jueves, 4 de junio de 2026

Política

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

Elecciones Nacionales en el Perú en el Contexto de la Ofensiva de Estados Unidos Contra América Latina

Santiago Ibarra

LA SITUACIÓN INTERNACIONAL es parte de la realidad nacional. Especialmente, la nueva estrategia de seguridad y la política expansionista de los Estados Unidos es parte de la realidad nacional de cada uno de los países latinoamericanos, del Medio Oriente, China, Rusia y otros países más. Estados Unidos es una potencia imperialista en franco declive, pero se resiste con uñas y dientes a dejar su posición hegemónica. Esto quiere decir que Estados Unidos intenta conservar tal posición a escala mundial, y no solo a nivel latinoamericano. Por eso hace guerras y perpetra genocidio en Medio Oriente, conjuntamente con Israel. Por eso busca obstaculizar la acumulación y el desarrollo de China. Por eso busca derrotar a Rusia, conjuntamente con la OTAN (aunque ha reducido la importancia de su participación económica en este último en los últimos tiempos).

Específicamente, frente al desafío que significa China para el imperio del norte, busca recolonizar y controlar a cada uno de los países latinoamericanos para acceder gratuitamente o a precio de gallina muerta a sus recursos naturales: petróleo, minerales críticos, litio, etc. A la vez, busca que cada país compre los productos manufacturas estadounidenses y que cada país expulse a China y a Rusia de sus países, como lo ha hecho Panamá, Chile (Kast ha dejado en suspenso el proyecto de los cables que conecta a este país con Asia).... En Perú, Estados Unidos busca que expulsen a China del puerto de Chancay. En Venezuela Estados Unidos se ha apoderado de su petróleo.

Las relaciones internacionales se muestran como lo que son, no como relaciones de países libres, iguales y soberanos, sino como relaciones de dominio entre países imperialistas y países subdesarrollados.

Sometiéndonos a nosotros, Estados Unidos busca conservar la primacía a nivel mundial. Sometiéndonos a nosotros, Estados Unidos busca enfrentar en mejores condiciones a la competencia china.

Así, para Latinoamérica (y, en general, para el Sur Global), Estados Unidos es el enemigo mayor. Internamente, en Latinoamérica, consiguientemente, la izquierda o, si se quiere, las izquierdas, deben unir sus fuerzas para enfrentar a la amenaza mayor. No sería la primera vez que se use una táctica de este tipo: durante la segunda guerra mundial la Unión Soviética se unió con Inglaterra, Francia, Estados Unidos y otros para enfrentar a la amenaza mayor que en ese momento eran los alemanes nazis. Y le ganaron a Alemania, gracias especialmente a la Unión Soviética.

En las próximas elecciones nacionales en el Perú hay que tener claro que Keiko Fujimori es la candidata de Estados Unidos. Ella facilitará que se hagan nuevas bases militares estadounidenses en el Perú. Ella será peón de Estados Unidos y, de acuerdo a la línea de esta potencia en decadencia, impondrá nuevas privatizaciones y mayor desregulación del mercado laboral. Y, desde luego, impondrá nuevas represiones contra el pueblo trabajador si lo considera necesario, prolongando el largo historial de masacres que el Estado ha perpetrado contra nuestro pueblo a lo largo de la historia republicana.

Votar por Sánchez es votar contra Estados Unidos y la oligarquía peruana. Eso no significa extenderle a Sánchez un cheque en blanco. Habrá que exigirle resultados y un plan de desarrollo nacional si gana. Para ello se requiere que la gente vaya a votar sin miedo al imperio del norte. Sin miedo a sus amenazas y a sus bravuconerías.

El voto nulo es un voto funcional al imperio. Para que la opción del imperio sea derrotada, no hay otra opción que votar por Sánchez.

Reconstitución

Nota:

El presente artículo es una contribución a la construcción orgánica del Partido y, particularmente, a la reconstitución del partido de Mariátegui. El artículo analiza cada una de las cuestiones importantes de la construcción orgánica del Partido, entre las cuales destacamos aquí aquella que trata de la organización partidaria como materialización de la doctrina, materialización que no hay que entender como que ella se expresa solamente en las estructuras del Partido sino también, al mismo tiempo, en los militantes, quienes deben ser la encarnación de la doctrina tanto en su pensamiento como en su acción: adhesión incondicional al marxismo-leninismo, capacidad de fusionar la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana, capacidad de orientarse independientemente ante cada problema y de actuar mancomunadamente en la práctica común de la militancia. 

Lo que hemos sostenido sobre el artículo “La línea política general del Partido”, vale también para el artículo que publicamos ahora: si hace falta, serán perfilados mejor algunos de sus pasos, agregaremos algunos argumentos o desagregaremos algunas afirmaciones o, en su defecto, mantendremos los términos del texto a fin de aprobarlo como documento básico de la Reconstitución. 

El artículo será publicado en partes y se recomienda a los lectores debatirlo colectivamente. 

01.06.2026.

Comité de redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


La Línea Orgánica del Partido 

(Primera Parte) 

Eduardo Ibarra 

LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO es, en esencia, la materialización de su línea ideológica, su línea teórica y su línea política. Por eso, suele decirse que la organización partidaria es la materialización de la doctrina. Por eso también, la línea orgánica del Partido es una cuestión clave en la construcción partidaria en  general y, particularmente, en la reconstitución del partido de Mariátegui. 

       Para que el pensamiento partidario sea un pensamiento materialista y dialéctico, un pensamiento que se apoye íntegramente en la realidad, en los hechos, y que, por lo tanto, opere sobre el ambiente, sobre el medio, sin descuidar ninguna de sus modalidades, se requiere, como es lógico, que el Partido aplique el marxismo-leninismo al conocimiento y definición de los problemas del Perú. Solo sobre esta base puede hacerse realidad la integración de la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana. Pero, naturalmente, la realización de esta tarea exige una correcta línea orgánica, esto es, la más perfecta articulación entre los principios organizativos materializados en la estructura del Partido y la cualidad ideológica, teórica y política de sus militantes.     

La línea orgánica del Partido comprende varios aspectos que pasamos a exponer. 

El partido del proletariado se construye de arriba abajo. Como se sabe, el marxismo no es un producto espontáneo del movimiento obrero. Engels señaló al respecto: 

El socialismo moderno es, en primer término, por su contenido, fruto del reflejo en la inteligencia, por un lado, de los antagonismos de clase que imperan en la moderna sociedad entre poseedores y desposeídos, capitalistas y obreros asalariados, y, por otro lado, de la anarquía que reina en la producción. Pero, por su forma teórica, el socialismo empieza presentándose como una continuación, más desarrollada y más consecuente, de los principios proclamados por los grandes ilustrados franceses  del siglo XVIII. Como toda nueva teoría, el socialismo, aunque tuviese sus raíces en los hechos materiales económicos, hubo de empalmar, al nacer, con las ideas existentes. (Del socialismo utópico y al socialismo científico). 

Así, pues, en determinadas condiciones del desarrollo del capitalismo y de lucha entre la burguesía y el proletariado, el marxismo surgió como un desarrollo consecuente del pensamiento social. El movimiento obrero espontáneo solo pudo producir, para ser breves, el comunismo utópico de Weitling en Alemania y de Cabet en Francia.      

Así las cosas, se comprende que el Partido se construye de arriba abajo, es decir, desde el marxismo-leninismo. 

Ya Lenin sostuvo que el partido socialdemócrata surgió en Rusia independientemente del movimiento obrero, y el Partido Socialista del Perú surgió igualmente de forma independiente del movimiento espontáneo. 

Mariátegui señaló: 

En Lima, donde se ha constituido el primer núcleo de industrialismo, es también donde, en perfecto acuerdo con el proceso histórico de la nación, se ha balbuceado o se ha pronunciado la primera resonante palabra de marxismo. (7 ensayos). 

La Reunión de La Herradura acordó: 

1º- Constituir la célula inicial del Partido, afiliado a la III Internacional, y cuyo nombre será el de Partido Socialista del Perú, bajo dirección de elementos conscientemente marxistas. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú). 

Y, la Reunión de Barranco resolvió: 

1º- Dejar constituido el grupo organizador del Partido Socialista del Perú.

3º- La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas. (Ob. cit.). 

Es decir, en perfecto acuerdo con el proceso histórico de la nación peruana, surgió el marxismo como resultado de la actividad consciente de Mariátegui y, sobre esta base, el Partido Socialista del Perú surgió como producto de la decisión de un grupo de marxistas. 

El partido del proletariado es, pues, el producto de la acción de los marxistas que se organizan para la lucha por el poder y el socialismo. Por eso, a la vez que se construye en medio de la lucha de clases, se construye también en medio de la lucha interna, y señaladamente en medio de la lucha entre las dos líneas. 

El principio de construir el Partido de arriba abajo es la primera cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer. 

