Nota:
Publicamos a continuación un extracto del Capítulo I
del libro inédito Contra el
liquidacionismo. Llevar hasta el fin la reconstitución del partido de
Mariátegui. Este extracto se suma a los varios trabajos del autor sobre el
problema de la verdad universal y, como ellos, es una contribución a la
reconstitución del partido de Mariátegui en lo que se refiere a su base de
unidad ideológica.
01.09.2026.
Comité de Redacción.
¡Defender el Pensamiento de
Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad
Actual!
La Creación Heroica de Mariátegui
y el Liquidacionismo de Derecha
(Extracto. Primera Parte)
E. I.
EN UN ARTÍCULO publicado en la red, Gustavo Fernández,
cobardemente oculto tras el seudónimo de Leyva, argumentó así la posición de
los liquidadores ante el marxismo-leninismo:
El marxismo antecede, abarca, supone el leninismo, el
bolchevismo, el gramscianismo, el mariateguismo, los aportes de Rosa
Luxemburgo, de los Plejanov y Kaustki antes de su desbarrancamiento como
oportunistas, de Mella y Guevara, del Palmiro Togliatti en la época del
fascismo y del George Sorel que leyó Mariátegui, de el (sic) Luckas de
"Historia y Conciencia de Clase" añada usted lector lo
necesario.
Como es notorio, Fernández hace un uso indebido de la
afirmación mariateguiana sobre la revolución latinoamericana. (14) Que el
marxismo antecede al leninismo, es
una verdad de Perogrullo, y blandirla no permite adelantar un solo paso en el
planteamiento y la resolución del problema del leninismo. Que el marxismo supone el leninismo tiene una
explicación que no es la que se sugiere en la cita. Veamos esto. En carta a
Sombart del 11 de marzo de 1895, Engels esclareció:
toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un
método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior
investigación y el método para dicha investigación. (Correspondencia Marx-Engels,
Y, en Anti-Dühring,
llamó la atención sobre la necesidad de “distinguir entre el método y los
resultados con él alcanzados.”(15) Es decir, sobre la necesidad de distinguir
entre la concepción (método) y la doctrina (teoría); entre el método marxista y
las conclusiones teóricas alcanzadas con su aplicación. Por eso, en Los fundamentos del leninismo, Stalin
distinguió entre la concepción marxista y los fundamentos del leninismo, y, en Entrevista con la primera delegación de
obreros norteamericanos, expuso esta distinción como una entre principios
(principios generales) y elementos (elementos teóricos). Por lo tanto, el
leninismo tiene por base los principios establecidos por Marx y Engels. Esto es
indiscutible. Por esta sencilla razón, en Cuestiones del leninismo, Stalin
señaló: “Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es,
naturalmente, el marxismo.”
Pero, en el plano del tesoro universal del marxismo,
el leninismo es algo nuevo en relación a la teoría proporcionada por Marx y
Engels. Esto también es indiscutible. Por eso, en el libro anteriormente
citado, Stalin sostuvo:
Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar
y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del
marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural.
Así, por ejemplo, la teoría leninista del imperialismo
no es precisamente una teoría que se encuentre en la obra de Marx y Engels, por
la sencilla razón de que Lenin aplicó el marxismo a las condiciones del
capitalismo monopolista que, por razones conocidas, los fundadores no
alcanzaron a analizar.
En general, Lenin aplicó a las condiciones de nuestra
época los puntos de partida y el método de Marx y Engels, y de esta forma
restauró los principios marxistas
abandonados por la Segunda Internacional, así como, al mismo tiempo, fecundó la teoría de los fundadores con
nuevos elementos, probando así que
“el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx. (Defensa del marxismo”, p. 126).(16)
Así, pues, del mismo modo como «no es posible separar
el leninismo del marxismo» (Stalin), tampoco es posible suponerlo existente en
el cuerpo teórico del marxismo entendido como el pensamiento de Marx y Engels.
El leninismo, desarrollo del marxismo, no existió sino hasta el momento en que
empezó a existir: fines del siglo XIX y principios del XX.
Lo que del marxismo hay en el leninismo es el método,
pero el leninismo es un cuerpo de nuevas conclusiones teóricas aportadas por
Lenin y otros teóricos marxistas (entre ellos, señaladamente Mao).(17)
También escribió Fernández:
Sin duda ni discusión alguna Lenin hizo un aporte
valiosísimo al aplicar el método marxista a la realidad de la Rusia a
principios del siglo XX. José Carlos Mariátegui aplicó esa misma ciencia, ese
mismo instrumental… al conocimiento e interpretación de nuestra realidad
peruana (…) Lo mismo que decimos de Lenin y de Mariátegui en relación al
marxismo podemos decirlo de otras figuras señeras que han contribuido a
enriquecerlo. (…) Lo que nos legó V.I. Lenin fue pues su vastísima experiencia
revolucionaria producto de la aplicación
del método marxista a la realidad concreta y específica de la Rusia… Así “hizo marxismo”. (Cursivas y
subrayados en el original).
Estas afirmaciones constituyen una apreciación
demasiado gruesa y notoriamente superficial, pues, por un lado, no distinguen
entre el desarrollo del marxismo plasmado por Lenin y el concretado por otros
teóricos del proletariado, y, por el otro, reducen el leninismo a la condición
de aplicación del marxismo a las condiciones rusas. El leninismo es un
desarrollo de valor universal del marxismo y, por eso, lleva el sello de
nuestra época en el sentido más pleno del término (expresa amplia y
profundamente su contenido fundamental y sus tendencias fundamentales, así como
el contenido fundamental y las tendencias fundamentales de la revolución
proletaria y de la dictadura del proletariado). En efecto, Lenin desarrolló la
teoría del imperialismo; la teoría de la revolución proletaria y de la
dictadura del proletariado; la estrategia y la táctica de la revolución; la
teoría del partido proletario; la teoría de la cuestión nacional y colonial; la
teoría de la hegemonía del proletariado; la fundamentación teórica del
materialismo dialéctico y el materialismo histórico, etcétera, etcétera. Obras
de valor universal como ¿Qué Hacer?, Un
paso adelante, dos pasos atrás, Dos
tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, Materialismo y empiriocriticismo, Cuadernos
filosóficos, El estado y la revolución,
La bancarrota de la Segunda Internacional, El imperialismo, fase superior del
capitalismo, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, La enfermedad infantil del «izquierdismo» en
el comunismo, entre otras, prueban el
leninismo como el marxismo de nuestra época.
