lunes, 1 de abril de 2024

Política

El Manifiesto Comunista y el Partido de Clase

(3) 

Eduardo Ibarra 

García sostiene seis cuestiones que hacen el fondo de su argumentación sobre el Partido Comunista: 1) “La cuestión central es que el Partido Comunista surgió como partido insurreccional”; 2) “la insurrección está íntimamente ligada a la crisis en cada país”; 3) “La revolución de 1848 fue vencida por la contra-revolución. El Partido Comunista desapareció de escena”; 4) “En reemplazo del desaparecido Partido Comunista, en 1869 surgió el Partido Socialdemócrata, que participó en elecciones generales enarbolando un programa de acción”; 5) “La Revolución de Octubre (1917) triunfó dirigida por el Partido Socialdemócrata de Lenin (bolchevique). Luego surgió la III Internacional que revivió el nombre de Partido Comunista. La razón era la crisis mundial”; 6) “Poco tiempo después la situación cambió hacia la estabilización capitalista. Surgió entonces el Frente Único Proletario, pero ya el Partido Comunista perdía su ligazón con las masas ante la arremetida nacionalista fascista. (“¿Al fin, quo vadis…?”)(4) 

Pues bien, el medio siglo que siguió a la revolución de 1848 fue la época de desarrollo más o menos pacífico del capitalismo, de la forma parlamentaria como la preponderante de la lucha del proletariado, de la preparación de las fuerzas de la revolución proletaria (proceso en cuyo curso se produjo, sin embargo, la imprevista Comuna de París de 1871). En estas condiciones, “una estrategia coherente” y “una táctica bien elaborada” (Stalin) no pudieron ser trazadas. Solo al transformarse el capitalismo competitivo en imperialismo, es decir, solo cuando se agudizaron todas las contradicciones del capitalismo y surgieron otras nuevas y, al mismo tiempo, cobró actualidad la revolución proletaria mundial, fueron posibles una tal estrategia y una tal táctica. 

Engels escribió: 


Su crecimiento [el crecimiento de la socialdemocracia alemana] avanza de un modo tan espontáneo, tan constante, tan incontenible y al mismo tiempo tan tranquilo como un proceso de la naturaleza. Todas las intervenciones del gobierno han resultado impotentes contra él. Hoy podemos contar ya con dos millones y cuarto de electores. Si este avance continúa, antes de terminar el siglo habremos conquistado la mayor parte de las capas intermedias de la sociedad, tanto los pequeños burgueses como los pequeños campesinos y nos habremos convertido en la potencia decisiva del país, ante la que tendrán que inclinarse, quieran o no, todas las demás potencias. Mantener en marcha ininterrumpidamente este incremento, hasta que desborde por sí mismo el sistema de gobierno actual: no desgastar en operaciones de descubierta esta fuerza de choque que se fortalece diariamente, sino conservarla intacta hasta el día decisivo: tal es nuestra tarea principal. (“Introducción” a Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1950, de Marx). 

Todo el mundo sabe que ese proceso espontáneo, constante, incontenible y tranquilo como un proceso de la naturaleza, no se dio con alguna anterioridad al término del siglo XIX, como auguró Engels, y que, por lo demás, no se ha dado nunca a lo largo de la historia del siglo XX y de la que va del XXI. 

Pero esa táctica, establecida sobre las condiciones de la época del desarrollo más o menos pacífico del capitalismo y de la preparación de las fuerzas de la revolución proletaria, fue propuesta por el propio Engels para la Alemania del último tercio del penúltimo siglo y solo condicionalmente: 


… propongo estas tácticas únicamente para la Alemania de hoy y solamente con una estipulación importante. En Francia, Bélgica, Italia y Austria, no se podían seguir estas tácticas en su totalidad y en Alemania podrían quedarse inaplicables mañana… (lugar citado). 

Es decir, ya en el siglo XIX, la táctica de Engels tenía una validez muy relativa tanto en Alemania como en el resto de Europa, y, hay que reconocerlo, en nuestra época de desarrollo catastrófico del capitalismo y de despliegue de la revolución proletaria mundial, ha perdido validez. 

Pero, como se sabe, García ha trasladado la táctica en cuestión a las condiciones de nuestra época (contraviniendo así el principio marxista de análisis concreto de la situación concreta), con la nota a destacar de que, igual que la socialdemocracia alemana del siglo XIX, propone la lucha electoral como la forma principal de lucha, lo que pone en evidencia cuando incita a sus seguidores a trabajar como hormigas todo el año para desarrollarla, desdeñando así la principalidad de la lucha directa de las masas. 

García dice: 


… desde sus orígenes, el Partido Comunista está íntimamente ligado a la insurrección. Pero la insurrección está íntimamente ligada a la crisis en cada país. La revolución de 1848 fue vencida por la contra-revolución. El Partido Comunista desapareció de escena. En 1850 Marx y Engels señalaron que “hasta que no estallase una nueva crisis económica mundial, no había nada que esperar”.

La Revolución de Octubre (1917) triunfó dirigida por el Partido Socialdemócrata de Lenin (bolchevique). Luego surgió la III Internacional que revivió el nombre de Partido Comunista. La razón era la crisis mundial. “La lucha de clases en casi todos los países de Europa y América entra en la fase de la guerra civil” (21 Condiciones, 3.).

Poco tiempo después la situación cambió hacia la estabilización capitalista. (“¿Al fin, quo vadis…?”) 

García anota pues la conocida verdad de que la insurrección está ligada a la crisis, y que después de la derrota de la revolución de 1848 Marx y Engels sostuvieron que hasta que “estallase una nueva crisis económica mundial, no había nada que esperar”. Pues bien, las crisis económicas determinan, por lo general, situaciones revolucionarias y, aunque no derivaron en revoluciones, situaciones revolucionarias se dieron en la década del 60 del siglo XIX en Alemania, en 1859-1861 y en 1879-1880 en Rusia; pero, además, en 1871 se dio en Francia una crisis política que sí derivó en revolución: la Comuna de París, lo que prueba, dicho sea de paso, que también algunas situaciones políticas extremas pueden provocar situaciones revolucionarias y aun revoluciones. Sin embargo, García se cuida de mencionar los hechos anotados y, dando un salto de garrocha, se refiere a la Revolución de Octubre y a la fundación de la Tercera Internacional como realidades terminales, pues acaba diciendo que “Poco tiempo después la situación cambió hacia la estabilización capitalista”, sin indicar la temporalidad de la misma, es decir, ignorando, a propósito, las crisis capitalistas y las insurrecciones producidas a escala mundial a partir de los años 20. 