El carácter clandestino del Partido. En el artículo “El partido ilegal y el trabajo legal”, Lenin señala: 

El problema del partido ilegal y del trabajo legal de los socialdemócratas en Rusia es uno de los principales que encara el Partido; viene ocupando al POSDR durante todo el período posrevolucionario y ha dado lugar a la más enconada confrontación en el seno del mismo. (Obras completas, Editorial Progreso, t. 22; cursivas en el original). 

El citado artículo de Lenin data de noviembre de 1912 y la circunstancia que analiza es el período posterior a la revolución de 1905, o sea, los años en que el Partido hubo de luchar contra el liquidacionismo que intentaba suprimir el partido clandestino y reemplazarlo por una “asociación informe” (Lenin). En la Rusia de entonces, el liquidacionismo se presentaba como el intento de liquidar el “viejo” partido marxista, clandestino, suplantándolo por un partido sin una unidad marxista, por un partido legal. Así, pues, la quintaesencia del liquidacionismo, en la Rusia zarista como ahora en el Perú, es el intento de liquidar el partido de clase. 

En el mismo lugar, Lenin agrega: 

El Partido se compone de células socialdemócratas ilegales que deben crear sus “propios puntos de apoyo para el trabajo entre las masas” en forma de una red, lo más amplia y ramificada posible de sociedades legales. (…) La conclusión básica derivada de nuestra valoración del momento, de la valoración hecha por el Partido, consiste en que la revolución es necesaria y se aproxima. Han cambiado las formas de un desarrollo que conduce a la revolución, siguen en pie las viejas tareas de la revolución. De ahí la conclusión: las formas de organización deben cambiar, las formas de las “células” deben ser flexibles, su ampliación pasará a menudo no por la ampliación de las propias células sino de su “periferia” legal, etc. Todo esto se ha dicho muchas veces en las resoluciones del Partido. (…) Ahora bien, el cambio de las formas de la organización ilegal no se encubre en modo alguno con la fórmula de “adecuarla” al movimiento legal. ¡Eso es completamente otra cosa! Las organizaciones legales son puntos de apoyo que permiten llevar a las masas las ideas de las células ilegales. O sea, que cambiamos la forma de ejercer influencia a fin de que nuestra influencia anterior trascurra en la orientación ilegal. (…) Por la forma de las organizaciones, lo ilegal se “adecúa” a lo legal. Por el contenido del trabajo de nuestro Partido, la actividad legal “se adecúa” a las ideas ilegales. (…) Júzguese, pues, cuán insondable es el pensamiento de nuestros liquidadores cuando son capaces de aceptar la primera premisa (la forma de trabajo), mientras echan en olvido la segunda (el contenido del mismo). (…) El Partido Socialdemócrata es ilegal tanto “en conjunto” como en cada una de sus células y –lo que es mayormente esencial– en todo el contenido de su trabajo, que difunde y prepara la revolución. Por ello, el trabajo más abierto de la célula más abierta del Partido Socialdemócrata no puede ser considerado como “conducción abierta del trabajo partidista” (cursivas y negritas en el original). 

Aquí hay varios puntos a analizar. Las células del Partido solo pueden vivir en relación con las masas; por eso cada una de ellas debe ser parte nuclear de organismos legales que le sirvan no solo de cobertura sino también, a la vez, de una forma de mantenerse ligadas a las distintas capas de las masas trabajadoras, de manera tal que les sea posible ampliar y desarrollar el trabajo del Partido entre ellas; así, como ocurre en la biología, la células pueden reproducirse. 

       La revolución peruana es necesaria, aunque todavía no pueda decirse que se aproxima, salvo que se produzca una brusca agudización de la actual situación mundial que repercuta fuertemente en la situación nacional. En las presentes condiciones nacionales de democracia burguesa, la lucha legal no significa ni puede significar la caducidad de las tareas de la revolución; solo significa que su desarrollo ha cobrado nuevas formas, las mismas que deben coadyuvar al desarrollo del cauce de la revolución como es la lucha directa de las masas. El lector puede entender muy bien las consecuencias que esto tiene en los planos del programa, la táctica, la propaganda, la agitación y la organización que el Partido debe sostener en su trabajo legal. Así, pues, no es el trabajo ilegal el que debe adecuarse al trabajo legal, sino el trabajo legal el que debe adecuarse al trabajo ilegal, o sea, a la realización de las tareas revolucionarias. 

       La clandestinidad del Partido no es ni puede ser ocultismo. Como hemos visto, Lenin sostiene que “Las organizaciones legales son puntos de apoyo que permiten llevar a las masas las ideas de las células ilegales”. ¿Cuáles son estas ideas? Pues las ideas del socialismo científico, de la teoría partidaria, y particularmente aquellas del programa y de la táctica del Partido. Esto significa que, en la lucha electoral, por ejemplo, el Partido, si de verdad está empeñado en desarrollar la conciencia de clase del pueblo, no puede renunciar a la propaganda marxista. Por eso, Mariátegui señala con toda claridad: 

Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera. (Ideología y política) 

Esta cita tiene un alcance general. En efecto, en todo momento es necesaria la propaganda antiimperialista y la propaganda de las ideas del socialismo científico y de la teoría partidaria y, específicamente en tiempos de elecciones, esta necesidad es especialmente importante. Por eso, reemplazar el programa revolucionario por uno de carácter meramente electoral, es rebajar la propaganda al nivel de reivindicaciones que no cuestionan las bases del régimen capitalista (como puede verse en los distintos programas electorales de las izquierdas con comillas y sin comillas), y, por lo tanto, es no cumplir realmente con la tarea de propagandizar el socialismo científico y la teoría partidaria. Así, pues, en los programas electorales las tareas revolucionarias son puestas a un lado, convirtiendo de esta forma el trabajo legal en algo opuesto al contenido del trabajo ilegal. Cuando el liquidacionismo dice que al gobierno se accede con el programa mínimo, lo que está diciendo es, precisamente, que hay que aspirar a ser gobierno; en otras palabras, está diciendo que el camino de la toma del poder pasa por ganar primero el gobierno. Lenin señala a propósito de esta creencia: 

Sólo los canallas o los bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder. (Obras escogidas en doce tomos, t. X).          

En el Manifiesto Comunista Marx y Engels sostienen que “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos”. Por eso no se entendería que el propio Partido limite su intervención en la lucha electoral reemplazando el programa revolucionario con un programa electoral y, de esta forma, prescinda de las ideas ilegales en las formas de la actividad legal, cuando, como es natural, es completamente necesario luchar por el derecho a la existencia activa del marxismo-leninismo y de la teoría partidaria. ¿No es esto lo que hizo Mariátegui al propagandizar, a plena luz del día, su interpretación marxista de la realidad peruana y el propio marxismo? ¿No es esto lo que hizo, cuando, a raíz del presunto “complot comunista”, en la carta del 10 de junio de 1927 dirigida al diario La Prensa, señaló con especial énfasis: “Acepto íntegramente la responsabilidad de mis ideas, expresadas claramente en mis escritos de las revistas nacionales o extranjeras en que colaboro o de la revista ‘Amauta’, fundada por mí en setiembre último, con fines categóricamente declarados en su presentación”?; “Remito a mis acusadores a mis propios escritos, públicos o privados, de ninguno de los cuales resulta que yo, marxista convicto y confeso…”; “No rehúyo ni atenúo mi responsabilidad. Las de mis opiniones las acepto con orgullo. Pero creo que las opiniones no están, conforme a la ley, sujetas al contralor y menos a la función de la policía ni de los tribunales?” ¿No es esto, finalmente, lo que hizo cuando, en “Lineamientos programáticos del Partido Socialista”, estableció el marxismo-leninismo como la base de unidad del Partido y concluyó que la militancia asumía “la misión de defender y propagar sus principios” y que “las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado indígena… sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverantemente y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo”? (Ideología y política). 

El trabajo legal del Partido no debe ni puede ser legalismo. Presentar un programa electoral en lugar del programa revolucionario, es hacer que las ideas ilegales del Partido se diluyan en el trabajo legal, es, por lo tanto, rebajar los fines de la lucha de clase del proletariado y creer, como ya está dicho, que se puede acceder al gobierno como paso previo para la toma del poder. 

Naturalmente, en determinadas circunstancias electorales la intervención del proletariado consciente puede exigir la agitación de un programa electoral que, por razones obvias, no puede caer, por ejemplo, en la ingenuidad política de que es probable una industrialización independiente del Perú sin la toma del poder y en la actitud nada nacionalista de no exigir la expulsión de las bases militares del imperialismo yanqui, como puede constatarse en algunos aludidos programas. Pero, además, al presentarse la necesidad de intervenir en la lucha electoral, no hay razón ninguna para que, paralelamente a la agitación del programa electoral, se agite también el programa revolucionario. Solo haría falta deducir de la situación concreta la forma de realizar esta tarea. 