Así, pues, el peso específico del leninismo es
comparativamente mayor y más trascendente que el de cualquier otro teórico
marxista contemporáneo.(18) Esta conclusión no tiene por qué extrañar a nadie.
Analizando el aporte de Marx y el suyo propio en la creación de la nueva
concepción del mundo, Engels señaló:
la
parte más considerable de las principales ideas directrices, particularmente en el terreno económico e
histórico, y en especial su formulación nítida y definitiva, corresponden a
Marx. Lo que yo aporté –si se exceptúa, todo lo más, dos o tres ramas
especiales– pudo haberlo aportado también Marx aun sin mí. En cambio, yo no
hubiera conseguido jamás lo que Marx alcanzó. Marx tenía más talla, veía más
lejos, atalayaba más y con mayor rapidez que todos nosotros juntos. Marx era un
genio; nosotros, los demás, a lo sumo, hombres de talento. Sin él la teoría no
sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre. (Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía
clásica alemana, en Obras escogidas
en tres tomos, Editorial Progreso, 1980, t. III, p. 380, nota).
De esta forma, pues, el cofundador del marxismo
proporcionó la pauta para discernir los ulteriores aportes de los distintos
teóricos marxistas tanto a escala de cada país como a escala mundial. En el
Perú, por ejemplo, Mariátegui no es, por cierto, el único que ha aplicado el
marxismo a nuestra realidad, pero no cabe ninguna duda de que es quien, con más
amplitud, profundidad, coherencia y talento, ha contribuido a darle una forma
nacional, y, por eso, el camino de la revolución peruana es legítimamente conocido
como el Camino de Mariátegui. En el mundo, es un hecho que, sin la creación
heroica de Lenin, el marxismo de nuestra época no sería, ni con mucho, lo que es, y, por esta razón, dicho
marxismo lleva legítimamente su nombre.
Sin embargo, como se ha visto, Fernández nivela la
cualidad del leninismo a la de otros teóricos marxistas. Por otro lado, reduce
el leninismo a la condición de un fenómeno puramente ruso. Pero sucede que,
como se ha visto también, Lenin desarrolló el marxismo aplicándolo no solo a
Rusia, sino igualmente a las nuevas condiciones del capitalismo mundial y de la
lucha de clase del proletariado. Así, pues, debido a lo uno y lo otro, el
leninismo es el marxismo de nuestra época. No obstante, con su definición
unilateral, reduccionista, arbitraria, tendenciosa del leninismo, Fernández
niega esta verdad.
Compárese dicha definición con esta otra de Stalin:
El leninismo es el marxismo de la época del
imperialismo y de la revolución proletaria. Más exactamente: el leninismo es la
teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la
táctica de la dictadura del proletariado en particular. (Cuestiones del leninismo, p. 3).
Como se ve, esta definición pone de manifiesto las raíces históricas del leninismo, su carácter
internacional y su ligazón orgánica
con el marxismo. En cambio, con su definición, Fernández afirma equívocamente la ligazón del leninismo
con el marxismo, niega tendenciosamente
sus raíces históricas y escamotea deliberadamente
su carácter universal. Puesto que el leninismo es un desarrollo de valor
universal del marxismo, es, pues, marxismo, pero
marxismo enriquecido, marxismo desarrollado, marxismo de nuestra época.
Fernández dice: “[Lenin] Aplicó esta herramienta [el
marxismo] para interpretar una nueva fase que se abría en el capitalismo.(19)
De hecho, la cita alude, formalmente, al valor
internacional del leninismo. Sin embargo, tal alusión se disuelve en la opinión
de que el leninismo solo tiene un valor particular relativo a Rusia. Como se
comprenderá, la definición del leninismo debe dar cuenta, necesariamente, de
los aportes de Lenin al marxismo y,
al mismo tiempo, del valor universal de
los mismos. Precisamente así ocurre en la definición de Stalin: por un lado, se
da cuenta allí de que «el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución
proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado
en particular» (aportes); por otro lado, se precisa que «El leninismo es el
marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria» (carácter
universal de los aportes de Lenin y sus raíces históricas). En cambio, en la
definición de Fernández, el desarrollo del marxismo plasmado por Lenin está referido
exclusivamente a Rusia, y, así, aquello de que Lenin aplicó el marxismo «para
interpretar una nueva fase que se abría en el capitalismo», no aparece
expresado en absoluto. De esta forma niega el carácter universal del leninismo.
Por eso su citada afirmación sobre la interpretación leninista del
imperialismo, se revela como pura tapadera. La afirmación de un seguidor de
Ramón García en el sentido de que «Lenin es para Rusia y Mao para China»,
expresa sin ambages la posición de los liquidadores frente al leninismo y al
pensamiento de Mao: el marxismo tiene, según ellos, únicamente diversos
desarrollos de valor particular. De esta forma tratan de justificar su
abjuración del leninismo (vale decir del marxismo-leninismo) y su exclusión de
la base de unidad de su grupo.
Mao señaló que el análisis del leninismo realizado por
Stalin «nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la
universalidad de la contradicción y su interconexión.» (Obras escogidas, t. I, ELE, Pekín, 1972, p. 352).
No obstante, como se ha visto, Fernández escamotea la
interconexión entre lo particular y lo universal en el leninismo.
En conclusión, nuestro liquidador reniega el carácter
universal del leninismo; por lo tanto, la necesidad de reconocerlo como una
nueva época en el desarrollo del marxismo; por lo tanto, como parte de la
verdad universal; por lo tanto, la obligatoriedad, para todo partido
proletario, de reconocer el marxismo-leninismo.
