El
partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui para su publicación y
celebrar así el 85 Aniversario del Partido Socialista del Perú.
Recepcionados los originales por Jaime Lastra, Daniel
Chumpitaz, César Risso y Mauricio Domínguez, se hizo evidente una confabulación
entre los dos primeros para impedir la publicación de la nota de la contratapa,
preparada aquí por dos compañeros con los que trabajamos desde hace algunos años,
y que, por esto, están familiarizados con la obra de José Carlos Mariátegui y
con el debate sobre el PSP y la cuestión del partido proletario hoy, que no es,
como se comprenderá, un problema nacional sino internacional.
De entrada, Lastra decidió, por sí y ante sí -¡y sin haber leído el libro!– que la nota de la
contratapa no podía publicarse “por razones obvias”, que no explicó entonces ni
fue capaz de explicar después en la correspondencia cruzada ni en las varias
reuniones realizadas para tratar la cuestión. A la sazón el libro contenía un capítulo
inédito: El concepto mariateguiano de
partido de masas y de ideas.
Después de ser criticada su actitud, Lastra intentó
hacer creer que no había dicho lo que había dicho, maniobra que fue justa y
oportunamente desenmascarada.
Por su parte, Daniel Chumpitaz sostuvo que la nota no
podía publicarse porque sus términos están sujetos a las leyes antiterroristas,
y que, por lo tanto, publicarla sería peligroso. Lo ridículo de este reparo no
merece sino una sonrisa.
Que Lastra se oponga a algunos conceptos de la aludida
nota sin haber leído el libro y que Chumpitaz se oponga a los mismos con un
reparo traído de los cabellos, es, sin duda, una enormidad.
En una reunión realizada aproximadamente después de
quince días, Lastra continuaba sin haber leído el libro y, sin embargo,
continuaba también oponiéndose a la publicación de la nota. Es así como su
actitud se reveló como una absoluta majadería.
Actuando como si Ediciones Creación Heroica fuera su
propiedad privada, Lastra sostuvo que la nota podía ser publicada si era
firmada por sus autores. Le informé entonces que ellos consideran que puede ser
comprometedor hacer ostensibles, con el estampado de sus firmas, sus relaciones
políticas con personas que, como yo, tienen aquí un estatus especial.
Esa actitud de prudencia puede ser comprendida por
cualquier persona que esté en autos de algunos antecedentes y, en general, por
cualquier persona perspicaz. Pero, claro, Lastra finge no conocer ningún
antecedente, no obstante haber leído mi artículo El desbarre del creídismo.
Luego, se dedicó a desvalorizar el libro. Primero dijo
que podía “servir de material de consulta”. Después, con barata ironía, dijo
que era “una recopilación de artículos”.
Lo primero ni siquiera mereció mi atención, pero sobre
lo segundo le recordé que los libros que José Carlos Mariátegui publicó en vida
(La escena contemporánea, 7 Ensayos) y los que dejó preparados
para su publicación (Defensa del marxismo,
El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, La novela y la vida) son recopilaciones
de textos que previamente habían sido publicados en diferentes medios.
Es decir, Lastra apuntó contra mi persona, pero
disparó contra Mariátegui. Por supuesto, después de mi crítica al intento
desvalorizador, no hubo de su parte otra cosa que el más absoluto silencio.
Durante el debate sobre la nota, le recordé a Lastra algunos hechos que prueban fehacientemente
su autoritarismo. Repito: HECHOS.
Pero su respuesta no pudo ser más cínica: calificó de
“cháchara” mi crítica perfectamente fundada, y agregó que “Pleitos no se
recepcionan. Solo cabe decir ¡Puf!”.
Con ese pobre recurso polémico, pretendió silenciar
los hechos que demuestran su autoritarismo y su renuencia a la autocrítica.
Pero ocurre que los hechos en los que se fundaba mi crítica son conocidos por
varios compañeros y, todavía más, el caso del libro El pez fuera del agua, anotado arriba, es del conocimiento de una
gran cantidad de activistas del Socialismo Peruano. Por eso, además de cínica,
la maniobra de Lastra fue sumamente torpe.
Así, pues, su “cháchara”, su “pleito” y su “¡puf!”,
demuestran tres cosas: 1) que no tiene la capacidad teórica de calar en el
problema que está en el fondo del litigio: la salud de las relaciones internas
en la tendencia que él cree representar; 2) que, por ello, consideró mi alegato
a favor del saneamiento de esas relaciones como una cuestión personal; 3) que
la sola mención de los hechos probatorios de su autoritarismo le causa
repugnancia.
Luego, huérfano de argumentos, en una comunicación
telefónica con César Risso, dijo que no le gustan “los autoelogios”, con lo que
me estaba acusando de haber escrito yo la nota. Ni en la correspondencia
cruzada ni en las diversas reuniones Lastra había tenido el valor de lanzar esa
vil calumnia.
Naturalmente, con toda oportunidad critiqué su bajeza
recordándole el procedimiento que habíamos seguido con mis libros publicados
hasta hoy, procedimiento que es de su pleno conocimiento.
Tanto el prólogo al Pez fuera del agua…, como la nota de la contratapa a El desarrollo de la teoría del proletariado
y el problema de su denominación y el prólogo y el colofón a Mao y Mariátegui, me fueron remitidos,
cada uno en su oportunidad, para que yo procediera a hacer la respectiva
corrección de estilo. En todos los casos corregí lo que había que corregir –y
en algunos de ellos no fue poco–, pero respetando siempre las ideas planteadas
por los autores. El mismo procedimiento seguimos aquí con la nota de la
contratapa del libro El partido de masas
y de ideas de José Carlos Mariátegui. Esto se lo hice saber puntualmente a
Lastra. Sin embargo, en este caso también, su respuesta fue el más sepulcral
silencio.
En carta a Trier del 18 de diciembre de 1889, Federico
Engels preguntó: “¿Es posible que demandemos de los demás libertad de palabra
sólo para eliminarla inmediatamente dentro de nuestras filas?”. Y en carta a
Sorge del 9 de agosto de 1890, precisó: “[el Partido Socialdemócrata Alemán] es
tan grande que la absoluta libertad interna de debate resulta una necesidad (…)
El partido más grande del país no puede existir sin que todos los matices de la
opinión que lo integran se hagan sentir plenamente”.
Estos juicios se los alcancé a Lastra durante el
debate. Pero igualmente calló en siete idiomas.
El problema, pues, es si en cada tendencia del
movimiento marxista peruano –y del movimiento marxista internacional– debe
eliminarse la libertad de expresión y, por lo tanto, sofocar el debate de
ideas, o, por el contrario, hay que respetar y viabilizar dicha libertad
permitiendo así que todos los matices que conforman dichos movimientos se hagan
sentir a plenitud.
Obviamente, cualquier marxista sabe que lo correcto es
lo segundo, y, por lo tanto, se entiende perfectamente que los autores de la
nota tienen todo el derecho a plantear lo que consideran los méritos del libro,
del mismo modo como Lastra tiene todo el derecho a plantear sus reparos.
Siendo esa, pues, la cuestión –justamente esa, y no otra–, no una sino repetidas veces lo invité a
Lastra a publicar en estas mismas páginas sus argumentos. Pero también en
relación a esto su respuesta fue el más completo silencio.
En efecto, en más de ocho meses largos no fue capaz de
escribir absolutamente nada sobre el tema, mostrando así su cerrazón
autoritaria, que bien puede traducirse con la siguiente frase: “yo no tengo
nada que argumentar, yo no estoy de acuerdo con la nota y punto”.
Mariátegui remarcó un principio para el trabajo de
propaganda: “Que ‘Amauta’ rechace todo lo contrario a su ideología no significa
que lo excluya sistemáticamente de sus páginas, imponiendo a sus colaboradores
una ortodoxia rigurosa. Este principio,
que reafirmamos, nos obliga sólo a denunciar y controvertir las ideas
discrepantes peligrosas” (Ideología y
política, p.227; cursivas mías).
Nadie en su sano juicio puede decir que las ideas que
aparecen en la nota son contrarias al marxismo o a la revolución, y que, en
consecuencia, aparecen como “ideas discrepantes peligrosas”. Tales ideas son
apenas un punto de vista que, como cualquier otro punto de vista, está sujeto a
debate, a crítica, a confutación. A lo que no están sujetas es a censura.