En la lucha que desarrolla el Partido en el terreno de la democracia burguesa, lo expuesto sobre los conceptos de Lenin a propósito del trabajo ilegal y el trabajo legal, tiene, naturalmente, fuerte consecuencia en la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. Para referirnos a lo medular del problema de la Reconstitución, dicha consecuencia puede expresarse mediante esta pregunta: ¿partido de clase, como el Partido Socialista del Perú fundado el 7 de octubre de 1928, o partido doctrinariamente heterogéneo, como lo ha intentado y sigue intentándolo el liquidacionismo de derecha en sus dos matices? 

       Así, pues, bajo la dictadura de la burguesía, incluso si ella existiera bajo su forma democrática, el partido proletario no puede ser sino un partido clandestino o, para decirlo de otro modo, un  partido con un estatus legal, pero con un aparato clandestino. Mao indica al respecto: 

En algunos países capitalistas se permite, es cierto, la existencia legal del Partido Comunista, pero sólo hasta el punto en que éste no ponga en peligro los intereses fundamentales de la burguesía; no se le permite ir más allá de ese límite. (Obras escogidas, t. II). 

Es decir, el punto hasta el cual la burguesía permite la acción legal del Partido, es aquel que no signifique la aplicación de las ideas ilegales del Partido y, sobre esta base, el desarrollo de la lucha por el poder. La dictadura de la burguesía puede, en determinadas circunstancias, aceptar la intervención del partido proletario con un programa electoral, es decir, puede aceptar la lucha por el gobierno pero no por el poder; es decir, solo puede aceptar la administración del régimen capitalista, que es lo que traducen los programas electorales de la izquierda con comillas y sin comillas.      

El Partido Socialista del Perú dio ejemplo concreto de la forma en que relacionaba su trabajo ilegal y su trabajo legal. En circunstancias en que se aprestaba a surgir públicamente o, mejor dicho, en que se disponía a posicionar su red pública en la vida política nacional, tomó el siguiente acuerdo: 

Por unanimidad se aprobó enseguida la segunda parte de la moción de orden del día, conforme a la cual, todos los miembros del C.C. y de los grupos de provincias, suscriben el Manifiesto y documentos, reservándose el C.E. la designación de los que en delegación del P. deben suscribirlo al ser dados a la publicidad, designación para la cual el C.E. tendrá en cuenta el interés del P. y las razones de oportunidad y eficacia de tal elección. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t. I). 

En el libro Algunas cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de Mariátegui, se comenta así el citado acuerdo:      

el intentado «surgimiento público» del Partido no hubiera negado su carácter clandestino, pues si bien el Acta de la Reunión dice que «todos los miembros del C.C. y de los grupos de provincias, deberán suscribir el Manifiesto y documentos», dice también que el Comité Ejecutivo se reserva «la designación de los que en delegación del P.» debían suscribir tales materiales, designación que debía cautelar «el interés del P. y las razones de oportunidad y eficacia de tal designación». Es decir, la firma de todos los miembros del CC y de los grupos de provincias, era exclusivamente para fines internos, mientras que, para fines externos, solo algunos militantes debían suscribir el «Manifiesto» y demás documentos. Este hecho prueba que el «surgimiento público» del PSP no hubiera significado su legalización, sino el surgimiento de su red legal; no la negación de su carácter clandestino, sino el posicionamiento del PSP en la vida política pública del país. 

Entonces, es claro que desde los tiempos de Mariátegui el Partido fue construido como un partido clandestino, y esta realidad histórica es absolutamente innegable. Por eso, hoy como ayer, es completamente pertinente la idea según la cual el partido es clandestino o no es nada. 

       El principio de la clandestinidad del Partido bajo la dictadura de la burguesía, es la segunda cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer. 

10.02.2026.



Nota:

 

Este artículo fue escrito cuando su autor no tenía conocimiento de la renuncia de Lastra al “marxismo-leninismo-maoísmo” y su paso al “marxismo-leninismo”. No obstante, hay que destacar que el artículo subraya que aquel “m-l-m” era falso. Y como se ha subrayado en otro artículo, su actual “m-l” también es falso. La verdad es esta: Lastra es liquidador, y esta posición suya es cosa largamente demostrada.

 

01.09.2015.

Comité de Redacción.

 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

La Tramposa Reconstitución

de Jaime Lastra 

E. I. 

LA LUCHA POR la defensa de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui tuvo su punto de arranque con anterioridad al uso del término Reconstitución: allá por los años treinta, después de que la camarilla de Ravines asumiera el poder en el CC del partido y diera inicio a la “desamautización” del Partido, la militancia marxista-leninista dio comienzo a la lucha por la defensa de aquellos Fundamentos. Aunque esta lucha germinal fue más intuitiva que consciente y más parcial que integral, puede considerarse que ella es el antecedente histórico de la Reconstitución. La limitación que presentaba esta lucha en defensa de Mariátegui, se explica por la dispersión de la obra escrita mariateguiana, no obstante la publicación de La escena contemporánea (1926) y de 7 ensayos (1928). En los años treinta y en las dos décadas siguientes, en las filas partidarias nadie tuvo la iniciativa de reunir en un volumen los escritos políticos de Mariátegui dispersos en Amauta, Labor y otras publicaciones, lo que le hubiera permitido a la militancia contar con un conjunto orgánico de textos sobre problemas tan fundamentales como el marxismo-leninismo, el partido de clase, el deslinde con las desviaciones del marxismo, la organización de las masas, entre otras cuestiones. Como se sabe, la recopilación La organización del proletariado fue publicada por el Partido en 1967 y la primera edición de Ideología y política data de 1969; por lo demás, las Obras completas de Mariátegui empezaron a publicarse recién a partir de la década de 1950 (la mayoría de sus volúmenes vieron la luz en 1959 y 1970). Como era natural que sucediera, la publicación de estas Obras fue un acontecimiento que impulsó poderosamente la lucha por retomar el pensamiento mariateguiano. La militancia del Partido, premunida ya de un conocimiento vasto de este pensamiento, pudo entonces asumir y acometer la lucha por su retoma en condiciones teóricas mucho mejores que aquellas con que contaron las generaciones anteriores. 

Así, pues, en los años sesenta la lucha por la Reconstitución cobró ya este nombre apropiado, y fue perfilando su contenido, aunque equivocando su objetivo por la concepción limitada y limitante de “reconstituir el Partido para la guerra popular”. Lógicamente, en la mayor parte del indicado período, la Reconstitución se presentaba como una lucha parcial y no general, legítima y no legal en la vida partidaria. Solo con la realización de la VI Conferencia Nacional en enero de 1969, la Reconstitución cobró rango de acuerdo partidario. La propuesta fue de Abimael Guzmán, quien publicó en Bandera Roja n° 44 (enero-febrero de 1969) el artículo “Reconstituir el partido para la guerra popular basándonos en Mao, Mariátegui y la V Conferencia”. Esta fue la concepción de la Reconstitución que se impuso en el Partido. 

Pues bien, en el artículo “El trabajo por la reconstitución de la vanguardia”, publicado en el número 35 del espurio blog Creación Heroica, firmado por un llamado “Comité Creación Heroica”, pero escrito por Jaime Lastra, puede leerse lo siguiente: “En un documento emitido por el Partido en el año 1973 decía” (sic), y acto seguido se cita un párrafo del escrito “El desarrollo de las ideas marxistas en el Perú”. Pero nuestro personaje se cuida de referir que lo que hace es citar a la cabeza del liquidacionismo de “izquierda” de los años setenta, el mismo que a la sazón condujo a la organización partidaria al ocultismo y a la desactivación allí donde pudo; sobre esta realidad histórica, Lastra no dice absolutamente nada; es decir, sin el menor escrúpulo, silencia el hecho de que desde el II Pleno del CC (1972) hasta el Quinto Pleno (1975), se desenvolvió la lucha contra el liquidacionismo de “izquierda” de Ramón García.(1) 

Más adelante, como es característica de sus artículos, en el que nos ocupa –muy mal escrito, lo que no extraña– Lastra se limita a describir algunos hechos y no a analizarlos en relación a la línea y el camino que corresponde seguir en la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. 

       Así, luego de escribir que en el “campo” de quienes “persisten en reivindicar la necesidad de culminar la tarea de la reconstitución de la vanguardia”, “se manifiestan dos tendencias fundamentales”, nuestro liquidador dice: 


Una, que reformulando la Base de Unidad Partidaria y sacando lecciones de la experiencia de estos (sic) más de medio siglo, reivindica los fundamentos ideológico-políticos legados por José Carlos Mariátegui. Con esta posición ha desarrollado una lucha de ideas contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución. (Caso de un oportunismo de derecha que renegaba de la reconstitución y caso de un oportunismo de izquierda que tergiversaba y liquidaba la reconstitución). Otra que, habiendo distorsionado base, contenido y objetivo de la reconstitución, terminó llevando a buen sector de la militancia de vanguardia y también del pueblo, a una derrota político-militar en una guerra interna que tuvo un elevado costo. 