Cualquier marxista informado sabe que el marxismo es
una verdad universal, y que esto significa la universalidad de su método y de
su teoría (particularmente aquella relativa a la revolución proletaria y a la
dictadura del proletariado). Por eso el marxismo es aplicable a cualquier
particular concreto y a cualquier universal concreto, y, por esta razón,
encierra la necesidad inmanente (la
tendencia, la propensión, la potencia) de desarrollarse como tal verdad
universal. Pero, al negar el carácter universal del leninismo (y este mismo
carácter en el desarrollo del marxismo-leninismo plasmado por Mao), Fernández
reniega de hecho la aludida
característica esencial del marxismo: su necesidad inmanente, su potencia
intrínseca de desarrollarse como verdad universal. Esta negación de la potencia generativa del marxismo para desarrollarse
como verdad universal, es el trasfondo de la cuestión.
Así, pues, el antileninismo de los liquidadores
(negación de su condición de nueva época en el desarrollo del marxismo),(20)
implica la negación de aquella potencia generativa del marxismo. O sea que el
antileninismo de los liquidadores encierra una posición contraria al propio
marxismo.
Notas
[14] Indebido, porque, como se sabe, nuestra época es
la del imperialismo y de la revolución socialista; por lo tanto, allí donde la
revolución democrática no se produjo en su momento, ella aparece, en nuestra
época, como parte de la revolución socialista mundial; por eso, precisamente,
la revolución socialista antecede y supone la revolución democrática. Como
puede entenderse, este no es el caso de la relación entre el marxismo y el
leninismo.
[15] La afirmación de Engels no significa en modo
alguno que el marxismo sea dualista. En nuestro libro El desarrollo de la teoría del proletariado, escribimos sobre el
punto: «[En el marxismo] la teoría se transforma constantemente en método, es
decir, adquiere valor metodológico, y a la inversa, el método se transforma,
también constantemente, en teoría. El
Capital, por ejemplo, es una teoría del modo de producción capitalista,
pero en Plan de la dialéctica (lógica) de
Hegel, Lenin señaló con toda razón: «Si Marx no nos dejó una “Lógica” (con mayúscula), dejó en cambio
la lógica de El capital, y en este
problema debería ser utilizada a fondo. (…) La comprensión engelsiana y
mariateguiana de la concepción marxista del mundo da cuenta de la indisoluble
unidad de concepción y método, aspectos diferenciables únicamente por medio de
la abstracción».
[16] Fernández ha escrito: «José Carlos Mariátegui lo
califica [a Lenin] como el restaurador más enérgico y fecundo del marxismo».
(…) Esta palabra es para reflexionar: “restaurador"». Es notorio que, con
estas afirmaciones, nuestro personaje intenta concentrar la atención del lector
exclusivamente en la palabra restaurador, ignorando así la palabra fecundo.
Puesto que de reflexionar se trata, entonces hay que comenzar por reconocer que
la primera palabra no se entiende sino en su relación con la segunda: la
restauración de la que habló Mariátegui está referida al hecho de que Lenin restauró los principios marxistas
abandonados por el revisionismo de la Segunda Internacional (lo que omite
señalar Fernández), y que, justamente sobre la base de esta restauración, y,
por consiguiente, de la aplicación de dichos principios a las nuevas condiciones,
fecundó el marxismo con nuevos
elementos teóricos, con nuevas conclusiones teóricas que significaron un
desarrollo del marxismo (cuestión que Fernández deja fuera de su
argumentación). En esta unilateralidad y en este escamoteo ha consistido la «reflexión»
de nuestro liquidador. Como hemos visto, con base en una visión dialéctica,
Mariátegui llegó a la conclusión de que «el marxismo es el único medio de
proseguir y superar a Marx», es decir, de que Lenin desarrolló a Marx y Engels,
o sea, de que es en la Revolución Rusa «donde hay que ir a buscar la nueva
etapa marxista» (Defensa del marxismo,
p. 22).
[17] La negación del leninismo como desarrollo de
valor universal del marxismo y su exclusión como base de unidad ideológica del
proletariado traen aparejadas la misma negación y la misma exclusión del
pensamiento de Mao.
[18] Esta realidad no comporta ninguna subestimación
de los otros teóricos marxistas, sino simplemente un reconocimiento objetivo
del lugar que tienen en el universo del marxismo de nuestra época.
[19] Como que así ha ocurrido, efectivamente, con el
surgimiento y el desarrollo del leninismo. Para evitar malos entendidos,
reiteramos aquí lo que hemos señalado, hace mucho, en otro lugar: por
marxismo-leninismo entendemos la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao.
[20] Los forzados elogios a Lenin que Fernández hace a
lo largo de su discurso («Lenin fortaleció como nadie la ciencia del marxismo»;
«La gigantesca e imparangonable producción intelectual revolucionaria de
Lenin»; «el genial discípulo de Marx y Engels»; «conocía mejor que nadie el
inmenso legado intelectual de Carlos Marx», etcétera, etcétera), no le alcanzan
para disimular su antileninismo. Tampoco al revisionismo jruschoviano le
alcanzaron los múltiples elogios a Lenin y la edición de millones de ejemplares
de sus obras, pues al mismo tiempo que así procedía, levantaba sus
antileninistas «tres pacíficas» y sus «dos todos» que revisaban
oportunistamente el leninismo. El antileninismo de Fernández (que es el
antileninismo de todos los liquidadores del grupo de García), reside en la
suplantación del marxismo-leninismo por un marxismo a secas, en la negación de
la obligatoriedad de la adhesión al marxismo-leninismo por todo partido
proletario. Esta suplantación y esta negación encierran el negro designio de
liquidar el partido de clase, como veremos más adelante.
Nota:
El artículo que
sigue es una contribución al esclarecimiento del problema del desarrollo del
marxismo y del derivado problema de su denominación contemporánea, y, por
consiguiente, una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui.
01.09.2026.
Comité de
Redacción.