Es decir, García deja fuera de su esquema el Crac de 1929, la consiguiente Gran Depresión, que se prolongó hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, las crisis del petróleo de 1973 y 1979, la “burbuja bursátil e inmobiliaria” de Japón en 1990, la crisis de México en 1994 (“Crisis Tequila”), la crisis asiática de 1997, la crisis de Rusia en 1998 (“Crisis Vodka”), la crisis de Brasil en 1999 (“Crisis Caipirinha”), la crisis argentina de 2001 (“el corralito argentino”), la Gran Recesión de 2008-2014.(5)                                        

Asimismo, deja fuera de su esquema el paso del capitalismo competitivo al capitalismo imperialista y de la preparación de la revolución proletaria a su actualidad a escala mundial (con lo cual silencia las nuevas condiciones generales en las que el proletariado termina por establecer, para cada situación típica, “una estrategia coherente” y “una táctica bien elaborada”), al tiempo que no considera en absoluto la crisis del sistema colonial, es decir, las luchas de los pueblos coloniales contra el imperialismo (luchas que hacen parte de la revolución proletaria mundial), no obstante que las mismas se desarrollaban desde las primeras décadas del siglo XX en Turquía, Persia, China, India, presentándose asimismo en América Latina (México, Bolivia) y alcanzando su punto más alto con el triunfo de la revolución en China, Vietnam, Corea, Cuba, Camboya, Laos, Albania, Yugoslavia, Checoslovaquia, Alemania, Hungría, Polonia, Bulgaria, Rumanía,  así como con las revoluciones de liberación nacional de los años 60 en el continente africano.(6) 

Así, pues, el esquema de García linda con una visión casi eurocentrista de las crisis capitalistas y de las luchas insurreccionales. Pero se entiende que García necesite silenciar el proceso de las crisis (a partir de los años 20) y de las revoluciones (en el mundo oprimido, pero también en la Europa oriental), a fin de que los hechos, arbitrariamente seleccionados y manipulados a capricho por él, calcen con su esquema y arrojen así el resultado que busca: que la gente crea que la lucha electoral es la única lucha o casi la única que puede preparar la revolución. 

Ahora se entiende porqué García dice que el Partido Comunista surgió como partido insurreccional, que después de la derrota de la revolución de 1848 desapareció de escena, es decir que el “partido insurreccional” desapareció para ser reemplazado por unpartido electoral: el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán. 

En conclusión, García propone, ¡para todo el mundo!, el “partido electoral” como el tipo de partido que necesita el proletariado, para, en un ilusorio proceso espontáneo, constante, incontenible y tranquilo como un proceso de la naturaleza, alcance el gobierno, primero y, luego, el poder. Y propone esto porque no tiene en cuenta la diferencia entre las dos épocas del capitalismo y de la revolución socialista, el desarrollo de las insurrecciones de los pueblos oprimidos y el valor relativo de la lucha electoral y la principalidad de la lucha directa de las masas; en otros términos, porque asume librescamente la táctica expuesta por Engels, al mismo tiempo que silencia sus precisiones, citadas arriba con toda puntualidad. 

Y, precisamente en un período en el cual las contradicciones propias de nuestra época se agudizan y se concentran a nivel mundial como un haz inflamable, García procede de tal forma porque es una exigencia de su método (por el cual la realidad es adecuada a la intención subjetiva del individuo). Así, según su óptica, la lucha electoral es la forma principal de lucha del proletariado y, congruente con esto, propone, como sabemos, un partido-amalgama, y no, claro está, un partido de clase, como el Partido Comunista del Manifiesto, partido al que, en un acto sin duda expresivo, ha echado al basurero de la historia.(7) 

Decir que el Partido Comunista surgió como “partido insurreccional”, que después desapareció de la escena para ser reemplazado por un “partido electoral”, y agregar que, con la fundación de la Tercera Internacional, se produjo una reaparición del Partido Comunista, del partido insurreccional, para acabar  diciendo que “poco después” sobrevino la estabilización capitalista, que, en el contexto de su artículo aparece como realidad definitiva, es un intento retorcido de García para solventar su propuesta de un “partido electoral” que aplique al pie de la letra y en todo el mundo la táctica expuesta por Engels para la Alemania del último tercio del siglo XIX, es retroceder a una táctica que, como ha quedado esclarecido, no tuvo plena validez ni siquiera en el siglo XIX, con el agravante de que, al menos para el Perú, semejante táctica es concebida como la lucha por un “nuevo municipio” como “germen de socialismo”, ¡bajo la dictadura de la burguesía!, y, prácticamente, como el camino al socialismo (ver nuestro libro El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui y nuestro artículo “Luis Emilio Recabarren, el municipio  y nuestros liquidadores”, que adjuntamos a este trabajo). 

Esta es la tercera “falla geológica” del discurso del “profundo” García. 

Notas

[4] Las afirmaciones de García acerca del frente unido, el programa mínimo y el programa máximo, lo analizaremos en artículo aparte.

[5] Aunque en los últimos párrafos de su artículo García habla de “La presente crisis general del capitalismo”, ello ocurre sin relación argumentativa con la estabilidad que, según él, condujo a la muerte del Partido Comunista, del “partido insurreccional”, ya en la primera mitad de la década de 1850, y tampoco con su segunda muerte a partir de la estabilización capitalista de los años 1920. Pero ocurre que, según el mismo García, en nuestros tiempos el Partido Comunista, el “partido insurreccional”, aparece todavía con algo de vida: al final de su artículo, dice que “Si no se abre a tiempo debate” respecto a que “el movimiento proletario internacional debe replantear nuevamente su teoría y práctica del Marxismo”, “uno a uno de los Partidos Comunistas irán desapareciendo de escena.” Es decir, después de haberle puesto, en siglo XIX, una mortaja al “partido insurreccional” y, en el siglo XX, una segunda mortaja, ahora, mortaja en mano, augura su tercera muerte, es decir, su reemplazo por el “partido electoral”.