Sin embargo, pisoteando inescrupulosamente el
principio subrayado por José Carlos Mariátegui, Lastra ha procedido como un
mandamás prohibiendo la publicación de la nota en la forma en que fue remitida,
y, así, ha impedido la publicación del libro.
Esa prohibición significa el sofocamiento del debate
de ideas, debate en cuyo marco, como es de conocimiento general, Lastra no se
mueve con facilidad, por lo que a cambio ofrece el triste espectáculo de su
autoritarismo, marco en el que, como cualquiera puede ver ahora, se mueve con
grotesca desenvoltura.
Pero, además, dicha prohibición evidencia otra
cuestión: el espíritu competitivo del autoritario, que le hace sentir como una
sombra insoportable la valoración del libro que contiene la nota. Este espíritu
competitivo es su “espíritu de clase”.
Movido, pues, por su mentalidad autoritaria y su
espíritu competitivo, Lastra ha pisoteado impunemente la libertad de expresión
en el movimiento.
La libertad de expresión en el movimiento ES UN
PRINCIPIO, y, por eso, en ningún caso está sujeta a votación y menos aún a
decisiones personales, arbitrarias, prepotentes, aunque ellas sean facilitadas
por el servilismo.
Por eso, en el movimiento marxista nadie tiene derecho
a censurar. A lo que sí tienen derecho todos y cada uno de sus activistas es a
criticar, es decir, a contrastar ideas.
Pero, como se ha visto, Lastra ha optado por la
censura y no por la crítica, y esto es sumamente expresivo: demuestra, de la
manera más cruda, su mentalidad autoritaria, su actitud prepotente, su método
criollo.
Así, pues, en pleno siglo XXI y en plena lucha por
desarrollar el Camino de Mariátegui y llevar la Reconstitución hasta el fin,
Lastra se ha creído con derecho a reprobación, mostrándose de esta forma como
un Vulgar Mandamás, como un Censor Inquisitorial, como un Aprendiz de
Torquemada.
Pero, con eso no ha hecho más que probar que SU
INSOLVENCIA TEÓRICA ES INVERSAMENTE PROPORCIONAL A SUS ASPIRACIONES
AUTORITARIAS.
Si en la polémica con el conservador Luis Alberto
Sánchez, José Carlos Mariátegui se reafirmó en el principio según el cual
únicamente cabe “denunciar y controvertir las ideas discrepantes peligrosas”,
en la polémica con el extraño marxismo de Lastra nos reafirmamos en este mismo
principio.
En CREACIÓN HEROICA hemos publicado artículos que
contienen algunas ideas que no compartimos, sencillamente porque consideramos
que el debate de ideas en el Socialismo Peruano no debe ser sofocado sino más
bien incentivado.
La realización de algunas reuniones donde se hicieron
ciertas correcciones al diseño del libro, la impresión de un machote, el diseño
de la carátula, etcétera, no alcanza para encubrir el autoritarismo de Lastra.
Si algo con significado estratégico puede hacerse para
estimular el desarrollo de la teoría del Socialismo Peruano, es precisamente
respetar en todo momento la libertad de expresión de sus activistas, pues
precisamente esta libertad es una de las premisas del desarrollo de dicha
teoría.
Pues bien, cualquier marxista que no tenga una
mentalidad de campanario, tiene que comprender que la libertad de expresión es
una cuestión que atañe al entero movimiento y, ya solo por eso, está ante el
deber de tomar una posición definida y resuelta contra su conculcación.
Por lo tanto, cada quien debe contribuir a desterrar
del movimiento el “aquí se hace lo que yo digo” y el “me importa un comino tu
crítica”, vengan estos vicios de la tendencia que sea y vengan de quien vengan.
Obviamente, para ello se requiere tener la capacidad
de elevarse por encima del estrecho horizonte de la propia banderilla, porque
solo así es posible darle una mirada de conjunto al Socialismo Peruano y
contribuir al saneamiento de sus relaciones internas.
Y si, como otras veces y desde hace años, Lastra
pretendiese, ahora también, aprovecharse de la ventaja que le da mi ausencia en
el país para manipular a los activistas retorciendo los hechos y oscureciendo
las ideas, tengo la plena seguridad de que solo cosechará algunas víctimas en
el caldo de cultivo del amiguismo y la conveniencia subalterna.
SIN LIBERTAD DE EXPRESIÓN EL SOCIALISMO PERUANO Y EL
SOCIALISMO MUNDIAL NO PUEDEN EXISTIR. POR ESO LA DEFENSA DE ESTE PRINCIPIO
CONTRA TODO ATROPELLO ES UNA NECESIDAD ABSOLUTA.
17.05.2014.
Nota:
El artículo que sigue es prueba de que la retórica de
Lastra fue desenmascarada punto por punto por nuestro compañero Eduardo Ibarra,
de manera que la cínica afirmación de Moreno en el sentido de que “Lastra
rebatió los argumentos de Ibarra” se cae ruidosamente. Pero a esto hay que
agregar que afirmaciones mistificadoras de la realidad son usuales en el grupo
de Moreno, pero que, tan pronto nos remitimos a los hechos, semejantes
afirmaciones revelan nada más que la falta de moral revolucionaria de sus autores.
01.01.2026.
Comité de Redacción.
¡Defender el Pensamiento de
Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad
Actual!
El Espíritu Criollo de Jaime
Lastra
E. I.
EL AUTOR mencionado en el título nos ha pedido que
publiquemos el artículo Egotismo en el
socialismo peruano, con el cual tiene la ilusión de haber refutado los
términos de mi artículo Censura en el
socialismo peruano, publicado en la edición del 1º de junio pasado de esta
revista digital. Por cuanto aquí no
ejercemos censura sino de las ideas discrepantes peligrosas, lo publicamos,
pues, con mucho gusto, porque, por otro lado, por ejemplo negativo constituye
una lección para los activistas del Socialismo Peruano.
Quiero llamar la atención del lector sobre la actitud
mental con la que Lastra asume el debate abierto, que es, por lo demás, la
misma actitud mental que mantiene desde hace más de una década en el marco del
espacio político que aparentemente compartíamos.
Lastra ha escrito estas frases: “Un medio de la
calidad del Blog Creación Heroica”; “un medio que nació para cumplir faenas más
encomiables”; “nuestra amistad revolucionaria con el blog, por lo menos de
nuestra parte”.
Pero la verdad se busca en los hechos y, precisamente,
los hechos desmienten categóricamente las zalameras frases: en 2010 Lastra se
opuso a la fundación de CREACIÓN HEROICA, y, todavía más, deferentemente invitado
a colaborar en sus páginas –no obstante
su oposición–, simplemente no lo hizo
¡y hasta no tuvo la elemental cortesía de responder a la invitación! Esa
oposición a CREACIÓN HEROICA, ese menosprecio por sus animadores es, pues, su
“amistad revolucionaria con el blog”.
Lastra dice: “He cumplido mi deber de expresar mis
opiniones en las sesiones internas,
así como he presentado mis discrepancias con Eduardo por escrito”.
Pero eso no es cierto. La precisión sobre la necesidad
de la libertad de expresión en el movimiento marxista, con cita de Federico
Engels de por medio; el señalamiento del principio según el cual los marxistas
estamos obligados sólo a denunciar y controvertir las ideas discrepantes
peligrosas, con cita de José Carlos Mariátegui de por medio; la indicación de
que, por lo tanto, en el movimiento no es admisible la censura sino únicamente
la contrastación de ideas; etcétera; son cuestiones que, en conjunto,
constituyen el contenido fundamental del debate, y, sin embargo, sobre este
contenido Lastra no fue capaz de plantear absolutamente nada, desviando la
discusión hacia cuestiones secundarias y procedimentales.
Por eso, cuando dice que “al espíritu egotista no debe
dársele soga ni cuerda; solamente responderle lo necesario y pertinente”, lo
que está haciendo en realidad es disimular su escamoteo de aquellas cuestiones
fundamentales, su sofocamiento del debate de ideas, su impotencia.
Lastra dice: “Solo resaltaré un caso de entre muchos
que contiene el argumento litigioso del c. Ibarra: ‘Lastra apuntó contra mi
persona, pero disparó contra Mariátegui’. Así de jactancioso es el espíritu
egotista”.