El Maoísmo Nominal de J. P. Ballhorn y
Otras Cuestiones
(Segunda Parte)
E. I.
EN CONCLUSIÓN, en manos de Ballhorn el
marxismo aparece sensiblemente empobrecido.
Arrastrado por su
castración del marxismo, Ballhorn tergiversa el método de Stalin en el estudio
del desarrollo histórico de la doctrina del proletariado. Dice él:
Esto [el marxismo concebido solo como socialismo científico]
es lo que comprendió Stalin al momento de definir el leninismo como el marxismo
de la época del imperialismo.
(Entre paréntesis: Stalin no definió el
leninismo como dice Ballhorn, sino como «el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución
proletaria». La diferencia es obvia, y había que
señalarla).
Pues
bien, hay que precisar que Stalin no tenía una concepción reduccionista del
marxismo como la de Ballhorn, por lo que la afirmación de éste en el sentido
expresado en la cita anterior, es una gruesa tergiversación. En Los fundamentos del Leninismo, Stalin
dejó sentados estos conceptos esclarecedores:
Exponer los fundamentos del leninismo no es aún exponer los
fundamentos de la concepción del mundo de Lenin. La concepción del mundo de
Lenin y los fundamentos del leninismo no son, por su volumen, una y la misma
cosa. Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente,
el marxismo. Pero de esto no se desprende, en modo alguno, que la exposición
del leninismo deba comenzar por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el
leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin,
lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a
su nombre de modo natural. Sólo en este sentido hablaré en mis conferencias de los
fundamentos del leninismo. (…) Quizá la expresión más clara de la alta
importancia que Lenin le otorgaba a la teoría, sea el hecho de que fuera
precisamente él quien asumió el cumplimiento de una tarea tan grande como la de
sintetizar, desde el punto de vista de la filosofía materialista, los más
importantes adelantos de la ciencia en el período comprendido desde Engels
hasta Lenin y de someter a profunda crítica las tendencias antimaterialistas
entre los partidarios del marxismo. «Cada descubrimiento trascendental –decía Engels– obliga al
materialismo a cambiar de forma.» Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su notable
libro Materialismo y Empiriocriticismo,
cumplió esta tarea en relación con su época). (…) es natural que mis
conferencias no puedan ser consideradas como una exposición completa del
leninismo. Serán tan sólo, en el mejor de los casos, un resumen sucinto de los
fundamentos del leninismo. No obstante, estimo útil hacer este resumen, a fin
de ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para estudiar
con fruto el leninismo. (Cuestiones del
leninismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1977, pp. 1-2 y 21)
Es evidente que en estas afirmaciones
el término teoría es utilizado como sinónimo del término filosofía. Pero lo que
hay que destacar es que, contrariamente al torcido entendimiento de Ballhorn,
Stalin no concebía el marxismo como un cuerpo de doctrina sin filosofía y sin
economía política, aunque sobre esta última parte del marxismo se limitase, en
su citado libro, a señalar brevemente algunas tesis de Lenin sobre el imperialismo.
Por otro lado, la cita da cuenta de que para Stalin eran posibles dos tipos de
exposición del leninismo: una «completa», que debe comprender los aportes de Lenin al marxismo en la
esfera de la filosofía, y otra que se limita a ser «un resumen sucinto de los fundamentos del leninismo», que es precisamente la que hizo el sucesor de Lenin en Los fundamentos, en Cuestiones y en la «Entrevista con la primera delegación de obreros
norteamericanos»,
«a fin de ofrecer algunos puntos
fundamentales de partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo». Cabe agregar que, por cuanto Stalin reconocía la
existencia de la economía política marxista (a la que aportó con la formulación
de la ley económica fundamental del socialismo), la exposición «completa» del leninismo debe comprender, asimismo, los aportes de
Lenin a dicha parte integrante del marxismo.
Estas
constataciones demuestran, pues, que lo que hace Ballhorn es achacarle a Stalin
su propia concepción reduccionista del marxismo, es decir, su propia posición
revisionista.
Como se ve, aquí
también nuestro articulista apunta alto.
Ballhorn dice:
Estas son las razones por las cuales pienso que una sustentación del maoísmo
como nueva, tercera y superior etapa del marxismo tendría que ir más o menos en
la línea de acontecimientos que postula Alain Badiou: la Comuna de París, la
Revolución de Octubre y la Gran Revolución Cultural Proletaria.
De hecho, con esta cita nuestro crítico
se refiere a la relación existente entre las condiciones históricas y el desarrollo
del marxismo. Acerca de esta cuestión, Stalin señaló:
Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario (nos
referimos a la revolución proletaria) cuando aún no había un imperialismo
desarrollado, en un período de preparación de los proletarios para la
revolución, en el período en que la revolución proletaria no era aún directa y
prácticamente inevitable. En cambio, Lenin, discípulo de Marx y de Engels,
actuó en el período del imperialismo desarrollado, en el período en que se
despliega la revolución proletaria, cuando la revolución proletaria ha
triunfado ya en un país, ha destruido la democracia burguesa y ha inaugurado la
era de la democracia proletaria, la era de los Soviets. (Ob. cit., p. 3)
En las páginas 64-65 de mi libro El desarrollo de la teoría del proletariado,
dejé escrito sobre la misma cuestión:
El pensamiento de Mao tuvo su cuna en la vieja China punto
de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo, y se desarrolló
no solo en función de esta realidad particular, sino también en función de la
realidad de la revolución proletaria mundial. Pero la vieja China no era un
país imperialista, como lo era la Rusia zarista de principios de siglo, sino un
país semicolonial y semifeudal. En consecuencia, «la tarea a resolver» ahí no era la lucha contra el capitalismo sino contra «las supervivencias del medioevo». Pero, como es obvio, estas condiciones particulares de
China eran parte de las condiciones
generales del imperialismo, pues, como ha quedado dicho, el imperialismo es
una época en que un puñado de países capitalistas avanzados explota a una
mayoría de países coloniales, semicoloniales y dependientes, y, precisamente
por esto, Lenin señaló que «la revolución social sólo puede producirse bajo la forma de
una época que una la guerra civil del proletariado contra la burguesía en los
países avanzados con toda una serie
de movimientos democráticos y revolucionarios, comprendidos los movimientos de
liberación nacional, en las naciones subdesarrolladas, atrasadas y oprimidas.»
