Nota:
Publicamos a continuación un extracto del Capítulo I del libro inédito Contra el liquidacionismo. Llevar hasta el fin la reconstitución del partido de Mariátegui. Este extracto se suma a los varios trabajos del autor sobre el problema de la verdad universal y, como cada uno de ellos, el que publicamos ahora es, igualmente, una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui en el plano de su base de unidad ideológica.
01.09.2026.
Comité de Redacción.
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui
de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
La Creación Heroica de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha
(Extracto. Segunda Parte)
E. I.
En el plano teórico y político, dicho antileninismo se expresa en la negación de la concepción de Lenin de nuestra época, de su táctica respecto al oportunismo, de su tesis según la cual la revolución no es posible por la vía de las instituciones burguesas, de su teoría del partido de clase, etcétera, etcétera.(22)
Fernández dice:
Mientras estuvo con vida Lenin ¿alguna vez alentó o permitió o influyó para que alguno de sus camaradas de partido hablase de ‘leninismo’? ¿Hay alguna mención a ese término hasta 1,924? (…) Lenin sabía perfectamente de la trascendencia y magnitud de su legado teórico derivado de su praxis revolucionaria, pero también sabía perfectamente que toda su producción, en relación a la ciencia viva del MARXISMO a la que él estaba adscrito, era para alimentarlo, enriquecerlo, vivificarlo, restaurarlo del modo más enérgico. Y sabía también que eso mismo habían hecho o hacían contemporáneos suyos como los Plejanov y Kautsky antes de su desbarrancada, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Clara Zetkin o el propio Antonio Gramsci. Esa y no otra era la concepción que él tuvo del marxismo. (Negritas y mayúsculas en el original).
Como se ve, nuestro personaje entiende la alimentación, el enriquecimiento, la vivificación del marxismo, solo como restauración de sus principios, y nada más. Es decir que, aquí, más claro que en ninguna otra parte, se constata que todo su discurso sobre el leninismo como desarrollo del marxismo es pura tapadera en la medida en que concibe este desarrollo como simple restauración, y no como el desarrollo de nuevas teorías, no, por lo tanto, como prosecución y superación de Marx, según señaló Mariátegui.
Pero hay más. En las primeras frases de la cita, nuestro liquidador dice que Lenin no permitió el término leninismo, (omitiendo que, salvo los adversarios del bolchevismo, a lo largo de la vida política de Lenin ningún bolchevique intentó el uso oficial de dicho término), y de esta forma pretende descalificar su uso después de 1924. Es así como Fernández se muestra adversario del término leninismo, o, más exactamente, del concepto que encierra.
Lenin fue consciente de su aporte al tesoro universal del marxismo. Por eso, si por modestia intelectual y política no utilizó el término leninismo, en cambio utilizó el término bolchevismo. Así, por ejemplo, en el libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky, dejó sentados los siguientes juicios:
el bolchevismo… se ha hecho mundial, ha dado una idea, una teoría, un programa y una táctica que se diferencian concreta y prácticamente del socialchovinismo y del socialpacifismo. El bolchevismo ha rematado a la vieja Internacional podrida de los Scheidemann y los Kautsky… que ahora se atropellarán unos a otros, soñando con la “unidad” y resucitado un cadáver. El bolchevismo ha creado la base ideológica y táctica de la III Internacional, verdaderamente proletaria y comunista, que tiene en cuenta tanto las conquistas del tiempo de paz como la experiencia de la era de revoluciones que ha comenzado. (…) El bolchevismo ha favorecido realmente el desarrollo de la revolución proletaria en Europa y en América como ningún otro partido en ningún otro país lo había hecho hasta ahora… el bolchevismo ha señalado el único camino seguro para salvarse de los horrores de la guerra y del imperialismo, que el bolchevismo sirve de modelo de táctica para todos. (…) incluso si mañana el Poder soviético ruso fuera aplastado por el imperialismo mundial… incluso en este caso, el peor de los peores, la táctica bolchevique habría prestado un servicio extraordinario al socialismo y habría apoyado el desarrollo de la invencible revolución mundial. (Contra el revisionismo, recopilación, pp. 453 y 454; cursivas en el original).