(Entre paréntesis: hace ya doce años, en sus tiempos de “maoísta”, Lastra escribió el artículo “¿Reafirmación o reformulación de la Base de Unidad Ideológica?”, en el cual sostiene que hay que “reformular la Base de Unidad Partidaria” y, naturalmente, conforme a su “maoísmo”, reformularla a favor de la denominación de la doctrina como “marxismo-leninismo-maoísmo”, como se desprende de su artículo «El marxismo y su desarrollo», circulado en fecha próxima al anteriormente mencionado (ver nuestro artículo “La verdad universal del proletariado y la reconstitución”). Ahora, sin explicar absolutamente su renuncia al “m-l-m”, Lastra propone como base de unidad ideológica “la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao”, haciendo así a un lado la denominación políticamente exacta de la doctrina: marxismo-leninismo). 

Ahora bien, la “lucha de ideas” de la que habla Lastra, ¿contra quiénes fue? Todo indica que nuestro personaje toma un período de tiempo bastante prolongado (1970-2015 aproximadamente), para decir lo que dice “contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución”. En este período, el liquidacionismo de derecha de Saturnino Paredes se opuso desde un principio a la Reconstitución y, luego, el liquidacionismo de “izquierda” de Ramón García también se opuso a la Reconstitución, aunque no en el discurso sino en los hechos al conducir a una de las bases del Partido al ocultismo y a la desactivación. En este mismo período Abimael Guzmán llevaba adelante su “reconstitución del Partido para la guerra popular” y solo en la segunda década del presente siglo García terminó renegando abiertamente de la Reconstitución. Estos hechos no han sido tomados en cuenta por Lastra, quien, además, silencia el carácter liquidacionista de la posición asumida por Paredes desde la Sexta Conferencia y el carácter igualmente liquidacionista, aunque de signo “izquierdista”, de la posición de García asumida desde principios de la década del setenta y su transformación en liquidacionismo de derecha en el presente siglo. Preguntémonos, pues: en este largo período, ¿cuál es la “lucha de ideas” que llevó adelante Lastra contra las desviaciones anotadas? Concretamente: ¿dónde están las conclusiones teóricos de la presunta “lucha de ideas” desarrollada por el aludido? Sencillamente, tales “conclusiones” no existen. La crítica que ha hecho Lastra de la desviación representada por Abimael Guzmán gira alrededor de otras cuestiones (repitiendo en algunos casos ideas nuestras y de otros autores presentadas como si fuesen suyas), y muy escasamente sobre la Reconstitución, aunque, aquí también, por lo menos en un caso, repitiendo ideas nuestras. Peor todavía: ya en el presente siglo, Lastra ha evitado reconocer el carácter liquidacionista de la posición de García con respecto a la Reconstitución y adula publicitando a algunos de sus seguidores. 

Es evidente que Lastra presenta a su grupo como representante de una de las dos “tendencias fundamentales” que “persisten” en “la reconstitución de la vanguardia”, precisamente de aquella que pretende “reformular” la BUP y que, “sacando lecciones de la experiencia… reivindica los fundamentos ideológico-políticos legados por José Carlos Mariátegui”. Con respecto a esta afirmación, es necesario, en principio, precisar que la Reconstitución no es “la reconstitución de la vanguardia”, así en general (es decir en términos imprecisos), sino concretamente la reconstitución del partido de Mariátegui. En política, como en relación a cualquier otro asunto, no se puede ser ambiguo. En el caso que nos ocupa, la ambigüedad de Lastra (ambigüedad a pesar de su frase “reivindica los fundamentos ideológico-políticos…”, pues, como es de conocimiento común, en ninguna parte ha expuesto nunca tales fundamentos, limitándose, por ejemplo, a hablar de la “línea política general del Partido”, pero sin precisar sus elementos que la componen) pone en evidencia que no tiene claras las cosas ni siquiera cuando simula ser partidario de la Reconstitución. Por eso, subrayamos: la Reconstitución es la reconstitución del partido de Mariátegui o no es nada, es decir, es la defensa, la actualización y el desarrollo de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui, tarea que hace la base teórica insustituible de la Reconstitución y sobre la cual el Partido puede llevar a cabo su construcción y realizar un correcto trabajo de masas (ver, a propósito del tema, nuestros libros El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, El partido de Mariátegui hoy: Constitución, nombre, reconstitución y Algunas cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de Mariátegui, así como nuestros artículos “La línea ideológica del partido”, “La línea teórica del partido”, “La línea política general del partido” y “La línea orgánica del partido”). Ocurre, sin embargo, que lo que ha hecho Lastra en catorce años es todo lo contrario: suplantación del marxismo-leninismo por el liberalismo en su trabajo partidista y frentista; tergiversación y oposición a la Creación Heroica de Mariátegui (y particularmente oposición a importantes aspectos de la línea política general de la revolución peruana: táctica, frente unido, etc.); oposición a la organización de un partido de clase (ver “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”). Así que, aquella insinuación de que su grupo “ha desarrollado una lucha de ideas contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución”, es una afirmación rotundamente desmentida por su larga práctica de maridaje con todo tipo de oportunismo y antimariateguismo y, ahora mismo, por su caída en el liquidacionismo de derecha, que tiene su punto de arranque en su intentona, de agosto de 2024, de fundar un organismo amalgama con liquidadores y marxistas. En cuanto a la base y el contenido de la Reconstitución, el grupo de Lastra no ha aportado absolutamente con nada de valor a la defensa, la actualización y el desarrollo de la Creación Heroica de Mariátegui; en cuanto al objetivo de la Reconstitución, es claro que dicho grupo está lejos, muy lejos, y, en realidad, en las antípodas de un trabajo partidista y frentista basado en el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mariátegui: el discurso retórico de que hace uso y abuso, no le alcanza a nuestro liquidador para encubrir esta realidad.

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Nota

[1] No sólo en su mirada a la lucha entre las dos líneas en el Partido Lastra se muestra sesgado. De hecho, nunca ha sido capaz de reconocer la realidad del liquidacionismo de derecha de Ramón García y, por el contrario, a cada paso les limpia la cara a este personaje y a sus seguidores calificándolos de “socialistas”, etcétera, publicitando, para peor, en el blog que dirige y en el blog del cual es productor, “Resistencia Ciudadana”, la literatura de los liquidadores y las actividades políticas de los mismos. Es de conocimiento común que Lastra sostiene su adhesión a la misma doctrina y al mismo proyecto de los oportunistas, y que sus “discrepancias” con ellos no atañen a esta cuestión doctrinal y a esta cuestión política, sino a cuestiones “secundarias”, según él mismo ha confesado. Desde 2024, la componenda de Lastra con los liquidadores se ha transformado en identidad, pues él mismo ha devenido liquidador. ¡Este es el significado de su “reconstitución”!

Economía y lucha electoral

Internacionales

Nota:


El texto de Julio Roldán, que va a continuación, será publicado en partes. Este texto es un capítulo del libro China ¿el nuevo centro de la civilización? La idea central del texto es que “El proyecto revolucionario orientado por el pensamiento de Mao Zedong ha sido reemplazado por la ideología Neoconfuciana plasmada en el ‘Socialismo de mercado’ o ‘socialismo con peculiaridades chinas’”. Para el lector, la realidad de la asunción del confusianismo como el fondo ideológico de la política de la dirección china, debe ser un motivo de seria reflexión. No es casual que la dirección china apele al confusianismo como la ideología propicia para alcanzar sus propósitos. Ya en los tiempos de la revolución cultural el PCCh desarrolló la lucha más grandiosa por entronizar la ideología marxista entre las amplias masas populares y, precisamente en el curso de esta lucha, hubo de desenmascarar el carácter de clase del confusianismo, tan profundamente arraigada en la sociedad china. Los textos Crítica a Lin Piao y Confucio I y Crítica a Lin Piao y Confucio II, dan cuenta de la lucha del proletariado revolucionario chino contra el confusianismo, y esta lucha permite, por sí sola, entender el papel de la ideología confusianista en la lucha entre el proletariado y la burguesía en la sociedad china.

01.06.2026.

Comité de Redacción.


De Mao Tse Tung al Neoconfucianismo 

(Primera Parte) 

Julio Roldán 

TOMANDO EN CUENTA la milenaria historia de China, la persistencia de la cultura tradicional que tiene siglos de existencia, la ideología de Confucio que orientó la vida social-moral en los últimos 2,500 años, la estructura económica-social, la práctica política de la burocracia encarnada en los mandarines, la presencia de los imperialismos en su territorio, podemos comprender mejor 4 hechos fundamentales sobre el tema que nos ocupa. A.- Hacer una revolución, construir una nueva sociedad, en esas condiciones, fue una obra heroica de las masas populares chinas. Fue una labor titánica de los nacionalistas primero, de los comunistas después. B.- Los 64 años que van desde 1912, proclamación de la Republica China, hasta 1976, muerte de Mao Tsetung, tiene importancia capital en el tiempo político; pero es un equivalente a un abrir y cerrar de ojos en el tiempo histórico. C.- La base económica, la estructura social, las formas políticas, fueron transformadas, con dificultades es verdad; pero transformadas a fin de cuentas. Estos cambios intentaron poner las bases para la construcción del socialismo según el deseo de muchos, mientras que en la realidad, como se verá décadas después, pusieron las bases para el desarrollo del capitalismo. D.- La mentalidad tradicional, la ideología confuciana, se manifestaba en las diversas formas de la cultura, por sus características propias, su dinámica interna, se mantuvieron semi-intactas en el medio siglo de revoluciones. Esto fue un problema a resolver, en la política cultural, en las pocas décadas de revolución democrática y de construcción socialista. 