Pero ocurre que, al desvalorizar mi libro con la
irónica afirmación de que “es una compilación de artículos que han circulado
ampliamente en la web” (en mi artículo Censura
en el socialismo peruano, cité de una información sintética de César Risso;
ahora he citado de una nota del propio Lastra, demagógicamente titulada Publiquemos el libro), de hecho disparó
contra Mariátegui, cuyos libros son, como es de conocimiento general,
compilaciones de artículos publicados previamente. Sin embargo, por incapacidad
de entender el sentido de mi afirmación o directamente por mala intención,
Lastra pretende vender la idea de que en ella hay jactancia de espíritu egotista.
Así, pues, esa pretensión demuestra que mi
contradictor utiliza el término egotista no
como concepto, sino como insulto.
Lastra dice: “El espíritu egotista, convertido en
mandonismo, pretendió, infructuosamente, que el Grupo Editorial asumiera esa
nota como suya. Y este HECHO no le va bien ni le conviene exhibir al espíritu
egotista”.
Pero la verdad es otra muy distinta. En el curso de la
correspondencia cruzada en torno a la cuestión del libro, en más de una
oportunidad invité a Lastra a publicar en estas páginas sus reparos. Además, le
expliqué que, por ejemplo, la Editorial Amauta publica libros en algunos de los
cuales aparecen opiniones discrepantes con respecto a ciertos aspectos del
pensamiento de Mariátegui, pero que esto no significa que los editores
–los hijos de Mariátegui– asuman tales
opiniones, sino que cumplen con la necesaria función de centralizar el debate
sobre el pensamiento mariateguiano, y que, por eso, debería entender que, de
publicarse mi libro tal como había sido remitido, ello significaría únicamente
que los editores cumplían con centralizar algunas ideas, respecto a las cuales
tienen toda la libertad de sostener sus desacuerdos. Por último, en el artículo
Censura en el socialismo peruano,
sostuve que “los autores de la nota tienen todo el derecho a plantear lo que
consideran los méritos del libro, del mismo modo como Lastra tiene todo el
derecho a plantear sus argumentos contrarios”. Entonces, puesto que, en todo
momento, he defendido la libertad de expresión de los autores de la nota
censurada y, al mismo tiempo, la libertad de expresión del propio Lastra, está
claro que su acusación en el sentido de que he querido que los editores asuman
los términos de dicha nota, es una grosera tergiversación de los hechos.
Lastra dice: “El espíritu egotista responde al justo
reparo de preservar la seguridad legal de la empresa editorial, planteada por
el c. Chumpitaz, con una desubicada frase ‘Lo ridículo de este reparo no merece
sino una sonrisa’”.
Esta afirmación demuestra que mi contradictor comparte
el reparo de Chumpitaz, según el cual la nota no puede publicarse porque los
términos de su tercer párrafo están sujetos a las leyes antiterroristas. De
esta forma, a su original argumento (desacuerdo con la valoración del libro que
aparece en la nota), le suma ahora dicha conjetura. En la edición del 1º de
junio de esta revista publicamos el mencionado tercer párrafo, y su lectura
puede persuadir a cualquier lector objetivo del absurdo que significa creer que
los términos allí utilizados hubieran podido determinar la clausura de la
editorial y el apresamiento de sus funcionarios.(1)
Lastra dice: “Y no se da cuenta [el suscrito] que eso
mismo también se podría decir del fragmento de su artículo el “Desbarre del
creídismo”, que el c. Eduardo lo presenta como prueba de su alegato en contra
de la inexistente ‘censura inquisitorial’. Así de obtuso es el egocentrismo”.
Es decir que, para Lastra, el aludido fragmento es una
invitación a la sonrisa. Pero ocurre que tal fragmento, publicado también en la
edición del 1º de junio, da cuenta de hechos reales, concretos, reveladores, y comparar esto con su mera
conjetura es una maniobra extremadamente torpe, y, por eso, mi contradictor
aparece como un verdadero obtuso al creer que su analogía podía ser
convincente.
Lastra dice: “… esa nota [la nota censurada] no fue
trabajada por el Grupo Editorial, sino que el autor, o sea el compañero Ibarra,
la propuso como una nota escrita por dos personas que él conoce, para que sea
asumida por el Grupo Editorial sin que se le haga ningún cambio. El hecho de no
aceptar su mandonismo lo conllevó a modificar algunos términos de la referida
nota, que según él lo había coordinado con los autores de la nota valorativa de
su libro. Pero el tema de fondo persistía: esa valoración no tenía consenso en
el Grupo Editorial. Y por ello, luego de varias rondas de debate interno, en
forma orgánica, -pues nadie se irrogó de autoritarismo alguno- acordamos que
esa nota la firmen sus autores y en caso que no lo puedan hacer con nombres
propios podrían usar un seudónimo literario. ¡Hasta, incluso, un compañero
estaba dispuesto a firmarla con su nombre propio, a condición que se modifique
un término que él no compartía! Con ello quedaba resuelta la forma de la
controversia y el libro salía. Por eso, todo el material quedó listo para
entrar a imprenta”.
Es notoria la ambigüedad con que Lastra habla de la
autoría de la nota. Ya en el debate sobre este texto se mostró pávido y
malévolo al mismo tiempo: por un lado, en la correspondencia cruzada y en las
reuniones, no se atrevió a lanzar su calumnia de que el suscrito es el autor de
dicho texto; por otro lado, en una comunicación telefónica, con la frase “no me
gusta el autoelogio”, le insinuó a César Risso de que soy yo el autor
(testimonio de César Risso).
Ahora se muestra igual: por un lado, dice que
“acordamos que esa nota la firmen sus autores” (o sea que hay autores); por
otro lado, sostiene que “esa nota no fue trabajada por el Grupo Editorial, sino
que el autor, o sea el compañero Ibarra, la propuso como una nota escrita por
dos personas que él conoce” (o sea que soy yo el autor de la nota). Esta es la
moral de Lastra.
Pero hay más. Como se ha visto, Lastra dice que
“acordamos que esa nota la firmen sus autores”. Aunque, como es obvio, el
problema no es si hubo o no un acuerdo semejante, es menester señalar que,
según oportuno testimonio de César Risso, no hubo ningún acuerdo al respecto: “La
exigencia de que la nota de la contracarátula sea firmada, es una posición
exclusivamente suya [de Lastra], es un capricho”, carta del 20.08.2013 remitida
a mí; “en el párrafo tres de la
nota, se emite opinión, por lo cual se sugiere (no se decide) se reconsidere la
propuesta del autor con respecto a que la nota vaya sin firma”, carta del
30.08.2013, dirigida a mí también. Debo indicar, por lo demás, que no he podido
recuperar una carta de César Risso donde, desmintiendo a Chumpitaz, señala
categóricamente que no hubo un acuerdo en el sentido indicado. Pero lo citado basta para mostrar cómo miente Lastra.
Por otra parte, mi falaz adversario dice que “El hecho
de no aceptar su mandonismo lo conllevó (sic) [al suscrito] a modificar algunos
términos de la referida nota, que según él lo había coordinado con los autores
de la nota valorativa de su libro”.
¿Pero es que, acaso, de siempre no estuvo informado Lastra
que el suscrito, en su función de corrector de estilo (ver Censura en el socialismo peruano), tenía toda la potestad de
corregir, de consuno con los autores de la nota, la redacción de la misma, a
condición, claro está, de no alterar su contenido? No sólo la nota fue objeto de algunas correcciones en su redacción,
sino también el propio texto del libro, no obstante que ya había sido remitido
a Ediciones Creación Heroica. La afirmación de Lastra expresa, pues, una
intención maliciosa.
Finalmente: la
cuestión de la publicación del libro únicamente podía quedar resuelta con el
respeto a la libertad de expresión de los autores de la nota. Es decir, el
problema de fondo, el verdadero problema, el único problema es que tenía que
respetarse la libertad de expresión en el movimiento marxista (todo lo demás
sobraba), pero, como se sabe, ahogando el debate, los editores optaron por la
censura; en otras palabras, a un problema teórico le dieron una “solución”
administrativa. Lenin criticó a Stalin por tener la tendencia a dar solución
administrativa a problemas políticos: esta tendencia se presenta agravada en
Lastra como expresión de su mentalidad autoritaria. Los editores optaron, pues,
por el recurso burgués de la censura y desecharon el método proletario de la
contrastación de ideas. Esta es su “acción editorial democrática y socialista”.(2)
Lastra dice: “No reconoce [el suscrito] que la firma
exigida no fue para exponer a sus autores, frente a cualquier peligro, sino
para que éstos asuman el valor de sus afirmaciones”.
