Fascismo
y Frente Único*
Jorge
Dimitrov
I.
El fascismo y la clase obrera
¡Camaradas! Ya el VI
Congreso Internacional Comunista previno al proletariado internacional sobre la
maduración de una nueva ofensiva fascista, llamándolo a la lucha contra ella.
El Congreso señaló que "casi en todas partes existen tendencias fascistas
y gérmenes de un movimiento fascista en forma más o menos desarrollada".
Bajo
las condiciones de la profunda crisis económica desencadenada, de la violenta
agudización de la crisis general del capitalismo, de la revolucionarización de
las masas trabajadoras, el fascismo ha pasado a una amplia ofensiva. La
burguesía dominante busca cada vez más su salvación en el fascismo para llevar
a cabo medidas excepcionales de expoliación contra los trabajadores, para
preparar una guerra imperialista de rapiña, el asalto contra la Unión
Soviética, para preparar la esclavización y el reparto de China e impedir, por
medio de todo esto, la revolución.
Los
círculos imperialistas intentan descargar todo el peso de la crisis sobre las
espaldas de los trabajadores. Para esto, necesitan el fascismo.
Tratan
de resolver el problema de los mercados mediante la esclavización de los
pueblos débiles, mediante el aumento de la presión colonial y un nuevo reparto
del mundo por la vía de la guerra. Para esto, necesitan el fascismo.
Intentan
adelantarse al crecimiento de las fuerzas de la revolución mediante el
aplastamiento del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos y el
ataque militar contra la Unión Soviética, baluarte del proletariado mundial.
Para esto, necesitan el fascismo.
En
una serie de países -particularmente en Alemania- estos círculos imperialistas
lograron, antes del viraje decisivo de las masas hacia la revolución, infligir
al proletariado una derrota e instaurar la dictadura fascista.
Pero característica de la victoria del fascismo es precisamente la circunstancia de que esta victoria atestigua por una parte la debilidad del proletariado, desorganizado y paralizado por la política escisionista socialdemócrata de colaboración de clase con la burguesía y, por otra parte, revela la debilidad de la propia burguesía que tiene miedo a que se realice la unidad de lucha de la clase obrera, que teme a la revolución y no está ya en condiciones de mantener su dictadura sobre la masas con los viejos métodos de la democracia burguesa y del parlamentarismo.
La victoria del fascismo en Alemania, dijo el camarada Stalin en el XVII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (bolchevique):
“… no debe considerarse
solamente como un signo de debilidad de la clase obrera y como resultado de la
traición de la clase obrera por parte de la socialdemocracia que le desbrozó el
camino al fascismo. Hay que considerarla también como un signo de debilidad de
la burguesía, como signo de que la burguesía no está ya en condiciones de
dominar con los viejos métodos del parlamentarismo y de la democracia burguesa,
razón por la cual se ve obligada a recurrir en la política interior a los
métodos terroristas de gobierno, como signo de que no está ya en condiciones de
encontrar una salida de la situación actual, sobre la base de una política
exterior de paz, por lo cual se ve obligada a recurrir a la política de guerra”.1
El carácter de clase del
fascismo
El fascismo en el poder,
camaradas, es, como acertadamente lo ha caracterizado el XIII Pleno del Comité
Ejecutivo de la Internacional Comunista, la dictadura terrorista abierta de los
elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital
financiero.
La
variedad más reaccionaria del fascismo es la de tipo alemán. Tiene la osadía de
llamarse nacionalsocialismo, a pesar de no tener nada de común con el
socialismo. El fascismo alemán no es solamente un nacionalismo burgués, es un
chovinismo bestial. Es el sistema de gobierno del bandidaje político, un
sistema de provocaciones y torturas contra la clase obrera y los elementos
revolucionarios del campesinado, de la pequeña burguesía y de los
intelectuales. Es la crueldad y la barbarie medievales, la agresividad
desenfrenada contra los demás pueblos y países.
El
fascismo alemán actúa como destacamento de choque de la contrarrevolución
internacional, como incendiario principal de la guerra imperialista, como
instigador de la cruzada contra la Unión Soviética, la gran Patria de los
trabajadores de todo el mundo.