A buen entendedor, pocas palabras: Lenin era consciente de que su aporte al marxismo consistía en nuevos elementos teóricos, en nuevas tesis, en nuevas conclusiones. Presentar el hecho de que tales aportes no fueron conocidos como leninismo en tiempos de Lenin a fin de descalificar este término, equivale a negar el término marxismo porque Marx descalificó el mismo señalando que él no era marxista. En el fondo, la alusión de Fernández al no uso del término leninismo en vida de Lenin es un enfoque evasivo del problema, un intento de desenfocar sus verdaderos términos. Los verdaderos términos del problema son si Lenin desarrolló o no el marxismo con nuevas teorías en relación a lo aportado por Max y Engels al tesorero universal del marxismo. Y es un hecho cien veces demostrado que Lenin desarrolló el marxismo. La respuesta del propio Lenin a esta cuestión es, como se ha visto, que el bolchevismo dio una teoría, un programa y una táctica al proletariado internacional en la era de revoluciones que había comenzado con el surgimiento del imperialismo, y que, por eso, se hizo mundial, y que, por eso, sirve de modelo de táctica para todos. El bolchevismo, es decir, el leninismo.
Por eso, Stalin señaló con toda razón:
El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. (Los fundamentos del leninismo, p. 3; cursivas nuestras).
Tal como se ha demostrado arriba, Fernández sostiene la barbaridad de que Lenin solo restauró los principios del marxismo, y que, por eso, su pensamiento está «contenido y abarcado en el marxismo». Es decir, que el leninismo no es algo nuevo en el tesoro universal del marxismo. Pero, como hemos visto, Stalin planteó correctamente que la base de la concepción del mundo de Lenin es el marxismo, y que el leninismo es lo aportado por Lenin al tesoro universal del marxismo.
Por su parte, Mariátegui planteó, correctamente también, que Lenin prosiguió los principios de Marx, pero que, al mismo tiempo, lo superó.
No existe, pues, diferencia entre el marxismo y el leninismo en cuanto a concepción del mundo se refiere, pero, en la medida en que Lenin aportó nuevas teorías al marxismo, entonces el leninismo es un desarrollo del marxismo de valor universal, es decir, algo «nuevo» (Stalin) en el marco de la teoría general del marxismo, una superación de Marx en este mismo marco.
Lenin señaló:
Cada cual tiene perfecto derecho a abordar los problemas como quiera. Pero hay que distinguir el modo serio y honrado de hacerlo, del que no es honrado. (La revolución proletaria y el renegado Kautsky, ibídem, p. 395).
Como se ha podido ver, el modo de Fernández de abordar el problema del leninismo no es ni serio ni honrado.
Pues bien, como es de conocimiento general, Ramón García pretende hacer potable su abjuración del marxismo-leninismo falsificando la identidad ideológica de Mariátegui y del PSP.
Esta doble falsificación ha sido desenmascarada en varios textos (ver nuestros libros El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui y El desarrollo de la teoría del proletariado y nuestro artículo El pez por la boca muere), por lo que en las presentes líneas nos limitaremos a señalar algunas nuevas ideas sobre el tema.
Como se sabe, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP, y nunca será bastante señalar que de ese modo puso en claro su personal filiación ideológica. Pretender que esto no fue así con el argumento de que Mariátegui se definió «marxista convicto y confeso», es vender la imagen de un Mariátegui incoherente: marxista a secas como ciudadano, y marxista-leninista como militante y Secretario General del PSP. Esta incoherencia es sugerida por la necia falsificación de la identidad doctrinal del maestro que García, Aragón y demás liquidadores pretenden venderle a la izquierda peruana.
Todo marxista informado sabe que, en su afán por descalificar el concepto de dictadura del proletariado, el renegado Kautsky sostuvo que dicho término se encuentra una sola vez en la obra de Marx, y que, por eso, era una «palabreja». Este tipo de argumento estadístico de Kautsky constituye, por cierto, un «enfoque evasivo» (Lenin) del problema. En efecto, la cuestión de la dictadura del proletariado no se presenta como el problema de cuántas veces se encuentra este término en la literatura marxista, sino si el mismo encierra un concepto correcto o no.