Por tanto, si la revolución china es la
continuación de la revolución rusa en
las condiciones de un país semicolonial y semifeudal, el pensamiento de Mao es
un desarrollo directo del leninismo,
pues sus raíces históricas son las mismas que las de éste. Sobre la nueva democracia es un desarrollo de Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, y
la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones del socialismo
es un desarrollo de las tesis planteadas por Lenin en su artículo La economía y la política en la época de la
dictadura del proletariado. En consecuencia, es correcto señalar que la teoría y la táctica de Mao sobre la
nueva democracia es un desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución
proletaria en general, y su teoría y su táctica de la continuación de la
revolución en el socialismo es un desarrollo de la teoría y la táctica de la
dictadura del proletariado en particular.
Como es evidente, lo copiado da cuenta
de las raíces históricas del marxismo, del leninismo y del pensamiento de Mao.
Mientras el marxismo surgió y se desarrolló en la época del capitalismo
competitivo y de la preparación del proletariado para la revolución, el
leninismo surgió y se desarrolla en la época del imperialismo y de la revolución
proletaria. Por eso el leninismo presenta
el sello de nuestra época, por cuanto su contenido es la expresión teórica del
contenido fundamental y de las tendencias fundamentales del imperialismo y, al
mismo tiempo, la expresión teórica del contenido fundamental y de las
tendencias fundamentales de la revolución proletaria y de la dictadura del
proletariado. (El desarrollo de la teoría
del proletariado, p. 56)
En consecuencia, la definición de
Stalin del leninismo como el marxismo de nuestra época no solo es correcta,
sino que, precisamente por serlo, demuestra que el leninismo es una época del
desarrollo del marxismo. Por esta razón es completamente acertado sostener que
el pensamiento de Mao es una etapa del leninismo.
Así, pues, las
raíces históricas del marxismo no pueden ser reducidas, de forma exclusiva y
excluyente, como pretende Ballhorn, a la Comuna de París, aunque esta
experiencia hiciera posible descubrir «la forma política… que permitía realizar la emancipación
económica del trabajo» (Marx). Igualmente, las raíces históricas del leninismo no
pueden ser reducidas, en forma exclusiva y excluyente, como pretende Ballhorn,
a la Revolución Rusa, aunque esta experiencia permitiera desarrollar la teoría
marxista de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado.
Asimismo, las raíces históricas del pensamiento de Mao no pueden ser reducidas,
de forma exclusiva y excluyente, como pretende Ballhorn, a la Revolución
Cultural Proletaria China, aunque esta experiencia demostrara la validez de la
teoría maoísta de la continuación de la revolución bajo la dictadura del
proletariado.
Estas aclaraciones
son pertinentes debido al hecho de que el leninismo es el marxismo de nuestra
época, y a que, por lo tanto, solo en
el marco de esta definición general se explica su definición
específica como «la
teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la
táctica de la dictadura del proletariado en particular».
(Entre paréntesis:
en una conversación de hace ya casi diez años, con aire de triunfador un «senderista» me decía que, para definir el maoísmo como tercera etapa
del marxismo, su partido se basa en
la definición del leninismo como «la teoría y la táctica de la revolución proletaria en
general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular»,
y
no en su definición como «el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución
proletaria.» Así, pues, más o
menos como Ballhorn ahora, el aludido «senderista» disociaba la definición general del leninismo de su
definición específica, ambas debidas a Stalin, y, de esta forma, creía validar
la definición del maoísmo como «tercera etapa del marxismo»).
Veamos, ahora,
esta cuestión en el marco del debate con Ballhorn. Solo con el surgimiento del
imperialismo la revolución proletaria cobró actualidad histórico-universal; es
decir, la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y la
teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular, cobraron actualidad (como teoría y como práctica
a la vez) y universalidad (como
proceso histórico concreto que entrelazó en un solo frente la lucha del
proletariado internacional por el socialismo con la lucha de los pueblos
oprimidos del mundo por su liberación), solo con el paso del capitalismo
competitivo al capitalismo imperialista. Esto significa que la actualidad y la
universalidad del imperialismo, determinaron la actualidad y la universalidad
de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. Por
consiguiente, la definición específica del leninismo tiene, como ya anoté, su
fundamento en su definición general y, por tener dicha revolución y dicha
dictadura un lugar central en la doctrina marxista, Stalin señaló que la
definición específica del leninismo es más exacta. Pero Stalin no disoció esta
definición de la definición general del leninismo, es decir, no disoció la teoría y la táctica leninistas
de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado de sus raíces
históricas; por el contrario, la definición específica del leninismo la
derivó de su definición general y, así, formuló aquella después de esta última:
esta última expresa explícitamente la ligazón del leninismo con sus raíces
históricas, ligazón que, por cierto, está implícita en la definición específica
del leninismo, pues esta definición es un caso particular de la definición del
leninismo como el marxismo de nuestra época. Para los marxistas, pues, la
definición específica del leninismo al margen de las condiciones de nuestra
época no tiene ningún sentido, del mismo modo como no tiene ningún sentido la
pretensión de entender el desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución
proletaria y de la dictadura del proletariado, realizado por Mao, al margen de
tales condiciones; es decir, hablando en general, para los marxistas el
desarrollo de la doctrina proletaria no se explica al margen de lo universal
concreto en el proceso histórico del capitalismo y de la revolución proletaria.
Como lo reconocerá cualquier marxista consecuente con su materialismo, el
desarrollo de la teoría y de la táctica de la revolución proletaria y de la
dictadura del proletariado concretado por Lenin y Mao, corresponden por igual a
las condiciones de nuestra época; en consecuencia, es evidente que, incluso en
el marco específico de esta teoría y de esta táctica, el pensamiento de Mao se
revela como una etapa del marxismo de nuestra época, es decir, como una etapa
del leninismo.