El
fascismo no es una forma de Poder Estatal, que esté, como se pretende,
"por encima de ambas clases, del proletariado y de la burguesía",
como ha afirmado, por ejemplo, Otto Bauer2. No es "la pequeña
burguesía sublevada que se ha apoderado del aparato del Estado", como
declara el socialista inglés Brailsford. No, el fascismo no es un poder situado
por encima de las clases, ni el poder de la pequeña burguesía o del lumpenproletariado
sobre el capital financiero. El fascismo es el poder del propio capital
financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase
obrera y el sector revolucionario de los campesinos y de los intelectuales. El
fascismo, en política exterior, es el chovinismo en su forma más brutal que
cultiva un odio bestial contra los demás pueblos.
Hay
que recalcar de un modo especial este carácter verdadero del fascismo, porque
el disfraz de la demagogia social ha dado al fascismo, en una serie de países,
la posibilidad de arrastrar consigo a las masas de la pequeña burguesía,
sacadas de quicio por la crisis, e incluso a algunos sectores de las capas más
atrasadas del proletariado, que jamás hubieran seguido al fascismo si hubiesen
comprendido su verdadero carácter de clase, su verdadera naturaleza.
El
desarrollo del fascismo y la propia dictadura fascista revisten en los
distintos países formas diferentes, según las condiciones históricas, sociales
y económicas, las particularidades nacionales y la posición internacional de
cada país. En unos países, principalmente allí, donde el fascismo no cuenta con
una amplia base de masas y donde la lucha entre los distintos grupos en el
campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se
decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos
burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países,
donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el
fascismo establece el monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo,
bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los
partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el
momento en que se agudezca de un modo especial su situación, intente extender
su base para combinar -sin alterar su carácter de clase- la dictadura
terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo.
La
subida del fascismo al poder no es un simple cambio de un gobierno burgués por
otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la
burguesía -la democracia burguesa- por otra, por la dictadura terrorista
abierta. Pasar por alto esta diferencia sería un error grave, que impediría al
proletariado revolucionario movilizar a las más amplias capas de los
trabajadores de la ciudad y del campo para luchar contra la amenaza de la toma
del poder por los fascistas, así como aprovechar las contradicciones existentes
en el campo de la propia burguesía. Sin embargo, no menos grave y peligroso es
el error de no apreciar suficientemente el significado que tienen para la
instauración de la dictadura fascista las medidas reaccionarias de la burguesía
que se intensifican actualmente en los países de democracia burguesa, medidas
que reprimen las libertades democráticas de los trabajadores, restringen y
falsean los derechos del parlamento y agravan las medidas de represión contra
el movimiento revolucionario.
Camaradas,
no hay que representarse la subida del fascismo al poder de una forma tan
simplista y llana, como si un comité cualquiera del capital financiero tomase
el acuerdo de implantar en tal o cual día la dictadura fascista. En realidad,
el fascismo llega generalmente al poder en lucha, a veces enconada, con los
viejos partidos burgueses o con determinada parte de éstos, en lucha incluso en
el seno del propio campo fascista, que muchas veces conduce a choques armados,
como hemos visto en Alemania, Austria y otros países. Todo esto, sin embargo,
no disminuye la significación del hecho de que, antes de la instauración de la
dictadura fascista, los gobiernos burgueses pasen habitualmente por una serie
de etapas preparatorias y realicen una serie de medidas reaccionarias, que
facilitan directamente el acceso del fascismo al poder. Todo el que no luche en
estas etapas preparatorias contra las medidas reaccionarias de la burguesía y
contra el creciente fascismo, no está en condiciones de impedir la victoria del
fascismo, sino que, por el contrario, la facilitará.
Los
jefes de la socialdemocracia encubrieron y ocultaron ante las masas el
verdadero carácter de clase del fascismo y no llamaron a la lucha contra las
medidas reaccionarias cada vez más graves de la burguesía. Sobre ellos pesa una
gran responsabilidad histórica por el hecho de que, en los momentos decisivos
de la ofensiva fascista, una parte considerable de las masas trabajadoras de
Alemania y de otra serie de países fascistas no reconociese en el fascismo a la
fiera sedienta de sangre del capital financiero, a su peor enemigo y que estas
masas no estuvieran preparadas para hacerle frente.