Por eso, en su crítica a Kautsky en punto al tema, Lenin no puso el acento en las veces que Marx utilizó el mencionado término, sino en demostrar la verdad del concepto que encierra. Como es de conocimiento común, aplicando el método estadístico de Kautsky, su «enfoque evasivo», García escribió en el artículo El partido de Mariátegui lo que sigue: «Este término [el término marxismo-leninismo] se encuentra dos veces en la obra de JCM», y, de esta forma, quiso decir que el mencionado término es una palabreja.(23)
Pues bien, exactamente como en el caso del término dictadura del proletariado, en el del término marxismo-leninismo el problema tampoco es cuántas veces lo utilizó Mariátegui, sino si encierra un concepto verdadero o no.
Por eso, en nuestra crítica a su negación por parte de García, no hemos puesto el acento en las veces en que se encuentra en la literatura mariateguiana,(24) sino en demostrar su legitimidad como denominación de la verdad universal del proletariado y en la defensa de la filiación marxista-leninista del PSP y del propio Mariátegui.
Los oportunistas de todos los tiempos no solo se adulan recíprocamente, sino que, al mismo tiempo, se prestan sus métodos criollos, sus equívocos procedimientos en su lucha contra el marxismo y los marxistas.
Por eso, no tiene por qué extrañar que García haya copiado el argumento estadístico de Kautsky a fin de renegar el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP. Tampoco tiene por qué extrañar que, a su vez, Aragón y los demás liquidadores copien servilmente a García, y que, por esta vía, no hayan hecho otra cosa que copiar al renegado Kautsky.
Pero hay más: la negación del leninismo no es nada nuevo, y, como lo hemos anotado en otro lugar, todo lo que hace García es ir tras los talones de quienes, en el Perú y en el mundo, desde hace décadas reniegan el leninismo. En el mundo, como lo hizo, por ejemplo, el mal llamado «eurocomunismo». En el Perú, como lo hicieron, seis o siete años antes que García, algunos teóricos del PUM, quienes, precisamente, aducían que Mariátegui utilizó muy pocas veces el término leninismo, es decir, el término marxismo-leninismo.(25) O sea que, exactamente como en relación a otras cuestiones, en este caso García no tiene tampoco el mérito de la originalidad.
Notas
[22] En
el artículo Las cinco caídas de yo el
supremo, García sostuvo: «es necesario precisar términos como… período,
etapa, estadio… pues tienen connotación
diferente» (elipsis y cursivas nuestras). Apelando, pues, a la connotación
de los mencionados términos fuera del contexto verbal donde se encuentran,
nuestro liquidador escamotea la
connotación unívoca con que Mariátegui utilizó los mismos en Principios programáticos del Partido Socialista, donde, sin
excepción, aparecen designando la época del imperialismo y de la revolución
proletaria. Pero, embaucador como es, García insinúa que, con el término estadio el maestro dijo una cosa
distinta a lo que dijo con los términos período
y etapa, y, con base en esta grosera
tergiversación, reniega el contenido de nuestra época, a más de insinuar que
Mariátegui era un tonto. Tonto es quien no es capaz de darse cuenta de la
cínica tergiversación, con la cual, de otro lado, García ha puesto en
evidencia, una vez más, su oportunismo y su catadura moral. Como es sabido, nuestro personaje
pretende «una organización de proyección nacional» con el concurso de toda clase de
revisionismo (lo cual no extraña, pues él mismo mantiene una posición
revisionista). Es conocido también el planteamiento de García de reestructurar
el Estado burgués en sus bases municipales como supuesto camino al socialismo,
con lo cual contraría el leninismo. En ¿Qué
hacer? y otros escritos, Lenin fundamentó el partido de clase como la
materialización de la doctrina, pero García reniega esta verdad y, aún más,
pretende liquidar el partido de clase en nuestro medio (con su marxismo antileninista ya lo liquidó en el marco
de su grupo).
[23] Quien ha
utilizado esta palabra ha sido Aragón, pero es indudable que solo porque García
ya la había insinuado con su «sólo dos veces», y, además, porque con
anterioridad había utilizado otra peor: en su huachafo artículo Las cinco caídas de yo el supremo, calificó el término marxismo-leninismo de
«carroña». De esto se puede dar cuenta cualquier persona que sepa leer.