Ahora bien, la
definición específica del leninismo encierra, adicionalmente, el valor
particular de expresar la centralidad de la revolución proletaria y de la
dictadura del proletariado en el cuerpo entero del marxismo.
[La] centralidad de la teoría y la táctica de la revolución
proletaria tiene su explicación. La concepción marxista del mundo tiene como
principio suyo la dialéctica materialista. Precisamente, el mérito imperecedero
de Marx y Engels en el campo filosófico fue incorporar la dialéctica al
materialismo… fundando así el materialismo dialéctico y la concepción
materialista de la historia. En el postfacio a la segunda edición de El Capital, Marx escribió que su método,
es decir la dialéctica, es «crítica y revolucionaria por esencia». Y es así, sin lugar a dudas, pero, como es lógico, solo a
condición de que se le aplique. Justamente, al aplicar este método a las
condiciones del capitalismo y de la lucha de clase de la época preimperialista,
Marx y Engels fundaron la economía política marxista y el socialismo
científico, teoría y programa de la revolución proletaria y de las condiciones
de su realización y, por consiguiente, método de lucha por la emancipación del
proletariado. La emancipación del proletariado y, en general, de la humanidad
entera, no se decide, como es evidente, en el terreno de la filosofía, sino en
el de la política. El proletariado no actúa, pues, como filósofo colectivo sino
como político colectivo, aunque es indudable que su filosofía revolucionaria
sirve a su política revolucionaria, o, para decirlo de otro modo, que la
filosofía marxista sirve para transformar el mundo, pero a condición de ser
mediada por la acción política del proletariado. Este hecho demuestra la
centralidad de la lucha política en la praxis marxista, y esta centralidad
determina la centralidad de la teoría de la revolución proletaria y de las
condiciones de su realización en el cuerpo entero del marxismo… El socialismo
científico le remarcó al proletariado la
vía práctica que conduce a la expropiación de los expropiadores y a la
dictadura del proletariado como punto necesario de transición para la extinción
de las clases, la lucha de clases y el Estado. Si en el estudio del desarrollo
del marxismo se pusiera el acento en los aportes a la filosofía marxista y no
en la teoría de la revolución proletaria, se estaría privilegiando la
interpretación del mundo sobre su transformación, cuando de lo que se trata es
de transformar el mundo, tal como señaló Marx en su onceava tesis sobre
Feuerbach. Por eso, Stalin consideró la teoría de la revolución proletaria en
general y la teoría de la dictadura del proletariado en particular, como el
lugar donde centralmente hay que ir a buscar el desarrollo del marxismo. (Ob. cit., pp. 49-52)
Ciertamente todo marxista tiene que
reconocer que, en el cuerpo del marxismo, la centralidad de la teoría y de la
táctica de la revolución proletaria en general y de la dictadura del
proletariado en particular, es un hecho indudable. Pero, como hemos visto,
Ballhorn, retorciendo la definición del leninismo como el marxismo de nuestra
época, cree que su definición como «la teoría y la táctica de la revolución proletaria, etcétera», expresa no la
centralidad de esta cuestión, sino
todo el leninismo, todo el marxismo, es decir, cree que todo el
marxismo-leninismo es nada más que la cuestión de la teoría y la táctica de la
revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del
proletariado en particular.
Como se ve, aquí
también nuestro articulista apunta alto.
Ballhorn dice:
La tesis más difundida, por lo menos en el ámbito nacional,
es la que sostiene que un «desarrollo» dentro del marxismo significa un desarrollo en sus «tres partes integrantes».
En cuanto a mí se refiere, debo
precisar que en mi libro El desarrollo de
la teoría del proletariado y el problema de su denominación, señalo que el
pensamiento de Mao es un desarrollo del marxismo en sus tres partes integrantes
pero, como puede comprobar el lector, esta afirmación no aparece en mi
argumentación como un factor del que haya inferido el desarrollo del marxismo
por Mao, sino solamente para dar cuenta del peso específico de este desarrollo.
Ballhorn dice que
definir el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la
revolución proletaria, significa condenar
al marxismo «a
no tener más desarrollos en su historia».
Es decir, después
de interpretar torcidamente la definición del leninismo hecha por Stalin, ahora
nuestro articulista sale con un disparate absoluto, con el cual intenta
desautorizar a los adherentes del marxismo-leninismo. Pero ocurre que ninguno
de ellos ha planteado nunca que la definición del leninismo como el marxismo de
nuestra época implica que, después de Lenin, no haya habido ni pueda haber
ningún desarrollo del marxismo. Concretamente, con su gratuita afirmación,
Ballhorn pretende desautorizar, entre otros, al propio Stalin, autor de la
definición aludida, y a Mao, quien, como hemos visto, adhirió a la misma.
Como se ve, aquí
también nuestro articulista apunta alto.
Ballhorn dice:
en contraposición a la «tesis de las tres partes integrantes», la «tesis fatalista» y la «tesis nominal», sostengo la tesis de la concreción histórica, la cual,
pienso, es la que empleó Stalin para definir el leninismo como el marxismo de
la época del imperialismo, y es la que debemos asumir para fundamentar
cabalmente el maoísmo como nueva, tercera y superior etapa. Este método («tesis de la concreción histórica»), que no es más que el método marxista, es el que debemos
emplear en la elaboración de una Defensa
del Maoísmo.
La verdad de las cosas, sin embargo, es
que «la tesis de Stalin» reside en argumentar el desarrollo del marxismo en función
de la ley según la cual el ser social determina la conciencia social: ser
social (imperialismo, lucha de clase del proletariado), conciencia social
(leninismo); en otras palabras, en explicar el desarrollo del marxismo a partir
del contenido universal concreto de las diferentes épocas históricas del
capitalismo, así como del contenido universal concreto de las distintas épocas
de la revolución proletaria.