El tema cultural, dentro de ello la ideología confuciana, estaba impregnada en el pensamiento, en las costumbres, en el inconsciente, incluso de los más calificados dirigentes, marxista-leninistas del Partido Comunista. Para dar crédito a nuestra afirmación, leamos lo que el filósofo Creel en torno a uno de los más distinguidos dirigentes del PCCh, Liu Shao-chi (1898-1969), informa y comenta: “Liu cita a Confucio, a Mencio y a otros filósofos chinos del pasado. Lejos de condenarlos, emplea su autoridad para reforzar los argumentos comunistas. El trasvase del vino nuevo del dogma comunista a los viejos odres de la forma china esta especialmente claro en este pasaje: `Hay algunos que dicen que es imposible, por medio del estudio y el cultivo de las propias facultades, alcanzar la valía de genios revolucionarios tales como Marx, Engels, Lenin y Stalin. Consideran que Marx, Engels, Lenin y Stalin han sido seres misteriosos desde su nacimiento. ¿Es esto correcto? Yo creo que no´. Esto es exactamente lo mismo que la discusión, en tiempos de Mencio, del problema de si los emperadores sabios Yao y Shun eran seres espirituales en posesión de cualidades a las que los hombres comunes y corrientes no podían aspirar.” 

Luego, el investigador, continúa: “Liu Shao-chi evidencia que tiene precisamente en cuenta esta discusión, pues en apoyo de su punto de vista escribe: `Mencio dijo: ‘Cualquier hombre puede llegar a ser un Yao o un Shun’´ En esta obra Liu no rechaza la filosofía tradicional de China; lejos de ello, denuncia a quienes no supieron o no quisieron vivir con arreglo a dicha filosofía. Critica a aquellos que pretendían venerar las enseñanzas de Confucio, pero en realidad solo trataban de emplearlas para oprimir al pueblo y adelantar en su carrera personal. `Naturalmente -escribe-, nosotros, los miembros del Partido Comunista, no podemos adoptar una actitud semejante al estudiar los principios de Marx y de Lenin y las excelentes y provechosas enseñanzas que nos han legado los antiguos sabios de nuestra nación. Tal como hablamos, así debemos obrar. Somos honrados y limpios; no podemos engañarnos a nosotros mismos, no podemos engañar al pueblo ni a los hombres de la antigüedad´.” (Creel, 1976: 297). 

En la cita transcrita, las ideas fueron expresadas a comienzos de la década del 50 del Siglo XX, se trasluce la concepción filosófica, la ideología, la política, que orientaba el pensamiento de Liu Shao-chi. El, en los años 60, llegó a ser el más alto dirigente del PCCh. Luego fue destituido por la revolución cultural. Póstumamente fue reivindicado por la dirección del PCCh en los años 80. Marx y Lenin son ubicados en el mismo nivel que Confucio y Mencio. Repitamos este párrafo: “Naturalmente -escribe-, nosotros, los miembros del Partido Comunista, no podemos adoptar una actitud semejante al estudiar los principios de Marx y de Lenin y las excelentes y provechosas enseñanzas que nos han legado los antiguos sabios de nuestra nación.” Precisamente la crítica de un sector de comunistas, en ese tiempo y después en los 10 años de la denominada Gran Revolución Cultural Proletaria, fue en contra de “... los antiguos sabios de nuestra nación…” expresado en el pensamiento de Confucio y secundado por el de Mencio. La crítica a los Neoconfucianos, de esos tiempos, centraba contra el agnosticismo filosófico, el eclecticismo ideológico, el oportunismo político, el pragmatismo económico. 

Finalmente. Adentrándose en los acontecimientos que ocurrieron en China, sobre el pensamiento de Confucio y la cultura tradicional en general, el filosofo escribe: “Poca duda parece subsistir de que, andando el tiempo, un sinfín de elementos de la tradición china que han sido tildados de `feudales´ y de `reaccionarios´ serán poco a poco rehabilitados y restablecidos. Lo que haya de ocurrir con Confucio no está claro todavía. Muchos chinos de este siglo, y muchos comunistas, lo han condenado como enemigo número uno del progreso. Otros, empero, son de distinto sentir. Un libro interesante en este aspecto es el escrito en 1945 por Kuo Mo-jo, que posteriormente sería Viceprimer Ministro del Gobierno de Pekín. En esta obra, Kuo describe a Confucio no solo como adalid de los derechos del pueblo llano, sino también como un promotor de la rebelión armada. Así, no es ni mucho menos imposible que el ídolo de la antigua China llegue a ser aclamado como un precursor, en la tradición revolucionaria, de Marx, Lenin, Stalin y Mao Tsetung: un héroe de la nueva China.” (Creel, 1976: 299) 

En verdad este pronóstico de que “… el ídolo de la antigua China llegue a ser aclamado como un precursor, en la tradición revolucionaria…” se inició a partir de 1978 y se materializó a comienzos del Siglo XXI. Un acto simbólico, pero significativo, fue lo ocurrido el año 2004. En esa fecha se creó El Instituto Confucio. Es un proyecto ideológico-cultural dependiente de la Oficina del Consejo Internacional de la Lengua China, es parte del Ministerio de Educación. Es el medio a través del cual el Estado chino difunde su política cultural en todo el mundo. En la actualidad (2025) existen 550 Institutos, en 162 países. A partir de esa fecha, hablar de ideología-cultura en China es referirse a la ideología confuciana. 

A la distancia política, más la práctica social, vemos que la influencia de Marx, Lenin, Mao, tuvieron importancia capital en el accionar revolucionario, fue una especie de accidente político en el proceso histórico de la milenaria China. El proyecto revolucionario orientado por el pensamiento de Mao Tsetung ha sido reemplazado por la ideología Neoconfuciana plasmada en el “Socialismo de mercado” o “socialismo con peculiaridades chinas”. Así define la dirigencia china al modelo capitalista que se desarrolla actualmente en ese país. 

El partido mantiene el nombre de Comunista. Los dirigentes chinos se reclaman comunistas. Sostienen que están construyendo el socialismo en su país. Mucho de su parafernalia viene de la tradición comunista. Sobre el tema, para ahorrar comentarios, con Lenin, diremos que son revisionistas. Revisan las bases centrales del marxismo, lo adecúan a sus intereses, mantienen el nombre; pero limando el contenido revolucionario del mismo. 

El revisionismo, como corriente ideológico-política, no viene del cielo. Tampoco es producto de la buena o mala voluntad de los individuos. Él tiene una base real que se llama historia y economía. A esto agréguese la vida socio-política. Finalmente, el accionar de las personas, que combinando el determinismo-voluntarismo, actúan en la sociedad. Solo por esta vía comprenderemos, en su verdadera dimensión, qué es el revisionismo. Teniendo en cuenta que el revisionismo destruyó la URSS y la transformó en un país capitalista. La misma historia se repitió, años después, con la República Popular China. 

El tránsito del pensamiento de Mao Tsetung, para otros: maoísmo, hacia el Neoconfucianismo fue rápido, relativamente fácil, en la medida que las condiciones, nacionales e internacionales, estaban dadas para que ello sucediera. La resistencia fue mínima de los que aún se reclamaban del Marxismo-Leninismo-Pensamiento Mao Tsetung. 

La historiadora Mariola Moncada (1971), sobre el concepto de Neoconfucianismo, afirma lo siguiente: “El neoconfucianismo hace referencia a un grupo de pensadores chinos que comparte una base común, todos parten de los fundamentos morales y filosóficos de la tradición letrada china, pero heterogénea en cuanto a los planteamientos de sus representantes, e incluso con debates y discrepancias entre ellos. El punto de partida del neoconfucianismo moderno es el de reconocer que los 2 aspectos de la tradición letrada: el confucianismo político y el confucianismo moral no son contradictorios sino complementarios.” (Moncada, 2011: 208) 

Por su parte, el profesor Jesús Sole (1968), en la presentación de su libro El Nuevo Confucianismo en China del Siglo XXI (2018), escuetamente define el concepto en los términos siguientes: “El nuevo confucianismo es, en definitiva, la adaptación del discurso confucianista a la realidad contemporánea, el cual se reivindica como la ortodoxia actualizada del confucianismo, como factor relevante de la identidad nacional y como componente eficaz del soft power de China.” (Sole, 2018) 

A lo dicho por los citados, ya lo hemos advertido en otra parte de esta investigación, agreguemos el pragmatismo confuciano que se complementa con el pragmatismo norteamericano. Su diferencia estriba en que fueron sistematizados en tiempos y espacios distintos. Lo común es que expresan la filosofía, la ideología, la política, de las clases dominantes en general. De la esclavista-feudal en China en el pasado, de la capitalistaimperialista norteamericana en el último siglo. Esta conjugación de pasado-presente, interno-externo, se evidencia en los planes económicos, políticos, culturales, implementados por el PCCh desde comienzos del Siglo XXI. 