[24] Aunque para
solo precisar, hemos demostrado en otro lugar que no fueron dos sino tres veces
que Mariátegui utilizó dicho término, lo que puso en evidencia que García ni
siquiera contó bien, o que contó bien y solo para hacer más convincente su
argumento estadístico (aunque solo en el marco de su grupo), falsificó la
verdad cuantitativa a favor de un número menor. En este contexto, lo que tiene
especial relevancia es que una de esas tres veces fue precisamente en un
documento de tan grande importancia como es Principios
programáticos del Partido Socialista. Este hecho demuestra que el
menosprecio de García por el término marxismo-leninismo es, de hecho,
menosprecio por la propuesta programática de Mariátegui. El temperamento
criollo de García y su monumental deshonestidad intelectual y política se
revelan precisamente –y tal vez más que en ninguna otra cosa– en no sostener su
negación del leninismo a nombre propio, es decir, en endosarles a Mariátegui y
al PSP dicha negación a efecto de servirse de ellos como coartada para engañar
y manipular a cuanto incauto pueda haber en el movimiento de masas.
[25] En efecto, en
el ya mencionado folleto Mariátegui y
el seudo mariateguismo actual,
algunas afirmaciones de su autor dan testimonio probatorio de nuestro aserto
(ver pp. 5, 7 y 12).
Nota:
Publicamos a
continuación un extracto de un capítulo del libro El Pez Fuera del Agua. Crítica al Ultraizquierdismo gonzaliano.
Como es evidente, en el extracto hay una contribución al esclarecimiento de la
cuestión de la verdad universal del proletariado y, por tanto, a la
reconstitución del partido de Mariátegui en el plano ideológico.
01.09.2026.
Comité de Redacción.
¡Defender
el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función
de la Realidad Actual!
Sendero y el Movimiento Comunista Internacional
(Extracto)
E. I.
En el comunicado conjunto A los marxista-leninistas, a los obreros y a los oprimidos de todos los países, se puede leer en relación al aporte de Mao al marxismo:
Mao Tse-tung ha desarrollado el marxismo-leninismo en los terrenos de la revolución democrática antimperialista que llevan al socialismo; de la guerra popular y de la estrategia militar en general; de la filosofía, en la cual hizo importantes contribuciones al análisis de las contradicciones –esencia de la dialéctica– y sobre la teoría del conocimiento, sus lazos con la práctica y con la línea de masas; también aportó en el terreno de la revolucionarización de la superestructura y de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado y en la lucha contra el revisionismo en los terrenos teórico y práctico... La dirección teórica y práctica de Mao constituye un desarrollo cuantitativo y cualitativo del marxismo-leninismo en numerosos frentes, y la concentración teórica de la experiencia histórica de la revolución proletaria en estas últimas décadas. Vivimos en la época del leninismo, esto es, la del imperialismo y la revolución proletaria. Al mismo tiempo afirmamos que la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo.”
Como ha sido puesto en evidencia más arriba, Guzmán acusó a los autores del comunicado de no reconocer la “vigencia universal” del pensamiento de Mao y, además, de no reconocerlo como una “nueva etapa” del marxismo, pero, como acabamos de ver, tales autores sostienen explícitamente que “Mao Tse-tung ha desarrollado el marxismo-leninismo” y que “la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”. Por lo tanto, la acusación de Guzmán es completamente falsa.
Ahora bien, esa acusación contra los partidos y
organizaciones firmantes del comunicado conjunto pone en evidencia el método
polémico de Guzmán o, para decirlo francamente, su método criollo.