Pero ocurre que nunca dije que los editores exigían
las firmas de los autores de la nota censurada para exponerlos, es decir,
para colocarlos deliberadamente ante “cualquier peligro”, y, sin embargo,
como se ha visto, Lastra me cuelga esta barbaridad. Lo que señalé –y más de una
vez– es que de estampar sus firmas, dichos autores consideran que pueden tener
problemas, lo cual es cosa distinta. El fragmento de mi artículo El desbarre del creídismo, da cuenta de
que, en efecto, esa posibilidad es muy real, y, por lo tanto, que sólo por ello
los autores de la nota no pueden asumir “el valor de sus afirmaciones”. Así
pues, lo que dice Lastra es una muestra de su impresionante incapacidad de
comprensión, o, en su defecto, una vez más, de su intención maliciosa.(3)
Lastra dice: “No me ha sorprendido el alegato público
del compañero Eduardo Ibarra, pues por comunicación del compañero Cesar Risso,
en su función de coordinador editorial, sabíamos de esta posible acción de
Eduardo. Y, claro, el grupo editorial no aceptó esa forma de chantaje”.
Pero la verdad es que, tempranamente, en carta
dirigida a Daniel Chumpitaz, Mauricio Dominguez, César Risso, Santiago Ibarra y
al propio Lastra, anoté lo siguiente: “De manera que si [Lastra] quiere dejar
atrás su grosera actitud, tiene la oportunidad [de publicar sus reparos]. Caso
contrario, nos reservamos el derecho de exponer en las páginas de CREACIÓN
HEROICA, con todo detalle, el proceso de su ‘aquí se hace lo que yo digo’, pues
su caso es una lección por ejemplo negativo para todo el Socialismo Peruano”.
Y, algunos meses después, ante el punto muerto a que se
llegó en la discusión, es decir, ante la cerrazón autoritaria de Lastra, o sea, ante la liquidación del
último espacio donde era posible un cierto nivel de debate, publiqué en esta
revista el artículo Censura en el
socialismo peruano.
Pero, como se ha visto, Lastra pretende hacer creer
que se enteró por César Risso de mi determinación, es decir, presenta esta
determinación como un hecho no transparente, y, además, pretende hacer pasar la
misma como un “chantaje”. Es así como, sin ningún escrúpulo, Lastra falsea los
hechos y, sobre esta base, les pone una etiqueta que no les corresponde.
Lastra dice: “…al no prosperar su mandonismo, pretenda
[el suscrito] despreciar y descalificar a unos compañeros y llame al ataque a
otros”.
En el artículo Censura
en el Socialismo peruano, dejé escrito lo que sigue: “… cualquier marxista
que no tenga una mentalidad de campanario, tiene que comprender que la libertad
de expresión es una cuestión que atañe al entero movimiento y, ya solo por
esto, está ante el deber de tomar una posición definida y resuelta contra su
conculcación”. “Por lo tanto cada quien debe contribuir a desterrar del
movimiento el “aquí se hace lo que yo digo” y el “me importa un comino tu
crítica”, vengan estos vicios de la tendencia que sea y vengan de quien vengan”.
Pues bien, ¿puede alguien creer que los marxistas no
tienen necesidad de comprender que la libertad de expresión es una cuestión que
atañe al entero movimiento? ¿Puede alguien creer que, por lo tanto, los marxistas,
de cualquier matiz, no tienen el deber de tomar posición resuelta y definida
contra el atropello a la libertad de expresión en el movimiento? ¿Puede alguien
creer que cada marxista no está ante la obligación de contribuir a desterrar
del movimiento el autoritarismo y los métodos criollos?
Pero estas justas y oportunas consideraciones son
entendidas por Lastra como un llamado a atacar a su persona. Así, por
incapacidad o por torcida intención, confunde crítica con ataque.
Lastra dice: “lamentamos ocupar el valioso tiempo de
los activistas y militantes del Socialismo Peruano en un tema de querella
pública por un hecho estrictamente interno respecto de la acción editorial
democrática y socialista, que no hubiera generado este alboroto de no haberse
presentado, en este caso, esa mentalidad egotista”; “todo ello es
exclusivamente orgánico e interno, que no puede interesarle a un público ajeno
a los detalles de nuestra faena editorial, salvo que tenga un afán de morbosa
curiosidad”; “El Público que sigue el blog Creación Heroica, no es un público
morboso por descubrir intimidades orgánicas de la cual no forma parte”.
Como se ve, primero le pasa la mano a los activistas
del Socialismo Peruano: “[su] valioso tiempo”; después, intenta sugestionarlos
contra el supuesto peligro de caer en “un afán morboso de curiosidad”. Y con
estos trucos pretende hacer creer que la lucha contra su autoritarismo
conculcador de la libertad de expresión en el movimiento marxista, es “un hecho
estrictamente interno” “que no puede interesarle a un público ajeno a los
detalles de nuestra faena editorial”, y que, por lo tanto, nuestra crítica abierta
a dicho autoritarismo es un “alboroto”.
Pues bien, la cuestión de la libertad de expresión en
el movimiento marxista no es una cuestión estrictamente
interna de alguna tendencia, no es una intimidad
orgánica, no es un detalle, y,
por último, no es tampoco una cuestión puramente orgánica: más que en ningún otro nivel, en la actividad orgánica se expresa la
ideología realmente existente en la cabeza de los activistas. La cuestión
de la libertad de expresión en una tendencia cualquiera, es la cuestión de la libertad de expresión en el entero movimiento. Si las diversas tendencias del
movimiento fueran compartimientos estancos, no
podría hablarse de Socialismo Peruano.
Pero, claro, esa realidad solo puede ser comprendida
por quienes son capaces de darle una mirada de conjunto a nuestro movimiento.
Quienes no tienen esta capacidad y apenas pueden ver lo que pasa en los límites
de su banderilla, corren el riesgo de creer en las falacias de Lastra.
Una mirada de conjunto a la situación del Socialismo
Peruano lleva a la convicción de que hay muchos males que perjudican su
desarrollo, y la lucha contra estos males es responsabilidad de todos y cada
uno de sus activistas. Por lo tanto, la crítica abierta a la conculcación de la
libertad de expresión, al autoritarismo y a los métodos criollos, no es ni
puede ser calificada de “alboroto”.
¡Luz, más luz en el Socialismo Peruano, que al
saneamiento de sus relaciones internas solo pueden temerle los oportunistas!
¡Luz, más luz en el Socialismo Peruano, que al debate de ideas solo pueden
temerle los oportunistas! ¡Luz, más luz en el Socialismo Peruano, que al
desenmascaramiento del autoritarismo, los métodos criollos y otros males
burgueses solo pueden temerle los oportunistas!
Lastra dice: “Pero en la experiencia se aprende a
caminar, y que ésta le sirva al Comité de Redacción, para afinar mejor su
puntería contra el enemigo común y no desperdiciar tiempo en querellas
dogmáticas”.
Mariátegui señaló: “Lo que importa es que esos grupos
y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad concreta del día. Que no se
esterilicen bizantinamente en exconfesiones y excomuniones recíprocas. Que no
alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas
dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo
en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social, sus instituciones,
sus injusticias y sus crímenes” (Ideología
y política, p.109).
No obstante, como es de conocimiento general, esos
juicios no le impidieron al maestro señalar que, en el plano del frente unido
sindical de la clase obrera, “tenemos el deber de alejar al proletariado de las
asambleas amarillas”, (ibídem,
p.108), es decir que tenemos el deber de luchar contra la acción corrosiva de
los conciliadores, de los oportunistas, de los traidores. Tampoco le
impidieron, en el plano del frente unido político, desenmascarar el oportunismo
pequeño burgués del entonces socialista
Haya de la Torre. Finalmente, tampoco le impidieron, en el plano del movimiento
marxista, desenmascarar la fisonomía mental de su secretario Martínez de la
Torre (“Prefiero hallarlo intransigente, exigente, impetuoso, a hallarlo
criollamente oportunista y equívoco”, (ibídem,
p.182); así como de calificar de revisionista cierta posición de su dilecto
compañero César Falcón (“Falcón olvida que el Estado demo-liberal es el órgano
de la clase capitalista. Su revisionismo lo mueve a prescindir de la existencia
o la realidad de las clases y más aún de su conflicto”, (ibídem, pp.230-231).