[6] En el artículo “Oriente y Occidente” (incluido en La escena contemporánea), escrito en noviembre de 1927, o sea poco después del inicio de la estabilidad capitalista que García destaca tendenciosamente, Mariátegui dejó en negro sobre blanco estos esclarecedores conceptos: “La marea revolucionaria no conmueve sólo al Occidente. También el Oriente está agitado, inquieto, tempestuoso. Uno de los hechos más actuales y trascendentes de la historia contemporánea es la transformación política y social del Oriente. (…) La idea de la democracia, envejecida en Europa, retoña en Asia y en Africa. La Diosa Libertad es la diosa más prestigiosa del mundo colonial (…) Penetra en el Asia, importada por el capital europeo, la doctrina de Marx. El socialismo que, en un principio, no fue sino un fenómeno de la civilización occidental, extiende actualmente su radio histórico y geográfico (…) La revolución social necesita históricamente la insurrección de los pueblos coloniales” (pp. 190-192).

[7] Esta posición de García no solo es en relación al nombre de Partido Comunista, sino también, como él mismo se ha encargado de poner en evidencia, en relación a dicho partido como “partido insurreccional”. De esta forma se opone a Marx y Engels, el último de los cuales, en el prefacio a la edición inglesa de 1888 del Manifiesto Comunista, se encargó de resaltar en términos inequívocos la posición de principio de amos fundadores: “… la historia del ‘Manifiesto’ refleja en medida considerable la historia del movimiento moderno de la clase obrera [observe el lector que  García niega abiertamente esta aserción de Engels y que, al mismo tiempo, copia, pero invirtiéndola, la lógica que encierra] (…) la parte de la clase obrera que había llegado al convencimiento de la insuficiencia de las simples revoluciones políticas y proclamaba la necesidad de una transformación fundamental de toda la sociedad, se llamaba comunista. (…) Y como nosotros manteníamos desde un principio que ‘la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma’, para nosotros no podía haber duda alguna sobre cuál de las dos denominaciones [Manifiesto Socialista o Manifiesto Comunista] procedía elegir. Más aún, después no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella” (cursivas nuestras) ¡Esto escribió Engels cuarenta años después de publicado el Manifiesto! Pero, como ya vimos, García dice que, ya a principios de los años 50 del siglo XIX, el nombre de Partido Comunista y todo lo que él representa en el Manifiesto, había desaparecido, ¡y para siempre!

 

10.01.2024.

 

  

 

Luis Emilio Recabarren, el Municipio y Nuestros Liquidadores 

Eduardo Ibarra

Ya en los primeros años de la década de 1920, Luis Emilio Recabarren, fundador del Partido Comunista de Chile, planteaba el municipio como una instancia de «poder legislativo y ejecutivo encargado de todos los asuntos de interés general dentro de la comuna», y, como se saca en limpio de su documento ¿Qué es lo que queremos federados y socialistas?, daba a entender que constituir este poder era posible en las condiciones de la sociedad socialista y, por lo tanto, solo como base de la estructura del nuevo Estado.            

Esta constatación implica, en primer lugar, que, aquellos que en nuestro medio plantean actualmente un municipio «que sea una corporación de trabajo, legislativo y ejecutivo», no tienen el mérito de la originalidad y, en segundo lugar, que, por cuanto los mismos proponen, al contrario de Recabarren, que el municipio debe ser «el por dónde empezar de la lucha por el cambio social» («germen de socialismo» le llaman), contravienen de la forma más flagrante el principio marxista según el cual ninguna estructura estatal ni ninguna economía de carácter socialista son posibles en las condiciones de la sociedad capitalista, o sea, sin el previo derrocamiento de la dictadura de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado. Como es de conocimiento general, este principio fue comentado por Mariátegui en los términos siguientes: 

… cuando [de Man] sostiene que “el resentimiento contra la burguesía obedece, más que a su riqueza, a su poder”, no dice nada que contradiga la praxis marxista, que propone precisamente la conquista del poder político como base de la socialización de la riqueza. (Defensa del marxismo, p. 26).       

La idea de un “nuevo municipio” encierra la creencia de que, en las condiciones del capitalismo, la estructura básica del Estado capitalista puede ser transformada en un sentido socialista, y esta creencia despide un tufillo a la tesis de la transición pacífica. 

En las condiciones de la dictadura de la burguesía, el “nuevo municipio” no puede ser una forma de socialismo germinal ni tiene posibilidad ninguna de construir relaciones socialistas de producción y, por eso, se revela apenas como una propuesta de reestructurar la base del Estado burgués que tendría entonces la función de “planificar” la producción  capitalista. 

Pero con todo y con eso, en la imaginación de sus sostenedores, el “nuevo municipio” aparece como una forma de poder socialista, y esto significa que los mismos creen que la base del Estado burgués puede ser transformada en dicho sentido proletario ¡en las condiciones de la dictadura de la burguesía! 

Como es de conocimiento general, un punto fundamental de demarcación entre el marxismo y el revisionismo es la cuestión de si la realización de cualquier forma de economía y de estructura de poder socialistas son posibles antes del derrocamiento de la burguesía y el ascenso del proletariado al poder. Lenin señalaba a propósito que, 

La diferencia entre la revolución socialista y la burguesa está precisamente en que en el segundo caso existen formas plasmadas de relaciones capitalistas, mientras que tras el Poder soviético, proletario, no se encuentra con estas relaciones plasmadas. 

Y señalaba, además, que “la política es la expresión concentrada de la economía”. Si la economía del municipio es parte de la economía del capitalismo, cosa que es indiscutible, entonces la política del municipio (burocrático o productivo), es burguesa, así los munícipes tengan la ilusión de que no lo es. 

Estas aserciones significan que el punto de partida de la emancipación del proletariado es el establecimiento de su poder político, a partir del cual se construyen las relaciones socialistas de producción, apareciendo entonces la política socialista como expresión concentrada de la economía socialista. 

Así, pues, la única manera marxista de plantear la cuestión de los municipios (o de cualquier otro aparato del Estado actual), es, naturalmente, dentro del marco de la teoría marxista del poder. Escamotear este planteamiento de la cuestión, el único correcto, es hacer a un lado el marxismo y asumir el revisionismo. 

Pero veamos la cuestión teniendo en cuenta un posible reparo. Si los sostenedores del “nuevo municipo” dijeran que éste no es una forma germinal de socialismo (silenciando así que lo llaman “germen de socialismo”), entonces ¿qué es? ¿Qué es aquello de “corporación de trabajo, legislativo y ejecutivo” que tiene que “planificar su economía, asumiendo sus funciones de producción, administración y gobierno”? Descartado, en el marco del posible reparo, que sea una forma de estructura socialista, entonces no sería otra cosa que un municipio productivo en oposición al municipio burocrático actualmente existente, por lo que estaría claro que apenas sería una reestructuración de la base del Estado burgués. 