Hechos estos agregados, continuemos con la historiadora Moncada sobre el tema. Ella afirma: “En el Siglo XXI, la política china ha enterrado por completo la retórica revolucionaria (salvo en el ámbito interno de partido) que ha sido sustituida por un nuevo discurso político. Un discurso cuya inspiración no se busca en el patrón político de democracia liberal que intenta exportar Occidente, pero tampoco en las propias raíces ideológicas del partido, el marxismo-leninismo (igualmente occidentales, debiéramos añadir). La fuente de inspiración del nuevo discurso político chino está en la propia tradición china, precisamente en aquella que negó el mismo Partido durante las décadas de los años 60 y 70.” (Moncada, 2011: 204)

El capitalismo

La Divinidad, el Dinero y el Poder del Imperialismo*

Eduardo Galeano

El poder divino

LA ÚLTIMA NOCHE del año 1970, tres banqueros de Dios se dieron cita en un hotel de Nassau, en las islas Bahamas. Acariciados por la brisa del trópico, envueltos en un paisaje de tarjeta postal, Roberto Calvi, Michele Sindona y Paul Marcinkus celebraron el nacimiento del año nuevo brindando por la aniquilación del marxismo. Doce años después, ellos aniquilaron el Banco Ambrosiano.

El Banco Ambrosiano no era marxista. Conocido como la banca dei preti, el banco de los curas, el Ambrosiano no admitía accionistas que no fueran bautizados. Ésta no era la única institución bancaria ligada a la Iglesia. El Banco del Espíritu Santo, fundado por el papa Paulo V allá por el año 1605, ya no hacía milagros financieros en beneficio divino, porque había pasado a manos del estado italiano, pero el Vaticano tenía, y sigue teniendo, su propio banco oficial, piadosamente llamado Instituto para Obras de Religión (IOR). De todos modos, el Ambrosiano era muy importante, el segundo banco privado de Italia, y su naufragio fue definido por el diario Financial Times como la más grave crisis de toda la historia bancaria de Occidente. La colosal estafa dejó un agujero de más de mil millones de dólares y comprometió directamente al Vaticano, que era uno de sus principales accionistas y uno de los mayores beneficiarios de sus préstamos.

Muchos camellos pasaron por el ojo de esa aguja. El Ambrosiano tejió una telaraña universal para el lavado de dólares que venían del tráfico de drogas y de armas, trabajó codo a codo con las mafias de Sicilia y de los Estados Unidos, y con la red del narcotráfico en Turquía y en Colombia. Sirvió de vehículo para la evasión del fruto de los contrabandos y secuestros de la Cosa Nostra y fue una regadera de dólares para los sindicatos polacos, en lucha contra el régimen comunista. También abasteció generosamente a la contra en Nicaragua, y en Italia a la logia P-2: estos masones se aliaron a la Iglesia, su enemiga de siempre, para enfrentar unidos al enemigo de ahora, el peligro rojo. Los capos de la P-2 recibieron del Ambrosiano cien millones de dólares, que contribuyeron a su prosperidad familiar y que los ayudaron a formar un gobierno paralelo, y a realizar atentados terroristas, para castigar a la izquierda italiana y asustar a la población.

El vaciamiento del banco se fue cumpliendo, a lo largo de los años, a través de muchas bocas financieras abiertas en Suiza, las Bahamas, Panamá y otros paraísos fiscales. Jefes de gobierno, ministros, cardenales, banqueros, capitanes de industria y altos burócratas fueron cómplices del saqueo organizado por Calvi, Sindona y Marcinkus. Calvi, que administraba fondos para la Santa Sede y presidía el Ambrosiano, era famoso por el hielo de su sonrisa y por su habilidad para las piruetas contables. Sindona, rey de la Bolsa italiana, hombre de confianza del Vaticano para sus inversiones inmobiliarias y financieras, servía también de vehículo para las contribuciones de la embajada norteamericana a los partidos italianos de derecha. En varios países poseía bancos, fábricas y hoteles, y hasta era dueño del edificio Watergate, en Washington, que había ganado escandalosa fama gracias a la curiosidad del presidente Nixon. El arzobispo Marcinkus, que presidía el Instituto Obras para la Religión, había nacido en Chicago, en el mismo barrio que Al Capone. Hombre fornido, siempre con un habano en la boca, monseñor Marcinkus había sido guardaespaldas del Papa antes de convertirse en el jefe de sus negocios.

Los tres habían trabajado por la mayor gloria de Dios y de sus propios bolsillos. Bien se puede decir que tuvieron una carrera exitosa. Pero ninguno de los tres pudo escapar al destino de persecución y martirio que los evangelios habían anunciado a los apóstoles de la fe. Poco antes de la quiebra del Banco Ambrosiano, Roberto Calvi apareció ahorcado bajo un puente de Londres. Cuatro años después, Michele Sindona, preso en una cárcel de máxima seguridad, pidió un café con azúcar: le entendieron mal, y le sirvieron un café con cianuro. Unos meses más tarde, se dictó orden de captura contra el arzobispo Marcinkus, por bancarrota fraudulenta.

 

El poder político

Hace sesenta años, el escritor Roberto Arlt aconsejaba a quien quisiera hacer carrera política:

-Usted proclame: «He robado, y aspiro a robar en grande». Comprométase a robar hasta la última pulgada de tierra argentina, a vender el Congreso e instalar un conventillo en el Palacio de Justicia. En sus discursos, diga «Robar no es fácil, señores. Se necesita ser un cínico, y yo lo soy. Se necesita ser un traidor, y yo lo soy».

Según el escritor argentino, ésta sería una fórmula de éxito seguro, porque todos los sinvergüenzas hablan de honestidad, y la gente está harta de mentiras. Un político brasileño, Adhemar de Barros, conquistó al electorado del estado de San Pablo, el más rico del país, con el lema «Rouba mas faz», Él roba pero hace. En Argentina, en cambio, aquel consejo no tuvo nunca éxito entre los candidatos, y en nuestros días sigue resultando imposible encontrar a un político que tenga el coraje de anunciar lo que robará, o que a viva voz confiese lo que ya robó, y no hay ningún saqueador de fondos públicos capaz de reconocer: «Robé para mí, robé para darme la gran vida». Si su conciencia existiera, y fuera capaz de tormento, el ladrón diría, en todo caso: «Lo hice por el partido, por el pueblo, por la patria». Es por amor a la patria, que algunos políticos se la llevan a su casa.

La fórmula de Roberto Arlt no funcionaría. Ningún político brasileño ha copiado la receta de Adhemar de Barros. Por regla general, está comprobado, las que más votos rinden son las artes de teatro, las buenas actuaciones, las máscaras bien elegidas. Como dice otro escritor argentino, José pablo Feinmann, el éxito electoral suele recompensar el doble discurso y la doble personalidad. Al igual que Superman y Batman, los superhéroes, muchos políticos profesionales cultivan la esquizofrenia, y ella les da superpoderes, como el timorato Clark Kent se vuelve Superman con solo sacarse los anteojos, y como el insípido Bruce Wayne se convierte en Batman no bien se pone la capa de murciélago.

No se necesita ser un experto politólogo para advertir que, por regla general, los discursos solo cobran su verdadero sentido cuando se los lee al revés. Pocas excepciones tiene la regla: en el llano, los políticos prometen cambios y en el gobierno cambian, pero cambian… de opinión. Algunos quedan redondos, de tanto dar vueltas; produce tortícolis verlos girar, de izquierda a derecha, con tanta velocidad. ¡La educación y la salud, primero!, claman, como clama el capitán del barco: ¡Las mujeres y los niños, primero!, y la educación y la salud son las primeras en ahogarse. Los discursos elogian al trabajo, mientras lo hechos maldicen a los trabajadores. Los políticos que juran, mano al pecho, que la soberanía nacional no tiene precio, suelen ser los que después la regalan; y los que anuncian que correrán a los ladrones, suelen ser los que después roban hasta las herraduras de los caballos al galope.