Pues bien, preguntémonos: ¿el llamado de Mariátegui a
luchar contra los conciliadores, los oportunistas, los traidores, significó
promover “querellas dogmáticas”? ¿Su lucha contra el oportunismo pequeño
burgués de Haya de la Torre, su crítica a Martínez de la Torre y a Cesar Falcón
fueron, acaso, “querellas dogmáticas”?
No, la lucha de Mariátegui contra el amarillaje, el
oportunismo pequeño burgués, el espíritu criollamente oportunista y el
revisionismo, no fueron “querellas dogmáticas”. Del mismo modo como ahora no es
“querella dogmática” la lucha contra el autoritarismo, los métodos criollos, la
conculcación de la libertad de expresión y otros males en el movimiento
marxista.
Así como Mariátegui comprendió que la lucha contra el
enemigo de clase no es posible sin la
lucha contra el oportunismo en el seno del propio movimiento, así también
tenemos que entender ahora la necesidad de ambas luchas, complementarias entre sí, a fin de avanzar en la consecución de los
objetivos de clase.
Lastra no ha entendido, pues, el sentido de la cita de
Mariátegui, porque la arranca de la doctrina del maestro, o, en su defecto, porque
no entiende su sentido; es así como la manipula a fin de meter confusión.
Lastra dice: “De las frases, entre comillas, que
utiliza el c. Ibarra, como si fueran frases dichas por mi persona solo
reconozco haber utilizado “Pleitos no se recepcionan. Solo cabe decir ¡Puf! Así
como la palabra ‘cháchara’”.
Este reconocimiento
es una burda maniobra, pues significa que no reconoce como cierta otros
adjetivos lanzados contra mi persona y, especialmente, su bajeza de haberle
dicho por teléfono a César Risso que no le gusta “el autoelogio”. Pero el
testimonio de César Risso –de cuya honestidad nadie puede dudar– es
incontestable.
Lastra dice: “Con fecha 01 de junio del 2014, el Blog
Creación Heroica publicó un alegato del compañero Eduardo Ibarra (…). Y
precedió tal escrito con una breve nota del Comité de Redacción, del cual, por
supuesto, también forma parte Eduardo, en su calidad de integrante y por la
función de Director que ejerce. De ese modo, el compañero Ibarra actuó como
juez y parte, en este caso, para promover su alegato. Además, esa nota del
Comité de Redacción la titulan “Debate”, cuando en verdad ya habían tomado no
solo una posición en favor de una de las partes, la del c. Ibarra, sino que
declaran sentencia y condena contra mi persona y la del compañero Daniel
Chumpitaz, apenas recién iniciado su pretendido “debate”. De este modo actúa el
egotismo, haciendo cuerpo institucional en un medio que nació para cumplir
faenas más encomiables”. “Un medio de la calidad del Blog Creación Heroica no
debió de actuar de ese modo; o mejor
dicho, no debió someterse al egotismo. Lo justo y correcto que debió hacer es
promover el esclarecimiento de los hechos en beneficio de sus lectores, más no
dar por zanjado un debate que recién pretendían empezar. Este hecho prueba que
el egotismo genera su par que es el seguidismo”.
Le aclararé a mi adversario punto por punto, a ver si
deja de hacer una ensalada de todo.
1. La palabra
Debate no titula la nota del Comité de Redacción, sino la sección donde fue
publicado mi artículo.
2. El Comité de
Redacción, o más precisamente, su parte activa, está formada por tres personas,
las cuales discutieron y aprobaron la nota.
3. Desde el principio, o sea desde hace diez meses,
los miembros activos del Comité de Redacción asumieron una posición definida
ante el atropello a la libertad de expresión en el movimiento marxista, y esto
no tiene por qué extrañar a nadie.
4. El Comité de Redacción no es una instancia
independiente, autónoma, neutral. Por lo tanto, no hay ninguna dualidad en
nuestra revista, es decir, nadie es aquí “juez” como miembro del Comité de
Redacción y “parte” como articulista.
5. Como está claro, el debate sobre el atropello a la
libertad de expresión en el movimiento marxista, no es un debate que “recién
[pretendíamos] iniciar”. Este debate tiene diez meses de antigüedad: nueve como
debate interno y, redondeando, uno como debate abierto.
6. CREACIÓN HEROICA es una revista de clase, y entre
sus funciones está la de centralizar el debate en el Socialismo Peruano (como que lo invitamos a Lastra a plantear
sus reparos a la nota censurada, no obstante lo cual en diez largos meses no ha
sido capaz de demostrar que los términos del tercer párrafo de la nota son
falsos y peligrosos para la editorial). Por lo tanto, el Comité de
Redacción no es un tribunal judicial para dictar “sentencia” y “condena” contra
nadie.
7. Con la nota de nuestro Comité de Redacción, no
dimos por zanjado el debate, como maliciosamente sostiene Lastra. Si así fuese,
resultaría incomprensible por qué publicamos su artículo y por qué le
respondemos.
8. En CREACIÓN HEROICA no hay egotismo ni seguidismo.
Lo que hay es trabajo solidario, colectivo, de clase.
9. Sólo para precisar: el seguidismo no es “par” del
egotismo, sino su reverso, y, en esta medida, su complemento.
Pero la mentalidad autoritaria de Lastra lo lleva a
ver tribunales judiciales por todas partes, y de ahí su lenguaje jurídico:
“alegato”, “argumento litigioso”, “sentencia”, “condena”, “juez y parte”. De
ahí también que se victimice a sí mismo con la esperanza de malquistarnos con
los lectores: “la sentencia condenatoria, que nos han dictado”.
Sin embargo, lo que ha ocurrido es algo evidente, y,
por esto, muy fácil de comprender: Lastra y Chumpitaz se han autodescalificado
con su atropello a la libertad de expresión en el movimiento marxista. Ahora
depende de ellos, y de nadie más, que, autocrítica de por medio, borren de sus
hojas de vida esa negra página que han escrito, aunque tengo fundadas dudas de
que esto pueda ocurrir.
Pues bien. Como se ha podido ver, Lastra afronta el
debate con la actitud mental del oportunista orgánico: todo vale: trucos,
maniobras, falacias, tergiversaciones, insultos, calumnias, ascos, etcétera.
A ese cúmulo de recursos criollos los llama “ideas
tónicas”, “dignidad revolucionaria del militante para no ceder ente egotismo
alguno”, “praxis revolucionaria”; mientras a nuestra crítica, perfectamente
fundada en los hechos, la califica de “retórica”, “argumentos ofensivos y
tóxicos”, “cháchara jactanciosa”, “montaña de infundios y ofensas” que no
“puede ser provechosa para el Socialismo Peruano ni para el desarrollo de la
conciencia revolucionaria”.
Pero, claro está, esa fraseología confusionista
difícilmente puede sorprender a quienes son capaces de encontrar la verdad en
los hechos, de pensar teóricamente y de asumir responsablemente los problemas
del Socialismo Peruano.
Por otro lado, sus lagoteras afirmaciones en el
sentido de apreciarme y respetarme, no le han impedido lanzarme estos insultos:
“egotista”, “jactancioso”, “obtuso”; y tampoco intentar agraviarme con un
sonoro “¡Puf!”, que, sin embargo, esclarecidos hasta aquí no pocos hechos y no
pocas ideas, está claro que solo le alcanza a él mismo.
Así, pues, cualquiera puede darse cuenta de que su
lagotería apenas es un recurso diversivo y una pantalla con la que pretende
ocultar su verdadera fisonomía mental.
Si, como está demostrado, desde un principio Lastra se
opuso a la nota de la contratapa sin
haber leído el libro –¡SIN HABER LEÍDO EL LIBRO!–, quiere decir entonces
que procedió movido por el puro prejuicio, por el puro anticuerpo, por la pura
animadversión. ¿Esta actitud no es, acaso, imprudente? ¿Acaso no es necia?
Claro que sí. Por eso es majadería.
Si, como señaló Engels, no es “posible que demandemos
de los demás libertad de palabra sólo para eliminarla inmediatamente dentro de
nuestras filas”; que “la absoluta libertad interna de debate resulta una
necesidad (…) El partido más grande del país no puede existir sin que todos los
matices de la opinión que lo integran se hagan sentir plenamente”, entonces está claro que la censura de Lastra
y Chumpitaz revela una actitud antimarxista.