III
Por otro lado, hay que señalar que los firmantes del comunicado reconocían el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, pero, equivocadamente, agregaban enseguida que “la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”. Esto, sin duda alguna, es una contradicción, pues si “vivimos en la época del leninismo”, ¿cómo puede ser correcto afirmar, al mismo tiempo, que el pensamiento de Mao es “una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”? La frase “vivimos en la época del leninismo” se explica por la definición del leninismo como el marxismo de nuestra época; en consecuencia, teniendo en cuenta el desarrollo del marxismo, la frase es legítima. Por otro lado, el concepto de “nueva etapa” aplicado al pensamiento de Mao supone que el leninismo no es una época en el desarrollo de la doctrina del proletariado sino una etapa, y de esto se desprende que no vivimos en la época del leninismo. Pero no solo el leninismo, sino tampoco el marxismo sería una época sino una etapa. ¿Dónde queda, pues, la cuestión de la época, sustentada por Stalin en Los fundamentos del leninismo y subrayada por Mao en su polémica con Lin Biao? ¿Dónde queda aquello de que la nueva época histórica determinó una nueva época en el desarrollo de la doctrina proletaria? Es, pues, de todo punto una contradicción flagrante la posición mantenida en el comunicado conjunto de otoño de 1980, y esta contradicción se revela en la frase “Al mismo tiempo afirmamos”, pues no es posible sostener que “vivimos en la época del leninismo”, o sea que el leninismo es el marxismo de nuestra época y, al mismo tiempo, afirmar que el pensamiento de Mao es una “nueva etapa” en el desarrollo del marxismo-leninismo. Una de dos: o el leninismo es el marxismo de nuestra época y, por lo tanto, el pensamiento de Mao es una etapa del leninismo o, en su defecto, el pensamiento de Mao es una nueva etapa del marxismo-leninismo y, por lo tanto, el leninismo no es el marxismo de nuestra época. Ahora bien, cuatro años después, el MRI seguía sin resolver este problema. En efecto, en la Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista, adoptada en marzo de 1984 por la Segunda Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas, se puede leer lo que sigue: “Stalin dijo: ‘El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y la revolución proletaria’ (sic). Esto es completamente correcto. Desde la muerte de Lenin, la situación mundial ha pasado por muchos cambios. Pero, la época no ha cambiado. Los principios fundamentales del leninismo no han perdido vigencia, siguen formando la base teórica que guía nuestra concepción hoy. Afirmamos que el maoísmo es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo” (Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista y ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!).
El PC-SL sostuvo su adhesión al término “pensamiento Mao Tse-tung” hasta mayo de 1982, cuando en su II Conferencia Nacional “acordó que el marxismo-leninismo-maoísmo era la tercera etapa del marxismo” (Guerra popular en el Perú, t. I). Y el MRI adoptó formalmente esta misma denominación de la doctrina en 1993, lo que quedó en negro sobre blanco en el documento ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, documento en el cual no se habla ya del leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Era, pues, una de dos. Pero, en vez de resolver correctamente el problema, es decir, en lugar de comprender el pensamiento de Mao como una etapa del leninismo, el MRI cayó en el error de considerarlo una “tercera etapa” en el desarrollo del marxismo-leninismo. De este modo renunció al leninismo como el marxismo de nuestra época y, así, tenemos que, ahora, considera como incorrecto lo que hasta hace un tiempo consideraba como “completamente correcto”, pero sin sustentar esta nueva opinión en un solo argumento serio. Esto quiere decir que la discusión sobre Mao en el seno del MRI se resolvió favorablemente al erróneo planteamiento de Guzmán.
Por lo demás, en la literatura actual del MRI puede verse que esta organización ha asumido el planteamiento guzmaniano de la “vigencia general de la guerra popular” y, asimismo, que ha hecho suya la consigna senderista de “poner el maoísmo como mando y guía de la revolución mundial”.
En el documento Vueltas y revueltas en la lucha entre dos líneas, publicado en Un Mundo Que Ganar, nº 22, el MRI habla de las “contribuciones” de Guzmán “al desarrollo político e ideológico de nuestro movimiento”. Es seguro que el autor se refiere sobre todo a las tres cuestiones anotadas arriba.
Pero estas “contribuciones” no son tales. La definición del maoísmo como “nueva, tercera y superior etapa del marxismo” encierra la negación del leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, esto es completamente erróneo.
La teoría maoísta de la guerra popular prolongada es válida para los países donde el camino de la guerra revolucionaria es del campo a la ciudad, pero no para aquellos otros donde el camino es la insurrección urbana. Por lo tanto, es obvio que de tal teoría tienen valor universal únicamente sus principios más generales, por lo que hablar de “vigencia general de la guerra popular” o, lo que es lo mismo, generalizar en bloque la teoría de la guerra popular prolongada, es, prácticamente, una manera de negar la validez del camino insurreccional urbano, y, esto es completamente erróneo.
