Coyuntura Económica y Reclamo Burgués
César Risso
LA DISMINUCIÓN de la cotización
internacional del cobre, explicado por dos causas, por la intelectualidad
burguesa, se debe a “los mayores inventarios globales” y a la apreciación del
dólar.
El
aumento de los inventarios de cobre a nivel mundial, podría estar indicando el
aumento de la producción de cobre, o la disminución del uso del cobre como
consecuencia de la reducción de la producción.
El
segundo motivo, la apreciación del dólar, significa que hay una escasez
relativa de dólares, lo cual provoca que al tener mayor “valor” el dólar,
entonces, comparativamente, todas las demás mercancías se expresan en una menor
cantidad de dólares, o en otras palabras, que por la misma cantidad de mercancías
se pagan menos dólares.
La
apreciación del dólar, encarece las mercancías norteamericanas expresadas en
monedas nacionales de los países con los que comercializa, aumentando el
déficit en la balanza comercial de los Estados Unidos de Norteamérica.
En
el Perú, la apreciación del dólar, con su contrapartida, la depreciación del
sol, causaría el aumento del precio de las mercancías importadas, lo cual
tendría un impacto en el costo tanto de las mercancías producidas internamente
con insumos importados, como de aquellas mercancías que se adquieren por las
empresas comerciales para la venta a los consumidores finales.
Quienes
se verían beneficiados en nuestro país serían las empresas exportadoras, que al
recibir dólares con mayor “valor”, al cambio obtendrían más soles.
Se
tiene, de un lado, la disminución de la demanda de minerales a nivel mundial,
por lo cual disminuye su precio, y de otro lado, la apreciación del dólar, lo
que perjudica a las empresas norteamericanas, pues encarece sus mercancías, con
lo cual se reduce la demanda internacional de sus productos.
El
aumento del costo de producción en nuestro país, como consecuencia del aumento
del tipo de cambio, afecta la producción para consumo interno, lo cual conduce
a la reducción de la producción.
Esta
situación se refleja en la corrección a la baja del crecimiento del PBI en el
Perú.
“El Banco Mundial redujo su proyección de crecimiento
económico del Perú para el 2018 en su último informe semestral de
perspectivas económicas difundido este martes. Según el documento, el producto
bruto interno (PBI) del país registrará una expansión de 3,5% este año, una
tasa menor en tres décimas en comparación con su anterior estimación que dio a
conocer en enero.”
“La nueva previsión de la entidad está en línea con el
recorte que el FMI realizó en abril, cuando informó que redujo de 4% a 3,7% su
proyección de crecimiento del PBI peruano para el 2018. También, en dicho mes,
el MEF ajustó su proyección a 3,6% desde un 4%.” (https://elcomercio.pe/economia/banco-mundial-redujo-estimacion-crecimiento-peru-noticia-525541)
Estas son las proyecciones que encajan
en la coyuntura económica que estamos describiendo.
Sin
embargo, las proyecciones para este año son de crecimiento. Este puede ser
mayor o menor, dependiendo de la situación internacional, pues dependemos de
las divisas y de la demanda de países como China de nuestra producción minera.
Así que, en gran parte, nuestro crecimiento no depende de las políticas
internas.
Lo
que sí depende de las políticas internas es la situación de los trabajadores.
La explotación capitalista en el Perú ha conducido a una situación cada vez más
precaria de los trabajadores y sus familias.
Una
de las características de la economía peruana es la informalidad. Esta, según
los apologistas del capitalismo, se debe a la baja productividad de los
trabajadores, y a la rigidez del mercado laboral peruano, que puede entenderse
como el “exceso” de normas que protegen a los trabajadores. Es decir, la
burguesía quiere explotar más a los trabajadores, exigiendo la eliminación de
los derechos laborales; mientras que los trabajadores exigen mejoras en las
condiciones de trabajo, pues la explotación es cada vez mayor.
Del
total de la población económicamente activa ocupada (PEAO), que es de 16
millones 510 mil 984 trabajadores, el 72,6% (11’978.142 trabajadores) son
informales, entre quienes se encuentran los trabajadores familiares no
remunerados. Estos no tienen ningún derecho laboral, ni seguro, ni ingresos,
etc.
Esto
no depende de la coyuntura económica, de la volatilidad de los precios de la
materia prima, ni de la demanda alta o baja de nuestras mercancías, de los
países imperialistas.
Si
consideramos la situación de la informalidad por regiones, la situación es
dramática:
“En términos de participación respecto a la PEAO, Lima
(58,5%) es la única región con un porcentaje de informalidad menor del 60%. Se
ha determinado que en 11 regiones la tasa de informalidad fluctúa entre 60% y
80%. En 12 regiones dicho ratio supera el 80%, incluso alcanzando niveles
dramáticos en Cajamarca (90,1%) y Huancavelica (91,3%).” (https://www.camaralima.org.pe/RepositorioAPS/0/0/par/EDICION829/Edicion_829.pdf)
La situación de pobreza que se vive en
nuestro país es conocida, con el añadido de que esta ha aumentado en 1%
(alrededor de 300.000 trabajadores).
Si
por cuestiones de coyuntura internacional, vemos que la proyección de nuestra
economía es la de un crecimiento moderado, lo cual es optimista por las razones
expuestas, y la situación estructural es de una cada vez mayor precariedad en
la situación de los trabajadores, no puede ser posible que la burguesía exija
relajar las normas que protegen al trabajador.
Sin
embargo, a pesar de la situación, la burguesía reclama constantemente eliminar
una serie de beneficios y derechos laborales, además de haber promovido leyes
que afectan los derechos laborales de los jóvenes.
Para
la burguesía su bienestar está por encima del bienestar de los trabajadores. Por
eso promueve normas que la beneficien como clase, pero que a la vez perjudiquen
al objeto de su explotación.
Los
proyectos mineros en cartera, que suman alrededor de US$ 58.500 millones,
tendrán un impacto menor en la economía peruana en su conjunto; pero
beneficiarán considerablemente a los inversores extranjeros que los ejecuten;
perjudicando la economía de las comunidades campesinas y nativas, y la de los
pequeños agricultores, como consecuencia de la contaminación ambiental, y sobre
todo del uso del agua.
La
inversión privada es fundamental para salir de la pobreza nos dice la
burguesía. Pero ya sabemos que esta inversión, en el régimen burgués, significa
la explotación de los trabajadores, y la sustracción de recursos para los
pequeños productores, tanto colectivos como privados. Además de la corrupción,
la exoneración del pago de impuestos a las transnacionales que operan en
nuestro país, y de una serie de beneficios, cuyo origen y destino son bien
conocidos.
La coyuntura económica siempre será un
pretexto, entre otros, para que la burguesía justifique sus políticas
entreguistas y de opresión a los trabajadores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.