Y, como no puede ser de otro modo, tal democratización del municipio no serviría sino para fortalecer dicho Estado, para darle un cimiento de masas, para hacerlo aceptable. A este fortalecimiento del Estado burgués, los promotores del “nuevo municipio” le llaman, demagógicamente, “el por dónde empezar de la lucha por el cambio social”. 

La tesis del “nuevo municipio” encierra pues el planteamiento de una reforma estructural dentro del sistema vigente y, específicamente, de una reforma estructural de la base del Estado burgués (como es el municipio), y, por eso, se revela inspirada en la tesis de las “reformas estructurales” levantada por Palmiro Togliatti en los años 1950. Esto es revisionismo. 

Para terminar, es menester subrayar que el carácter revisionista de la tesis del “nuevo municipio” no puede ser ocultado por ningun maximalismo verbal, por ninguna retórica acerca de la toma del poder. También Jruschov, al tiempo que aplicaba sus “tres todos” y sus “dos pacíficas” y subvertía así la dictadura del proletariado, hablaba a los cuatro vientos de “pasar al comunismo en veinte años”. 

Pues bien, las presentes reflexiones es lo principal que el documento de Recabarren inspira al Socialismo Peruano, en una hora en que sus agonistas no pueden dejar de luchar contra el revisionismo. 

12.11.2011.

Economía

La Economía y el Supuesto Poder de los Congresistas

Cesar Risso

EL SÉTIMO RETIRO del fondo de pensiones de las AFP es un paliativo para los trabajadores, quienes debido a su precaria situación por sus bajas remuneraciones se ven obligados a retirar parte de su fondo disminuyendo sus pensiones para la época de su jubilación, con lo cual se les genera una suerte de bienestar material temporal, pasajero, pero con los propios recursos de los trabajadores. Con esta medida liberan a las empresas de la necesaria elevación de las remuneraciones. De modo que, de un lado, favorecen a las empresas en general al distraer a los trabajadores del pedido de aumento de sus remuneraciones, y de otro, aumentan el consumo en el monto del retiro, lo que evidentemente permitirá a las empresas vender más y con ello tener mayores ingresos y en consecuencia aumentar sus ganancias.

Como es evidente, las decisiones de los congresistas no apuntan al bienestar de los trabajadores, y menos aún al de las clases populares; mas bien se trata de lograr generar respaldo a su gestión, con la finalidad de tener cierto apoyo popular para tentar a la reelección en el Senado en las próximas elecciones.

El retiro de los fondos de las AFP aprobado en la Comisión de Economía en el Congreso tiene, además, otro impacto: reduce los fondos en un monto importante, que, sumado a los retiros anteriores, deja en muy mala situación a las AFP, en su objetivo, no tanto como negocio particular en sí mismo, sino, sobre todo, como fuente de financiamiento barato de las empresas de los grupos económicos de poder.

“El negocio de las pensiones: AFP invierten millones en empresas de sus mismos grupos económicos”

“Diversos especialistas consultados para este reportaje coincidieron en señalar que las inversiones en empresas del mismo grupo dueño de las AFP constituye un potencial conflicto de interés, por ser un financiamiento fijo y menos costoso para esas empresas.”

Pareciera que a la gran burguesía peruana se le ha ido de las manos el control de sus representantes en el Congreso; que los congresistas quieren velar por sus intereses, fundamentalmente monetarios, por sí mismos; que los congresistas quieren continuar en el Congreso, para de ese modo tentar a asumir un papel de mayor importancia en la obtención de dinero y adquirir poder económico, planteando, por ejemplo, directamente la entrega de montos importantes de dinero por el solo hecho de ser congresistas, y en un futuro próximo senadores, etc.

Estando así la situación, la gran burguesía ha perdido la confianza en sus representantes. Además, la desvergüenza con la que actúan los congresistas es tan evidente, que pone en peligro el dominio de la burguesía. De modo que, antes de que las clases populares luchen directamente contra el sistema capitalista, prefieren deshacerse de Dina Boluarte y de los congresistas.

Una referencia a la afectación del financiamiento de las empresas de la gran burguesía, la tenemos en la investigación realizada por OjoPúblico.

“En Perú, para esta investigación se analizó las cuatro AFP (Prima, Profuturo, Integra y Hábitat) y se identificó que alrededor de S/14.100 millones (USD 3.711 millones), equivalente al 13% del total del fondo administrado, se invirtió en empresas que pertenecen o están vinculadas a sus mismos grupos económicos. Solo Hábitat no presenta inversiones en compañías relacionadas a su grupo, e Integra lo hace con una sola empresa vinculada a su grupo en el extranjero.”

“La AFP Prima fue la que destinó más recursos en empresas vinculadas o que pertenecen a su mismo grupo económico. Alrededor de S/1.827 millones (USD 480 millones) en Banco de Crédito del Perú (BCP), Mibanco y Credicorp Ltd, monto equivalente al 5,5% de sus fondos administrados, según el cálculo oficial de la SBS.”

Sin embargo, la disminución de los fondos que administran las AFP, llevaría inmediatamente a superar las inversiones máximas permitidas por la ley en sus grupos económicos, y esto obligaría a estas empresas a disminuir sus inversiones en sus propios grupos. Así, pues, sus empresas tendrían que devolver los fondos con los que se financian. Aunque como es de prever, de alguna forma serían favorecidas para que, o bien se amplíe el porcentaje del importe de los fondos que pueden disponer para autofinanciarse, o que no se consideren ciertas inversiones como parte de las realizadas en sus propios grupos, para con ello aparentar un menor porcentaje de inversión de los fondos en las empresas de sus grupos.

Con la finalidad de evitar sobrepasar el monto legalmente permitido para invertir los fondos de las AFP en las empresas de sus mismos grupos, la burguesía ha utilizado la artimaña de realizar inversiones cruzadas entre los diferentes grupos.

“El análisis de esta investigación también identificó inversiones cruzadas, como se denomina a aquellas en las que una AFP destina dinero a empresas asociadas a otra AFP. En Perú, Integra fue la que realizó más operaciones en esta modalidad principalmente a las compañías del grupo de Prima, a la que dispuso S/4.349 millones (USD 1.144 millones). También invirtió S/510 millones (USD 134 millones) en compañías asociadas a Profuturo.”