A mediados del 96, Abdalá Bucaram conquistó la presidencia de Ecuador diciendo ser el azote de los corruptos. Bucaram, un político estrepitoso que creía que cantaba como Julio Iglesias y creía que eso era un mérito, no duró mucho en el poder. Fue derribado por una pueblada, pocos meses después. Una de las gotas que desbordó el vaso de la paciencia popular fue la fiesta que ofreció Jacobito, su hijo de dieciocho años, para festejar el primer millón de dólares que había ganado haciendo milagros en las aduanas. En 1990, Fernando Collor llegó a la presidencia de Brasil. En una campaña electoral breve y fulminante, que la televisión hizo posible, Collor vociferó sus discursos moralistas contra los marajás, los altos funcionarios públicos que desvalijaban al estado. Dos años y medio después, Collor fue destituido, cuando estaba hundido hasta el cuello en los escándalos de sus cuentas fantasmas y de sus fastuosas exhibiciones de riqueza súbita. En 1993, también el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, fue despojado de su cargo, y condenado a prisión domiciliaria, por malversación de fondos. En ningún caso, nunca nadie en la historia de América Latina ha sido obligado a devolver el dinero que robó: ni los presidentes derribados, ni los muchos ministros renunciados por comprobada corrupción, ni los directores de servicios públicos, ni los legisladores, ni los funcionarios que reciben dinero por debajo de la mesa. Nunca nadie ha devuelto nada. No digo que no hayan tenido la intención: es que a nadie se le ocurrió la idea.

No solo se roba dinero. A veces, también, se roban elecciones, como ocurrió en México en 1988, cuando el candidato opositor de izquierda, Cuahutémoc Cárdenas, fue despojado de la presidencia que había ganado, por mayoría de votos, en las urnas. Años después, en 1997, algunos legisladores del PRI, el partido de gobierno, acusaron al líder de la oposición de derecha, Diego Fernández de Cevallos, de haber recibido catorce millones de dólares por su complicidad en el fraude. La prensa destacó la noticia, porque el intercambio de puñetazos convirtió a esa sesión parlamentaria en una velada de boxeo, y lo del soborno fue bastante comentado, pero se pasó por alto, como si tal cosa, algo que era mucho más grave: esa denuncia implicaba una confesión de la estafa electoral por parte de los propios legisladores oficialistas.

Los robos mayores pertenecen al orden de los vicios aceptados por costumbre. Mientras se desprestigia la democracia, difunde la moral del vale todo: nadie triunfa meando agua bendita. ¿Cuántos norteamericanos creen que sus senadores tienen muy altos niveles éticos? El dos por ciento. A fines del 96, el diario Página 12 publicó en Buenos Aires una reveladora encuesta de Gallup: siete de cada diez jóvenes argentinos opinaban que la deshonestidad es la única vía que conduce al éxito. Y nueve de cada diez entrevistados, jóvenes y no jóvenes, reconocieron que era una práctica habitual la evasión de impuestos, y el pago de sobornos a la burocracia y a la policía.

Se castiga abajo lo que se recompensa arriba. El robo chico es delito contra la propiedad, el robo grande es derecho de los propietarios. Los políticos sin escrúpulos no hacen más que actuar de acuerdo con las reglas de juego de un sistema donde el éxito justifica los medios que lo hacen posible, por sucios que sean: las trampas contra el fisco y contra el prójimo, la falsificación de balances, la evasión de capitales, el vaciamiento de empresas, la invención de sociedades anónimas de ficción, las subfacturaciones, las sobrefacturaciones, las comisiones fraudulentas.

 

El poder de los secuestradores

Según el diccionario, secuestrar significa «retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate». El delito está duramente castigado por todos los códigos penales; pero a nadie se le ocurriría mandar preso al gran capital financiero, que tiene de rehenes a muchos países del mundo y, con alegre impunidad, les va cobrando, día tras día, fabulosos rescates.

En los viejos tiempos, los marines ocupaban las aduanas para cobrar las deudas de los países centroamericanos y de las islas del mar Caribe. La ocupación norteamericana de Haití duró diecinueve años, desde 1915 hasta 1934. Los inversores no se fueron hasta que el Citibank cobró sus préstamos, varias veces multiplicado por la usura. En su lugar, los marines dejaron un ejército nacional fabricado para ejercer la dictadura y para cumplir con la deuda externa. En la actualidad, en tiempos de democracia, los tecnócratas internacionales resultan más eficaces que las expediciones militares. El pueblo haitiano no ha elegido, ni con un voto siquiera, al Fondo Monetario Internacional ni al Banco Mundial, pero son ellos quienes deciden hacia dónde sale cada peso que entra en las arcas públicas. Como en todos los países pobres, más poder que el voto tiene el veto: el voto democrático propone y la dictadura financiera dispone.

El Fondo Monetario se llama Internacional, como el Banco se llama Mundial, pero estos hermanos gemelos viven, cobran y deciden en Washington; y la numerosa tecnocracia jamás escupe el plato donde come. Aunque Estados Unidos es, por lejos, el país con más deudas en el mundo, nadie le dicta desde afuera la orden de poner bandera de remate a la Casa Blanca, y a ningún funcionario internacional se le pasaría por la cabeza semejante insolencia. En cambio, los países del sur del mundo, que entregan doscientos cincuenta mil dólares por minuto en servidumbre de deuda, son países cautivos, y los acreedores les descuartizan la soberanía, como descuartizaban a sus deudores plebeyos, en la plaza pública, los patricios romanos de otros tiempos imperiales. Por mucho que esos países paguen, no hay manera de calmar la sed de la gran vasija agujereada que es la deuda externa. Cuanto más pagan, más deben; y cuanto más deben, más obligados están a obedecer la orden de desmantelar el estado, hipotecar la independencia política y enajenar la economía nacional. Vivió pagando y murió debiendo, podrían decir las lápidas.

Santa Eduviges, patrona de los endeudados, es la santa más solicitada de Brasil. En peregrinación acuden a sus altares miles y miles de deudores desesperados, suplicando a los acreedores no les lleven el televisor, el auto o la casa. A veces, santa Eduviges hace el milagro. Pero, ¿cómo podría la santa ayudar a los países donde los acreedores ya se han llevado al gobierno? Esos países tienen la libertad de hacer lo que les mandan hacer unos señores sin rostro, que viven muy lejos y que, a larga distancia, practican la extorsión financiera. Ellos abren o cierran la bolsa, según la sumisión demostrada ante el right economic track, el camino económico correcto. La verdad única se impone con un fanatismo digno de los monjes de la Inquisición, los comisarios del partido único o los fundamentalistas del Islam: se dicta exactamente la misma política para países tan diversos como Bolivia y Rusia, Mongolia y Nigeria, Corea del Sur y México.

A fines del 97, el presidente del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, declaró: «El estado no debe dar órdenes a los bancos». Traducido, eso significa: «Son los bancos quienes deben dar órdenes al estado». Y, a principios del 96, el banquero alemán Hans Tietmeyer, presidente del Bundesbank, había comprobado: «Los mercados financieros desempeñarán, cada vez más, el papel de gendarmes. Los políticos deben comprender que, desde ahora, están bajo el control de los mercados financieros». Alguna vez el sociólogo brasileño Hebert de Souza, Betinho, propuso que los presidentes se marcharan a disfrutar de cruceros turísticos. Los gobiernos gobiernan cada vez menos, y cada vez se siente menos representado por ellos el pueblo que los ha votado. Las encuestas revelan la poca fe: creen en la democracia menos de la mitad de los brasileños y poco más de la mitad de los chilenos, los mexicanos, los paraguayos y los peruanos. En las elecciones legislativas del 97, Chile registró la mayor cantidad de votos en blanco o nulos de toda su historia. Y nunca habían sido tanto los jóvenes que no se tomaron el trabajo de inscribirse en los padrones.

 

El poder globalitario

En sus doce años de gobierno desde 1979, Margaret Thatcher ejerció la dictadura del capital financiero sobre las islas británicas. La dama de hierro, muy elogiada por sus virtudes masculinas, puso fin a la era de los buenos modales, pulverizó a los obreros en huelga, y restableció una rígida sociedad de clases con celeridad asombrosa. Así, Gran Bretaña se convirtió en el modelo de Europa. Mientras tanto, Chile se había convertido en el modelo de América latina, bajo la dictadura militar del general Pinochet. Los dos países modelos figuran, ahora, entre los países más injustos del mundo. Según los datos sobre la distribución del ingreso y el consumo, publicados por el Banco Mundial, una honda brecha separa, actualmente, a los británicos y chilenos que tienen de sobra, de los británicos y chilenos que viven de sobras. En ambos países, por increíble que parezca, la desigualdad social es mayor que en Bangladesh, India, Nepal o Sri Lanka. Y, por increíble que parezca, los Estados Unidos han logrado una desigualdad mayor que la que padece Ruanda, desde que Ronald Reagan empuñó el timón en 1980.

La razón del mercado impone sus dogmas totalitarios, que Ignacio Ramonet llama globalitarios, en escala universal. La razón se hace religión, y obliga a cumplir sus mandamientos: sentarse derechito en la silla, no alzar la voz y hacer los deberes sin preguntar por qué. ¿Qué hora es? La que usted mande, señor.