¿De
dónde emana la influencia del fascismo sobre las masas? El fascismo logra
atraerse las masas porque apela en forma demagógica a sus necesidades y
exigencias más candentes. El fascismo no sólo azuza los prejuicios
hondamente arraigados en las masas, sino que especula también con los mejores
sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con
sus tradiciones revolucionarias. ¿Por qué los fascistas alemanes, esos lacayos
de la gran burguesía y enemigos mortales del socialismo, se hacen pasar ante
las masas por «socialistas» y presentan su subida al poder como una
«revolución»? Porque se esfuerzan por explotar la fe en la revolución y la
atracción del socialismo que viven en el corazón de las amplias masas
trabajadoras de Alemania.
El
fascismo actúa al servicio de los intereses de los imperialistas más agresivos,
pero ante las masas se presenta bajo la máscara de defensor de la nación
ultrajada y apela al sentimiento nacional herido, como hizo, por ejemplo, el
fascismo alemán que arrastró consigo las masas pequeño burguesas con la
consigna de "¡Contra Versalles!".
El
fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca
a ellas con una demagogia anticapitalista, muy hábil, explotando el profundo
odio de los trabajadores contra la burguesía rapaz, contra los bancos, los
trusts y los magnates financieros y lanzando las consignas más seductoras para
el momento dado, para las masas que no han alcanzado una madurez política; en
Alemania: "Nuestro Estado no es un Estado capitalista, sino un Estado
corporativo"; en el Japón: "por un Japón sin explotadores"; en
los Estados Unidos: "por el reparto de las riquezas".
El
fascismo entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y
venales, pero se presenta ante él con la reivindicación de un "gobierno
honrado e insobornable". Especulando con la profunda desilusión de las
masas sobre los gobiernos de democracia burguesa, el fascismo se indigna
hipócritamente ante la corrupción (véase, por ejemplo, el caso Barmat y Sklarek
en Alemania, el caso Staviski en Francia y otros).
El
fascismo capta, en interés de los sectores más reaccionarios de la burguesía, a
las masas decepcionadas que abandonan los viejos partidos burgueses. Pero
impresiona a estas masas por la violencia de sus ataques contra los gobiernos
burgueses, por su actitud irreconciliable frente a los viejos partidos de la
burguesía.
Dejando
atrás a todas las demás formas de la reacción burguesa, por su cinismo y sus
mentiras, el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de
cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales
dentro de un mismo país. Y las masas de la pequeña burguesía, incluso una parte
de los obreros, llevados a la desesperación por la miseria, el paro forzoso y
la inseguridad de su existencia, se convierten en víctimas de la demagogia
social y chovinista del fascismo.
El
fascismo llega al poder como el partido del asalto contra el movimiento
revolucionario del proletariado, contra las masas populares en efervescencia,
pero presenta su subida al poder como un movimiento "revolucionario",
dirigido contra la burguesía en nombre de "toda la nación" y para
"salvar" a la nación. (Recordemos la "marcha" de Mussolini
sobre Roma, la "marcha" de Pilsudski sobre Varsovia, la
"revolución" nacional-socialista de Hitler en Alemania, etc.).
Pero
cualquiera que sea la careta con que se disfrace el fascismo, cualquiera que
sea la forma en que se presente, cualquiera que sea el camino por el que suba
al Poder,
el
fascismo es la más feroz ofensiva del capital contra las masas trabajadoras;
el
fascismo es el chovinismo más desenfrenado y la guerra de rapiña;
el
fascismo es la reacción feroz y la contrarrevolución;
el
fascismo es el peor enemigo de la clase obrera y de todos los trabajadores.
_________
(*) Dimitrov, Jorge. La
ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional comunista en la lucha
por la unidad de la clase obrera contra el fascismo.
(1) J. V. Stalin: Obras
completas, tomo XIII, pág. 293 y 294.
(2) Bauer, Otto: uno de los
dirigentes del Partido Socialdemócrata Austríaco y de la Segunda Internacional.
Oportunista y revisionista. Creador de la teoría nacionalista sobre la
“autonomía cultural nacional”, ideólogo del llamado austro-marxismo.
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