“Por su parte, Profuturo destinó S/2.437 millones (USD 641 millones) en empresas de Credicorp (Prima) y S/112 millones (USD 29 millones) del grupo Sura (Integra). Mientras que Habitat invirtió en compañías asociadas a Prima y Profuturo, con S/1.296 millones (USD 341 millones) y S/43 millones (USD 11 millones) respectivamente.”

“Y finalmente, Prima AFP realizó inversión cruzada con empresas del grupo The Bank of Nova Scotia (Profuturo) por un total de S/505 millones (USD 132 millones).”

A la burguesía no le interesa las joyas que la presidenta Dina Boluarte pueda poseer o lucir; tampoco le preocupa los actos de corrupción, de los que los mismos grupos económicos de poder hacen uso como una práctica normal para la obtención de los proyectos o de las licitaciones. Lo que está en juego es la gestión de los intereses de la burguesía. Y esto no solo tiene que ver con Dina Boluarte, sino con los representantes de la burguesía en el Congreso. Al parecer, la mediocridad y desbocada angurria de los congresistas, como se ha podido apreciar en los últimos meses, los ha llevado a una situación en la cual, la gran burguesía ya no se siente representada por ellos. La prensa burguesa dispara contra Dina Boluarte, pero apunta contra los actuales congresistas.

La canalización de la gran burguesía de su interés de que no se promueva un nuevo retiro de fondos de las AFP no fue atendida por la representación congresal. Mientras los intelectuales burgueses se desgañitaban en sus análisis para demostrar que un retiro más pondría en peligro el negocio de las AFP, afectando a los trabajadores que ya no tendrían pensión de jubilación, los congresistas se hacían los sordos porque, al parecer, estaba de por medio el conseguir la mayor cantidad de dinero para ellos mismos, y hacerse de cierto respaldo para las próximas elecciones.

El riesgo que están asumiendo los congresistas, sin tener conciencia de ello, por la popularidad que les asegure su continuidad en las próximas elecciones es perder su “trabajo” de representación de los intereses de la burguesía, que la verdadera titiritera.

Mientras la gran burguesía busca deshacerse de sus actuales representantes, y los congresistas y Dina Boluarte se esfuerzan por sortear el ataque del que son objeto, las clases populares deben superar la propaganda burguesa que atiende a la “posibilidad” de enriquecimiento ilícito de Dina Boluarte, para enfocarse en este caso como un hecho particular de la explotación capitalista, así como en todos los males que ocasiona, y desarrollar la lucha organizada directamente contra la dictadura de la burguesía y el dominio del capital.

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(*) Todas las citas corresponden a: https://ojo-publico.com/4441/negocio-las-afp-invierten-empresas-sus-grupos-economicos


Internacionales

La Derrota Diplomática de Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU No Persuade a Esta Potencia a No Continuar con el Genocidio

Santiago Ibarra

EL 25 DE MARZO EL CONSEJO DE SEGURIDAD de la ONU aprobó la resolución 2728 que exige a Israel el cese el fuego inmediato en la Franja de Gaza, hasta la conclusión del Ramadán. La orden de alto el fuego es apenas por dos semanas. Casi seis meses ha tardado el Consejo de Seguridad en sacar una resolución de alto el fuego y cuando al fin lo hace no ordena un cese el fuego permanente sino uno temporal y de muy corta duración.

La resolución exige también la liberación inmediata de los rehenes y que Israel permita que la ayuda humanitaria internacional llegue a los gazatíes. Centenares de gazatíes han muerto por hambre y centenares de miles más corren el riesgo de morir por la misma razón. Llevar a los palestinos a la muerte por hambre es una estrategia deliberada de Israel para obligar a los palestinos a abandonar su propia tierra y buscar refugio en Egipto.

La resolución es aprobada en el mismo momento en que Francisca Albanese, relatora especial de la ONU, publicita que este organismo ha publicado un informe en el que sostiene que “hay motivos razonables” para calificar de genocidio las acciones de Israel en Gaza. A la vez, amplios sectores de la comunidad internacional y ciudadanos de diferentes partes del mundo no han dejado de manifestar su repudio al accionar de Israel.

Por primera vez Estados Unidos no ha vetado una resolución que exige a Israel el cese el fuego inmediato. Tampoco la ha aprobado, solo se ha abstenido. ¿Significa esto que Estados Unidos busca ahora de alguna forma la paz en Gaza? ¿Significa esto que Estados Unidos ha tomado conciencia de la necesidad de ponerle un alto al sufrimiento de la gente en Gaza?

La respuesta a estas preguntas es negativa. Estados Unidos hizo a un lado la posibilidad de veto a la resolución básicamente por un cálculo político-electoral: las protestas al interior de los Estados Unidos en general y del Partido Demócrata en particular amenazan con restarle votos a Biden en las elecciones nacionales de noviembre de este año. Es un cálculo de costo-beneficios lo que ha empujado al gobierno de Biden a abstenerse en la votación del 25 de marzo y no alguna súbita conversión.

Por lo demás, la propia embajadora de Estados Unidos, Linda Thomas-Greenfield, ha manifestado que su país no ha variado su posición respecto a Israel. Pero la embajadora juega a la ambigûedad: por un lado afirma que les hubiera gustado aprobar la resolución, y de otro lado afirma muy cínicamente que la resolución no es vinculante (especialistas en derecho internacional, en cambio, afirman que sí lo es). La embajadora se opuso además a que la resolución llame a buscar un “alto el fuego permanente” y logró imponer la frase de un “alto el fuego duradero”.

Todos sabemos que Estados Unidos (conjuntamente con Alemania, Reino Unido, entre otros países) es el país que más ha contribuido a armar y a financiar a Israel para que cometa el genocidio contra el pueblo palestino de Gaza.

Se sabe también que Estados Unidos le ha quitado a la UNRWA, organismo de la ONU que asiste a los palestinos en condición de refugiados, el financiamiento, sin razones que justifiquen tal decisión. La intención es obviamente inducir a la muerte por hambre a la población palestina.