Pero, en su afán
de aparecer original (apenas en cuanto a palabras), Ballhorn utiliza la frase «concreción histórica» para definir el método de Stalin (que tergiversa, como ya
vimos) y contraponerlo a lo que llama la «tesis fatalista» (la de Stalin y Mao) y a la tesis «nominal» (la mía, según su óptica torcida).
Pero nada de ello le
sirve para salir del mar de confusión en que se encuentra, pues, no obstante
reconocer, aunque con evidente sesgo, el leninismo como el marxismo de nuestra
época, nuestro articulista, como hemos visto, considera que el término maoísmo
debe aparecer de todos modos en la denominación de la doctrina en calidad de «tercera etapa del marxismo».
En su confusión,
Ballhorn pretende que en la fundamentación del leninismo por Stalin, no hay una
delimitación entre los conceptos de teoría y táctica y, por otro lado, que el
marxismo no se aplica: «Con este concepto de “aplicación”… hay que tener mucho
cuidado», dice en su artículo.
Con respecto a lo
primero, basta entender el sentido de la definición del leninismo que se
encuentra en Los Fundamentos: «el leninismo es la teoría y la táctica, etcétera», pues, como vemos, las palabras teoría y táctica (que
encierran distintos conceptos) aparecen allí diferenciadas por la conjunción y, pero esta diferenciación es
escamoteada por Ballhorn con el pretexto de que «una y otra se identifican, son lo mismo», dando lugar de esta forma a que el lector pueda elegir, ad libitum, cualquiera de las dos
palabras para asumir el leninismo. Pero, como es claro, si elige la palabra
teoría, de hecho estaría concibiendo el leninismo nada más como una teoría sin
ningún correlato práctico y, si elige la palabra táctica, de hecho estaría concibiendo
el leninismo como una mera práctica sin fundamento teórico alguno. Esto es lo
que puede originar Ballhorn con su «son lo mismo».
Con respecto a lo
segundo, basta recordar que el marxismo es, a un tiempo mismo, una teoría y un
método, y que, si bien como teoría no es aplicable por igual en todas las
latitudes sociales y en todos los climas históricos, en cambio como método es
universalmente aplicable. Por eso, en su trabajo «Sobre la contradicción», Mao habla de «la aplicación del marxismo». Esta aplicación, elemento inherente al método marxista, es
cosa que escapa a Ballhorn.
El libro Materialismo y empiriocriticismo es una crítica
profunda del empiriocriticismo, una generalización filosófica de los nuevos
datos proporcionados por la revolución operada en las ciencias naturales entre
fines del siglo XIX y comienzos del XX, una confirmación magistralmente
fundamentada del materialismo filosófico como la única concepción y el único
método que permiten interpretar correctamente el mundo y transformarlo en
beneficio de la humanidad. En este libro Lenin no tuvo por finalidad exponer
las leyes de la dialéctica, pero dio ejemplos vivos de aplicación creadora de
las mismas en el análisis de la teoría del reflejo, del papel de la práctica en
la cognición, de la relación entre la verdad absoluta y la verdad relativa, de
la inagotabilidad del electrón, etcétera, etcétera. Pero, además, en sus
páginas el jefe de la revolución rusa expuso y defendió los fundamentos del
materialismo histórico. En suma, Materialismo y empiriocriticismo
representó un cambio en la forma del materialismo filosófico en comparación a
la forma que presentaba en la sección primera de Anti-Dühring y en Dialéctica
de la naturaleza de Engels. Este hecho habla por sí solo de la importancia
y la trascendencia del libro de Lenin.
Pero, víctima de los prejuicios de la filosofía universitaria contra el
Lenin filósofo, Ballhorn dice que en Materialismo y empiriocriticismo
hay «poca
originalidad, desde el punto de vista de la dialéctica y el materialismo».
¿En qué quedamos?
Pregunto, pues en lo que acabo de citar, es perceptible que las palabras
materialismo y dialéctica aparecen como conceptos filosóficos, en flagrante
contradicción con la negación de la filosofía marxista que comete Ballhorn.
Como se ve, aquí nuestro articulista se dispara a los pies.
La labor de investigación marxista es una cosa muy seria, y la
principal cualidad del intelectual marxista es la modestia. Sin embargo –y pese
a la probada falsedad de sus argumentos– Ballhorn se refiere a todos y cada uno
de los trabajos que se han producido en el mundo sobre el problema del
desarrollo del marxismo, en términos de petulante menosprecio:
se trataba de discursos limitados, poco profundos y carentes
de una verdadera investigación [del desarrollo del marxismo]. (…) podía notar una completa fatuidad de dichos sermones [sobre
el «maoísmo»]. (…) me
llevó a buscar por primera vez una sustentación del maoísmo como «nueva, tercera y superior etapa del marxismo», lo cual me dirigió a un destino decepcionante (…) busqué
textos públicos, casi no encontré y los que encontré eran igual de esquemáticos
y limitados. Ninguno lograba convencerme de ser una verdadera sustentación del
maoísmo. (…) en realidad no existía un trabajo con la suficiente seriedad (…) La
cuestión del desarrollo del marxismo solo puede definirse en su concreción
histórica, no en una sentencia asumida como dogma al estilo de quienes dicen «Stalin definió el leninismo como el marxismo de la época del
imperialismo», y con aires de autosuficiencia creen
que ya resolvieron el asunto encubriendo en realidad la más vil de las
mediocridades.
Como vemos,
Ballhorn convierte en escombro literario todo lo que se ha escrito hasta hoy
acerca de la cuestión del maoísmo, pero, en este acto de demolición, todo lo
que hace, como está ya subrayado, es repetir la fórmula de Abimael Guzmán,
aunque dándole a este una patada por debajo de la mesa: «buscar por primera vez
una sustentación del maoísmo…» (Cursivas mías)
Ballhorn dice:
un trabajo mucho más extenso y
detallado sobre el maoísmo. (…) entonces acepté que la fundamentación del maoísmo era
un asunto pendiente y pensé que en algún momento alguien debería hacerlo. (…) [la
solución teórica del problema del desarrollo del marxismo, y específicamente
del «maoísmo», es] una tarea pendiente a la cual sería importante aportar
(…) la distinción entre «época» y «etapa» del marxismo, entre otras cuestiones problemáticas
planteadas por Ibarra, las trataremos en el trabajo extenso y completo sobre el
tema que nos convoca. (…) si implícitamente hubo hasta hoy un proyecto detrás de mis
avances en la teoría marxista, uno de ellos ha sido precisamente el de contribuir
a una sustentación cabal del maoísmo. Esto último es algo que se me tornó más
claro una vez que mis estudios me llevaron a cuestionar los esquemas heredados
por las tradiciones marxistas «militantes» en el Perú, y todo esto adoptó un rumbo definido a partir
de la cuestión de la dialéctica.