La cuestión no es, pues, si la nota debía ser firmada
o no, si sus términos debían acordarse o no, etcétera, sino si en el movimiento
marxista –grupos, partidos, editoriales, periódicos, revistas, etc.– debe
respetarse la libertad de expresión o no.
En su artículo, Lastra utiliza tres veces la palabra
egocentrismo, seis veces la palabra egotismo y doce veces la palabra egotista.
Esta demasía da cuenta de su creencia de que a fuerza de repetirlas va a
persuadir a los lectores. Pero analicemos la cuestión.
La palabra egotismo tiene dos acepciones: 1) prurito de hablar de sí mismo; 2) sentimiento exagerado de la propia
personalidad.
Pues bien, en 1929 José Carlos Mariátegui
escribió la nota informativa Del Autor,
en la cual, como se sabe, habla de sí mismo. Pero cualquiera puede percatarse
de que lo hizo por la necesidad de informar acerca de su trayectoria política,
y particularmente de las circunstancias de su asimilación al marxismo y de su
producción teórica. En consecuencia, en la mencionada nota no hay egotismo.
No hace mucho ha sido publicado el libro Memorias desde Némesis, de Abimael
Guzmán, en el que este autor reseña su papel en la lucha interna en el Partido
en los años sesenta y setenta. Pero esto era una necesidad política. Por lo
tanto, no hay allí egotismo.
Por mi parte –pido disculpas por aludir a mi
producción literaria–, obligado por la necesidad política de esclarecer las
cosas ante los afanes autoritarios de Lastra, señalé una vez lo siguiente: “La
polémica con el oportunismo de derecha y el oportunismo de izquierda en punto a
la verdad universal, al pensamiento de Mariátegui, al partido proletario y a
otras cuestiones de fundamental importancia, han terminado por crear tales
condiciones [favorables a la organización de la facción], pues nos ha permitido
dotarnos de un perfil propio ante los ojos de los activistas del Socialismo
Peruano. No voy a decir aquí quién ha jugado un papel decisivo en esta
polémica, en esta lucha por alcanzar dicho estatus. Está en la conciencia de
los activistas de nuestra tendencia la verdad relativa a esta cuestión” (carta
a Jaime Lastra del 29.01.11). Como es claro, en estos juicios no hay egotismo.
Egotismo es la autoproclamación de Abimael Guzmán como
“el más grande marxista-leninista-maoísta viviente”, y la autoproclamación de
Ramón García como “Yo El Supremo”, pues ambos hechos revelan un sentimiento exagerado de la propia
personalidad.
Pero, entonces, ¿por qué Lastra me cuelga la etiqueta
de egotista? Pues –repare el lector–, ¡porque en plena polémica contra el
revisionismo liquidacionista, yo mismo no publicaba mis artículos!
Pues bien, para que se entienda el disparate,
expliquemos el caso. La necesidad de anteponer a mis artículos una nota que los
ubicara en el marco de la mencionada polémica, no era, obviamente, una cuestión
que yo mismo podía hacer. Por eso Santiago Ibarra realizaba la tarea, pero los
lazos consanguíneos que nos unen motivaron algunas venenosas habladurías.
Entonces, explicándole el problema, le consulté a
Lastra si podía asumir la tarea. Su respuesta dio la medida de su ego: “no soy
secretario”. Cualquiera puede darse cuenta de que esta respuesta prueba que
estuvo lejos de comprender políticamente la cuestión.
En los últimos quince años más o menos, en el seno de
lo que parecía un espacio político compartido, Lastra ha sido criticado decenas
y decenas de veces por diversas razones y por distintos compañeros, pero, en ningún caso, en ninguna
circunstancia, nunca jamás, de ningún modo, se ha autocriticado. Ni siquiera cuando su falta ha
sido monumental, como cuando, no obstante su condición de
“marxista-leninista-maoísta” y partidario del partido de clase, servilmente le
puso el hombro al seminario liquidacionista que tenía el objetivo exclusivo y
excluyente de fundar un partido “marxista” no
leninista, no de clase, revisionista
y contrario por principio al Partido de Mariátegui, o como ahora, cuando, en
lugar de autocriticarse del atropello que ha cometido contra la libertad de
expresión en el movimiento marxista, ha preferido encubrirse desplegando un virulento
ataque contra mi persona y aun contra los miembros activos del Comité de
Redacción de CREACIÓN HEROICA.
En cambio, no hace mucho –y solo para hablar de los
últimos tiempos– el “egotista” Eduardo Ibarra se autocriticó públicamente ante
una observación de Miguel Aragón acerca de la publicación, en estas páginas,
del Programa del Partido. Esta
autocrítica puede encontrarla el lector en el artículo A propósito de algunas “observaciones”, publicado, si mal no
recuerdo, en nuestra edición del mes de diciembre del año pasado. Copio la
parte culminante de dicha autocrítica: “Asumo, pues, como se ve, públicamente y
en primera persona, la responsabilidad del error por un elemental sentido de
consecuencia con la ética marxista”.
¿Qué significa, pues, que ante una verdadera multitud
de críticas Lastra nunca haya sido capaz de autocriticarse? No voy a
calificarlo, por esa incapacidad orgánica para la autocrítica, de egotista,
sencillamente porque, en el mundo de la política, el egotismo se presenta en
personas de cierta talla. Por eso en Lastra el problema es más bien de soberbia
pequeño burguesa.
De hecho, Lastra me ha colgado la etiqueta de egotista
solo porque es un fácil expediente para: 1) intentar descalificar mis críticas
a su autoritarismo y sus métodos criollos; 2) tender una cortina de humo
alrededor de estos vicios suyos; 3) manipular la conciencia de los activistas
del Socialismo Peruano, y en particular la de los miembros de su grupo.
Es posible que, fuera del espacio donde Lastra actúa
con prepotente autoritarismo, tanto lo señalado en el artículo Censura en el socialismo peruano como en estas líneas, sea algo
un poco difícil de asimilar, pues, como es fácil comprobarlo, allí es todo lo
contrario: adulante, conciliador, blandengue, lagotero, seguidista ¡y hasta
permeable a ciertas críticas! Aquí, desde luego, no es posible analizar esta
doble moral.
En 1927, ante la clausura de la revista Amauta, José Carlos Mariátegui escribió:
“… creo que las opiniones no están, conforme a ley, sujetas al contralor y
menos a la función de la policía ni de los tribunales” (ibídem, p. 243, nota).
Ahora sabemos que, en una parte del movimiento
marxista, las opiniones están sujetas al recalcitrante contralor Jaime Lastra y
al tribunal inquisitorial de una editorial.
Resultado de esa realidad ha sido que el libro El partido de masas y de ideas de José
Carlos Mariátegui, ha quedado inédito. No importa. A mi modo de ver, la
lucha contra el autoritarismo y los métodos criollos en el Socialismo Peruano
encierra un valor más alto que la edición censurada de mi libro.
Como se comprenderá, el autoritarismo y los métodos
criollos de Lastra no son hechos casuales, aleatorios, indeterminados, como
surgidos por generación espontánea. Todo lo contrario: son expresiones de una
línea oportunista de derecha que, en algunas semanas más, empezaremos a
criticar, en todos sus aspectos, en sucesivos artículos a publicarse en los
grupos de correo.
Pues bien, para concluir, pido disculpas por haberme
extendido, pero seguramente el lector comprenderá que era necesario quitarle la
careta a Lastra. Ahora, cualquiera que tenga ojos para ver, puede advertir su
verdadero rostro.
28.06.2014.
Notas
[1] Tan cierta es esta afirmación, que, publicado el
libro posteriormente, con la nota censurada por Lastra, la editorial que
auspició la publicación ni nadie fue apresado y ni siquiera molestado por la
policía. Esto demuestra que la nota censurada por Lastra ni el libro mismo se
encuentran bajo el ámbito de las leyes antiterroristas.
[2] Vista a la distancia, toda la trapacería de Lastra
se revela, para los lectores de hoy, en el hecho de que los medios de
propaganda, impresos y virtuales, que Lastra ha auspiciado, contienen ideas
contrarias a las suyas, es decir que en estos casos no ha aplicado la censura.