Y ahora se sabe por una publicación del 22 de marzo de The Washington Post que secretamente Biden ha aprobado el envío a Israel de más de 1.800 bombas MK84 de mil kilos y 500 bombas MK82 de 250 kilos, así como de 25 cazas F-35. Son estas bombas las que han provocado la muerte de más de 32 mil palestinos y la destrucción de más de 170 mil edificios en Gaza, según la BBC.

Mientras la embajadora de Estados Unidos finge en el Consejo de Seguridad que su país tiene el deseo de que esta guerra genocida se acabe, su gobierno continúa armando a Israel para prolongar la política de exterminio del pueblo gazatí.

¿Y cuál ha sido la respuesta de Israel a la mencionada resolución? El canciller Israel Katz ha dicho: "el Estado de Israel no cesará el fuego. Destruiremos a Hamás y continuaremos luchando hasta el regreso a su hogar de todos los rehenes". Por su parte, Netanyahu ha dicho el 31 de marzo que la ofensiva contra Rafah es inminente. Israel no acatará la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU y continuará con su ofensiva militar que destruye Gaza y lleva a la muerte y al sufrimiento a todo el pueblo gazatí.

Ni las protestas en Estados Unidos y el resto del mundo ni la derrota diplomática en la ONU ni el informe de la ONU que afirma que hay “motivos razonables” para creer que el accionar de Israel es genocida persuaden a este estado para detener el genocidio. Israel continúa con su plan de apoderarse completamente de Gaza (y Cisjordania) y exterminar y liquidar al pueblo palestino como sujeto político.

El embajador de Israel, Gilad Erdan, afirmó en el Consejo de Seguridad que el atentado del 7 de octubre de 2023 originó la ofensiva israelí. Esta aseveración oculta lo siguiente: desde 1917 y especialmente desde 1948 Israel ha venido apoderándose de un territorio habitado por palestinos reduciendo a éstos a una minúscula parte de ese espacio físico. Lo poco que le queda a Palestina, como por ejemplo Cisjordania, también viene siendo ocupado por los israelíes mediante miles de colonos. En los últimos meses, en Cisjordania también se ha matado y apresado a palestinos y se ha destruido centenares de sus viviendas. Entonces, recurrir al atentado del 7 de octubre es solo un pretexto para hacer a gran escala y en poco tiempo lo que Israel viene haciendo desde hace décadas: despojar a los palestinos de sus tierras y riquezas naturales.

Para lograr el objetivo de derrotar a Hamás y de terminar de apoderarse del territorio palestino, Israel y su principal aliado, los Estados Unidos, no dudan en colocarse fuera del derecho internacional. Ambos estados, con la complicidad de sus aliados europeos, han impuesto unilateralmente un estado de excepción en el Medio Oriente, violando la soberanía de los estados y los derechos humanos de las poblaciones de esa región.

Luego de que la resolución fuera aprobada, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha llamado a los países del mundo a romper relaciones diplomáticas con Israel si éste no acata la resolución de la ONU. Es lo mínimo que se debe hacer (siguiendo los pasos de Bolivia), ahora que Netanyahu ha anunciado que de todas formas atacarán a Rafah. La derrota diplomática de Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU podría estar facilitando una decisión política de esta naturaleza por parte de la comunidad internacional.

¿Tomaría en cuenta Israel este nuevo contexto internacional para detener el genocidio? Para responder a esta pregunta no podemos seguir nuestros deseos subjetivos, sino las tendencias objetivas que se presentan en el escenario, y estas tendencias expresan la decisión de Israel de liquidar a Palestina de una vez por todas como sujeto político.

Pero de otro lado tenemos a una Palestina decidida a defender su tierra y su derecho a la existencia. Si se da la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel por parte de la comunidad internacional o de un sector de ésta el siguiente paso será, como ya lo han manifestado varios embajadores del Consejo de Seguridad, luchar por un alto el fuego permanente y la constitución de Palestina como un Estado soberano. Y como la lucha en las calles tiene un peso específico importante, éstas no pueden detenerse y deben ampliarse alrededor del mundo.




La Historia de Haití y la Revolución que con Tanta Urgencia Necesita Hoy

 

 

Primera parte: Con heroísmo, el pueblo haitiano tumbó al infierno de la esclavitud... sólo para salir atrapado y explotado por el imperialismo

 

Revolución

 

 

 

Nuestro artículo de la semana pasada (“La crisis en Haití clama por una revolución REAL”) desafió agudamente la opinión convencional de que “la salida” de la crisis actual es traer a ocupantes extranjeros armados y luego celebrar unas llamadas “elecciones libres”. Argumentamos que los problemas que enfrenta el pueblo de Haití —al igual que problemas similares que afectan a países de todo el mundo— son el resultado de la dominación del capitalismo y el imperialismo, y que no pueden “solucionarse” con un cambio de rostros en la cima. Y concluimos que “toda la historia de Haití manifiesta la realidad de que este tipo de revolución profunda, y nada menos, nada más, proporciona la única solución a la pesadilla que el imperialismo mundial ha configurado” — en Haití y en todo el mundo.

Este artículo comenzará a examinar algunos aspectos cruciales de la historia de Haití que ilustran y subrayan esta cuestión.

 

En 1492, Cristóbal Colón desembarcó en la parte occidental de la isla caribeña de La Española, conocida como Ayití (Haití) por sus nativos, y la reclamó para el imperio español.

 

Así comenzó el descenso de Haití a los infiernos. Los colonos españoles esclavizaron a los nativos taínos arawak para minar el oro. “En 50 años, alrededor de medio millón de arahuacos habían sido exterminados”1 y se agotó todo el oro. Los españoles continuaron extendiendo su dominio asesino por la mayor parte de América del Sur y Central.

 

Poco a poco, los colonos franceses comenzaron a establecerse y en 1696 España cedió el control de la parte occidental de la isla a Francia. (El este, lo que ahora es la República Dominicana, permaneció en manos españolas). Esto abrió el camino a 100 años de cruel dominio francés.

 

Francia “importó” cientos de miles de africanos secuestrados y esclavizados para trabajar —y morir— bajo el sol tropical de Haití. Trabajaban 12 horas al día, seis días a la semana, en plantaciones de café y cañaverales, desnudos o vestidos con harapos. Los crueles capataces azotaban a hombres y mujeres, niños y ancianos por igual si aflojaban.