Aquí, como vemos
también, Ballhorn da muestras de maloliente pedantería que, como es sabido, es
defecto típico del intelectual pequeño burgués.
Desde luego, no es fácil imaginarse
cómo, con un arsenal teórico tomado enteramente de autores burgueses y
revisionistas, con sus desvergonzadas tergiversaciones, su erróneo
planteamiento tanto del problema del desarrollo del marxismo como del problema
de su denominación actual y, en general, con su demostrada confusión y su
evidente confusionismo, nuestro articulista podría «contribuir a una sustentación cabal del maoísmo». Curiosamente, en este extravío reside la pretendida «seriedad» de su prometido «trabajo extenso y completo sobre el tema».
Sin haber examinado las flojedades
idiomáticas del artículo de Ballhorn, pero habiendo esclarecido sus oscuras
afirmaciones y revelado sus flagrantes desatinos, cabe terminar las presentes
líneas dejando sentado que su delirante maoísmo puramente verbal no le alcanza
para disimular su enfoque sesgado, reduccionista, falseador del marxismo, es
decir, no le sirve en absoluto para ocultar su apolillado revisionismo.
24.05.2019.
Nota:
Publicamos
a continuación el Acta de constitución de un Comité de Coordinación que cumple
el papel de centralizar la lucha por la reconstitución del Partido de
Mariátegui, impulsar el trabajo de masas y dar los pasos necesarios para una
Conferencia que sea un paso decisivo para la realización del Congreso Reconstituyente
del Partido de Mariátegui, histórico evento a partir del cual la militancia
deberá potenciar su lucha para convertir el partido de cuadros e ideas en un
partido de masas e ideas.
En
algo más de un año de constituido, ¿qué ha avanzado el Comité de Coordinación
para cumplir sus objetivos? Esta es una pregunta que cada activista del Comité
de Coordinación debe responder con toda objetividad, con toda puntualidad y con
toda responsabilidad. Es la hora de un
balance.
01.09.2026.
Comité
de Redacción.
Acta de
Constitución del Comité Coordinador por la Reconstitución del Partido de
Mariátegui
Los
grupos y activistas abajo firmantes, declaramos:
1.º
Nuestra adhesión al marxismo-leninismo (o doctrina de Marx, Engels, Lenin,
Stalin, Mao), así como a la Creación Heroica de Mariátegui, piedra angular del
desarrollo del marxismo peruano.
2.º
Nuestra adhesión al internacionalismo proletario y, en consecuencia, a la lucha
por la «organización de un compañerismo basado en la igualdad» como el tipo de
organización que desde hace tiempo corresponde a la situación del proletariado
internacional.
3.º
Nuestra firme determinación de alcanzar la necesaria unidad en torno a todas
las cuestiones básicas de la línea política general de la revolución peruana y
a todos los aspectos destacados de la situación mundial.
4.º
Nuestra determinación de contribuir a la construcción de un Frente Unido Revolucionario
que comprenda al proletariado y a la pequeña burguesía revolucionaria y tenga
como base la alianza obrero-campesina.
5.º
Nuestra determinación de desarrollar el trabajo de masas necesario bajo el
principio de que las masas hacen la historia y bajo la política de que hay que
ir a las masas profundas.
6.º
Nuestra convicción de que el partido de cuadros y de ideas emergente del
Congreso Reconstituyente, deberá ser transformado en un partido de masas y de
ideas tan pronto la situación de la lucha de clases lo exija.
7.º
Nuestra posición resueltamente contraria al intento oportunista de liquidar el
partido de clase suplantándolo por un partido doctrinariamente heterogéneo.
8.º
Nuestra independencia con respecto a los frentes reformistas y electoreros
existentes en la escena nacional, a la vez que nuestro convencimiento de la
necesidad de llevar adelante la lucha electoral con una posición netamente de
clase, esto es, como factor de educación y organización revolucionarias de las
masas, así como de la necesidad de realizar los circunstanciales pactos con
organizaciones de masas de la pequeña burguesía no revolucionarias a fin de
desenvolver determinadas luchas concretas.
9.º
Que, en virtud de todo lo anterior, nos hemos constituido en un Comité de
Coordinación que asumirá la histórica tarea de centralizar la lucha por la
reconstitución del partido de Mariátegui y que deberá cesar en sus funciones
con la realización de una Conferencia que tendrá que acordar, en primera
instancia, la línea política general de la revolución peruana y seleccionar una
Dirección Provisional encargada de preparar el Congreso Reconstituyente. Que, con
la autodisolución del Comité de Coordinación, los grupos integrantes del mismo
deberán igualmente autodisolverse. Que, por consiguiente, la aludida
Conferencia expresará la unidad alcanzada.
10.º
El Congreso Reconstituyente deberá aprobar el Informe Político, los Estatutos
del Partido y el Programa de la Revolución, así como seleccionar a los miembros
del Comité Central del Partido.
11.º
Tener la seguridad de que más grupos y activistas adherentes del
marxismo-leninismo y de la Creación Heroica de Mariátegui, se sumarán a esta
histórica centralización de la lucha por la reconstitución del Partido.
12.º
Nuestra determinación de publicar una revista virtual teórica como órgano del
Comité de Coordinación y una revista igualmente virtual –o, en su defecto,
impresa– dirigida a las amplias masas trabajadoras.
06.08.2025.
Firmas.