Esta realidad demuestra que la censura a la nota aludida, fuera un pretexto
para no publicar el libro. Su propuesta para publicar el libro colocaba a los
autores de la nota en una situación que nadie podía imponerles y retroceder
ante la majadería de Lastra era legitimar en el colectivo una actitud antimarxista.
[3] No mucho antes, uno de mis hijos había sido
retenido, durante dos horas aproximadamente, en la embajada peruana cuando fue
a hacer algunos trámites y amenazado con ser devuelto al Perú. En esas
circunstancias, los funcionarios de la embajada le enseñaron a mi hijo unos
archivos donde estaban consignados los nombres de las amistades de cada uno de
mis familiares. Esto significa que estas amistades también eran vigiladas. Este
era el nivel de la vigilancia que se ejercía entonces sobre los refugiados políticos
y sus relaciones sociales. Además, una de mis nueras, de nacionalidad
boliviana, fue detenida entonces por la entonces llamada Dincote durante casi
diez días e interrogada detalladamente sobre mi actividad en este país. Este
era entonces el nivel de persecución contra mi persona y este el nivel de
vigilancia que se ejercía sobre nuestras amistades. Naturalmente, los autores
de la nota tenían pleno conocimiento de estos hechos, los mismos que, como ya
vimos, Lastra pretendió ignorar.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
Carlos Moreno
Pretende Tapar el Sol con un Dedo
(Segunda Parte)
Eduardo Ibarra
MORENO
DICE:
… el estilo que
utiliza Ibarra para atacar a quienes pretende desconocer como un grupo de
marxistas; pues no es fraterno y más bien es un estilo liquidador.
Con
esta interesada afirmación, Moreno intenta cuestionar nuestro estilo de debate con
los oportunistas y hacer creer que su grupo es marxista. Para una persona como
Moreno que cree, por ejemplo, que los liquidadores del grupo de García son
marxistas y que incluso los revisionistas a lo Jruschov-Brezhnev son marxistas
(basta ver las publicaciones de su grupo, impresos y virtuales, para comprobar
que lo que acabamos de decir es completamente cierto), es lógico que mantener
una posición de principios y ajustarse al estilo marxista de luchar contra los
oportunistas, le parezcan algo “infraterno”. Pero lo que, por otra parte,
encierra la afirmación de Moreno es que él y sus iguales son “fraternos” con
los oportunistas, y ya solo esto pone de manifiesto la actitud –general en su
grupo– de publicitar y aun de asumir las posiciones de los oportunistas, de
limpiarles la cara, de conchabarse con ellos. Con respecto al liquidacionismo,
actualmente esta actitud antimarxista no es ya conciliación, sino el resultado
de que Moreno, Lastra y demás han devenido liquidadores.
Lenin señala:
La correspondencia
publicada contiene muchísimas de estas opiniones, también sumamente
interesantes, y el leitmotiv de todas ellas es algo muy diferente: es una
advertencia contra el “ala derecha” del partido obrero, es una guerra
implacable (a veces, como la de Marx en los años 1877-1879, una guerra furiosa) contra el oportunismo en las filas de la socialdemocracia.
(Prefacio a la traducción rusa de la correspondencia de J. F. Becker J.
Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros con F. A. Sorge y otros).
Así,
pues, ya puede Moreno acusar a Marx (y a Lenin) de negar la condición “comunista”
(o “marxista”) del “ala derecha” del partido y del movimiento obrero en general,
y de haber tenido un “estilo infraterno” con los oportunistas.
Y precisa el jefe de la Revolución Rusa:
… lo que nos interesa
por ahora… no es la apreciación desde el punto de vista histórico de la justeza
o exageración de los ataques de Marx contra determinados socialistas, sino la
opinión que tenía Marx desde el punto de
vista de los principios acerca de determinadas corrientes del socialismo en general. (Lugar citado).
Sí,
continuando la posición de principios y el espíritu de lucha de los maestros
del proletariado, no somos “fraternos” con quienes quieren liquidar el partido
de clase y llevar así al despeñadero la Reconstitución. De este modo no hacemos
otra cosa que mostrar nuestra posición de principios con respecto al
oportunismo, nuestra ardiente defensa del marxismo y nuestra crítica implacable
al oportunismo. Y, naturalmente, esta posición de principios y este espíritu de
lucha no son liquidacionismo en modo alguno, como con evidente ponzoña sostiene
Moreno. Compare el lector nuestra actitud con aquella otra de Lastra y demás
liquidadores, que, como a nadie escapa, muestran su actitud adulatoria con
respecto a los oportunistas limpiándoles la cara al llamarlos “socialistas”, y
hasta publicitando sus posiciones en sus medios de prensa, incluso asumiendo
abiertamente las mismas o mediante un silencio pusilánime. Y, naturalmente,
cualquier lector tiene que percatarse de que esta conducta de los Lastra y los
Moreno no es precisamente una posición de principios, sino una posición
oportunista.
Como hemos visto, Lenin utiliza el término ataque, pero
en el sentido de impugnar, refutar,
contradecir las posiciones de los desviados del marxismo. A propósito de
este término, es pertinente meditar sobre los siguientes conceptos de Mao:
¿Es preciso acabar
con los derechistas de un garrotazo? Es del todo indispensable darles unos
cuantos palos; de otro modo, ellos se harían los muertos. ¿No hay que
atacarlos? Sí, es indispensable atacarlos, pero con el propósito de hacer que
se arrepientan. Atacarlos en forma efectiva y por todos los medios, para que
queden completamente aislados, y entonces tendremos la posibilidad de ganarlos
para nuestro lado, si no a todos, por lo menos a una parte. (Obras escogidas, t. V, p. 514).
Pero,
contrariamente al sentido con el que los mencionados dirigentes marxistas
utilizaban el término ataque, en “Comentario a un artículo de Eduardo Ibarra”,
Moreno utiliza dicha palabra en el sentido de hacer daño, lo que queda claro
cuando lo que hace es amontonar falacias y sofismas contra nuestra crítica
marxista al liquidacionismo de Lastra y de él mismo. ¿No hay, pues, que
impugnar, refutar, contradecir el liquidacionismo? ¿Hay que dejar que Lastra y
Moreno, y otros como ellos, sostengan sus posiciones oportunistas con total
impunidad? ¿No hay que desenmascararlos? ¿Hay que llamarlos marxistas? ¿Hay que
oscurecer así la conciencia de los activistas y los lectores en general? Es
notorio que los liquidadores se muestran muy “fraternos” con los oportunistas, a
quienes adulan con frases y ditirambos; esto les parece normal a Lastra y
Moreno, por la sencilla razón de que no mantienen una posición de clase,
proletaria, marxista, sino una posición oportunista, adulatoria, es decir, porque
no proceden desde el punto de vista de
los principios marxistas sino desde el punto de vista del liberalismo burgués.
Moreno y Lastra se encuentran pues prisioneros del estilo filisteo de la
burguesía. Pero hay más. Con ese estilo burgués, crean opinión pública a favor
de un partido doctrinariamente heterogéneo. Como señala Lenin, vista la
experiencia histórica del antagonismo entre el marxismo y el oportunismo, “Es absurdo seguir considerando el oportunismo
como un fenómeno interior de Partido” (“El oportunismo y la bancarrota de
la II Internacional”); “Ahora toda la cuestión consiste en decidir si… hay que
intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la
‘unificación’ (con el pus), o si para contribuir a la completa curación del
organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podre del modo más
rápido y cuidadoso, aunque este proceso produzca temporalmente agudo dolor”
(lugar citado; elipsis nuestra). Después de los necesarios deslindes con
sucesivas posiciones oportunistas a lo largo de la historia del partido del
proletariado peruano, lo que pretenden Moreno, Lastra y otros (entre estos los
liquidadores del grupo de Ramón García), es intentar introducir nuevamente el pus
del oportunismo en las filas del proletariado, incluida su propia purulencia.
Concomitante con la actitud “fraterna” de los Moreno y
los Lastra con respecto a los oportunistas, el primero ha escrito:
De manera que el c.
Ibarra seguramente es consciente que se está iniciando una etapa de profundo
debate en torno a la reconstitución del partido de Mariategui (sic), pero mal
hace cuando en lugar de dedicarse a exponer su posición en torno a la
reconstitución sobre el cual tiene importantes aportes, se desvía hacia su
encono que tiene con el c. Lastra, como si quisiera sacarlo del camino para que
solo quede el grupo de Ibarra.