 

Quienes se resistían o huían se toparon con torturas verdaderamente indescriptibles. Como informó el New York Times, los esclavos eran “mantenidos bajo control mediante el hambre, el agotamiento y los actos públicos de extrema violencia. Multitudes de colonos se reunieron en una de las elegantes plazas de la isla para ver cómo los quemaban vivos o los quebraban, hueso a hueso, sobre una rueda. Los castigos sádicos eran tan comunes que recibieron nombres como ‘cuatro postes’ o la ‘escalera’, señalan los historiadores. Había hasta una técnica de rellenar a los esclavos con pólvora para hacerlos estallar como balas de cañón, descrita como encender ‘un poco de pólvora en el culo’, según el historiador francés Pierre de Vaissière”2.

 

Acusado de torturar hasta la muerte a dos esclavas, un dueño de esclavos no lo negó, pero “justificó” su bárbaro crimen, escribiendo que lo único que evita que “el esclavo apuñale al amo” es “el poder absoluto que tiene sobre él”. El tribunal lo absolvió3.

 

La sangre y el sudor derramados por los esclavos produjeron enormes riquezas para los propietarios de esclavos en Haití Francia. Haití era la colonia más rentable del mundo, el mayor productor de azúcar y un importante productor de café4. Esta riqueza no sólo alimentó el apetito por lujos de los propietarios haitianos de esclavos y de la clase aristocrática dominante en Francia, sino que proporcionó gran parte de las bases para el nacimiento y crecimiento del capitalismo francés que estaba surgiendo en ese momento y tomó el poder por medio de la Revolución Francesa (1789-1799)5.

 

La primera rebelión triunfante de esclavos en el mundo

 

En 1791, se inició una rebelión masiva de esclavos, comenzando con esclavos armados con armas primitivas. Usando lo que tenían, se apoderaron y quemaron las odiadas plantaciones y derrotaron a las fuerzas armadas de los esclavistas. Luego, Gran Bretaña y España (las potencias coloniales que vieron en la rebelión de los esclavos una oportunidad para que pudieran echar a Francia y esclavizar a Haití para sí mismas) enviaron ejércitos a Haití; los esclavos revolucionarios derrotaron a ambas potencias. Finalmente, el general y líder francés más famoso, Napoleón, envió un ejército de cuando menos 23.000 soldados experimentados, recién llegados de conquistar gran parte de Europa. Ellos también fueron derrotados por los esclavos. El 1º de enero de 1804, Haití declaró su independencia y abolió la esclavitud, lo que representó la primera revolución triunfante de esclavos en la historia.

 

Este fue, y sigue siendo, una hazaña inspiradora. Pero ¿cuál fue la situación a la que enfrentaban los esclavos recién liberados? Su propio país había sido devastado por 12 años de guerra. Hasta un tercio de la población negra había muerto en la guerra. Casi toda la infraestructura básica (plantaciones, sistemas de riego, edificios, herramientas) resultó destruida y fue necesario reconstruirla.

 

En ese momento de la historia de la humanidad, no había manera de organizar una economía más que de una u otra forma de explotación: esclavitud, feudalismo o capitalismo6. Pero en realidad, incluso la opción de desarrollarse como un país capitalista independiente quedó cerrada. Haití no nació en un mundo de países en libre desarrollo, sino en un mundo ya dividido entre países oprimidos y opresores. Era un mundo dominado por el colonialismo europeo, que pronto se convertiría en el capitalismo-imperialismo.

 

Las potencias coloniales odiaban y temían lo que representaba Haití: el potencial de las personas oprimidas y esclavizadas —sobre las cuales se basaba el poder y la riqueza de dichas potencias— de levantarse en contra de esas potencias7. Al mismo tiempo, todas estas potencias ojeaban a Haití como un jugoso trozo de carne que querían incorporar (o en el caso de Francia, reincorporar) a sus imperios.

 

Así que, en su mayor parte, se unieron a los esfuerzos franceses para aislar y debilitar a Haití. Ningún país reconoció siquiera a Haití hasta 1815, y Estados Unidos no lo reconoció hasta 1862, ¡58 años después de su independencia! Esto tuvo un impacto real en Haití, limitando el comercio internacional que era necesario para la reconstrucción.

 

Todo esto hizo que la situación general de Haití fuera extremadamente frágil. En estas condiciones, la amenaza de una invasión extranjera, reconquista y nueva esclavitud era muy real. Por eso, la mayoría de los ya limitados recursos de Haití se canalizaron hacia la defensa militar, incluida una red de 30 fortalezas frente al mar cuya construcción requirió 10 años y decenas de miles de personas.

 

Dominación imperialista francesa: la deuda, una nueva forma de esclavización

 

Luego, en 1825, 14 buques de guerra franceses navegaron hacia las aguas de Haití. Su comandante exigió: Haití debe pagar 150 millones de francos por concepto de “reparaciones”8 por la “propiedad” perdida de Francia: ¡los esclavos! A cambio, Francia dijo que reconocería a Haití y abriría un comercio más amplio (con condiciones que harían que ese comercio fuera más favorable para Francia que para otros países).

 

Ante la perspectiva de otra guerra con una potencia importante, y la promesa de paz y un comercio internacional que se necesitaba desesperadamente, los gobernantes de Haití acordaron pagar la “deuda” que Francia afirmaba que “debían”.

 

La suma de 150 millones de francos era una enorme cantidad de dinero: casi el doble de lo que Francia cobró a Estados Unidos por comprar el territorio de Luisiana, que es 77 veces más grande que Haití. Se dividió en cinco cuotas, pero incluso la primera cuota de 24 millones de francos estaba mucho más allá de los medios de Haití. En 1831, los líderes haitianos le dijeron a Francia que no podían pagar a tiempo. ¡Francia amenazó con invadir con 500.000 tropas!

 

Luego Francia “generosamente” conectó a Haití con un banco privado francés, que le prestó 30 millones de francos... ¡pero le cobró una comisión de seis millones! Ahora Haití estaba profundamente endeudado con Francia con los bancos privados.