Finalmente, la consigna de “poner el maoísmo como mando y guía de la revolución mundial”, notoriamente absolutiza el maoísmo dejando por fuera el leninismo y el marxismo, y, esto es completamente erróneo.
De manera, pues, que, muy claramente, las llamadas contribuciones de Guzmán al “desarrollo político e ideológico” del MRI son más bien posiciones erróneas asimiladas por la organización internacional.
Malgrado estas asimilaciones, los partidos y organizaciones que conforman el MRI han mantenido una prudencial independencia con respecto a lo que desde hace más de veinte años la propaganda senderista publicita como “los aportes del Presidente Gonzalo al marxismo”, excepción hecha de la definición del maoísmo.
Pero, incluso así, cae por su peso la pregunta: ¿cómo fue posible que el MRI asumiera como correctas las erróneas posiciones guzmanianas señaladas arriba?
Es un hecho que Guzmán indujo a error al MRI. Pero el verdadero problema fue la permeabilidad del MRI a posiciones claramente erróneas.
IV
En el documento Bases de discusión, Guzmán sostuvo que “es aplicando y desarrollando la guerra popular que” su partido “avanzó más en la comprensión del maoísmo como tercera etapa del marxismo” (Guerra popular en el Perú, t. I).
Así, pues, Guzmán cree que la comprensión del lugar que le corresponde al pensamiento de Mao en el desarrollo histórico del marxismo depende en última instancia de participar en una guerra popular. De hecho, esta idea encierra la intención de utilizar una lucha armada como elemento dirimente en la controversia sobre el pensamiento de Mao. Pero ocurre que esta controversia es un problema teórico y, por lo tanto, su resolución depende del análisis. Esta es una verdad elemental.
Como diría alguien, quienes creen que la solución del problema de Mao depende en última instancia de participar en una guerra popular, tergiversan groseramente el principio de que la práctica es el criterio de la verdad y, de este modo, demuestran un reconocimiento tácito de su incapacidad para resolver teóricamente los problemas del marxismo. De hecho, recurren a la práctica como a un refugio.
Por su parte, el MRI afirma:
La adopción del maoísmo por el MRI, expresada en ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, reflejaba una comprensión superior y más unificada de nuestra ideología que la que el movimiento mundial había podido lograr hasta entonces. Se mostró en la práctica la importancia de esa comprensión superior cuando los camaradas del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) <PCN (M)>, cuya formación estuvo íntimamente ligada a los avances del movimiento comunista internacional y del MRI, inició una guerra popular en 1996 que ya tiene al país en llamas con la revolución. (Un Mundo Que Ganar, nº 30).
Así, pues, el MRI sostiene que existe una “comprensión superior” de Mao (que se expresa en la adhesión al término maoísmo), y, por lo tanto, sugiere que hay también una “comprensión inferior” de Mao (que se expresa en la adhesión al término “pensamiento Mao Tsetung”). Además, insinúa que la adhesión al término maoísmo es prueba de revolucionarismo y que la adhesión al término “pensamiento Mao Tsetung” es prueba de oportunismo.
Pero sucede que, por una parte, la comprensión correcta del pensamiento de Mao consiste en reconocer su condición de etapa del marxismo de nuestra época y, por otra, ocurre que el PC-SL, por ejemplo, inició su lucha armada cuando adhería al término “pensamiento Mao Tsetung” y, ahora, cuando adhiere al término maoísmo, ha claudicado con respecto a sus propias premisas.
Esta constatación significa que el oportunismo puede ocultarse detrás de la adhesión a cualquiera de los dos términos y, en general, detrás de la adhesión a cualquier denominación de la doctrina del proletariado. ¿Acaso detrás de la adhesión al marxismo no se ocultó un tiempo el revisionismo de la Segunda Internacional? ¿Acaso detrás de la adhesión al marxismo-leninismo no se ocultó un tiempo el revisionismo contemporáneo? ¿Acaso detrás de la adhesión al “pensamiento Mao Tsetung” no se oculta ahora el oportunismo en más de un caso? ¿Acaso detrás de la adhesión al maoísmo no se oculta igualmente el oportunismo, también en más de un caso?
22.12.2004.
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