El
proceso de reconstitución del partido de Mariátegui ha sido y continúa siendo
un proceso de selección natural, por así decirlo. En los años 70-80 la
“reconstitución del partido para la guerra popular” mostró su limitación y su
falencia con el fracaso de su lucha armada y la desaparición orgánica del
partido que la sustentó; no hace muchos años atrás el liquidacionismo del grupo
de Ramón García terminó renunciando públicamente a la Reconstitución (a la que
se opuso desde el principio desactivando la organización partidaria allí donde
pudo, aunque sin renunciar en su discurso a la palabra); en la última década y
media el ahora grupo liquidacionista encabezado por Lastra, igual que el grupo
de García durante más de treinta años, utiliza la palabra reconstitución en su
discurso, pero toda su práctica está orientada a la fundación de un partido
doctrinariamente heterogéneo, o sea, un partido que no representaría la
reconstitución del partido de Mariátegui, como quedó demostrado en agosto de
2024.
Así que eso de que queremos “sacarlo del
camino” a Lastra (del camino de la Reconstitución, se sobreentiende) solo es
una frase interesada, pues encierra la idea de que Lastra está en el indicado
camino. Pero ya vimos que esto no es cierto en absoluto. Hace ya quince años el
grupo de Lastra se salió solo del camino de la Reconstitución, cuando cayó en
el oportunismo de derecha y, más todavía, cuando hace un año cayó al lodazal
del liquidacionismo en el sentido propio de la palabra, todo lo cual ha sido
ampliamente demostrado en “El trasfondo de un artículo…”.
En cuanto a lo de “encono”, baste señalar que con esta
palabreja Moreno busca presentar nuestra crítica al liquidacionismo de Lastra
como motivada no por causas ideológicas y políticas y, de esta forma, busca
desacreditarla. Pero quienquiera que conozca los fundamentos de nuestra crítica
no puede entender la afirmación de Moreno sino como una repugnante treta, que no
merece aquí mayor análisis.
“En lugar de dedicarse a exponer su posición en torno a
la reconstitución”, dice Moreno; es decir, sostiene que no deberíamos
“desviarnos” de la exposición de nuestra concepción de la reconstitución. Pero
ocurre que, como señala Engels,
El desarrollo del
proletariado transcurre por doquier en medio de luchas internas… y si alguien
ha luchado, tal como Marx y yo lo hemos hecho toda nuestra vida, contra los
falsos socialistas más que contra nadie (ya que a la burguesía sólo las tomamos
como clase, y casi nunca nos hemos
lanzado a combates individuales con burgueses), entonces no va a sentir mucha
pena porque haya estallado la ineludible lucha. (Carta del 28 de octubre de
1882 a Augusto Bebel).
¿Ya
ve Moreno? Para impulsar el “desarrollo del proletariado”, los marxistas no
pueden dejar de criticar a aquellos grupos que representan una desviación del
marxismo, como por ejemplo su propio grupo. Como está largamente demostrado,
este grupo hace uso de un falso marxismo-leninismo, tergiversa la Creación
Heroica de Mariátegui y reniega de hecho del partido de clase y de la
Reconstitución. Es de conocimiento común que durante años llevamos una
consecuente lucha contra el liquidacionismo de Ramón García, cosa que, expresivamente, jamás hizo Lastra en el
sentido teórico (ni siquiera fue capaz de reconocer el liquidacionismo de dicho
grupo, condición esta que ha encubierto sistemáticamente). Así también, desde
el principio llevamos adelante una justa crítica a la desviación de derecha del
grupo de Moreno y, en el último año, al liquidacionismo en el que se ha hundido.
Y nunca hemos sentido ninguna pena por haber estallado la ineludible lucha. En
cuanto a que quisiéramos “sacar” a Lastra del “camino” de la Reconstitución,
solo cabe agregar aquí que no se puede sacar del camino de la reconstitución a
alguien que desde hace quince años no transita por el mismo y que, de acuerdo a
lo que prueban los hechos (¡los hechos!), no es más que un demagogo que trafica
con Mariátegui y la Reconstitución.
Pero, infectado del liberalismo burgués de Lastra, Moreno
pretende negar metafísicamente la necesidad del proletariado de criticar y
deslindar con cuanta desviación del marxismo que encuentra en el camino de la
realización de sus ideales de clase.
Por otro lado, el grupo de Lastra y Moreno niega la
política y la táctica leninistas, reniega la teoría mariateguiana sobre el
frente revolucionario del pueblo peruano, reniega cuestiones dirimentes
fundamentales de la Creación Heroica de Mariátegui, intenta liquidar el partido
de clase y, rematando todo esto, socava la Reconstitución. Entonces, ¿cómo
considerarlo marxista? Considerarlo marxista sería, pues, faltar a la verdad y,
puesto que decir la verdad es revolucionario, entonces ratificamos esta verdad
accesible para cualquier marxista: el grupo de Lastra ES LIQUIDACIONISTA, Y,
POR LO TANTO, NO ES MARXISTA. Esto es indiscutible. Y no es culpa nuestra que
así sea.
Como puede ver el lector, en toda la retórica de Moreno
(y de otros como él), reside parte del “profundo debate en torno a la
reconstitución”, para decirlo con sus propias demagógicas palabras.
Y todo el espíritu retorcido de Lastra y Moreno se revela
tan pronto el lector constata que la fraternidad de la que los aludidos hacen
gala con respecto a otras tendencias oportunistas, contrasta con la agresividad
y la actitud calumniosa con que ambos liquidadores tratan a los marxistas. He
aquí algunos ejemplos de esa “fraternidad” con respecto a nosotros:
“argumentos ofensivos y tóxicos”, “cháchara jactanciosa”,
“montaña de infundios y ofensas”, “egotista”, “obtuso”; “Pleitos no se
recepcionan. Solo cabe decir ¡Puf!”, (Lastra, “Egotismo en el
socialismo peruano”). “la intención del autor sería el ‘advertir
y prohibir’ con relación al tema de la reconstitución”; “sus desacertadas ideas
políticas respecto del c. Jaime Lastra”; “sus pesadas argumentaciones”: “Este tipo
de alucinaciones”; “al colocarnos el sambenito de “liquidadores de derecha”;
“un largo escrito con una desfazada y desacertada crítica”; “el incidente que
pretendió generar el c. Eduardo” (Lastra, “Alucinaciones y desilusiones”,
artículo publicado en el número 34 del blog que dirige el mencionado).
“[Eduardo Ibarra
escribe] falsedades o
afirmaciones sin mostrar pruebas fehacientes”; “infundios [y] falsedades”
(Moreno, “Breve respuesta al artículo político de Eduardo Ibarra”). “[A Eduardo
Ibarra hay que pedirle] que no sea subjetivo y que no invente situaciones que
no se ajustan a la verdad”; “[el estilo polémico de Eduardo Ibarra] no es
fraterno y más bien es un estilo liquidador”; “[Eduardo Ibarra] se desvía hacia
su encono que tiene con el c. Lastra” (Moreno, nota colgada en un envío del
índice de la edición de julio del presente del blog CREACIÓN HEROICA).
Las
falaces y agresivas afirmaciones citadas son expresiones vivas de la actitud
“fraterna” que tienen con respecto a nosotros. Ellas ponen al descubierto la
perversa añagaza de acusarnos de “infraternos” y de hacerse pasar los acusadores
como “fraternos” en toda polémica, cuando la verdad es que son bien “fraternos”
solo con respecto a revisionistas y liquidadores, enemigos jurados de la
Reconstitución. Esta doble moral no puede escapar a ningún lector de recta
conciencia.(1)
Nota
[1]
En carta del 31 de octubre de 2010 al COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS
MARIÁTEGUI, Lastra escribió: “jamás trataré de
forma infraterna a nadie con el que polemice”. Esta afirmación,
terminantemente negada por los hechos, es demagogia característica de los
oportunistas de todos los tiempos, pero que tiene el sentido de ser un mensaje
a los oportunistas de toda laya: “yo les limpiaré la cara, los llamaré
camaradas, los haré partícipes de mis medios de propaganda”, y es así como
espera contar con los mismos en su tramposa reconstitución. Como ya vimos,
Moreno muestra la misma doble moral.