 

Así que esto no fue sólo un enorme robo de un solo golpe; era una forma de atrapar a Haití en un ciclo interminable de deuda sobre deuda, con la imposición de los pagos mediante la amenaza de guerra. El pago de esta deuda continuó y se multiplicó hasta bien entrado el siglo 20; en algunos años sumó el 40 por ciento de los ingresos del gobierno de Haití. ¡Entre 1825 y 1957, la deuda internacional absorbió en promedio casi una quinta parte de los ingresos anuales de Haití!9

 

Pensemos en las implicaciones de esto. En primer lugar, significaba que había poco o ningún dinero para las funciones que normalmente desempeñan incluso los gobiernos opresivos. No hay dinero para escuelas públicas; incluso hoy (al año 2010) hay 14.424 escuelas privadas en comparación con tan sólo 1.240 escuelas públicas, y casi el 40 por ciento de la gente es analfabeta. No hay dinero para carreteras que conecten las diferentes partes del país y conecten las zonas rurales con las ciudades; todavía hoy, sólo se puede llegar a vastas extensiones del campo a pie, en mula o a caballo.

 

Y así sucesivamente: no hay dinero para sistemas de riego, para la forestación y gestión forestal, para control de inundaciones. No hay dinero para hospitales. No hay dinero para redes eléctricas o sistemas de agua. Todos estos problemas agobiantes persisten al día de hoy.

 

La deuda también le dio a Francia (y con el paso del tiempo, a Estados Unidos, que se convirtió en un importante “prestamista” para Haití a finales del siglo 19) palancas para interferir políticamente en Haití. Los buques de guerra franceses y estadounidenses a menudo “visitaban” los puertos haitianos, cuidando de su “inversión”. Cada vez más, los imperialistas rivales respaldarían a diferentes partidos políticos y grupos armados (conocidos como Cacos) conectados a estos partidos como una forma de consolidar su propio control. Esto agravó la inestabilidad política crónica y la guerra entre facciones. Entre 1843 y 1915, Haití tuvo 22 gobiernos diferentes. Luego los imperialistas se dieron la vuelta y señalaron esta “inestabilidad” (la que estaban azuzando) como “prueba” de que “los negros no pueden gobernarse a sí mismos”. En 1915, “garantizar el pago de la deuda” fue una de las justificaciones que utilizó Estados Unidos ¡para invadir a Haití y ocuparlo durante 19 años!

 

Mientras los gobiernos y los bancos imperialistas constantemente les pisaban el cuello, en gran medida el gobierno haitiano se convirtió en una “estación de bombeo”: succionando todo lo que las masas tenían más allá de las necesidades de supervivencia mediante impuestos exorbitantes, cargas aduaneras y otros medios, y luego lo canalizaban todo hacia las arcas del imperialismo (además de una parte que fue a parar a los dirigentes políticos y a las clases dominantes haitianas).

 

Y esto a su vez tiene consecuencias políticas. Por un lado, esta nueva forma de esclavización requiere, al igual que el antiguo sistema esclavista, un alto nivel de represión a las masas de personas a las que se les está robando hasta dejarlas en calzoncillos. Y, por otro lado, engendra corrupción en el gobierno, incluso entre los empleados de bajo nivel cuyos salarios tienen que ser “complementados” con sobornos para poder mantener a sus familias. Y en los niveles superiores, el poder del gobierno depende de cuánto se puede sacar de estas transferencias masivas de riqueza nacional10.

 

Así que, para resumir, el problema fundamental de Haití es la realidad de que durante 200 años ha estado atrapado en una red de opresión imperialista, lo que ha distorsionado a toda la sociedad (la economía, el sistema educativo, el gobierno, etc.) para adaptarla a las necesidades del imperialismo. Por eso volvemos a decir que nada menos que una revolución REAL y profunda (…) puede desencadenar y dirigir a las masas a desarraigar este viejo orden, de raíz y de rama, y reemplazarlo con un sistema basado en las necesidades del pueblo de Haití y de la humanidad en su conjunto, y defender esta nueva sociedad contra sus enemigos dentro y fuera de Haití.

 

Nuestro próximo artículo examinará la dominación estadounidense de más de un siglo de duración en Haití.

 

NOTAS:

 

1. Papa Doc, Baby Doc: Haití y los Duvalier, James Ferguson, 1987, Basil Blackwell Ltd., p. 1.

2. “The Ransom—The Root of Haiti’s Misery: Reparations to Enslavers”, Porter, Méheut, Apuzzo, Gebrekidan, New York Times, 26 de mayo de 2022.

3. “The Ransom”.

4. Damming the Flood: Haiti, Aristide and the Politics of Containment, Hallward, 2007, Verso Press, p. 9.

5. Carlos Marx —el fundador del comunismo— escribió en 1867, con amargo sarcasmo: “El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista”. Marx se refiere a la riqueza que proporcionó el “capital de arranque” para la rápida expansión de la industria capitalista en Europa en el siglo 18.

6. Únicamente con el mayor desarrollo en Europa de la industria capitalista (con todos sus horrores); el crecimiento de una clase de trabajadores desposeídos; y del mayor desarrollo de la ciencia y el método científico surgiría la base para la revolución comunista, con su objetivo de abolir todas las formas de opresión y explotación. Marx y su camarada Federico Engels publicaron El Manifiesto Comunista en 1848. La primera revolución comunista triunfante (en Rusia) no se produjo hasta 1917, más de un siglo después de la independencia de Haití.

7. Estados Unidos, aunque todavía no era una potencia colonial o imperialista, era una sociedad supremacista blanca en la que el crecimiento del capitalismo estaba entrelazado con la esclavitud en el Sur y dependía de ella. Los gobernantes estadounidenses estaban horrorizados y aterrorizados por la rebelión de los esclavos. Thomas Jefferson, ese símbolo de la “libertad”, describió a los esclavos rebeldes como “caníbales de la terrible república” y ofreció a los franceses que “nada será más fácil que dotar a su ejército y a su flota de todo y reducir [el ejército de los esclavos] a morir de inanición”.

8. Posteriormente, la cantidad se redujo a 90 millones de francos cuando los franceses se dieron cuenta de que la cantidad anterior estaba completamente fuera del alcance de Haití.

9. “The Ransom”.

10. Es importante enfatizar que todos los estados burgueses (capitalistas) facilitan e imponen la opresión de “su propia” población por parte de las clases explotadoras. Y en los países dominados por el imperialismo, como Haití, todos los gobiernos sirven o al menos se adaptan a las necesidades de los imperialistas y al robo de “su propio” país. Así que Haití no es de ninguna manera único, pero es un ejemplo muy extremo de opresión imperialista. Incluso en comparación con países vecinos como la República Dominicana, Jamaica o El Salvador, que también están amargamente oprimidos por el imperialismo, la situación del pueblo haitiano es dramáticamente peor.

 

 

Fuente: revcom.us


CREACIÓN HEROICA