En los aporreados países del sur del mundo, los de abajo pagan la buena letra que hacen los de arriba, y las consecuencias están a la vista: hospitales sin remedios, escuelas sin techos, alimentos sin subsidios. Ningún juez podría mandar a la cárcel a un sistema mundial que impunemente mata por hambre, pero ese crimen es un crimen, aunque se cometa como si fuera la cosa más normal del mundo. «El pan de los pobres es su vida. Quien se lo quita, es un asesino», dice la Biblia (Eclesiástico, 34) y el teólogo Leonardo Boff comprueba que, en nuestros días, el mercado está celebrando más sacrificios humanos que los aztecas en el Templo Mayor o los cananeos al pie de la estatua de Moloch.

La mano comercial del orden globalitario roba lo que su mano financiera presta. Dime cuánto vendes y te diré cuánto vales: las exportaciones latinoamericanas no llegan al cinco por ciento de las exportaciones mundiales, y las africanas suman el dos por ciento. Cada vez cuesta más lo que el sur compra, y cada vez vale menos lo que vende. Para comprar, los gobiernos se endeudan más y más, y para cumplir con la usura de los préstamos, venden las joyas de la abuela y a la abuela también.

A las órdenes del mercado, el estado se privatiza. ¿No habría que desprivatizarlo, más bien, estando como está el estado en manos de la banquería internacional y de los políticos nacionales que lo desprestigian para después venderlo, impunemente, a precio de ganga? El tráfico de favores, el canje de empleos por votos, ha hinchado de parásitos a los estados latinoamericanos. Una insoportable burrocracia ejerce el proxenetismo, en el sentido original del término: hace dos mil años, la palabra proxeneta designaba a quienes resolvían los trámites burocráticos a cambio de propinas. La ineficacia y la corrupción hacen posible que las privatizaciones se realicen con el visto bueno o la indiferencia de la opinión pública mayoritaria.

Los países se desnacionalizan a ritmo de vértigo, con excepción de Cuba y también de Uruguay, donde un plebiscito popular rechazó la enajenación de las empresas públicas, con un 72 por ciento de los votos a fines de 1992. Los presidentes viajan por el mundo, convertidos en vendedores ambulantes: venden lo que no es suyo, y esa actividad delictiva bien merecía una denuncia policial, si la policía fuera digna de confianza. «Mi país es un producto, yo ofrezco un producto que se llama Perú», ha proclamado, en más de una ocasión, el presidente Alberto Fujimori.

Se privatizan las ganancias, se socializan las pérdidas. En 1990, el presidente Carlos Menem mandó al muere a Aerolíneas Argentinas. Esta empresa pública, que daba ganancias, fue vendida, o más bien regalada, a otra empresa pública, la española Iberia, que era un ejemplo universal de mala administración. Las rutas, internacionales y nacionales, se cedieron por quince veces menos de su valor, y dos aviones Boeing 707, que estaban vivos y volando y tenían para rato, fueron comprados al módico precio de un dólar con cincuenta y cuatro centavos cada uno.

En su edición del 31 de enero del 98, el diario uruguayo El Observador felicitó al gobierno de Brasil por su decisión de vender la empresa telefónica nacional, Telebras. El aplauso al presidente Fernando Henrique Cardoso, «por sacarse de encima empresas y servicios que se han convertido en una carga para las arcas estatales y los consumidores», se publicó en la página 2. En la página 16, el mismo diario, el mismo día, informó que Telebras, la empresa más rentable de Brasil, generó el año pasado ganancias líquidas por 3.900 millones de dólares, un récord en la historia del país.

El gobierno brasileño movilizó un ejército de seicientos setenta abogados para hacer frente al bombardeo de demandas contra la privatización de Telebras; y justificó su programa de desnacionalizaciones por la necesidad de dar al mundo señales de que somos un país abierto. El escritor Luiz Fernando Verissimo opinó que esas señales «son algo así como aquellos sombreros puntiagudos que en la Edad Media identificaban a los bobos de la aldea».

 

El poder del casino

Dicen que la astrología fue inventada para dar la impresión de que la economía es una ciencia exacta. Nunca los economistas sabrán mañana por qué sus previsiones de ayer no se han cumplido hoy. Ellos no tienen la culpa. Se han quedado sin asunto, la verdad sea dicha, desde que la economía real dejó de existir y dejó paso a la economía virtual. Ahora mandan las finanzas, y el frenesí de la especulación financiera es, más bien, tema de psiquiatras.

Los banqueros Rotschild se enteraron por palomas mensajeras de la derrota de Napoleón en Waterloo, pero ahora las noticias corren más veloces que la luz, y con ellas viaja el dinero en las pantallas de las computadoras. Un anillo digno de Saturno gira, enloquecido, alrededor de la tierra: está formado por los 2.000.000.000.000 de dólares que cada día mueven los mercados de las finanzas mundiales. De todos esos muchos ceros, que marea mirarlos, sólo una ínfima parte corresponde a transacciones comerciales o a inversiones productivas. En 1997, de cada cien dólares negociados en divisas, apenas dos dólares y medio tuvieron algo que ver con el intercambio de bienes y servicios. En ese año, en vísperas del huracán que barrió las Bolsas de Asia y del mundo, el gobierno de Malasia propuso una medida de sentido común: la prohibición del tráfico de divisas no comerciales. La iniciativa no fue escuchada. El griterío de las Bolsas mete mucho ruido, y sus beneficiarios dejan sordo a cualquiera. Por poner un ejemplo, en 1995, sólo tres de las diez mayores fortunas de Japón estaban ligadas a la economía real. Los otros siete multimillonarios eran grandes especuladores.

Diez años antes de la crisis actual, el mercado financiero había sufrido otro colapso. Distinguidos economistas de la Casa Blanca, del Congreso de los Estados Unidos y de las Bolsas de Nueva York y de Chicago intentaron explicar lo que había ocurrido. La palabra especulación no fue mencionada en ninguno de esos análisis. Los deportes populares merecen respeto: cuatro de cada diez norteamericanos participan de alguna manera en el mercado de valores. Las bombas inteligentes, smart bombs, eran las que mataban iraquíes en la guerra del Golfo sin que nadie se enterara, salvo los muertos; y el smart money es el que puede rendir ganancias del cuarenta por ciento, sin que se sepa cómo. Wall Street se llama así, Calle del Muro, por el muro alzado hace siglos para que no se fugaran los negros esclavos: Wall Street es actualmente el centro de la gran timba electrónica universal, y la humanidad entera está prisionera de las decisiones que allí se toman. La economía virtual traslada capitales, derriba precios, despluma incautos, arruina países y, en un santiamén, fabrica millonarios y mendigos.

En plena obsesión mundial de la inseguridad, la realidad enseña que los delitos del capital financiero son mucho más temibles que los delitos que aparecen en las páginas policiales de los diarios. Mark Mobius, que especula por cuenta de miles de inversores, explicaba a principios del 98, a la revista alemana Der Spiegel: Mis clientes se burlan de los criterios éticos. Ellos quieren que multipliquemos sus ganancias. Durante la crisis del 87, otra frase lo había hecho famoso: «Hay que comprar cuando por las calles corre la sangre, aunque la sangre sea mía». George Soros, el especulador más exitoso del mundo, que amasó fortuna derribando sucesivamente a la libra esterlina, la lira y el rublo, sabe de qué está hablando cuando comprueba: «El principal enemigo de la sociedad abierta, creo, ya no es el comunismo, sino la amenaza capitalista».

El doctor Frankenstein del capitalismo ha generado un monstruo que camina por su cuenta, y no hay quien lo pare. Es una suerte de estado por encima de los estados, un poder invisible que a todos gobierna, aunque ha sido elegido por nadie. En este mundo hay demasiada miseria, pero hay también demasiado dinero, y la riqueza no sabe qué hacer consigo misma. En otros tiempos, el capital financiero ampliaba, por la vía del crédito, los mercados de consumo. Estaba al servicio del sistema productivo, que para ser necesita crecer: actualmente, en plena desmesura, el capital financiero ha puesto al sistema productivo a su servicio, y con él juega el gato con el ratón.

Cada derrumbe de las Bolsas es una catástrofe para los inversores modestos, que se han creído el cuento de la lotería financiera, y es también una catástrofe para los barrios más pobres de la aldea global, que sufren las consecuencias sin comerla ni beberla: de un manotazo, cada crisis les vacía el plato y les evapora los empleos. Pero rara vez las crisis bursátiles hieren de muerte a los sacrificados millonarios que día tras día, curvada la espalda sobre la computadora, las manos callosas en el teclado, redistribuyen la riqueza del mundo decidiendo el destino del dinero, el nivel de las tasas de interés y el valor de los brazos, de las cosas y de las monedas. Ellos son los únicos trabajadores que pueden desmentir a la mano anónima que alguna vez escribió, en un muro de Montevideo: Al que trabaja, no le queda tiempo para hacer dinero.

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(*) Galeano, Eduardo. Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Se ha tomado algunos apartados de la sección: Trabajos prácticos: cómo triunfar en la vida y ganar amigos. El título ha sido colocado por Creación Heroica.


CREACIÓN HEROICA